Durante el periodo descrito Peidro ejerció un importante papel en la creación del Centro de Estudios Sociales y en la constitución del Sindicato de Metalúrgicos, formando parte de sus primeras juntas directivas. La idea del Centro arranca de un artículo de Juan Peiró publicado en “Redención” en el que se aludía al deplorable nivel cultural de los que se decían anarquistas: “Se ha repetido, y es cosa para no olvidada, que el problema social es un problema de cultura. Por la cultura pues, debemos empezar los anarquistas a enfocar el problema social (…) el mismo problema de cultura anarquista no se resuelve sin antes resolver un problema de cultura general…” Peiró concluía en que la labor previa de los anarquistas consistía “en el levantamiento de grandes Centros de Estudios Económicos, Políticos y Sociales.” 1 En agosto de 1930 el Centro abría sus puertas en la calle Arias Miranda, 29, la actual calle Casablanca, cerca del centro de uniones obreras. De su junta formaban parte Peidro y militantes como Cándido Morales, José Juliá, José Corbí o Balaguer. Ésta manifestaba que sería “un hogar donde quepan y hallen albergue –sin mediaciones—todas las iniciativas concretas individuales con miras a la emancipación común. No una tribuna de discusiones ociosas, sino un centro de trasfusión de aspiraciones conscientes. La capacitación del pueblo para su emancipación por medios propios, tal debe ser el fin supremo de todo explotado. A esa labor, a esas miras, consagrará el C. de E. S. Todos sus desvelos.”2 Sin embargo el Centro fue utilizado por vez primera para organizar un mitin pro presos, evitando que la responsabilidad del acto recayese directamente sobre la CNT, acabada de legalizar. La sede social se trasladó a la calle Venerable Ridaura, 10, entresuelo, al lado del local de la Sociedad de Barberos. Por entonces Peidro presidía el Centro, que debía contar con más de cien asociados y una biblioteca decente, con más de seiscientos volúmenes. El nombre de José Peidro Vilaplana figura como presidente de una junta que acordó darse de baja de “El Heraldo de Madrid” y suscribirse en “La Tierra”, semanario madrileño abierto a los anarcosindicalistas. 3 El centro estaba suscrito a “Solidaridad Obrera”, “Tierra y Libertad” y “La Revista Blanca” de Barcelona, a a “El Luchador” y “La Voz Libertaria” de Alicante, a “Proa” de Elda (dirigido por Vicente “Fontaura”), a la Soli y “Estudios” de Valencia, y a “Solidaridad Obrera” de La Coruña, publicaciones todas de carácter libertario. Durante los días laborables se impartían clases, organizadas del siguiente modo: “De seis a siete tarde, lecciones varias sobre ciencia y filosofía. De siete a ocho, gramática. De nueve a diez, aritmética, geografía y geometría.” 4 También se organizaban concurridas charlas, lecturas comentadas y conferencias, como aquella en la que un publicista disertó sobre “Progreso científico y progreso social”.5 Las lecturas tenían lugar todas las semanas el sábado por la tarde. Asimismo se realizaban excursiones para conectar con la Naturaleza. El objetivo era fortalecer el espíritu de la clase obrera, pero sobre todo el de los jóvenes obreros,

La cultura es la piedra angular que marca sin rodeos la posición franca y noble en la que se ha colocado el perpetuo investigador para, llegado el momento, emitir su radiante opinión, hija del estudio y del esfuerzo. La juventud actual, que amanece cual aurora libertaria en las luchas sociales, puede hallar en el Centro de Estudios Sociales campo abonado para capacitar su intelecto y a la par formarse un concienzudo criterio de los ideales libertarios.” 6

La vocación educadora del Centro coincidía con la tarea principal de las Juventudes Libertarias y de los grupos de la FAI, así que como no tenían ateneo propio se establecieron en él, y tras la escisión de la CNT, el Centro se convirtió en un local anarquista. Vañó fue su figura más importante en ese periodo. El Centro emprendió campañas en favor de los presos y las víctimas de la represión republicana hasta que fue cerrado después del movimiento de octubre de 1934.

Al poco de caer la Dictadura, todavía en la clandestinidad, hubo un Pleno Nacional de Regionales en febrero de 1930, donde se acordaron normas para la reorganización. Los militantes confederales debían erigirse en minoría dentro de un sindicato legal y contactar con su Junta directiva buscando la adhesión a la CNT. Si dicha Junta no deseaba adherirse tenían que separarse del sindicato y fundar otro. Peidro se afilió al Sindicato de Metalúrgicos y Similares, adscrito a la UGT, que contaba con unos 400 asociados. De inmediato se agruparon los partidarios de un sindicalismo más beligerante, Daniel Llin, Tomás Payá, Constantino Miralles, Emilio Ferri, Gonzalo Bou… pero se encontraron con la obstrucción de los dirigentes del Sindicato. Entonces algunos celebraron una reunión a primeros de septiembre en los locales de la CNT y acordaron separarse. Las condiciones de trabajo eran tan pésimas que había que recurrir a medidas drásticas. Los jornales que se pagaban en Alcoi oscilaban entre 5 y diez pesetas. Desde hacía más de dos años los obreros del metal habían presentado una demanda a los patronos acordada por el Comité Paritario, pero sus dirigentes apuraban todos los recursos antes que decidirse por la huelga, hasta que, para asombro suyo, en una asamblea general los obreros la acordaron por unanimidad. En esos momentos una escisión habría resultado fatal para los intereses de la Junta Directiva socialista del Sindicato, así que cedieron a la huelga. El 18 de septiembre pararon los 700 obreros metalúrgicos de Alcoi, manteniendo su actitud durante once días. La Junta explicó en un manifiesto sus modestas peticiones salariales y sus preocupaciones exclusivamente económicas, y demostrando sensatez y calma, se entrevistó con el alcalde para solicitar su mediación. El alcalde se reunió con representantes de la patronal, la “Metalurgia Industrial”, que excusaron recurrir al Comité Paritario de la Siderurgia de Valencia pero pusieron la condición de que la comisión obrera negociadora tuviera capacidad para firmar el contrato colectivo sin necesidad de recurrir a la asamblea general. Por lo visto a la patronal estaba dispuesta a hacer concesiones en pro de un tipo de sindicalismo burocrático y genuflexo detestado por los trabajadores. La asamblea general aprobó las gestiones de sus dirigentes y les concedió un plazo para seguir negociando, pero puso como condición para la vuelta al trabajo no rendir horas extraordinarias ni destajos. Los resultados finales no convencieron a muchos obreros, que se fueron dando de baja o dejaron de pagar la cuota sindical. La Junta se debilitó y fue nombrada otra, la cual a finales de julio de 1931 convocó una asamblea extraordinaria para tratar el reingreso de 280 afiliados. Un mes después la asamblea general del Sindicato decidía darse de baja en la UGT y quedar en posición neutral. Agustín Vivó sería el presidente. La neutralidad, decidida para no romper el Sindicato, duró poco. En diciembre los metalúrgicos se reunían en el Teatro Principal para nombrar a sus delegados de la Federación Local de Sindicatos, es decir, de la CNT. Lo fueron Peidro y Gonzalo Bernabeu.7 En una posterior asamblea se aprobó el reglamento confederal y se escogieron los delegados que asistirían al Pleno Regional. Con la incorporación de los metalúrgicos se incrementaba significativamente la representatividad de la CNT y quedaba más compensada la influencia a todas luces excesiva de los dirigentes del Textil. Había sido una tarea difícil, no exenta de problemas,8 cuya resolución positiva fue debida en parte al buen hacer de José Peidro.

Los metalúrgicos no dejaron el local de Arias Miranda, 2 (la Casa del Pueblo), para irse a Salvador Seguí, 14; el Sindicato del Ramo de la Metalurgia ocupó un local nuevo en la Avenida de Canalejas, 33 (la Alameda). Allí debatieron ampliamente las nuevas bases de trabajo que aprobaron en asamblea el 13 de mayo de 1932. Las bases fijaban el jornal mínimo en 8 ptas., y aumentos igualitarios de 4 ptas. La semana constaría de 44 horas de trabajo, se abolirían los destajos, se repartiría el trabajo equitativamente entre todos los talleres y las horas extraordinarias no se harían si existían parados. Merecen mención algunos puntos como la obligatoriedad de readmitir a obreros presos cuando recobraran su libertad, el que un temporero pasase a fijo al cabo de tres semanas o la imposibilidad de despido si éste no era autorizado por el comité de taller, que revelaban el nuevo talante sindicalista. La patronal, favorecida por la crisis de trabajo y mal acostumbrada por los dirigentes socialistas, se negó a tratar las bases y los metalúrgicos declararon la noche del 29 de mayo la huelga. Dos semanas después intervenía el alcalde; las viejas maneras no se habían olvidado. Las tácticas sindicales de los metalúrgicos eran más posibilistas de lo que era habitual en la CNT, no en vano venían de donde venían. De la mediación del alcalde se pasó a la del gobernador civil de Alicante y de ésta a la formación de una Comisión Mixta de obreros y patronos. Al cabo de un mes los obreros aceptaban las bases negociadas pero insistían en la supresión de destajos y en lo relativo a las horas extras. El 6 de julio se firmaban las nuevas bases y quedaba el conflicto resuelto.

Por esas fechas debió suceder el incidente con el industrial Francisco Blanes, a quien llamaban “Quico l’Alt”. En realidad, se trataría del hijo de Quico, que se llamaba igual, pues este murió en 1926. Peidro trabajaba entonces en su fábrica, dedicada a la de construcción de maquinaria. Tenía una pésima reputación entre los obreros por su carácter soberbio y colérico. El patrono había propinado unos cuantos golpes a un aprendiz y Peidro, indignado, le había cogido por las solapas y le había desafiado.9 El carácter pacífico de Peidro podía esfumarse ante el estallido de la indignación. De momento no pasó nada, pues el sindicato era demasiado fuerte como para que un despido pos esos motivos fuese posible, pero dejó de encontrarse a gusto en la fábrica. Debió recordar el consejo que le daban a menudo sus amigos de trabajar por cuenta propia y no soportar amos, cuando un hecho fortuito dio un giro inesperado a su vida. Un amigo de la UGT, José Rico o “Pep el mecànic”, modelista, trabajaba a la sazón en Vila-Real, ciudad cercana a Castellón de la Plana. Su empleador, Diago, le pidió que buscara a un buen tornero y enseguida se acordó de Peidro. Fue a Alcoi y le llevó la propuesta de trabajo, lo bastante ventajosa como para que Peidro aceptara.10 Una nueva etapa de su vida militante empezaba. Hacía calor, era verano.

Llegó solo a Vila-Real y se puso a trabajar en el taller Casa Diago, en el camino de la Ermita. Un obrero autodidacta, culto y serio entre una población proletaria casi analfabeta, causaba un cierto respeto, por lo que en el pueblo le empezaron a llamar “senyor Joan”. En principio se hospedó en una casa de huéspedes llamada La Pepa, en la calle del Trinquet, y mandó llamar a la familia. Cargaron los muebles en el tren –la madre de su mujer Amparo había sido empleada ferroviaria— y llegaron al poco. A los tres meses vino Miguelito, un sobrino a quien Peidro quería como un hijo, que enseguida se puso a trabajar y estudiar al mismo tiempo en Castellón peritaje mecánico, tal y como le aconsejó. Amparo también trabajaba si podía, preparando cajas de naranjas en almacenes. La familia se trasladó a la calle Madrigal, cerca de la actual calle Vicent Sanchiz, a una casa en cuya planta baja había un horno. Se les añadió un primo de su compañera, Francisco Roselló Martí, “Quiquet”, que al estar frecuentemente en el paro se encargaba de las tareas domésticas.

Vila-Real era muy diferente a Alcoi. Una pequeña ciudad campesina de veinte mil habitantes, con fuertes contrastes de clase, repleta de edificios religiosos, dada a la beatería y a las procesiones. Un paisano decía: “Villarreal es un pueblo –era un pueblo—terriblemente católico y montaraz, obrador del fascismo en la provincia de Castellón. Hasta tal punto que el de Villarreal era un aire espeso y cargante cuya densidad aplanaba los más ágiles espíritus. Pasar, no ya un revolucionario, sino simplemente un republicano por las calles de Villarreal, era sentir el peso de una coacción deprimente total.”11 Sin embargo, el manto religioso no ocultaba completamente otra realidad, la de un pueblo perseverante que lo debía todo a su propio esfuerzo, pues, a lo largo del tiempo sus labradores “consiguieron convertir en una huerta feracísima lo que no era más que un inmenso roqueral” a base de arrancar rocas o cubrirlas con tierra vegetal, y de construir pozos artesianos.12 Los beneficios de ese milagro agrícola habían sido acaparados por unos cuantos caciques con el beneplácito del clero. La influencia de los curas y los frailes en todos los aspectos de la vida civil era enorme; eran prácticamente los únicos que poseían algo de cultura, o que simplemente sabían escribir, por eso solían representar a la ciudad ante cualquier cuestión o litigio. Como resulta que provenían siempre de familias burguesas, ni qué decir tiene de qué lado estaban y a quienes defendían. En Vila-Real no había CNT; los obreros estaban afiliados –cuando lo estaban– a sociedades profesionales y se acogían a la legislación vigente, ajustando los contratos y las bases de trabajo a las decisiones de Jurados Mixtos. Peidro empezó su trabajo sindical frecuentando el Centro Obrero de la UGT, donde le acogió Pascual Cabrera, alpargatero, poeta, escritor y el socialista más popular de la localidad. Allí acudieron a menudo sus hijas y su sobrino para preparar representaciones teatrales infantiles, dirigidas por el mismo Cabrera.13 Cuando no existían Sindicatos Únicos, recurrir a la UGT era lo corriente. En la vecina Borriana los anarcosindicalistas también se afiliaron a la UGT y llegaron incluso a dirigirla. Sin embargo Peidro se sentía cenetista de Alcoi y continuaba cotizando en el Sindicato de la Metalurgia de aquella localidad.14 Las luchas internas y la defección en Alcoi del Sindicato Textil y Fabril –menos el Ramo del Agua-, materializada en septiembre de 1933, le debieron afectar porque estaba ideológicamente cerca de sus militantes, pero fue fiel a la CNT y no entró en los Sindicatos de Oposición. Abandonar la CNT era difícil de asumir por alguien que había luchado tanto por ella; el remedio era peor que la enfermedad. En Alcoi se fueron los camareros y algunos oficios varios; el resto de sindicatos se quedó. Los metalúrgicos y los albañiles no eran ciertamente radicales pero no se separaron. Con todo los obreros textiles afiliados superaban en número a los demás. La repentina marcha a Vila-Real le ahorró vivir de cerca la etapa insurreccional y posiblemente también alguna estancia en la cárcel.

EN LA CIUDAD DE LOS SANTOS

En la provincia de Castellón, el movimiento obrero no estaba muy desarrollado y la lucha social no alcanzaba la intensidad de otros lugares. El problema principal de los trabajadores era el paro forzoso, el mismo que en toda España, pero en Castellón, considerando el peso de la producción naranjera en su economía, el paro golpeaba mayoritariamente a los obreros agrícolas, y la mayoría de conflictos tenían lugar en el campo. Cualquier cosa podía desencadenarlos: bastaba una deficiencia en el transporte como por ejemplo la falta de vagones, demoras en la frontera, lluvias torrenciales, gravámenes suplementarios o restricciones a la exportación por parte de algunos estados, oscilaciones del mercado, etc., empujaban a los patronos a presionar a los obreros con salarios más bajos, jornadas más largas, contratas de parados de otros lugares, empleo de niños, incumpliendo las bases de trabajo pactadas con las asociaciones o la misma legislación al respecto. Las tácticas de lucha habituales no podían estar más alejadas del sindicalismo; una vez planteado el conflicto, se requería la mediación del alcalde y, con más frecuencia, la del gobernador civil, que reunían a las partes. Si no se producía el acuerdo, la solución final era arbitrada al cabo de un tiempo por un Jurado Mixto, que podía ser de otra provincia, si en la de Castellón no estaba constituido. Eso no servía de mucho, pues a menudo los terratenientes hacían caso omiso de las sentencias, y se reían de las amenazas de multa. Los métodos sindicalistas eran más contundentes, pero estaban prohibidos. Adherirse a movimientos estatales o simplemente “de fuera de la provincia”, ya fuesen de carácter político o simplemente social, era delito grave penado con cárcel. Si no se daba el aviso con 48 horas de antelación, cualquier huelga era declarada ilegal, con lo que para ser tomada en serio tenía que extenderse, primero por todo el ramo, y después, por todos los oficios de la localidad. Con frecuencia, la huelga general iba acompañada de actos de sabotaje y la explosión de algún que otro petardo, con lo que la intervención de la fuerza pública estaba garantizada. La guardia civil y la de asalto practicaban registros sin miramiento, procedían a detener las directivas, disolvían violentamente las manifestaciones y cerraban los locales sindicales. En un exceso de celo, llegaban a disparar contra los huelguistas. El grado de desespero o de indignación tenía que ser muy alto para que trabajadores de costumbres pacíficas se lanzasen a la calle, exponiéndose a la brutal represión de los guardias y a la posterior venganza patronal. Peidro pudo darse cuenta del panorama sin mucho esfuerzo, pues nada más llegar tuvo lugar en la capital dos conflictos, el de los carpinteros y el de los cerrajeros, que ilustraban a la perfección las dos modalidades de lucha. En lo que concierne a Vila-Real, a mediados de noviembre las sociedades obreras naranjeras presentaron sus bases de trabajo a la patronal y el arreglo no tardó en producirse, no debido a la benevolencia cristiana de los empleadores, sino a que la actitud de los obreros villarealenses culminaba un movimiento de huelgas campesinas, especialmente fuerte en Almassora, Almenara, Borriana, Vall d’Uxó, Moncofa, Nules, Ribesalbes, la capital, Onda y Torreblanca. La reivindicación más frecuente era la relativa al empleo de “forasteros” en la recolección. Incita al humor el sorprendente grado de integración de su compañera Amparo. Precisamente era ella la que llevaba la pancarta de “Fuera forasteros” en una manifestación de recolectoras, cuando hacía dos o tres meses que había llegado a la ciudad. La vida en los pueblos transcurría más tranquila que en una ciudad fabril, pero los preparativos de un movimiento insurreccional en diciembre pusieron en guardia a las autoridades de la provincia, que extremaron las medidas de vigilancia y contención con un despliegue general de guardias. En los días 9 y 10 hubo intentos de paralizar el trabajo en fábricas, talleres y almacenes, principalmente en Castellón de la Plana, duramente reprimidos por las patrullas de guardias, que detuvieron a todos los que pudieron y dispararon a los grupos de obreros concentrados, hiriendo a tres, uno de los cuales murió a los pocos días. Los actos de sabotaje, no muchos, afectaron al tren y al alumbrado eléctrico. Hubo algunas detenciones en Vila-Real relacionadas con los sucesos en la capital y con la incitación a la huelga en el campo, y eso fue todo. El movimiento, improvisado en exceso, dio resultados desiguales en cada población, pero en general fue un fracaso (en Alcoi fue ignorado), y provocó una crisis profunda en el seno de la CNT, llevando a muchos sindicatos a la separación.

El año 1933 empezó dolorosamente, con presos gubernativos acusados de desórdenes y atentado. En abril, una comisión de obreros metalúrgicos de Vila-Real visitó al gobernador para quejarse del cierre de algunos talleres por obra de patronos que no aceptaban la reciente ley de accidentes de trabajo. Nada del otro jueves, como la manifestación en pro de mejoras de la carretera y el ferrocarril para facilitar el transporte de naranjas. El gobernador prometió buscar una fórmula de conciliación entre dueños de taller y obreros del metal y no hubo más hasta el Primero de Mayo, cuando se celebró en la localidad una manifestación debidamente autorizada. La huelga general campesina anunciada en mayo para toda España, apenas repercutió en la provincia. Finalmente, los recolectores de naranjas de Vila-Real se agitaron de nuevo en agosto de 1933, apuntándose a una huelga empezada en Borriana y Xilxes en contra de la contratación de trabajadores foráneos, síntoma del exceso de parados. El asunto requirió la presencia del gobernador para solucionarse, pero no sucedió lo mismo con el de Borriana, que resurgió con más fuerza en septiembre y octubre. El movimiento insurreccional de diciembre, declarado por la CNT en contra del triunfo electoral de las derechas, fue más extenso que el de enero. Hubo “chispazos” en varias ciudades y pueblos, hallazgos de bombas, cortes de telégrafos y de tendidos eléctricos, petardos en las vías y hasta el incendio de un kiosko. Los de Borriana querían volar el puente de la carretera a Vila-Real, y en esa misma ciudad fueron arrancados tornillos de las traviesas del tren. Unidades de guardias de asalto habían llegado al principio del periodo electoral, y como se había decretado el estado de alarma, todas las fuerzas del orden estaban concentradas y dispuestas, así que dieron cuenta del movimiento sin demasiada dificultad. El gobernador pudo despedirse de su cargo vanagloriándose de haber acabado con él sin un uso desmesurado de la fuerza.15 Quedaban varios locales obreros clausurados, un montón de detenidos y juicios pendientes por tenencia de explosivos y posesión de armas. En enero de 1934 los naranjeros hicieron huelga otra vez. Se fijó el trabajo de las mujeres. El cese de la “cullida” debido a las trabas de la exportación había privado del jornal a muchos obreros y a estos se les acababan los recursos. Los bajos precios de la naranja agravaban el paro. En las manifestaciones no se pedía más que pan y trabajo. El ayuntamiento comenzó unas obras de alcantarillado para dar trabajo a los parados, lo que significó un respiro. Se repartieron bonos familiares de ayuda, pero la situación volvió a ponerse angustiosa en marzo, cuando hubo falta de vagones. Peidro entraba por primera vez en contacto con obreros agrícolas y comprobaba su desesperación. Los jornaleros pasaban hambre, principalmente en invierno, cuando el comercio de la naranja se detenía por Navidad o cuando los temporales embarraban los campos.16 Como no tenían nada que perder el proletariado del campo valenciano iba con facilidad a la huelga, que a veces derivaban en sabotajes de la cosecha y en enfrentamientos con la fuerza pública. Las huelgas se repetían porque los propietarios incumplían sistemáticamente los acuerdos. Como la Federación de Trabajadores de la Tierra (la UGT) era reacia a las huelgas, éstas estallaban espontáneamente, ofreciendo a la CNT una inmejorable vía de penetración en el campo desaprovechada tanto por culpa del caciquismo y de los sindicatos católicos, como por la falta de militantes preparados. Todo esto no escapaba a Peidro, que veía en los obreros del campo el futuro de la Organización en la provincia. En torno suyo fueron agrupándose compañeros. Primero fue Vicent, un hombre de acción huido de Cocentaina que trabajaba en la vecina Castellón; después el madrileño Ernesto Gómez, un transportista de almacén que se quedó a vivir en casa de Peidro; finalmente, el maestro Alejandro Navarro, que provenía de Barcelona y el chofer Martín Gil Monforte. Peidro tenía con sus afines una tertulia en un bar situado enfrente del antiguo cine Tárrega, pero procuraba no atraer la atención de la derecha fascista villarrealense, conocedor del poder que tenía, demostrado en escandalosas persecuciones contra personas de izquierda. Por cuestiones orgánicas alguna vez iba a Castellón, en el tren llamado “La Panderola”, que paraba cerca de su domicilio, volviendo al caer la tarde. Desde la vecina ciudad se trabajaba por la organización de sindicatos únicos, abriéndose paso entre los ugetistas y los republicanos obreristas de Gasset. En septiembre de 1934 tuvo lugar una gira de propaganda por toda la comarca interviniendo dos oradores venidos de Cataluña y uno, de Valencia.17 Sin duda Peidro, preocupado por el mismo objetivo, asistió a esos mitines. También visitaba por iguales motivos Valencia, pasándose por la redacción de la revista “Estudios” para conversar con Joaquín, el director, enemistado con la organización de Alcoi por un préstamo que no devolvió, o por el Ateneo Cultural de la calle del Pilar, donde tenía una tertulia el librero Dávila. En el local de “Estudios” se cruzó con Higinio Noja, uno de los pocos intelectuales anarquistas, y conoció a los pintores Renau y Monleón, colaboradores de la revista y simpatizantes del anarquismo. De cuando en cuando, Joaquín, al que le iban bien los negocios, le devolvía la visita montado en su propio coche, un Fiat. No le iba tan bien con su hijo, que marchó de casa y estuvo viviendo cerca de un año en casa de Peidro. “Quiquet” había conseguido trabajo en una fábrica del camino de la Ermita, de la que era encargado un alcoyano, José Pérez Peidro, también de la CNT. La vida transcurría en calma y mientras en Alcoi ocurrían fuertes enfrentamientos con la fuerza pública y la burguesía –en marzo y octubre de 1934—, en Vila-Real no hubo apenas movimiento. Peidro se pudo permitir una vida casera, con los suyos, buenas lecturas y algo de esparcimiento como pescar en el Mijares con sus amigos Pepe Rico o Salvadoret, subir a la “Panderola” para bañarse con la familia en la playa de Castellón, e incluso participar en un concurso de pasodobles.

El movimiento de octubre de 1934 había sido convocado por la UGT y los Sindicatos de la Oposición, pero sus consecuencias repercutieron en la CNT, que fue prohibida y, en consecuencia, el movimiento libertario quedó desarticulado. Tal era el sentimiento de victoria en la burguesía, que la Unión Patronal de Castellón invitaba a los propietarios a emplear de preferencia a los obreros que se habían ofrecido a trabajar durante los días de huelga revolucionaria. Las insurrecciones y las huelgas habían dejado un saldo de cincuenta mil presos, el problema principal de la central sindical. Poco a poco los detenidos sin graves acusaciones fueron saliendo de prisión, las sociedades obreras y los ateneos fueron abriendo, y la vida sindical, reconstruyéndose. Cuando la CNT fue legalizada de nuevo en octubre de 1935, Peidro fundó el Sindicato Único de Oficios Varios de Villarreal, domiciliado en el Centro Obrero “La Unión”. Acto seguido organizó un mitin en el marco de la campaña pro amnistía. A Vila-Real vino nada menos que Durruti, acompañado por Juan Rueda. El efecto fue imponente; la gente de misa y rosario se encerró en casa atemorizada por la presencia del visitante, que no defraudó. Durruti se expresó en tono rudo y tajante, pidiendo la libertad de los presos y hablando de la necesidad de prepararse para la revolución inminente, única salida a un capitalismo en crisis que amenazaba con el fascismo. Había que organizarse seriamente para enfrentarse a la burguesía, que no dudaría en utilizar contra el proletariado todos los medios represivos a su alcance. “Fascismo o revolución social” venía a plantear Durruti ante el estupor de todos, mientras su compañero repetía con acento andaluz el latiguillo de “¿Veis como nos entendemos?”.18 Ricardo Sanz cuenta que emprendió por Levante una gira de propaganda con Durruti y Juan Rueda Jaime. Comenzaron por la provincia de Castellón, recorriendo Onda, Borriana, Vila-Real, Almassora y alguna otra ciudad (¿Alcora?), terminando con un mitin de clausura en Castellón.

La organización confederal de aquella provincia era muy joven. Por las características del terreno y la forma de estar distribuida la propiedad, el desarrollo de la organización se hacía un tanto difícil.

Un país rico, donde abundaba el pequeño y el mediano propietario, donde el jornalero era muy escaso y solicitado. Una tierra fértil; productiva; con muchas comodidades entre la mayoría de la gente del país. En esas condiciones, la penetración sindical se hacía verdaderamente difícil. Dentro de esas circunstancias especiales teníamos nosotros que desarrollar nuestra propaganda, nuestro programa sindical.

Sin embargo, y a pesar de todas esas consideraciones, nosotros, dándonos cuenta de que allí a más de los problemas materiales existían también los problemas morales, abordamos el conjunto de las necesidades más palpitantes de la provincia, sin olvidar también que entre el enorme público que venía a escucharnos había un gran número de personas de un nivel cultural muy elevado, ante los cuales nosotros debíamos dar la sensación de que estábamos preparados para aspirar a una solución social de todos los problemas de una España más justa y más equitativa de la que vivíamos.

Pasamos a la provincia de Castellón, entre plantaciones de naranjos y tierras fertilísimas, unos cuantos días muy interesantes y agradables a la vez.

Los campesinos, todos sin excepción, pobres y ricos, rivalizaron en comportarse amablemente con nosotros, mostrándonos su espíritu de acogimiento, tan despierto y desarrollado en toda la región de Levante.” 19

Los políticos locales tampoco dormían y fue en Vila-Real donde se organizó el primer Comité del Frente Popular de toda Valencia. La victoria del Frente en las elecciones de febrero de 1936 puso en la calle a muchos de los obreros encarcelados. En Vila-Real una manifestación que partió del Centro Obrero, recorrió las calles celebrando el éxito electoral. El alcalde lerrouxista fue destituido y una comisión gestora de republicanos y socialistas presidida por Pascual Cabrera se hizo cargo del ayuntamiento. La Gestora apenas hizo otra cosa que congratularse por la presidencia de Azaña y el nombramiento de Casares Quiroga. La CNT villarrealense creció rápidamente en la primera mitad de 1936 con empleados municipales, obreros textiles, metalúrgicos, transportistas y ferroviarios. Unos pocos venían del Centro Instructivo Republicano. Puede que en algún caso la afiliación estuviera relacionada en el hecho de ser la cuota menor que la de la UGT; una nota de los metalúrgicos a Cabrera así lo indica.20. El SUOV no era muy grande pero constituía la segunda fuerza social de la ciudad y se la tenía en cuenta: en marzo el Sindicato Único, las sociedades del Centro Obrero y la patronal se reunieron para fijar los jornales del campo. Habían cambiado las tornas y el acuerdo fue fácil. La UGT también se apresuraba a reorganizarse: en junio, hubo una asamblea general de las dieciocho sociedades adheridas al centro Obrero. No tardaría en crearse las Juventudes Libertarias, de vocación pedagógica, pero no la FAI, dada la ausencia de grupos anarquistas en Vila-Real. En otro orden de cosas, la Regional de Levante acogía a los escindidos en un pleno regional celebrado en febrero. Los alcoyanos Pablo Monllor, secretario del Comité Regional, y Gonzalo Bou “El Chato”, presidente del Sindicato alcoyano de la Metalurgia, estaban entre los que más habían trabajado por la reunificación. El Congreso de Zaragoza celebrado en mayo sancionó el reingreso de los llamados Sindicatos de Oposición y la fusión de sus comités con los de la CNT. El Congreso también había dictaminado ofrecer a la UGT una alianza revolucionaria a cambio de que ésta reconociera el fracaso de la acción política, dictamen que se revelaría ingenuo en sus propósitos. A partir de esa fecha el tiempo transcurriría vertiginosamente y Peidro sería absorbido en la vorágine de los acontecimientos.

Cuando se produjo la sublevación militar, todos estuvieron pendientes de la situación en Castellón, que se resolvió a favor de la República gracias a la acción decidida del teniente coronel Peire, apoyado por los obreros movilizados. Inmediatamente, se constituyó en el Centro Obrero un Comité de Defensa Antifascista compuesto por representantes de las Sociedades Obreras del mismo (UGT), de la Agrupación Socialista Obrera (PSOE), de la Juventud Socialista Obrera, del Sindicato Único de Oficios Varios (CNT-AIT), del POUM y del comité local de Izquierda Republicana. Estaba presidido por el socialista Pedro Franch y hacía de secretario el también socialista José Arrufat. Por la CNT figuraban como vocales J. Peidro y José Casinos.21 El Comité se erigía en representante del pueblo de Vila-Real y asumía la tarea urgente de organizar y normalizar la vida local. De inmediato procedió al desarme de los guardias municipales tenidos por sospechosos y a la organización de grupos de vigilancia armados con pistolas y escopetas que se encargaron de controlar las entradas y salidas de la ciudad y de poner cerco al cuartel de la guardia civil. El día 22 se declaró huelga general y se procedió a la clausura de locales derechistas como el Círculo de Los Luises, el Círculo Tradicionalista, el Sindicato Católico y la Derecha Regional Agraria. Igualmente se procedió al cierre de todas las iglesias y conventos. La CNT dispuso por primera vez de espacio propio. Ocupó Los Luises, en la calle Mayor Santo Domingo, que sería la sede provisional del Sindicato Único de Oficios Varios. La noche del 23 estalló la tensión acumulada y un grupo dirigido por Arrufat saqueó e incendió el edificio de los padres franciscanos. Los guardias civiles permanecieron leales, pero por seguridad fueron evacuados a Valencia. Su cuartel servirá de base a las milicias antifascistas. La ciudad quedó en poder de las organizaciones obreras. El 26, el Comité pidió el fin de la huelga, cosa que ocurrió en los días sucesivos. El Comité, instalado en el convento de las Dominicas, se apoderó de la dinamita y cartuchería de los comercios y apeló a los particulares a que entregaran las armas que tuviesen. Los requetés y los falangistas habían arrojado al campo sus armas para no comprometerse o las habían ocultado en los huertos. Los trabajos a realizar eran múltiples: asegurar el abastecimiento y el transporte, impedir los movimientos de los facciosos y desemboscarles, formar unidades de voluntarios para ir a defender Madrid o a liberar Teruel. Así pues se empezaron a detener los derechistas más significados que no habían huido o se habían ocultado, se hicieron registros en busca de armas, objetos religiosos y radios, se bloquearon las cuentas bancarias de los facciosos, se incautaron automóviles y camiones, y se requisó la gasolina disponible. En la casa consistorial se instaló un altavoz para emitir los bandos del Comité. El convento de las Dominicas serviría también de almacén y de cárcel, incluso de cuartel, cuando las milicias abandonaron el de la guardia civil. Quedaron prohibidas las subidas de precios, el acaparamiento y la venta de productos de primera necesidad al exterior. En previsión de un desastre mayor que el de los Franciscanos, los tesoros artísticos fueron sacados de los edificios religiosos y trasladados al museo provincial. Se advirtió que los grupos sin control que efectuasen requisas y registros serían considerados facciosos.

Peidro, a primeros de agosto, se acercó con sus dos hijas a Valencia para alejarlas del peligro. Por el camino cruzaron los controles y comprobaron el entusiasmo de los obreros, dueños absolutos de la situación. En la capital se percató de los cambios habidos y se informó en la nueva sede del Comité Regional, calle Grabador Esteve nº 4, de las noticias que iban llegando del resto de España. Al llegar por el camino de Sagunt contempló la liberación de los presos del penal de San Miguel de los Reyes, quienes le abrazaban llamándole compañero, pudiendo entrever la preparación de los primeros contingentes de milicianos. Se hospedó en un hotel lujoso en poder de los obreros y al día siguiente fue a casa de Joaquín J. Pastor. Envió a las hijas a Alcoi para quedarse unas semanas en casa de su hermana María y regresó a Vila-Real con una pistola que guardó en el armario de libros de su casa. El primer Comité Antifascista dio paso a otro, también dirigido por Franch y Arrufat, sin delegados del POUM y con un representante de la Unión Republicana. La CNT ampliaba su representación pero sin función específica salvo en el caso de Martín Gil, delegado de transporte. Los demás, José Ortega, mecánico, Alejandro Navarro, Pascual Bort y Damián Gil, conserje del local de las Juventudes Libertarias, eran vocales. Peidro pasaba a segundo plano. El municipio se hizo de momento cargo de la paga de las milicias populares, 120 milicianos que en tres turnos de 40 se encargaban de la seguridad del lugar, pero más tarde se estableció una contribución de guerra a los ricos que también servía de subsidio al paro, importante antes del 19 de julio. A Peidro no le gustaba el cariz que empezaban a tomar los acontecimientos. Nadie hablaba de socializar. Entre los parias había una falta de preparación general y eso les impedía actuar racionalmente, es decir, en beneficio de su libertad. “Són massa atrassats”, lamentaba. En el registro de una casa del camino del Cedre se había opuesto a la destrucción de cuadros valiosos por el simple hecho de ser pinturas religiosas. A un compañero le había espetado:

-“Això no és un sant, és una obra d’art i l’art té valor i pot ser útil”.

Ante el impulso instintivo o la estética de la hoguera, el sentido práctico. Él no rehuía el diálogo ni siquiera con los sacerdotes si se comportaban como seres humanos, por lo que le disgustaba el carácter de caza de curas que tenían los registros; aunque lo que más mal llevaba eran las ejecuciones que esporádicamente empezaron a primeros de agosto. Dado el hecho de que las milicias de la retaguardia obedecían sólo a sus organizaciones respectivas y estaban relativamente poco controladas por el Comité, podemos afirmar que el número de víctimas en aquellos primeros días fue escaso, apenas seis o siete religiosos y otros tantos fascistas, muy poco si se compara con las matanzas que se llevaban a cabo en el otro lado, y nada si se tiene en cuenta que el 30 de julio en Puebla de Valverde, los guardias civiles de una columna mixta salida de Castellón habían disparado a traición a los milicianos que iban con ellos, matando a 42 y haciendo prisioneros a 47, para luego conducirlos a Teruel y fusilarlos. También cabe decir que las milicias no actuaban sin principios; cuando se dio algún caso grave de robo, el miliciano responsable fue pasado por las armas.

Las derechas representaban al fascismo y el fascismo significaba guerra. Guerra pues al fascismo, empezando por el de Vila-Real. El 15 de agosto el Comité creó en el antiguo Círculo Tradicionalista una Comisión de Hacienda e Incautaciones presidida por el socialista Vicente Costa para tomar posesión de las explotaciones, cuentas bancarias, comercios, talleres, almacenes, casas y demás propiedades de los facciosos huidos, y administrarlas con el concurso de las Sociedades Obreras y de los comités de control. En un mes la comisión puso en marcha bajo las siglas UHP el taller de maquinaria Claramonte, la farmacia droguería Gimeno, la tienda de comestibles y panadería conocida por “los Amarillos” (antigua cooperativa del Sindicato Agrícola Católico), la Caja Rural del mismo sindicato, la fábrica de cartonajes Pallarés, y no menos de cincuenta fincas rústicas que fueron incrementando su número en los meses siguientes. Las fincas urbanas fueron en parte alquiladas a proletarios necesitados. La incautación se amparaba en un decreto del Gobierno del 8 de agosto que prudentemente recomendaba el “control temporal de la propiedad” si había sido abandonada. Se formó un Comité Obrero para el Control de la Banca, otro en las serrerías, otro en hostelería y cafeterías, y en general, uno en cada empresa. La fábrica de tejidos Marcet Poal, cuyo dueño había sido ejecutado en los primeros días, pasó a ser gestionada por un comité de empresa UGT-CNT. También irían apareciendo talleres colectivos, como el de los cerrajeros y los marmolistas. Ante el retroceso de la burguesía fascista la revolución arrancaba.

Quienes habían ido al frente a combatir no lo habían hecho en defensa de la legalidad republicana sino en nombre de la revolución emancipadora. Pero mientras militantes como Peidro creían que en la retaguardia la obra revolucionaria debía ser ante todo constructiva, colectivizadora, otros pensaban que previamente hacía falta una labor depuradora que impidiese cualquier vuelta atrás, un trabajo de profilaxis indispensable si se quería dar la sensación a las masas de vivir una revolución. El día 21 de agosto, a las seis de la tarde, entraron en Vila-Real tres camiones con las siglas CNT-FAI repletos de gente armada que se distribuyó por la ciudad. Unos registraron las casas pudientes y practicaron detenciones, otros fueron al ayuntamiento, intimidaron al alcalde y dejaron ondeando en el balcón la bandera de la CNT, y finalmente otros subieron a la torre de la iglesia arciprestal. Después hicieron una pira con escapularios, cuadros de santos, estampas, cruces y otros objetos de la misma índole encontrados en las casas visitadas y le prendieron fuego. Se dirigieron al convento de las Dominicas para encerrar a los detenidos, encontrando a los sacerdotes y derechistas presos de la víspera. Entonces montaron un juicio popular que pronunció sentencias de muerte sumarias. Once derechistas y cinco religiosos fueron ejecutados en la ribera del río Belcaire, en los alrededores del pueblo cercano de Moncofa. El hecho fue atribuido a la Columna de Hierro pero dicha columna acababa de librar batalla en Sarrión y se encontraba en esos momentos avanzando hacia la Puebla de Valverde. Los visitantes vestían las ropas de los campesinos de la comarca y hablaban valenciano del lugar, por lo que se trataba más bien de milicias de retaguardia, probablemente de Alcora, o de Borriana, Nules, Onda u otros pueblos limítrofes.22 La impresión causada no tuvo que ser demasiado negativa puesto que el 23 por la mañana los propios milicianos villarrealenses, que en su mayoría no eran libertarios, avivaban el incendio del templo y capilla donde yacían los restos de San Pascual Baylón, verdadero símbolo de la superstición religiosa en la ciudad y de la devoción hipócrita de los explotadores. Realmente se trataba de una liberación incruenta. Las llamas duraron varios días y los restos del santo fueron esparcidos, mientras unos irrespetuosos espectadores jugaron al fútbol con su cabeza. Se acusaba a unas monjas de clausura de haber provocado el incendio para poder abandonar la ciudad sin peligro. “Quiquet” estuvo presente y lo contó en casa. También se prendió fuego a la capilla del Calvario, al archivo de la iglesia parroquial y al convento del Carmen. El ayuntamiento contrató a una brigada de parados de la localidad para demoler los edificios arruinados por los incendios. Entonces se descubrieron los cadáveres de tres monjas atados y emparedados, lo que causó gran conmoción. Ante la estancia se agolpaban cientos de personas para contemplar el macabro espectáculo de lo que se suponía un castigo cruel y salvaje. En los siguientes días partieron todos los milicianos hacia Teruel; los menos a la Columna de Hierro, como Vicent, Quiquet y Gómez, que fue tanquista en la centuria 9ª; los más, a la columna Torres-Benedito, en la “División Pitarch”, que se repartía por los pueblos turolenses de Celadas, Tortajada y Villalba. Dicha “división” era una especie de batallón dirigido por los socialistas locales Pascual Pitarch, Pascual Saura y Enrique Renau, pero que contaba con voluntarios anarquistas. Tendría una intervención señalada en la ofensiva contra Teruel del 25 de diciembre, y sufrió muchas bajas. Una salida posterior se dirigió a la columna organizada por los socialistas de Castellón, la Matteoti. Entre diciembre y enero los milicianos regresarían para ser militarizados en Brigadas, salvo los de la Columna de Hierro, que lo hicieron en marzo. A lo largo de la guerra, Vila-Real contribuiría a los frentes de Madrid, Aragón y Teruel con tres mil combatientes. Su sobrino Miguel se incorporó más tarde, pues Peidro le aconsejó presentarse a los exámenes para acceder al cuerpo de aviación, exámenes que aprobó. Paralelamente se fueron enviando al frente cientos de toneladas de alimentos ya que el municipio era eminentemente agrario, e infinidad de colchones y de ropa. El Frente Popular Antifascista, o lo que es lo mismo, el Comité, se hacía cargo de la manutención y el vestido de las esposas e hijos de los milicianos, pagando un subsidio, montando un comedor popular en las Dominicas y organizando grupos de mujeres para confeccionar prendas. Peidro, que quería ir al frente, fue requerido para encargarse de los talleres metalúrgicos y readaptarlos a la producción de material bélico. En guerra, la metalurgia se volvía un ramo industrial estratégico. Así pues, con ayuda de compañeros de las dos centrales, organizó una Cooperativa de Obreros Metalúrgicos UGT-CNT compuesta por cinco talleres que pasaron de producir material de riego a fabricar obuses por cuenta del Ministerio de Guerra.

Habiendo marchado los milicianos, la vigilancia y represión de los fascistas en la retaguardia recayó, como en otras ciudades, en una Brigada Móvil de Investigación, dirigida en Vila-Real por el socialista Pascual Roca, dependiente primero del Comité y después de la consejería de Defensa hasta su disolución en abril de 1937. La componían catorce miembros de afiliación proporcional al peso de las dos centrales. Con ella las ejecuciones no terminaron, sino que se hicieron rutinarias: entre septiembre y noviembre, momento en que cesaron, hubo más de cincuenta muertes. Eran menos el resultado de ansias vengativas que represalias por los asesinatos que ocurrían con profusión en el bando nacional. La costumbre de ejecutar derechistas y religiosos sembraba de muertos las tapias de los cementerios, las cunetas y las orillas de los ríos. Los de Vila-Real iban a realizar la macabra tarea en los aledaños de los pueblos vecinos y estos hacían lo propio en sus alrededores. Un día paseando por el Mijares, Peidro y su sobrino encontraron varios cadáveres de ajusticiados tirados por la ribera. Pepet, al que repugnaban la crueldad y la muerte violenta, señaló los pies de los cadáveres y dijo:

–Porten espardenyes. Al cap i a la fi eren obrers, com nosaltres, encara que foren de l’enemic. Ningún obrer hauria de morir aixina.”

Un verdadero anarquista nunca se dejaría llevar por los deseos de venganza sino por los de justicia. Aquél movido por el desinterés, la abnegación y el altruismo no cometería actos que repelieran a su conciencia.

POR LA COLECTIVIZACIÓN

La CNT, apenas conocida antes del 19 de julio, experimentaba en la provincia una notable afiliación y a menudo prescindía de la estrecha legalidad republicana, cosas ambas que causaban tensiones con la UGT, antaño mayoritaria. Que el tema preocupaba quedó demostrado en el mitin cenetista del 3 de septiembre de Castellón, donde José España, Joaquín Cortés y Juan López hablaron a favor de la actuación conjunta con la central socialista pero también de la necesidad de acabar con el caciquismo político de los partidos, que en la provincia no podían ser más que el PSOE e IR. Cortés dijo que no era el momento del Comunismo Libertario, posición oficial de la CNT, pero en absoluto de la mayoría de sus militantes. Juan López reclamó un Consejo Económico levantino a imagen del que existía en Cataluña y la entrega a los obreros de la propiedad abandonada en manos de los Comités de Defensa locales. Se imponían nuevos rumbos en la economía y la socialización de los medios de producción era el único medio capaz de detener su desorganización. Peidro conoció a Cortés en uno de sus viajes a Valencia “a portar papers”, y se reunió con él. Su idea era la de llevar oradores a Vila-Real para orientar a los recién afiliados y atraer a los simpatizantes, principalmente obreros del campo. Regresó con José España, conocedor del problema campesino, y éste dio en el cine los XIII, rebautizado “Salón CNT Francisco Ascaso”, una conferencia sobre “Los campesinos ante la Revolución”:

Disertó sobre el problema de la tierra, y se dirigió a los camaradas de la UGT para que la alianza revolucionaria concertada en los frentes y en los centros de producción no se rompa por ninguno de los conceptos hasta que la revolución no termine con el fascismo. A continuación elogió el espíritu de solidaridad de los campesinos hacia sus compañeros del frente, afirmando que si ellos quieren la transformación económica se realizará con una amplitud que dará satisfacción a toda la clase trabajadora.”23

La fórmula con que resumía la economía campesina no podía ser más clara: colectivización de la tierra y creación de una cooperativa de consumo. El público se enardeció ante el acertado lenguaje del orador y muchos trabajadores de Vila-Real se dieron de alta en la Confederación.

El salón de los XIII había sido expropiado por orden del Comité del 17 de agosto, y la CNT se hizo cargo de la programación contratada, principalmente películas, y gestionó la recaudación, cuyos beneficios iban destinados a sufragar las necesidades que la revolución y la guerra planteasen. Todo el personal empleado conservó su trabajo. El cenetista Alejandro Navarro se hizo cargo de la nueva programación, que comprendía no sólo piezas teatrales de carácter social, sino zarzuelas y variedades. El Sindicato Único de Oficios Varios ocupó entonces los amplios locales de la Derecha Regional, situados en una de las esquinas de la Plaza de la República, donde llegaba la calle Mayor, ahora calle Luis de Sirval, nombre de un periodista asesinado en Oviedo por un teniente de la Legión, por haber informado demasiado verazmente sobre la represión de la revolución de Octubre del 34. Hubo que reparar desperfectos y hacer obras. Al poco, el Sindicato Único organizó una corrida en la plaza de toros a beneficio de los hijos de los combatientes. En el recién creado Comité Ejecutivo de Espectáculos Públicos, la sección taurina correspondía a la CNT. La novillada fue algo especial; debutó con un aplauso caluroso a dichos hijos; a continuación, tuvo lugar un desfile de milicianas y milicianos a los acordes de la Internacional y el “respetable”, que no se pudo aguantar, puesto en pie vitoreó a la República; finalmente los toreros y banderilleros hicieron su faena.24

En septiembre, la Regional de Levante quiso expresar su posición en el mitín del domingo 27 de septiembre celebrado en el teatro Principal de Castellón. Los oradores –Vicente Mercé, Cano Carrillo, Rueda Jaime, Gallego Crespo e Isidro Martínez- dejaron claro que se trataba de una guerra entre el capital y el trabajo, y puesto que así era, la CNT, que era la fuerza que más había contribuido en número de combatientes, tenía que considerarse seriamente su propuesta de crear una Junta de Defensa Nacional. No se interesaba en la política, puesto que su tarea consistía en estructurar una nueva economía. Los sindicatos debían de adueñarse de las industrias y tierras con el fin de implantar un régimen social justo e igualitario. Eso era la revolución.25 Sin embargo, la debilidad de la CNT en Vila-Real había impedido que las incautaciones desembocaran en una verdadera transformación de la propiedad y del trabajo en el campo. La propiedad privada, aunque bajo control, era respetada, y el comercio se efectuaba, a excepción de la cooperativa UHP, según las reglas capitalistas. Eran momentos en que interesaba un máximo rendimiento pero no se podía pedir a los jornaleros demasiado esfuerzo en unas tierras que no eran suyas. Sin embargo los socialistas no tenían intención de ir más lejos; el 17 de septiembre, convocados por Pedro Franch, se reunieron varios delegados de los comités antifascistas de la provincia en la sede del Comité de Defensa de Villarreal y trataron sobre hacienda, abastos y transportes de la forma habitual.26 Los sindicalistas entonces intentaron forzar una salida revolucionaria a esas cuestiones quemando los títulos y registros de propiedad. Así lo habían hecho el 2 de octubre en Castellón, contando con la colaboración de milicianos de la Columna de Hierro; también se hizo en Borriana el día 4 y así se haría en Vila-Real. El 6 de octubre, un grupo armado con escopetas encabezado por Martín Gil y por Peidro27 tomó las bocacalles que conducían al edificio del Registro de la Propiedad y entró en las oficinas, obligando a marcharse a los oficiales y amontonando en la entrada todos los libros y documentos para quemarlos en hogueras. El hecho creó tensiones, incrementadas por la inestabilidad del sillón de Cabrera y por los rumores que apuntaban a Peidro como nuevo alcalde, a tal punto que Peidro tuvo una visita nocturna inesperada que hubo de repeler a tiros. Pensó en que se trataba de un aviso por parte de los socialistas y se cambió de domicilio, trasladándose primero a una casa cerca del cuartel de la guardia civil, y después a otra de la calle Pérez Galdós, más céntrica y, por lo tanto, menos expuesta. La dualidad de poderes entre la Comisión Gestora y el Comité de Defensa había creado problemas incluso entre los mismos socialistas, así es que en noviembre ambos organismos se fusionaron en un Consejo Administrativo Municipal y de Defensa, presidido por el alcalde Cabrera y compuesto por doce consejerías, tres de las cuales ocupadas por la CNT. El Comité de Defensa no había traído la Revolución sino que más bien la había detenido; no obstante, la opinión libertaria estaba por participar,

Sí compañeros, nunca quisimos aceptar colaboración con sectores políticos pero las circunstancias y contingencias del momento nos han obligado a ello (…) Ahora ya los Comités de Defensa constituidos, ruego a los compañeros que ocupen cargos tengan aciertos en sus labores y altruismo en su conducta, así daremos sensación de lo que somos capaces y disiparemos aquella nebulosa que siempre se cernió sobre nuestras cabezas, de que éramos unos locos, utopistas y otros [calificativos] más desagradables.”28

La oficina del registro vaciada sirvió para alojar el CLUEF, comité local unificado de exportación frutera dependiente de la Comisión Unificada Levantina de Exportación de Agrios, organismo UGT-CNT encargado de organizar la exportación naranjera controlando todas las etapas del proceso, desde la recolección hasta el suministro y el cobro al comprador.

En el mismo septiembre, el Comité Comarcal de Alcora había convocado a los Sindicatos de la provincia para una reunión plenaria en la que se debía preparar un Pleno Provincial con el fin de analizar la obra hecha y definir una “orientación confederal”. Dicha comarcal, a la que pertenecía Vila-Real, se había organizado rápidamente gracias a la ayuda de la Columna de Hierro, que, al tiempo que avanzaba hacia Teruel trabajaba por la sindicación de los pueblos liberados. Anticipándose al pleno, el 13 de octubre por la noche se celebro un mitin de orientación en el Teatro Principal de la capital provincial, donde se trataron los problemas de la exportación debido a las trabas gubernamentales y de la necesaria organización de sindicatos campesinos. Se afirmó claramente que la tierra era para el que la trabajaba, y que en particular, la producción naranjera era del pueblo. La CNT era consciente de que sin los campesinos no habría revolución, por lo que se imponía la unidad entre campesinos y trabajadores urbanos.29 El día 18 tuvo lugar un pleno de locales en Alcora, con asistencia de 43 delegados de la comarcal, para tratar de la exportación frutera. El representante de Vila-Real, Gorbea, pidió al delegado del Comité Regional aclaraciones sobre el cambio de moneda y las causas de las dificultades para el cobro de la fruta exportada. El delegado se explicó y abogó por formar un comité regional exportador a partir de los CLUEF coordinados por comarcas.30 El 2 de noviembre pudo celebrarse en Castellón el esperado Pleno Provincial de Sindicatos de CNT. Hubo 206 delegados representando a 116 sindicatos, aunque el total provincial era de 195, repartidos entre las federaciones locales de Castellón y Borriana, y las comarcales de Alcora (a la que pertenecía Vila-Real), Segorbe y Benicarló. En total, 32.851 afiliados. Asistieron dos delegados de Villa-Real que representaban a 900 afiliados y dos más de las Alquerías del Niño Perdido, en nombre de otros 75. Todos los presentes coincidían en la necesidad de socializar las fábricas y la tierra incautadas, pero éstas dependían de los Comités de Defensa, que, sin mayoría libertaria, preferían la administración municipal. El otro problema era la inexperiencia en cuestiones sindicales de los campesinos y jornaleros, la mayoría recién afiliados, sin conocimiento de los métodos ni de los supuestos ideológicos de la CNT. Se imponía una intensa propaganda. En la segunda sesión el representante del Comité Regional opinó que se debía ir a la unificación con la UGT y que había que crear un comité de propaganda con este objetivo, a lo que un delegado de Vila-Real (Alejandro Navarro) respondió con la propuesta “de un comité provincial de propaganda, de CNT exclusivamente y que la propaganda de éste se debe extender a la unificación del proletariado, explicando al pueblo de una manera categórica y clara los postulados de nuestra organización.”31 El Pleno aprobó la propuesta y acordó que la Federación Local de Castellón, junto con las demás federaciones locales nombrase dicho comité provincial. Durante la tercera y última sesión se habló de la exportación frutera y de la necesidad de que los confederados alistados figurasen en listas que los sindicatos debían trasmitir al comité correspondiente de la Organización. A este pleno siguió una reunión de todas las fuerzas antifascistas de Castellón, presidida por el gobernador civil, donde la CNT aceptaba la unidad de las fuerzas proletarias sin distinción de ideología y reconocía la autoridad establecida. Pocos días antes había ocurrido la masacre de la Plaza de Tetuán, en Valencia, y la Columna de Hierro había acordado con los dirigentes cenetistas el regreso al frente de los grupos de milicianos que impulsaban la revolución en la retaguardia. La medida redundaría en perjuicio de la CNT, pues el vacío de los milicianos sería colmado con guardias de asalto, que, a las órdenes del gobernador civil de la provincia, pararían el desarrollo de los organismos locales obreros y destruirían cualquier veleidad de autonomía, inclinando la balanza hacía los políticos republicanos y socialistas. En el acto de clausura, Vicente Merce, en nombre de la Federación Local de Castellón, declararía sin ambages que “muchas veces debemos hacer dejación de nuestros principios para dedicar todas nuestras actividades a aplastar la bestia fascista”, como probaría su participación “responsable” en los ayuntamientos y organismos regionales, por no hablar de la esperada participación en el Gobierno, pero toda desviación sería corregida cuando el peligro pasara. Sin embargo, no se dejó de condenar la política y aludir al comunismo libertario. El delegado de la comarcal de Alcora y de los Sindicatos de Villarreal, Alejandro Navarro, dedicó su discurso a la unidad proletaria, tan difícil de lograr en su ciudad: “Hemos venido a exteriorizar los esfuerzos de una Asamblea, que señaló ayer sus puntos de coincidencia y que culminaron en acuerdos de trascendencia tanto en el orden provincial como en el nacional. Y sobre ellos destaca el de ir directamente a la unificación de las fuerzas proletarias para una labor de conjunto que permita de una vez y para siempre acabar con lo que el fascismo es y con lo que el fascismo representa. Para esta labor ha de encontrarnos a todos los proletarios y a los que no siéndolo coadyuvan a la obra antifascista, pero así como nosotros vamos a esa unión con nobleza y altitud de miras, queremos que se nos trate de igual forma por parte de nuestros aliados. La Comarcal de Alcora, con sus sesenta y dos Sindicatos, con los valores nobles y positivos que representa, unida a las demás comarcales, hace un llamamiento a la UGT, a esos valores que tiene en su seno igualmente positivos y nobles, para que todos unidos puedan librar esa batalla que tanto ansía el proletariado para emanciparse totalmente.” 32

El 4 de noviembre la CNT entró en el Gobierno y tres días después el Gobierno se estableció en Valencia. El día 9 tuvo lugar en el local del Sindicato de la Metalurgia de Valencia el Pleno Regional de Comarcales y Locales de la Confederación Regional del Trabajo de Levante. Peidro asistió como representante del Sindicato Único de Oficios Varios de Villarreal y pudo encontrarse con numerosos delegados venidos de Alcoi y enterarse de los progresos orgánicos y colectivizadores de la CNT alcoyana, verdadero modelo de organización proletaria de la producción. El Pleno estuvo mal organizado y las actas guardan su intervención en ese sentido durante la segunda sesión:“Oficios Varios de Villarreal dice que en el otro local se había acordado que los delegados al entrar presentarían su tarjeta y sin embargo nadie la ha presentado, dándose el caso de que se encuentran muchos delegados sin localidad.”33 En la cuarta sesión se adhirió a la propuesta de Campesinos de Carcaixent de que se trataran asuntos generales mientras las ponencias elaboraban los dictámenes a fin de no perder tiempo.34 Temía que los delegados no pudieran quedarse todo el Pleno pues los puntos a tratar eran numerosos, como así sucedió. Se trató de la dimisión del Comité Nacional, consecuencia de la decisión unilateral de entrar en el Gobierno, de la colectivización, del transporte, de las federaciones de industria, de la unidad con la UGT y sobre todo de las milicias. Ese era el caballo de batalla de los revolucionarios dentro de la CNT, representados por el delegado de la Columna de Hierro, Segarra, que se explayó bien en contra de la militarización y sobre las concesiones de la CNT a “las circunstancias”. Desde un ángulo práctico, Peidro acordó con la Comisión de Propaganda el envío de oradores para un mitin “de orientación”. El 16, llegaron a Vila-Real Pablo Puchol, Beltrán y el fogoso Juan Rueda Jaime, viejo luchador, con el fin de aclarar el momento. Acababa de celebrarse una novillada en beneficio de las Colonias de Niños de milicianos. El 21, pasaba por la carretera nacional la comitiva con el cadáver de Durruti, que se detuvo en Castellón. Cerraron cafés y fábricas; todo el vecindario ocupó las calles para asociarse al duelo por el óbito de aquel gigante proletario. En su honor, el Sindicato de Oficios Varios de Villarreal propuso cambiar el nombre de la calle del Carmen por Avenida Durruti, y así se hizo.35 El 23, el mitin de la CNT de Castellón ilustraba mejor el viraje colaboracionista de la confederación. Se propugnaba la colectivización pero en cambio la palabra revolución cedía el paso a la de “antifascismo”. Ya no era cuestión de ideales revolucionarios. La guerra iba a durar y había que ganarla, por lo que, con la retórica pomposa consiguiente, los oradores postulaban abiertamente la necesidad de militarizar las columnas libertarias y la de intensificar la producción en la retaguardia sin objeciones.36 Por esos días, el ministro de la CNT García Oliver creó en Vila-Real una Escuela de Transmisiones y por ese motivo visitó la ciudad varias veces. El siguiente mitin en ella no ocurrió hasta el 14 de enero, en el salón de los XIII, a las nueve y media de la noche. Empezó haciendo uso de la palabra Enrique Picó, militante de Vinaròs y miembro del Comité Provincial, disertando sobre “la guerra y el fascismo internacional”. Era el tema principal de la propaganda CNT-FAI y versaba sobre la necesidad de supeditarlo todo a la guerra. Más importante fue la intervención de José Artal, secretario de la recién organizada Federación Regional de Campesinos de Levante, que explicó “¿Cómo construir la nueva economía?”. Finalizó el acto Claro J. Sendón, por el Comité Regional, refiriéndose a la consabida “unidad de acción para la victoria”.37 La tarea estaba bien repartida entre los tres oradores y sus discursos reflejaban la línea oficial de la CNT en política exterior, en economía y en el Gobierno, acabada de definir.

La guerra, cuando no creaba problemas los agravaba. Con el fin de intensificar la producción se suprimió en Vila-Real la llamada “semana inglesa”, es decir, el descanso de los sábados, lo que provocó algún boicot como el de los aserradores. Hay que decir que los patronos de las serrerías, dedicadas principalmente a la fabricación de cajas para frutas y cebollas, influían en algunos trabajadores y saboteaban el control obrero.38 Más problemas crearon los parados o los evacuados de los frentes que no paraban de llegar, de Teruel, de Madrid o de Córdoba, creando complicaciones en cuestiones como la sanidad, la comida, el trabajo o el orden público. Los conventos resolvieron el alojamiento pero los caudales del Consejo andaban escasos. Había incautaciones que eran deficitarias, como la fábrica de pinturas o la de curtidos, y la exportación de naranjas, la única riqueza de Vila.Real, estaba paralizada. El Gobierno la saboteaba abiertamente, a pesar de que el ministro de Comercio fuese el cenetista Juan López. Se trató de sacar fondos recurriendo a un “sello pro refugiados” que gravara el consumo de alcohol de las tabernas, pero cuando llegaron los evacuados de Málaga en febrero los trabajadores tuvieron que desprenderse de un día mensual de haberes para poder vestirlos y alimentarlos. Siempre solidario y sensible al dolor humano, en su casa Peidro alojó a dos refugiadas malagueñas, madre e hija, con las cuales Amparo se repartiría el trabajo de coser ropa militar a cuenta de una fábrica que estaba en la carretera de Onda.

Siguiendo órdenes del Gobierno el 14 de enero de 1937 se autodisolvía el Consejo Administrativo Municipal y de Defensa para constituirse un Consejo Municipal. En general la disolución perjudicaba a la CNT, pero en Vila-Real las dos centrales se pusieron tan de acuerdo que el nuevo alcalde socialista José María Juan fue propuesto por la propia Confederación. Siete ediles eran de la UGT o del PSOE, seis de la CNT, dos de IR, dos de UR, dos del PCE y uno del POUM. Los del PCE dimitieron por no estar de acuerdo con la presencia del representante del POUM, así que al final los cenetistas se hicieron cargo de las consejerías de Defensa (José Casinos), Cultura y Asistencia Social (Alejandro Navarro), Trabajo (Enrique Lloret) y Transportes (José Subirats). El empleado del registro Vicente Ribes, suplente en la consejería de Gobernación, era el primer vicepresidente, y el representante de la pedanía de Alquerías del Niño Perdido, Jaime López Membrado, suplente de Abastos. Un grupo de militantes colaborador y a la vez dispuesto a efectuar una labor libertaria desde el Ayuntamiento. Pascual Cabrera, que ni siquiera estuvo en la sesión, fue apartado de todo cargo en el partido socialista y tuvo que ganarse la vida como vendedor ambulante.39 No abandonó su labor cultural, y cosechó un éxito notable cuando fue representado en el salón de los XIII un drama social fruto de su pluma. Peidro permanecía en un discreto segundo plano –en la secretaría del SUOV estaba Ignacio Parrilla- entregado a su trabajo en la Cooperativa Metalúrgica. Tuvo que pedir un préstamo de 30.000 ptas. al consistorio a cuenta de varios créditos pendientes de cobro de las sociedades de riego para poder instalar una fundición de hierro. Cuando se aplicó el racionamiento pidió un aumento de la ración de pan y jabón para los obreros.40 No sabemos si se acercó de nuevo a Valencia a finales de abril, aunque es probable que sí, cuando tuvo lugar el Pleno Regional de la Industria Siderometalúrgica. Recibió visita de Joaquín Juan Pastor, quien puso el Fiat a su disposición para bajar a Valencia, dada la dificultad del transporte. Joaquín le hablaría de la nueva aristocracia compuesta por jefes de partidos políticos y organizaciones obreras que se pasaban el día en el café y el cabaret, al que eran llevados por chóferes puestos a su servicio se supone que para otros menesteres. Lo había denunciado en las páginas de “Estudios”. Peidro encontraba vergonzoso que hubiera gasolina para eso y que escaseara para el abastecimiento de los pueblos o para el transporte de milicianos. Los antiguos burgueses habían sido desalojados para dar cabida a otros. Si las cosas seguían así se iba a perder la Revolución. Peidro se consolaba al pensar que al menos los nuevos “señores” no eran de la CNT.

La labor de la CNT en el campo de la cultura villarrealense consistió en la organización de clases nocturnas, la creación de parvularios y la de una escuela racionalista conjuntamente con las Juventudes Libertarias, que prestaron su local. Eran unas docenas de jóvenes organizados en torno al Ateneo Libertario “Germinal”, cuyo secretario era Manuel Giner. Mas no se pudo hacer por falta de erario, ni tampoco contratar nuevos maestros, ni menos comprar muebles. La opuesta dinámica de la UGT y la CNT provocó fuertes discusiones en el Consejo Municipal, especialmente por la administración de los negocios y las tierras incautadas. Una vez disuelta la Comisión de Hacienda e Incautaciones, sus funciones pasaban a la consejería de Agricultura. La CNT –y los campesinos de la UGT- quería que fueran entregadas a los trabajadores, mientras que los socialistas, que en principio estaban a favor, se aferraban a la municipalización porque la medida daba poder al ayuntamiento, en manos suyas. Peidro solía calificar a los socialistas de “giracasaques”, porque aunque se comprometiesen un día a una cosa, al día siguiente no tenían el menor problema en hacer lo contrario si les convenía o si habían recibido órdenes de la superioridad en ese sentido. La CNT consideraba que la municipalización significaba la explotación del obrero por el municipio, puesto que los bienes incautados eran propiedad comunal y no pública. La diferencia era fundamental. Entonces el SUOV organizó un nuevo mitin el 1 de abril, de tonos críticos, con Gil Martín, Benito Saíz, de las Juventudes Libertarias, y Tomás Cano Ruiz, anarquista de prestigio, fundador de la FAI y defensor acérrimo de las conquistas revolucionarias, que habló de “La Guerra y la Revolución”. Tocó un tema que afectaba a los libertarios locales, el del lastre de los intereses creados y del estatismo. Según Cano Ruiz, el Estado, mediante un futuro decreto, pretendía convertirse en propietario de fincas y edificios en poder de las organizaciones sindicales o los municipios para subastarlas. Denunciaba la reaparición de la clase de los propietarios si esa medida se llevaba a término.41 El 24 de abril de 1937, el gobernador puso nerviosos a todos mandando una partida de Guardias de Asalto y Carabineros para practicar varias detenciones entre los vecinos. La maniobra se había iniciado en Castellón e iba dirigida contra los militantes del POUM y de la FAI. La prensa libertaria la atribuyó a los comunistas, que se proclamaban representantes de la UGT, y alertaba a los trabajadores contra los “chequistas de retaguardia”: “La provincia de Castellón ha tocado de cerca las consecuencias de estos individuos (policías) que gozan de la impunidad en sus actos. Exigimos una depuración en toda la policía de toda la provincia de Castellón, de lo contrario hablaremos más claro ¡fuera los chequistas!”42 El presidente del Consejo no pudo soportar la presión y dimitió. El puesto de presidente recayó en Vicente Costa, presidente de Comité pro Refugiados, más habituado al diálogo con CNT. La celebración de mítines se ponía difícil, pues debido al racionamiento de gasolina los organizadores habían de suministrarla o encargarse directamente del transponte en vehículo de los oradores, pero en Villa-Real la CNT controlaba el transporte. El primero de mayo vinieron otra vez P. Puchol y Gil Martín, enviados por la Comisión de Propaganda para hablar de la unidad sindical, amenazada por la política partidista de los comunistas. El SUOV llegó a pedir que las sesiones municipales fueran abiertas al público “para que el pueblo, que es el soberano, pueda percatarse de la labor que se realiza”, y Ribes volvió a insistir a fin de “dirigir todos los esfuerzos hasta que todos los bienes sean comunales”. Quedó nombrada una ponencia conjunta para estudiar el tema.43 El SUOV pidió abiertamente el reparto de tierras incautadas y se le respondió que tan pronto apareciese en la Gaceta el decreto relativo al asunto se procedería al reparto. Se trataba del decreto contra el cual advertía Cano Ruiz, promulgado finalmente el 6 de junio. Entonces sucedieron los hechos de Mayo en Barcelona y el gobernador ordenó que el batallón del ejército instalado en la ciudad ocupara posiciones estratégicas y rondara armado por la población. Ribes pidió explicaciones y propuso cursar sendos telegramas al ministro de la Gobernación y al gobernador de Castellón diciendo “que en esta ciudad colaboran juntas las dos sindicales”. El Consejo Municipal de Vila-Real cursó un único telegrama, en el cual se matizaba dicha colaboración: “se notifica un acuerdo del mismo abogando por la unidad sindical de la retaguardia y expresando vivo interés porque acaben cuanto antes las discrepancias entre las dos centrales hermanas.” 44 Por lo demás, el socialista Franch insistió en que constara en acta “lo de los sucesos de Cataluña”, no estando de acuerdo los libertarios, que no obstante, por medio de Navarro propusieron “la unión de las dos sindicales hermanas para evitar ciertas rozaduras y [porque] de este modo sería la labor más fructífera”.45 La consecuencia más directa de los hechos de Mayo en Vila-Real fue la negativa de los socialistas y republicanos a que el POUM estuviera representado en el Consejo Municipal, contra la opinión de los consejeros de la CNT que consideraban a aquel partido “una organización antifascista”.

Los días de auge de las milicias libertarias habían pasado y la Organización tenía que lidiar contra el acoso de los comunistas, que controlaban totalmente el Ejército de Levante, y de los socialistas filocomunistas, incrustados en la burocracia policial y administrativa. Fue llamada a filas la quinta del 31 y en el local del SUOV se abrió en mayo una oficina de enganche para los batallones “Elite”, que organizaba en Valencia el sindicalista Santiago Tronchoni, antiguo miembro del Comité de Guerra en la Columna Torres-Benedito.46 También en mayo se celebró en el Salón CNT una velada en beneficio de los evacuados. Nacieron las Agrupaciones de los Amigos de México, país que sostenía incondicionalmente a la República, como réplica de la CNT a las Asociaciones de Amigos de la URSS promovidas por la propaganda comunista. Primero fue Borriana y después Vila-Real, la que se apuntó al ciclo de actos “de simpatía al pueblo trabajador de México”. La Comisión Organizadora hizo un llamamiento: “Trabajadores, pueblo liberal de Villarreal. Vuestro deber es acudir al acto a escuchar la palabra de los oradores y defender las libertades del proletariado.”47 El domingo 27 de junio, a las diez y media de la mañana se celebró el acto en el Salón de la CNT Francisco Ascaso, amenizado por la Banda Municipal. Hablaron J. Martínez Novellas, de la Agrupación de Amigos de México de Borriana, Claro J. Sendón, de la de Valencia, y el escritor, poeta y dibujante Juan P. Muro. Igualmente en competencia con el Socorro Rojo de los comunistas, los libertarios crearon su propio organismo de ayuda, Solidaridad Internacional Antifascista, que en Vila-Real lo presidió Navarro. Vino el 19 de Julio y se celebró como una fiesta, es más, la CNT propuso que fuera la fiesta del proletariado en toda la República.


NOTAS:

1Obra Constructiva”, Juan Peiró, Redención, nº 1, 5-IV-1930.

2Centro de Estudios Sociales de Alcoy”, Redención, nº 18, 16-VIII-1930.

3La Gaceta de Levante, Alcoy, 15-IX-1931.

4Alcoy. Centro de Estudios Sociales”, Solidaridad Obrera, Valencia, 19-XII-1931.

5Tuvo lugar en el Teatro Principal, La Gaceta de Levante, 1-II-1932.

6A la juventud estudiosa”, Jose Corbí, secretario del CES, Solidaridad Obrera, Barcelona, 5-VII-1932. Nota reproducida en la Soli de Valencia del 23-VII-1932.

7La noticia viene en la Gaceta de Levante del 15-XII-1931 y fue corroborada por el testimonio de Miguel Montserrat.

8En un artículo aparecido en Solidaridad Obrera de Valencia, 26-XII-1931, Gonzalo Bou hablaba de “olvidar rencillas personales”.

9Al empezar la guerra, este Quico l’Alt se escondió por temor a ser liquidado. La socialización del ramo del metal contó con la colaboración de varios ex patronos, incluido Quico, pero los obreros preferían no verle por Alcoi para “evitar –dice Bernabeu en su crónica- los desagradables recuerdos que de él tenían.” El consejo de industria decidió trasladarlo a Valencia con la misión de conseguir materia prima, tarea que desempeñó cumplidamente.

10Testimonio de Rafael Rico Esteve, hijo de José Rico.

11Las torturas de la religión”, Heraldo de Castellón, 25-IX-1936.

12Villarreal”, Heraldo de Castellón, 14-VIII-1936.

13Siendo alcalde, todavía dirigía el grupo infantil de “Pioneros” de Vila-real, que celebró una tournée por varios pueblos representando la obra “Pablito el hospiciano”, escrita por él, que recreaba la “triste infancia” de Pablo Iglesias. Heraldo de Castellón, 8-XII-1936.

14En una lista de operarios de la Industria Socializada Metalúrgica fechada en noviembre de 1936 figura todavía su nombre. El documento fue publicado por Miguel Pascual en su libro Horas Robadas.

15Heraldo de Castellón, 20-XII-1933.

16La Revolución Perdida. I. Preludio”, José Mª Doñate Sebastià, Cadafal, Vila-Real, maig 1992.

17Desde Castellón”, Solidaridad Obrera, Valencia, 22-IX-1934.

18Testimonio de Miguel Montserrat. El mitin tuvo que celebrarse entre noviembre y primeros de diciembre, fechas de salida y entrada a la cárcel de Durruti. De agosto a noviembre estuvo preso en la Modelo de Valencia.

19Ricardo Sanz, El Sindicalismo Español antes de la Guerra Civil.

20En el Archivo Municipal de Vila-Real.

21Ver “Causa General de Castellón y provincia. Pieza separada nº 24. Término municipal de Villarreal”, en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

22Otra milicia que actuaba en la retaguardia de Castellón por esas fechas era “La Desesperada”, que tenía sus bases en Segorbe. Algunas ejecuciones atribuidas a la Columna de Hierro fueron en realidad obra suya.

23De Villarreal”, Fragua Social, 5-IX-1936.

24De Villarreal, Heraldo de Castellón, 17-IX-1936.

25Mitin organizado por la Federación de Sindicatos Únicos de la CNT-AIT”, Heraldo de Castellón, 28-IX-1936.

26Nota del Comité de Defensa Nacional Antifascista, Heraldo de Castellón, 14-IX-1936.

27Ver la Causa General.

28Lo que deben ser los Comités de Defensa”, Agitación, Órgano de la Confederación comarcal de Benicarló, CNT-AIT, 24-X-1936.

29Gran mitin organizado por la Federación Local de Sindicatos Únicos CNT-AIT”, Heraldo de Castellón, 14-X-1936.

30Acta del pleno de locales celebrado en la Comarcal de Alcora el día 18 de octubre de 1936”, firmada por el secretario del Comité Comarcal, Archivo de Salamanca.

31Actas del Pleno Provincial de Sindicatos celebrado en Castellón el día 2 de noviembre de 1936”, editado como folleto por CNT-AIT, Castellón, 1937. Archivo de Salamanca.

32“”Con un lleno rebosante se clausuró el Pleno Provincial de Sindicatos Únicos de la Confederación Nacional del Trabajo”, Heraldo de Castellón, 4-XI-1936.

33De nuestro importantísimo pleno”, Fragua Social, 11-XI-1936.

34Nuestro Pleno Regional”, Fragua Social, 12-XI-1936.

35Acta de la sesión del Consejo Municipal del 14-I-1937, en el Archivo Municipal de Vila-Real. También la calle de San Pascual y la plaza del mismo santo pasaron a llamarse Avenida Francisco Ascaso y Plaza de Ferrer Guardia.

36Mitin organizado por la Federación de Sindicatos Únicos”, Heraldo de Castellón, 23-XI-1936.

37Grandioso mitin en Villarreal”, Fragua Social, 14-I-1937.

38Al camarada Gobernador de la Provincia de Castellón. Informe desde antes de la revolución hasta el momento actual de la fabricación de envases de Villarreal.” Firmado a 26 de octubre de 1937 por la Sociedad de Aserradores Mecánicos y Afiladores de Villarreal (UGT) y por la sección de aserradores del SUOV(CNT). Archivo de Salamanca.

39Según los artículos del cronista oficial de Vila-Real José Mª Doñate.

40Actas municipales del 20-II-1937 y de la Comisión Permanente del 5-VI-1937 respectivamente, en AMV.

41Tomás Cano Ruiz repitió su charla en varios lugares y fue tan solicitada que la imprimió en folleto.

42De todo un poco”, Agitación, órgano de la Confederación Comarcal de Benicarló, 1-V-1937.

43Acta del 11-V-1937, AMV.

44Heraldo de Castellón, 8-V-1937.

45Acta municipal del 11-V-1937 y Acta de la Comisión Permanente del 6-V-1937, en AMV.

46Documento del AHNGC Salamanca, PS Madrid.

47Llamamiento en Fragua Social, 25-VI-1937.

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