FRENTE al Sindicalismo CATÓLICO

Port d'AlacantCuando todavía andaban deportados los líderes sindicalistas, los trabajadores del puerto se reunieron, el 27 de marzo de 1920, y acordaron separarse del Sindicato Único de Transportes y restablecer las sociedades anteriormente existentes, “La Marítima”, “La Terrestre” y “La Paz”1.

Pese a ello, los sindicalistas mantuvieron alguna influencia sobre los portuarios, pero mediante una táctica mucho más moderada. En junio de 1920, ante el crecimiento del Sindicato Católico “La Defensa” y los continuos incidentes con sus afiliados2, se retiraron del trabajo los asociados de la Casa del Pueblo; les apoyaron los Carreros y la chispa fue la descarga del trigo, que antes hacían solamente los asociados y que se pretendía que compartiesen con los “amarillos”. El lunes día 7 se convocó una huelga general, mediante una hoja del Sindicato Único de Trabajadores, que fracasó3. Se produjeron algunas agresiones a los esquiroles, que sustituyeron a los portuarios y almacenistas en paro, protegidos siempre por la fuerza pública. En una reunión que se celebró en la Casa del Pueblo se propuso la creación de una comisión mixta, con obreros asociados, esquiroles, capataces y el presidente de la Cámara de Comercio4, lo que indica la escasa fuerza de los obreros –que admitían en pie de igualdad a “los amarillos”- y la ausencia de las tácticas de acción directa que antes preconizaban los sindicalistas.

La actitud vacilante de los obreros contrastaba con la decidida de patronos y autoridades. La Cámara de Comercio exigió la vuelta al trabajo como medida previa para negociar, mientras que los huelguistas veían disminuir sus fuerzas e incluso aparecer algunos esquiroles en sus propias filas5. Los obreros propusieron que se formase una única fila con los asociados y los “amarillos”, así como la admisión de los 230 miembros del Sindicato Católico en las sociedades de la Casa del Pueblo. La Guardia Civil patrullaba por las calles y vigilaba el puerto; llegaron desde Orihuela numerosos esquiroles, se rumoreaba que los propietarios de almacenes, reunidos en el Círculo Unión Mercantil habían suscrito un documento “por el que se comprometen a una multa de tres mil duros al patrono que en el plazo de un año admita a ninguno de los huelguistas”, etc. Según una nota oficial, nada menos que seiscientos huelguistas agredieron a un carretero esquirol6.

Los apoyos recibidos por los obreros portuarios de otros oficios –especialmente, de la Federación Provincial de Empleados Mercantiles, carreteros y almacenistas- no resultaban eficaces. La prensa estaba en contra del paro, bien de forma directísima como El Día –contra el cual lanzaron los obreros una hoja titulada “¡Guerra a los embusteros!”- o bien de forma más matizada, aludiendo a los perjuicios que causaba la huelga a la ciudad entera y pidiendo moderación a los trabajadores7. Había rumores de huelga general, que se apresuraron a desmentir los propios portuarios: “Los primeros que se han opuesto somos nosotros… No hemos querido ni queremos que por nuestra huelga se derrame sangre obrera en Alicante8.

Seguían las detenciones de obreros, pues había también huelga en otras empresas alicantinas, como la casa Hawes o la Fabrica “Las Palmas”, más o menos conectadas con el conflicto del puerto. Una Comisión de trabajadores marchó a Madrid para entrevistarse, con el apoyo de los diputados socialistas, con el Ministro de la Gobernación y denunciarle los abusos de Dupuy de Lome, cuya dimisión pedían9. Al final del mes de junio, comenzaron las negociaciones, por medio del Instituto de Reformas Sociales, y fueron liberados los detenidos. A primeros de julio, y tras intervenir también Juan Grau, presidente de la Cámara de Comercio, finalizó el paro en el muelle. Quedaron sin trabajo algunos de los almacenistas que habían parado en solidaridad con los portuarios, así como los esquiroles contratados en el puerto, que protestaron ante el Gobernador Civil y consiguieron que los capataces les abonasen una indemnización10.

La huelga se saldó, pues, con una derrota de los obreros. Según El Luchador, “la solución ha sido todo lo satisfactoria que podía ser en los actuales momentos de lucha… El número de esquiroles ha quedado bastante reducido11. En efecto, se estaba ya en unos momentos de lucha defensiva por parte de los obreros. Para La Unión Democrática, los trabajadores del puerto seguían en las mismas condiciones que antes, y muchos carreteros y empleados de almacén habían quedado en paro. “dura y fatal ha sido la enseñanza recibida por la organización proletaria alicantina de poco tiempo a esta parte12.

A partir de este momento, la organización obrera en el puerto quedó prácticamente desmantelada. La lucha organizada cedió paso a actuaciones personales violentas que provocaban una represión muy eficaz por parte de las autoridades: las detenciones continuaban13, había agresiones a antiguos compañeros que habían pasado a trabajar con Bergé14 y, a primeros de 1921 numerosos sindicalistas se vieron implicados en un extraño asunto -con bombas en una serrería, descubrimiento por la policía de un supuesto plan para dinamitar edificios oficiales y asesinar a varias personas en Alicante- que sirvió de pretexto para el encarcelamiento de los obreros más destacados por su actividad sindical, como Ernesto Clavel, o por sus ideas anarquistas, como Segundo García. Ante ello, las sociedades obreras del puerto –que, con todo, eran el último reducto del sindicalismo en Alicante- publicaron en la prensa una nota15 en la que afirmaban que eran enemigos del terrorismo y que luchaban por mejorar sus condiciones de vida: “no queremos el terrorismo ni el matonismo como procedimientos”, pues “nuestra energía no ha de confundirse con otros procedimientos que detestamos y nos repugnan como hombres civilizados16. Cuando se produjo el juicio por estos hechos, se demostró que la policía había presionado a algunos detenidos para que implicasen en ellos a dirigentes obreros.

Este desarbolamiento del sindicalismo en el muelle alicantino permitió a capataces, Navieras y consignatarios recuperar sus fuerzas y, muy probablemente, volvieron a producirse antiguos abusos, bajó el nivel de salarios y se perdieron conquistas obtenidas antes por los obreros. Así parece indicarlo el hecho de que hasta el Sindicato Católico del muelle se declarase, en septiembre de 1920, en huelga contra los capataces Ayela y Bergé, por sus abusos17.

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A mediados de 1921 publicaron las sociedades obreras una nota en la prensa en la que recordaban su angustiosa situación, tras sus derrotas en pasadas huelgas y en su lucha por lograr el respeto de los patronos. Tras dos años de calvario y cuando estaban a punto de llegar a un acuerdo con los obreros católicos, surgió un conflicto con la Compañía Transmediterránea, por la intransigencia de su gerente en Alicante, Tintoré18. La opinión pública, se preguntaban los obreros, toleraría “que un hombre que por no haber nacido en esta tierra, no la ama, pueda con sus intransigencias y su sistema terrorista aprendido en Barcelona, imposibilitar toda solución de concordia en una cuestión que, de resolverse ahora como es debido, evitaría que en lo sucesivo la lucha social en esta capital tuviese caracteres de violencia, que ni a obreros ni a patronos conviene19.

El lenguaje utilizado por las sociedades obreras en esta nota, así como otras actuaciones –petición, junto a patronos, de que no fuese Valencia el único puerto autorizado para exportar el aceite de Toledo20, o la petición de ayuda al Ayuntamiento para un obrero de “La Paz” que había quedado inútil en un accidente de trabajo21– nos indican que había terminado la lucha sindical organizada en los muelles alicantinos. Ni en 1922 ni en 1923 encontramos noticia de conflicto alguno: seguía funcionando el Sindicato Católico y los obreros actuaban recalcando siempre, como hemos visto, su patriotismo localista y su moderación, rechazando cualquier propósito revolucionario. La llegada de la Dictadura de Primo de Rivera no haría, en ese sector de la clase obrera alicantina, más que confirmar una situación de hecho. Los sindicalistas alicantinos estaban desarticulados y no había ya problemas en el Puerto, cuyo tráfico había disminuido de nuevo en los primeros años de la década de los veinte, tras la recuperación de 1919 y 1920.

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NOTAS:

1Diario de Alicante, 29-III-193, y El Correo, 30-III-1920.

2El Luchador, 10-VI-1920, afirmaba: “O los de la Casa del Pueblo, o los amarillos, es el dilema que hoy se ha planteado en el puerto.

3Según El Día, 10-VI-1920, en la hoja “se hablaba como siempre de odios y derechos avasallados”·. Según La Unión Democrática, 9-VI-1920, el paro general “que organizó el elemento sindicalistacontó con el apoyo de metalúrgicos, canteros, albañiles y portuarios, no se publicaron algunos periódicos, pero el aspecto de la ciudad fue normal, pues circulaban los tranvías, había pan, abrió el comercio y se trabajó en la mayoría de los talleres. Tropas de Infantería custodiaban Bancos, la Fábrica de Harinas, edificios oficiales. Los huelguistas no consiguieron el apoyo de las cigarreras.

4La Unión Democrática, 12-VI-1920, El Popular, 10 y 14-VI-1920, El Socialista, 10-VI-1920, y El Luchador, 10 y 12-VI-1920.

5El Correo, 16-VI-1920, y El Día, 17-VI-1920.

6El Luchador, 14 y 16-VI-1920, y El Día, 22-VI-1920.

7El Día, 22 a 24-VI-1930. El Luchador, 23-VI-1920, decía: “Esto no debe seguir así; es interés general de la ciudad que se llegue pronto a una situación estable.

8El Luchador, 21 y 22-VI-1920.

9El Día, 23-VI-1920, y El Luchador, 25-VI-1920.

10El Tiempo, 3-VII-1920, y El Día, 2-VII-1920.

11El Luchador, 2-VII-1920.

12Lo del Puerto. Enseñanza aprovechable”, en La Unión Democrática, 7-VII-1930.

13A mediados de 1930 fue juzgado –y absuelto por el Jurado- Carrasco, acusado de tenencia de explosivos, y el 12 de julio de ese año fue detenido y deportado el sindicalista Francisco Aguado.

14El Luchador, 25-VII-1920. NdE: El militante sindicalista Francisco Carrasco se vio implicado en julio en una supuesta agresión a un obrero pasado al obrerismo católico, y de nuevo volvería a prisiòn por un año.

15Que publicó hasta el diario ciervista El Eco, por considerar que estaba basada “en principios de razón y de justicia.

16El Luchador, 4-II-1921.

17El Luchador, 13.IX-1921.

18El Luchador, 29-VIII-1931, criticaba a Tintoré porque “impide dar de comer a los suyos a miles de alicantinos.

19El Día, 29-VIII-1921.

20El Tiempo, 29-IV-1921.

21Se trataba de Manuel Cuenca, que había sido presidente de “La Paz” y había quedado inútil por una caída. La Casa del Pueblo organizó una velada en su beneficio y el Ayuntamiento le concedió una ayuda de 500 pesetas (Sesiones del 27-V y 10-VI-1921).

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