FORCADE y PROVOT [Babel y Nervión]

00_fcaBabelyNerviónLa empresa “Fourcade y Provot” -que en 1919 pasó a denominarse “Industrias Babel y Nervión”- era un complejo industrial, instalado en la finca “La Alicantina” de Babel desde fines del siglo XIX y consistente en una refinería de petróleo, una central eléctrica, una fábrica de hielo y una fábrica de hilados y tejidos de yute, en su mayoría sacos.

Hasta 1919 no parece que hubiese conflictividad en esta fábrica, cuya gerencia se encontraba en París, pues sus operarios no pasaban de organizar alguna becerrada para recaudar fondos con destino a su caja de Socorros Mutuos1.

De todos modos, en 1913 la directiva de la sociedad obrera consiguió la re-admisión de diez obreros despedidos en la fábrica de petróleo de Fourcade y Provot2. maimon

Pero en enero de 1919 se produjo una huelga en la fábrica de sacos, donde las trabajadoras veían disminuir sus salarios, pese a la carestía de la vida; enteradas de que en otras secciones se había subido el sueldo, unas 150 tejedoras pidieron aumento, pero el ingeniero cerró el taller e invitó a las disconformes a buscar trabajo en otra parte. Las obreras acudieron en manifestación al Gobierno Civil y la empresa expulsó a cuatro de ellas, por lo que todas se declararon en huelga. Como solía ocurrir en este tipo de empresas, su responsable alegó que tenía que consultar a la casa central en París sobre el aumento que solicitaban3.

Tras una primera intervención de Gobernador Civil, pareció quedar en suspenso la cuestión; las obreras aceptaron una propuesta de la dirección, bastante complicada4, pero entonces el resto de los obreros presentaron sus reivindicaciones, la dirección dio largas y todos se pusieron en huelga. Los trabajadores, que no estaban asociados, se reunieron en la Casa del Pueblo y eligieron un Comité de huelga, al mismo tiempo que aprobaban tres puntos: “1) Continuar la huelga planteada hasta con seguir una solución satisfactoria a nuestra bases. 2) Que cada obrero ocupe sus respectivos puestos de trabajo que tenía antes de la huelga. 3) Un aumento del 20% sobre los jornales, prescindiendo del economato y gratificaciones quincenales5.

El día 8 no acudieron al trabajo los obreros de la sección textil y se anunció para el día siguiente la huelga general en toda la empresa, con lo que quedaría paralizada la central eléctrica y Alicante corría peligro de quedar a oscuras si la otra abastecedora, la Hidroeléctrica, tenía algún fallo. El Gobernador amenazó con encarcelar a los electricistas, hizo venir dos secciones de soldados de Ingenieros para sustituir a los huelguistas si era necesario; ante ellos, los electricistas solicitaron la huelga de acuerdo con la legalidad vigente y el paro quedó reducido a los Talleres de Hilaturas y Tisajes, unos 600 obreros, que acordaban, en la Casa del Pueblo, mantener la huelga. El día 9 hubo una nueva reunión en el Gobierno Civil: la empresa ofreció consultar a París el aumento del 20% para todo el personal, pero de momento concederlo únicamente a las tejedoras, dejando a los demás con la gratificación quincenal y el economato; los obreros no aceptaron6. Al día siguiente, los capataces acudieron a la empresa, donde se les ofrecieron determinadas ventajas y se les amenazó con el despido si no abandonaban cualquier idea de sindicarse. Los capataces no cedieron. Los huelguistas visitaron al alcalde y pidieron apoyo a otros obreros: se rumoreaba que los trabajadores del muelle estaban dispuestos a declarar el boycot a las mercancías de la empresa “Babel y Nervión”7. El Luchador recordaba a la empresa cómo se había enriquecido en Alicante, criticaba su incumplimiento de la legislación –por el empleo de mano de obra infantil, por su situación en pleno casco urbano, etc- y su intransigencia al regatear un aumento del 20% en los salarios cuando la vida había subido, al menos, un 75%8.

Finalmente, al no conseguir la empresa quebrantar la solidaridad entre los trabajadores –aunque algo logró con los capataces- se llegó a un acuerdo el día 15 de enero: se concedía un 20% de aumento a las obreras y un 15% al resto, manteniéndose el economato, pero no la gratificación quincenal9. Ante el éxito, los obreros se asociaron en la llamada “Sociedad Electro-Textil y sus derivados”, que presidía José Nomdedeu. No se confirmaron los rumores de represalias y al final de ese mes la Sociedad Obrera comenzó su andadura.

A mediados de 1919, los trabajadores de “Babel y Nervión”, encuadrados en “La Electro-Textil” o en “La Defensa”, lanzaron una verdadera ofensiva para mejorar sus condiciones de trabajo: estaban instalados en la Casa del Pueblo y actuaban con gran sentido de la solidaridad con el resto del movimiento obrero10. En marzo comunicaron al Sindicato de Exportadores de Vinos y a la Cámara de Comercio sus peticiones, entre las que destacaba el aumento del 35% en sus salarios11. En junio, “La Defensa” acordó pedir para los dependientes de “Babel y Nervión”, la jornada de ocho horas y un aumento de 1,50 pesetas, por término medio12. “La Electro-Textil” estudiaba, en asambleas con gran asistencia de afiliados, otras peticiones, que presentó en julio. Los obreros señalaban que la empresa había aprovechado la crisis de la industria textil por falta de materias primas para reducir de 450 a 50 el número de hiladores y tejedores, en tanto mantenía unas jornadas laborales de diez y doce horas. Por ello, entre las mejoras que pedían13, solicitaban la jornada de ocho horas, un aumento del 30% sobre los salarios vigentes, el pago especial de las horas extraordinarias y de las trabajadas en festivos, dietas y gastos de viaje en caso de trabajar fuera de Alicante, el salario entero en caso de accidente, el pago por semanas y el reconocimiento de la Sociedad Obrera. En una hoja “La Electro-Textil” relataba a la opinión pública las vejaciones sufridas y la hostilidad de la empresa hacia la sociedad obrera.

Ante la respuesta de la empresa, que consideraron insatisfactoria, se declararon en huelga el día 16 de julio. A su vez, los obreros de la fábrica de petróleo presentaron sus peticiones –que eran las mismas para la otra fábrica de petróleo de la ciudad propiedad de Deutsche y Cía-, entre las que destacaban el reconocimiento de la Sociedad Obrera “La Defensa”, la jornada de ocho horas, aumentos entre el 15% y el 30% de los salarios, y la prohibición del trabajo a destajo14.

Había rumores sobre el peligro de que la ciudad quedase a oscuras –la fábrica de limitaba a distribuir fluido y no producía-, los obreros se reunían a diario para intercambiar opiniones; “La Marítima” se comprometió a no descargar productos para “Babel y Nervión”; la Federación local decidió el boicot a los productos de la fábrica y pidió que hicieran lo mismo los obreros de la empresa en Madrid, Bilbao y Cartagena. A finales de mes, se incorporaron a la huelga los obreros de la fábrica de hielo, con lo que en la práctica paraba toda “Babel y Nervión”. La prensa hablaba de una actitud provocadora por parte del director de la empresa en Alicante, Maurice Revalier15. La empresa trataba de dividir a los obreros, que se mantuvieron unidos y redujeron en un 10% sus peticiones de aumentos; Revalier siempre contestaba que tenía que consultar con la gerencia de la empresa, sita en Madrid16.

A primeros de agosto, los obreros –apoyados ya hasta por los oficinistas- cedieron en sus pretensiones, salvo en lo relativo al aumento del 30%. Tras nuevas consultas con la gerencia y la publicación de una nota del Comité de huelga en la que se protestaba por la duración del conflicto17, se resolvió el paro, obteniendo los trabajadores un aumento del 20% y del 30% en los servicios en el exterior de la fábrica, además de la jornada de ocho horas18. Siguió, sin embargo, el paro en las fábricas de petróleo: en octubre cedió la “Deutsche y Cía”, que tenía su fábrica en la Cantera19, y en noviembre lo hizo “Babel y Nervión”, tras intensas gestiones del Gobernador Civil, Dupuy de Lome20.

Entre tanto, “La Electro-Textil” se había incorporado al Sindicato Único de Transportes y en octubre lanzó un llamamiento a los electricistas para que se asociasen:

Si por vuestra inercia permanecéis alejados de todo contacto con el proletariado organizado, esta Sección, cumpliendo con su deber, os declarará amarillos y esquiroles y el boycot, arma defensiva para poder alcanzar sus legítimas aspiraciones: a asociarse tocan, para el bien vuestro y de la causa obrera21.

Nombraron delegados por talleres y otros para la Federación local de la CNT, eligieron una comisión para asociar a las caladoras y mantenían un alto nivel de participación, llegando a asistir a alguna asamblea novecientos afiliados, pues se había acordado imponer un correctivo económico al que no acudiese a ellas.

En diciembre de 1919, los electricistas, ya incorporados a “La Electro-Textil”, presentaron una bases de trabajo a sus patronos: reconocimiento del Sindicato Único, jornada de ocho horas, aumento en las horas extraordinarias, dietas y viajes en caso de trabajar fuera de Alicante, un día libre por semana para el personal de máquinas, salario total en caso de accidente y unos importantes aumentos de jornal22. Tras varias gestiones –las mejoras se presentaron también a las fábricas de electricidad “Prytz y Campos” y “Electra Alicantina”- el Gobernador Civil consigue un acuerdo, que representaba un aumento del 45% para los obreros que, como en tantas otras ocasiones, cedieron en otras reivindicaciones para conseguir el aumento de salario23. En relación con este paro, hubo un conflicto con los encendedores del alumbrado público, que pedían ganar 5 pesetas al día, el doble de su salario, a lo que accedió el alcalde, a costa de los abonados, lo que levantó protestas en la prensa24.

En enero de 1920 volvieron a la huelga –ignoramos los motivos- los obreros de la fábrica de petróleo de “Babel y Nervión”, pero se reintegraron poco después al trabajo y anunciaron su separación del Sindicato Único –sometido entonces a una fuerte represión-25. Tal vez la causa del conflicto fuese el incumplimiento por parte de los patronos de los acuerdos tomados con ocasión de la huelga anterior, pues algo semejante ocurrió en marzo con los electricistas, que nombraron una comisión para que reprodujese las peticiones y amenazaron con la huelga26. Sin duda, la empresa estaba aprovechando el decaimiento sindical ocasionado por la represión del gobernador civil Dupuy de Lome. Con todo, en junio, las obreras de la fábrica de sacos se declararon en huelga durante un día en solidaridad con los trabajadores del muelle27, y en agosto, tras otra pequeña huelga, lograron el despido de una obrera no asociada que había sido admitida al trabajo28. Por otro lado, en mayo de 1920 aún estaban sindicados unos 300 operarios de “Babel y Nervión” –que se reunieron en la Casa del Pueblo para nombrar una comisión que estudiase la nivelación de tarifas-, lo cual si bien implica una cierta disminución en relación a 1919, indica que todavía la sociedad obrera de esta fábrica era bastante fuerte29.

En 1922 “Babel y Nervión” fue escenario de durísimos enfrentamientos entre la empresa y los obreros. En el mes de abril y en protesta por el despido de un trabajadores, fueron a la huelga 30 obreros de los talleres de reparaciones; se les unieron los de otros talleres e incluso los de la sección de electricidad anunciaron la huelga en el plazo legal, lo que forzó la intervención del Gobernador Civil, que logró la vuelta al trabajo mientras la dirección prometía, como de costumbre, consultar con Madrid30.

En julio de 1922 comenzó un largo conflicto en esta fábrica, en cuyo origen estaba el propósito de la dirección de destruir la organización obrera. La empresa quebrantó los acuerdos con “La Electro-Textil” y, en momentos en que holgaban varios centenares de obreros y obreras por escasez de trabajo31 fue admitida una obrera no asociada. De otro lado, denunciaban los obreros en nota a la prensa que algunas de las obreras despedidas eran visitadas por damas de la catequesis, que le ofrecían el reingreso si se pasaban al Sindicato Católico32. Ante ello, se declararon en huelga el 18 de julio unos 300 obreros en hilaturas, 60 en talleres, 10 en la fábrica de hielo y otros 10 en servicios generales, tras haber publicado el día 13 una hoja en que explicaban su postura. El Gobernador Civil tomó medidas de precaución. La empresa sustituyó a los obreros de la fábrica de hielo por otros del sindicato católico “Unión Obrera”; los que iban a trabajar eran recibidos con insultos y pedradas, teniendo que intervenir la Guardia Civil; los primeros días consiguieron entrar entre 25 y 50 trabajadores, algunos contratados poco antes. El Gobernador Civil, en su primera gestión, propuso que no se despidiera a la obrera causante del conflicto y que las obreras despedidas por falta de trabajo dejasen en libertad a la empresa para elegir de entre ellas a las que podían volver “asegurando en cambio un jornal de 1’50 a 2 pesetas a las que quedasen para otra clase de trabajos menos indispensables”. La prensa de izquierdas hablaba de manejos clericales, comenzaron a llegar anónimos rocambolescos al presidente de la Sociedad Obrera y a El Luchador, que dan la impresión de ser falsos33.

Los obreros de la sección eléctrica enviaron entonces un oficio para ansiar la huelga, legalmente, para el día 28 de julio. Los encargados de la fábrica denunciaron agresiones y coacciones a los que entraban a trabajar, alguno de los cuales acabó adhiriéndose a la huelga. El Gobernador Civil negó estar presionado por elementos clericales, la prensa liberal aludía a oscuros motivos, ajenos “al fondo de bondad infinita de los obreros”. La fuerza pública vigilaba las líneas eléctricas y comenzaron las detenciones de obreras por ejercer coacción. Los trabajadores propusieron unas bases de trabajo34 que no fueron aceptadas por la empresa, que insistía en mantener a los esquiroles. Los trabajadores expresaron su gratitud al Gobernador Civil, Montis Allendesalazar, por sus gestiones, pero lo consideraban favorable a Guillermo Gilpin, al que acusaban de ser el causante de todo lo que estaba ocurriendo, junto a “la mano negra” de la Iglesia. Los obreros recordaban, además, que el conflicto había surgido por haber vulnerado la dirección el acuerdo anterior. Se hablaba de la próxima intervención de la Junta local de Reformas Sociales y algún periódico –en concreto, El Día– se mostraba optimista ante el futuro de la huelga35.

Pero ese optimismo no se confirmó, aunque disminuyeron los incidentes y coacciones. Eduardo Alted, del Ramo de la Electricidad, insistía en un escrito a la prensa en que la única pretensión de los obreros era que los despedidos por la crisis de trabajo ocupasen los puestos de los esquiroles36. La empresa, por boca de Gilpin y Rebaglier, alababa la actitud conciliadora del Gobernador Civil, que tomaba exageradas precauciones –la ciudad aparecía tomada por las fuerzas de seguridad-

ante los rumores de huelga general y ante la estancia de Ángel Pestaña en Alicante.

Por su parte, los electricistas se habían declarado en huelga, pasado el plazo legal y tras varias prórrogas; eran 85 obreros, que fueron sustituidos por la dotación del acorazado “Jaime I”, que había sido llamado por las autoridades en previsión de que la ciudad pudiese quedar a oscuras. La Junta local de Reformas Sociales se mostraba impotente, el alcalde proseguía con algunas gestiones particulares, los patronos se excusaban siempre en la necesidad de consultar con la casa central, la prensa mostraba su preocupación por las consecuencias de la huelga para la ciudad, sobre todo cuando, a primeros de agosto, se unieron a la huelga los electricistas de todos los talleres y centrales37.

El Gobernador Civil tomó entonces una postura abiertamente favorable a la empresa y prohibió alguna reunión a los obreros38. Los obreros enviaban notas a la prensa recordando su postura transigente, pues incluso ya no pedían el despido de los esquiroles, sino que pasasen a la lista de los despedidos por la crisis de trabajo, en último lugar; acusaban a la empresa de preparar pistoleros contra los huelguistas y protestaban de la información dada por algunos periódicos madrileños39. Se rumoreaba –y el Ministerio de Trabajo parecía confirmarlo- que “Babel y Nervión” iba a clausurar su fábrica de tejidos e hilados. Según El Día, la industria textil “no daba el rendimiento a que la empresa estaba acostumbrada y ha venido muy bien el pretexto de la huelga para conjurar la crisis”. Continuaba los incidentes entre esquiroles y huelguistas, así como las detenciones de algunas obreras40.

Un tanto sorprendentemente, apareció en la prensa una propuesta de bases de trabajo que Montis Allendesalazar aseguraba haber obtenido de los ingenieros: en la sección de Electricidad, 50 huelguistas seguirían en su puesto y 30 pasarían a trabajar en la construcción de una estación de transformación, donde podrían ganar entre 7 y 9 pesetas diarias, trabajando a destajo; en la sección de Hilaturas, sería admitido todo el personal del taller de reparaciones, salvo tres de ellos; “los huelguistas de ambos sexos, podrían ser readmitidos todos los que se presenten, siempre que no impongan condición alguna, ganando el mismo jornal que antes y en las plazas que tenían que no resulten ocupadas, y no serán admitidos ningunos nuevos mientras no estén empleados los de antes41. Aunque la prensa local echó las campanas al vuelo y afirmó que se había solucionado el conflicto, la comisión de huelga de los trabajadores lo desmintió al día siguiente y una asamblea general aprobó, por unanimidad, otras bases: 1) Readmisión de todo el personal, ocupando sus puestos. 2) Compromiso de no ejercer represalias. 3) Despido de los individuos de ambos sexos que han ocupado nuestros puestos. 4) Nombramiento de una comisión que estudie el Tisaje.

La huelga se endureció aún más. Los obreros pidieron al Gobierno medidas contra el lock-out “de una empresa extranjera”, a la que acusaban de utilizar como esquiroles a algunas prostitutas; en algunas centrales de electricidad, los soldados del “Jaime I” dejaron sitio a los obreros: al principio, los esquiroles, que fueron denunciados en la prensa; luego, los miembros de “La Energía”, que cesaron en su huelga de solidaridad y volvieron al trabajo el 24 de agosto, sin que ello “entrañe discrepancia alguna con los demás obreros en huelga ni signifique un alejamiento entre ellos”. La Cámara de Comercio envió un escrito de agradecimiento al comandante del acorazado42. Menudearon de nuevo los anónimos amenazadores y el día 23 de agosto fueron detenidos algunos obreros, por lo que los huelguistas se manifestaron ante el Gobierno Civil, resultando algunas mujeres heridas por la carga de la Guardia Civil y la Guardia de Seguridad43.

Entre tanto, El Día había publicado una carta abierta a los obreros de Alicante en la que denunciaban –tras lamentaciones sobre la decadencia de las sociedades obreras del puerto, los ebanistas y los albañiles- la tiranía de los dirigentes obreros, a quienes se responsabilizaba de la marcha del conflicto en “Babel y Nervión”, por haber hecho creer a “centenares de muchachas” que se produciría la huelga general y que la victoria sería fácil. La carta, firmada por “varios obreros”, terminaba asegurando que Alted y otros dirigentes había hecho el juego a la empresa, que deseaba cerrar la fábrica de tejidos. El Día se negó a publicar –alegando que el periódico no era un buzón- la réplica de Alted, que invitaba a los anónimos obreros a asistir a las asambleas del oficio, pues los dirigentes no hacían más que llevar a la práctica los acuerdos de la mayoría44.

Tras la puesta en libertad de los obreros detenidos, los textiles acordaron seguir la huelga por dignidad. El Gobernador civil prohibió una asamblea de los trabajadores y el comité de huelga le recordó que “tiene el ineludible deber de amparar la razón, y la razón está de nuestra parte”. Montis envió entonces un oficio ordenando la disolución de la Sociedad Obrera, con la excusa de haber “celebrado reuniones extraordinarias” sin permiso, cosa que negaba El Luchador45. Ya en septiembre, la huelga continuaba. El Comité de huelga denunciaba públicamente a algunos esquiroles y atacaba al Gobernador por su protección a extranjeros como Gilpin o Rebaglier y al sindicato católico. La empresa insistía en su derecho a seleccionar su personal. El día 11, El Día lanzó la noticia de que la huelga se había resuelto, de lo que se felicitaba El Luchador, pero la noticia resultó ser falsa, como aseguraban los obreros en nota en viada a la prensa. El Comité de huelga afirmaba que se trataba de una maniobra “con el fin de sorprender la buena fe de nuestra Asociación y que algunos seres débiles caigan en el lazo”, denunciaba de nuevo la parcialidad del Gobernador Civil y manifestaba contar con la plena confianza de los compañeros46.

La huelga, pues, continuaba. El Comité de huelga seguía utilizando las columnas de El Luchador para denunciar la actitud servil de algunos policías y las maniobras de Gilpin para encontrar apoyo en la dirección de la fábrica de “Las Palmas”, lo que fue desmentido por el citado ingeniero poco después. Tras el traslado del Gobernador Civil a Álava, llegó un ingeniero para tratar de resolver el conflicto. Fue secuestrada por orden gubernativa una hoja firmada por la “Organización Obrera de Alicante” que apoyaba a los huelguistas y atacaba a Montis. El Comité de huelga elogiaba a las mujeres, pues “raya en heroísmo el glorioso ejemplo que nos está dando la mujer en el presente conflicto”. También denunciaba la presión que los patronos y el sindicato católico ejercían sobre el nuevo Gobernador Civil. La prensa conservadores y liberal mostraba su preocupación por la duración del conflicto e invitaba a los obreros a la reflexión47.

A finales de septiembre, la empresa decidió abrir la fábrica y admitir a los obreros que acudiesen a trabajar, previa renuncia a su actual posición. El Comité de huelga se quejó de ello, así como del boicot en algunos establecimientos contra “varios de nuestros compañeros y, sobre todo, a los que forman este Comité48. En octubre disminuyó la información sobre la huelga: en los primeros días en que se abrió la fábrica hubo incidentes entre huelguistas y esquiroles, y algunas detenciones. Posteriormente, se fueron incorporando al trabajo algunos operarios y operarias, en número reducido y siempre de los no asociados. El comité de huelga seguía con su labor en la prensa: desmintió el rumor de que el presidente de la sociedad se había fugado con dinero49, insistió en los perjuicios que la intransigencia patronal causaba a la ciudad y animaba a los obreros: “La unión hace la fuerza y es homicida aquél que deserta de las filas de nuestro ejército del trabajo50. También se denunciaba el trabajo de menores de edad en tareas muy pesadas51. A finales de octubre, el Comité hacía historia del conflicto en un manifiesto a la opinión pública y a los compañeros del textil: tras larga resistencia, tras coacciones, sobornos y traiciones, se abrió de nuevo la fábrica y algunos compañeros regresaron al trabajo por debilidad, en tanto que los huelguistas “merecimos la prisión, insultos, amenazas y malos tratos por parte de los encargados de velar por la razón”. Los patronos, endiosados, trataban de destruir la organización obreras, contrataban a “inocentes niños, que como a las bestias los cargan en perjuicio de su naturaleza, salud y desarrollo, faltando descaradamente a la ley que regula el trabajo de los niños de ambos sexos52.

A pesar de estos llamamientos, la huelga decaía visiblemente. La intransigencia de la empresa había dado sus resultados, con el apoyo de las autoridades que se limitaban a proteger “el derecho de quienes querían trabajar” y no analizaban ni las condiciones laborales ni el origen del conflicto. El paro acabó por consunción53. A primeros de 1923, “La Electro-Textil” estaba desarbolada y ni siquiera podía pagar sus cuotas en la Casa del Pueblo.

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NOTAS:

1La Voz de Alicante, 23-IV-1914.

2El Batallador, 8-IV-1913.

3El Luchador y El Día, 4-I-1919, El Socialista, 6-I-1919.

4Una gratificación quincenal, equivalente a un día de jornal, si no se había faltado ningún día ni se había llegado tarde más de tres veces; un economato a precios reducidos; los obreros calculaban que todo ello no representaba más de un 5% de aumento en la práctica, cuando ellos solicitaban un 20%.

5El Luchador, 7 y 8-I-1919.

6El Correo, 10-I-1919.

7El Luchador, 9 y 11-I-1919, La Región, 9-X-1919, y El Día, 10-I-1919.

8El Luchador, 13-I-1919.

9El Socialista y El Luchador, 16-I-1919.

10La Electro-Textil acordó socorrer con 25 pesetas a los panaderos y a los familiares de los que estaban presos (La Región, 1-VII-1919).

11La Región, 25-III-1919.

12Diario de Alicante, 17-VI-1919, y El Correo, 18-VI-1919. Según La Región, 27-VI-1919, La Defensa modificó sus peticiones y solicitó un aumento entre 80 céntimos y 1 peseta, según los oficios.

13Publicadas en El Luchador, 9-VII-1919 y Periódico para Todos, 7-VII-1919. Véase también La Región, 4 y 5-VII-1919, y El Día, 9-VII-1919,

14El Luchador y La Región, 17-VII-1919. Otras peticiones eran el aviso de despido con un mes de antelación, cobrando un mes de indemnización; trabajos más ligeros para los obreros viejos; abono de salarios si la huelga se producía por culpa de la empresa, etc.

15La Región, 11-VII-1919; El Correo, 17-VII-1919; El Día, 15, 17 y 30-VII-1919, y Reivindicación, 20-VII-1919.

16El Luchador, 22, 29 y 30-VII-1919.

17Diario de Alicante, 7-VIII-1919.

18El Luchador, 8-VIII-1919. Según Reivindicación, 24-VIII-1919, los obreros obtuvieron también un 25% en la primera hora extraordinaria y un 50% en la segunda y otras “satisfacciones morales.

19La Región, 28-X-1919, y El Correo, 29-X-1919.

20Diario de Alicante, 3 y 29-X-1919; El Correo, 30-X y 4-XI-1919, y El Día, 28-X-1919.

21Periódico para Todos, 5-X-1919.

22La Región y El Día, 15-XI-1919: esas bases se aprobaron por unanimidad en una asamblea de 900 trabajadores; a otras asambleas posteriores asistieron entre 250 y 400 obreros (La Región, 6 y 16-XII-1919). Diario de Alicante, 5-XII-1919, y El Correo, 6-XII-1919.

23La Región, 18-XII-1919, y El Correo, 20-XII-1919 (“Sobre las huelgas. En continua zozobra”).

24Las fábricas que han explotado a estos obreros son las que deben pagar el aumento justísimo que solicitan” (El Luchador, 20-XII-1919). En la sesión municipal de 19-XII-1919 se facultó al alcalde para resolver esta huelga de empleados municipales.

25Diario de Alicante, 14-I-1920.

26Diario de Alicante, 22-III-1920.

27La Unión Democrática y El Tiempo, 29-VI-1920.

28El Luchador, 25-VIII-1920.

29Diario de Alicante, 22-V-1920.

30El Luchador, 26 y 28-IV-1922, El Correo, 28-IV-1922, y El Día, 26-IV-1922.

31La empresa tenía presentado un oficio en ese sentido al Instituto de Reformas Sociales, afectando a 400 trabajadores.

32El Luchador, 20-VII-1922. Los obreros recordaban el punto 18 del reglamento de “La Electro-Textil”: “El primer deber de todo asociado es defender los intereses de la asociación y procurar que sus compañeros sean colocados con preferencia a otros individuos. En El Luchador, 28-X-1922, hacían los trabajadores historia del conflicto.

33Periódico para Todos, 19, 20 y 24-VII-1922, El Día, 20-VII-1922; El Tiempo, 23-VII-1922, y El Luchador, 26-VII-1922.

341) Promesa de no ejercer represalias y que cada obreros ocupe su puesto. 2) Despido de los individuos de ambos sexos que han ocupado nuestros puestos. 3) Que las direcciones se comprometan a admitir a obreros de ambos sexos de los que huelga por crisis de trabajo y que, una vez reanudado el trabajo, nombrar una comisión de ambas partes para estudiar las bases que afectan a la sección de Tisaje.

35El Día, 21, 24, 26 y 27-VII-1922, y El Luchador, 24-VII-122.

36Nosotros pretendemos lo justo, el derecho y el respeto, terminaba su escrito Francisco Alted (El Luchador, 28-VII-1922). Véase también El Día, 29-VII-1922.

37El Día, 28, 29 y 31-VII, 1, 2 y 3-VIII-1922; El Luchador, 3-VIII-1922, El Socialista, 31-VII-1922.

38Esta es la justicia que mandan hacer…”, en El Luchador, 9-VIII-1922, feroz crítica a la actuación del Gobernador Civil.

39El Luchador, 8-VIII-1922.

40El Día, 7, 10 y 11-VIII-1922, Periódico para Todos, 9-VIII-1922.

41El Luchador y El Día, 10-VIII-1922; El Tiempo, 11-VIII-1922.

42La huelga de empleados de las fábricas de electricidad de esta capital, felizmente terminada, ha podido proporcionar un periodo de malestar a este pueblo, que no cuenta con otros elementos de luz y fuerza motriz que los que prestan las citadas fábricas, si los equipos electricistas del hermoso buque del digno mando de V. S. no hubiesen acudido a tiempo con su auxilio y pericia digna del mayor elogio, a neutralizar los efectos del paro tan inoportunamente engendrado” (El Correo, 26-VIII-1922, y El Día, 26-VIII-1922).

43El Día, 16, 19, 21 –denuncia que ha aparecido quemado un poste de electricidad en el Plà-, 23 –agresión a un esquirol, denunciada por Revaglier y vuelta al trabajo de los no asociados en “S.A. de Electricidad”-, 25 –detención de Alted, que fue agredido, lo que desmintió el propio Alted el día 28- y 28-VIII-1922. El Tiempo, 22-VIII-1922; El Luchador, 16, 22 –el Comité de huelga animaba a sus compañeros a seguir en la huelga-, 23, 24, 25-VIII-1922 –protesta del Comité de huelga ante los atropellos, pues “los autores responsables del conflicto y de los atropellos que se han cometido, en la calle; los obreros que defienden su razón, su derecho y el sustento de sus hijos, a la cárcel

44El Día, 16 y 17-VIII-1922.

45El Luchador, 30-VIII y 1-IX-1922.

46Periódico para Todos, 12-IX-1922; El Luchador y El Día, 9-XI-1922.

47El Luchador, 13, 15, 16, 18 y 25-1922; El Día, 27-IX-1922.

48El Luchador, 29-IX-1922.

49Sobre la huelga textil. Rumores infundados”, en Periódico para Todos, 14-X-1922. Sobre el desarrollo de la huelga, El Día, 9, 10 y 20-X-1922, y El Tiempo, 3-X-1922.

50El Luchador, 13 y 19-X-1922.

51El Luchador, 24 y 27-X-1922.

52El Luchador, 28-X-1922.

53El Día, 24-X-1922. Parece que falló la solidaridad de otras sociedades obreras según se desprende de una noticia según la cual “La Defensa” se había negado, en una reunión celebrada en la Casa del Pueblo, a “conceder el auxilio que de ella solicitaban los textiles(El Día, 20-X-1922).

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