Cigarreras [II]: CONDICIONES LABORALES

taller-de-fabricacion-de-cajetillas-de-tabaco-picadoAunque no fue un centro especialmente conflictivo, hay que rechazar la visión idílica1 que de las relaciones sociales en la Fábrica daba la prensa y la dirección, pues no faltaron ásperos enfrentamientos entre las cigarreras y las “maestras” -algunas de las cuales eran, además, “fiadoras” con exagerado interés o exigían “gratificaciones” o “regalitos” a las operarias para darles trabajo- y entre las trabajadoras y la Compañía Arrendataria. En el primer aspecto, ya en agosto de 1888 se produjo un motín en el interior de la Fábrica al perseguir varias operarias a una maestra, que se refugió en el despacho del director que tuvo que llamar al Gobernador Civil, que envió fuerzas de Orden Público y Guardia Civil2; y en septiembre de 1912, las cigarreras participaron en una “algarada” para protestar por el injusto despido de una operaria, debido al informe de una maestra portera, protesta que consiguió la revocación del despido3.

Durante mucho años, la Fábrica de Tabacos era, aún sin haber conseguido una mínima organización sindical -que no llegaría hasta los años de la primera guerra mundial-, un eje fundamental para vida social alicantina4. De ahí que fueran frecuentes los “motines” y manifestaciones protagonizadas por las “cigarreras”, que, junto a los trabajadores del puerto, se bastaban para colapsar la vida económica de la ciudad. Las condiciones laborales eran bastante penosas: el trabajo era a destajo y la jornada laboral muy larga -se habla, hacia 1919, de jornadas que iban de ocho de la mañana a nueve de la noche-5.

Enlectortabaqueria01 una conferencia pronunciada en 1919, en la Casa del Pueblo, el doctor Ángel Pascual Devesa denunciaba la falta de ventilación de los talleres, las consecuencias de un trabajo absolutamente sedentario, la absorción del polvo de tabaco, la obesidad, el reumatismo crónico, la diabetes y las enfermedades del corazón porque “os pasáis la vida en la fábrica: allí coméis, allí cumplís casi todas las funciones de la vida y allí trabajáis, volvéis a casa para dormir y salís de casa para la fábrica sin ver siquiera un rayo de sol“. Pascual Devesa señalaba también los problemas de alimentación, las escasas posibilidades de atender a los hijos, males todos que “no los evita la jornada de ocho horas, pero son menores que en la de doce horas”. Una calurosa ovación cerró sus últimas palabras:

Pensad que el patrono os tiene por su conveniencia, pensad que él vive sin esclavizarse como vosotras, y si os pone por delante el capital que ha expuesto, pensad que vosotras sois también un capital de energía y por consiguiente exponéis igual, quizás más, porque vuestro capital es algo de vuestra propia vida; tenéis derecho a velar por vuestra salud y a gozar de los placeres y de las complacencias que del hogar, del cariño y de la tranquilidad se derivan”.6

Un grave problema era la existencia de “fiadoras” en la propia fábrica, que prestaban a sus compañeras dinero nada menos que al 20% mensual, o sea al 240% anual: para evitar ese abuso, en 1916, el jefe de la Fábrica propuso crear una cooperativa y gestionar que cobrasen ya el dinero del Montepío7. Otro abuso lo constituían los “regalitos” a las maestras: en 1915, la prensa asegura que cada operaria se veía obligada a entregar cincuenta céntimos todos los meses a su maestra “como gratificación a no sabemos qué méritos8.1334426228_291602_1334427190_noticia_normal

En un mitin celebrado en abril de 1919 se informaba al público que las cigarreras trabajaban a veces hasta las diez de la noche, sin conseguir remuneración por horas extraordinarias, que no se respetaban domingos ni festivos, que algunas apenas ganaban 5 reales diarios por trabajar desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche9. Por ello reivindicaban la jornada de ocho horas y un salario mínimo de 3 pesetas diarias, a lo que la Arrendataria replicaba cínicamente que el trabajo era a destajo “y huelga decir que cuantas más horas dediquen a él mayor es el beneficio que obtienen, debiendo advertir que a nadie se le impone una determinada jornada”, sino que entraban y salían con total libertad.

LaCigarreras 1905s instalaciones de la fábrica dejaban mucho que desear: en 1906, la Junta local de Reformas Sociales instó a la dirección del establecimiento a colocar un pararrayos y a mejorar retretes y talleres, donde se observaba falta de higiene y ventilación. Los accidentes laborales no eran muy frecuentes –entre 1919 y 1936, los años con mayor número de accidentes fueron 1930, con 297 accidentes, y 1925, con 25310-.

En cambio eran mucho más graves las consecuencias que, como hemos señalado, tenían las condiciones higiénicas de los talleres para la salud de las cigarreras y tabaqueros.

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NOTAS:

1En los Juegos Florales de 1904, el Ateneo Científico y Literario de Alicante ofreció un premio a un “Romance que describa el trabajo de las operarias de nuestra Fábrica de Tabacos” (El Mundo Obrero, 12-VI-1904).

2Caridad Valdés, o.c., pág. 97. NdE: En febrero de 1886, apareció La Cigarrera, periódico político y de noticias que dirigió el republicano Nicolás Almiñana. Según algunas fuentes, el motín del verano de 1888, se originó por la mala calidad del papel y el tabaco de cigarrillos, y la reducción generalizada de carga de trabajo en los talleres. El Graduador 11-02-1886; El Eco de Orihuela 29-08-1888.

3Periódico para Todos, 11-IX-1912.

4NdE: Personificación de todo ello fue Mariana Cortés, cigarrera, espiritista y activista librepensadora cercana al Grupo Paz que fue una de las primeras obreras alicantinas que tomó parte en actos públicos en 1892, provocando un gran escándalo. En 1896 encabezó una comisión de cinco mujeres protestando delante del gobierno civil por el envío de soldados a Cuba. Perteneció a la Sociedad espiritista La Caridad desde su fundación en 1899. En diciembre de 1910 fue una de las iniciadoras de la Sociedad Obrera La Feminista, actuando en diferentes mitines antimilitaristas y en demanda de la amnistía por delitos sociales.

5Según Periódico para Todos, 30-VIII-1911, el retiro que correspondía a las cigarreras alicantinas era de 17 pesetas mensuales, mientras que las de Madrid cobraban 25.

6El Luchador, 4-X-1919

7Periódico para Todos, 24-III-1916.

8Periódico para todos, 24-III-1915.

9El Luchador, 7-IV-1919.

10Caridad Valdés, o.c., pág. 87.

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