Con la rigurosidad del taxidermista, Frankenstein rinde tributo a la Ilustración, el periodo de la historia en que se idearon las herramientas con las que se daría forma al socialismo moderno. A medio camino entre la religión, la política y la ciencia, el moderno Prometeo se nos presenta como una profecía sobre el primer día de la segunda creación, monstruosa, pero creación de cabo a rabo.

Que Frankenstein siga vigente con todo lo que se ha escrito de esta novela en los últimos 200 años, es una prueba de su originalidad. En nuestra opinión, si ha sobrevivido al paso del tiempo se debe en gran medida a su propuesta ultramoderna de Prometeo, cuyo significado, como veremos aquí, no se reduce a un mensaje genérico o un adorno del título.

Como todo lo que se sale del tiesto, el relato no fue bien recibido salvo excepciones. La mayoría de los críticos lo obviaron, cuando no tacharon de inmoral o extravagante. Sin embargo, al público le entusiasmó y no tardaría en ser traducida al francés, 1821, apareciendo una segunda edición en 1823.

El éxito sobrevenido era la primera buena noticia en mucho tiempo. Por una vez, Mary Shelley ganaba dinero con su trabajo, y se aliviaban los problemas económicos. La ocasión lo merecía. Lanzaría una tercera edición en 1831 modificando el prólogo donde explicaba el origen de la obra, y retocando algunos pasajes. La decisión resultó fatal, hasta el punto que existen al menos dos Frankenstein, uno el de 1818 y otro el de 1831.

A partir de la revisión de la novela de 1831, un nuevo lenguaje transforma a la criatura en un monstruo, desesperado y sediento de sangre, más que desvalido y confuso. Representando al monstruo como un demonio y a Frankenstein consciente de sus actos y arrepentido, la autora unificaba el mensaje moral de la novela.”1

Con los cambios introducidos, la autora no soló desvirtuó el mensaje original reduciendo su obra a una pieza del género de terror donde la criatura era ahora un monstruo inhumano y vengativo; sino que reforzó la visión cenital de Víctor Frankenstein como víctima y culpable de todos sus males, debidamente castigado por jugar a ser aprendiz de brujo; ya que ..espantosas que deben ser las consecuencias de cualquier tentativa de imitar el asombroso mecanismo del creador del mundo.

Imposible escapar a los designios divinos. Los dioses autoritarios, y más aun los que creían en ellos, salían victoriosos. O por decirlo de otra forma, más que un drama de consuelo y esperanza inspirado en la versión de Eschilo, que es tal y como fue concebida; tras la resignificación de los protagonistas se había convertido en un relato de terror o de desaliento. Como si quisiera así, volver a la versión del mito que dejara Hesiodo, quien culpaba a Prometeo de provocar el fin de la Edad de Oro de la humanidad.

La fábula del hombre de Prometeo, y Pandora, la primera mujer, tenía la intención de transmitir un mensaje alegórico. […] no podían admitir de ninguna manera seguir siendo la criatura de Júpiter; daba a entender que Júpiter era, desde siempre, su enemigo”2

Para averiguar las razones por las que la autora se vio forzada a transformar a su Moderno Prometeo, debemos remontarnos algunos siglos atrás, ya que no había sido la primera vez que molestaba la figura del héroe griego. Convertido en un personaje incómodo para las autoridades católicas, su uso en entornos religiosos había sido terminantemente prohibido durante el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI. Las razones de esta medida apuntan a que Prometeo siempre fue considerado uno de los primeros ateos, puesto que el mito negaba que un dios hubiera creado al ser humano. Por descontado, también pesaron en esta decisión los resbaladizos paralelismos entre Prometeo y algunos homólogos bíblicos; por ejemplo el mismísimo Jesús, compitiendo ambos por ser el primer redentor, compartiendo tremendo suplicio y un delirante amor por la humanidad.

El caso es que las correspondencias entre ambos personajes míticos provienen de algunas versiones tardías del mito de Prometeo, que sostenían que había creado a los humanos moldeándolos con arcilla, aunque el título de primer alfarero se lo disputaba con su hermano Epimeteo, según Leoncio. La comparación dio de si, ya fuera por las correspondencias entre Eva-Adán y Pandora-Epimeteo, o las supuestas influencias del suplicio de Prometeo en el evangelio de San Juan. Tal fue su popularidad entre los primeros sabios cristianos, que ha llegado a hablarse de un Prometeo cristiano, solidario y enemigo de las tiranías, cuyas ideas podemos rastrear por ejemplo en San Ambrosio, siempre dispuesto a encabezar la revuelta de los esclavos al grito de omnia sum communia.

..La tierra fue dada en común a todos los hombres, nadie puede llamarse propietario de lo que sobre, después de satisfechas sus necesidades. Lo sacó del fondo común y solo por la violencia puede conservarlo..”3

Cabe añadir que Prometeo no fue el único mito ex-purgado, relegado a la segunda división de las mitologías, ya que aquel concilio censuró a su vez todo tipo de simbología pagana. Se trataba de un movimiento defensivo para frenar los cambios que avanzaba el Renacimiento, en el se volvía a recuperar a los clásicos y personajes como Maquiavelo se atrevían a propugnar el sometimiento de la religión a la política.

En este marco, Prometeo y el resto de divinidades paganas se prestaban a analogías políticas que, afirmando la personalidad humana, ponían en cuestión toda autoridad eclesiástica o civil: y por ello no debían mezclarse con las divinidades oficiales ni en los libros, ni menos en las paredes de recintos sagrados. Esto, vendría a confirmar la frase de William Godwin, padre de Mary Shelley, quien solía repetir que toda obra de arte era una forma de autoridad.

Estas palabras valientes para su época, sin embargo, repetían en síntesis libertaria lo mismo que leemos en casi todas las leyendas populares del planeta. La rebelión es la vida, la sumisión la muerte como dijo un mejicano libre. Es decir, la idea fuerza de que la lucha entre los de abajo y los de arriba era parte esencial de la naturaleza humana, y que la perfectibilidad de la especie siempre comenzaba por el más débil, eso sí, con la ayuda de los audaces, como Prometeo.

PROMETEO: Uno de los primeros Ateos. Negaba la creación del mundo y de los hombres por un Dios. El sol, en sus ojos, es uno de los principales agentes de la Naturaleza fecundada por ella misma..”4

Sirva esta introducción, para exponer las razones por las que Prometeo era un personaje controvertido en la época de Frankenstein. Por así decirlo, estorbaba en el imaginario de la Europa post-napoleónica, donde el fanatismo religioso campaba a sus anchas. Frankenstein había venido al mundo, en uno de aquellos momentos de la historia contrarios a la interpretación libre de las cosas divinas y humanas.

Pero volvamos al mensaje original de la novela, que en ningún caso se circunscribe exclusivamente al género del terror. Ante todo, hemos de considerar que la leyenda de Prometeo pertenece al patrimonio de la humanidad, y es uno de los mitos más misteriosos por su antiguo significado. El viejo Prometeo simboliza ni más ni menos que al creador de la humanidad, es decir, la representación de las fuerzas primigenias que modelaron nuestra especie.

El Prometeo clásico, entre otras hazañas que se le atribuyen, robó el fuego del Olimpo símbolo de la inteligencia creativa, en principio más por amor al género humano, que por odio a sus superiores. Quería beneficiar a la especie humana permitiendo que se orientaran de modo consciente en la senda de la evolución, pasando de ser el más perfecto de los animales, a transformarse en un dios en potencia, dotado de razón y de cultura. Por tanto, uno de los ejes de Frankenstein giraría en torno al tema de la rebeldía contra la autoridad, una rebeldía que va dirigida a subvertir el orden natural y social.

O por concretar un poco. Como el Prometeo de siempre, Frankenstein muestra un deseo inagotable de saber, el esfuerzo no solo de dar solución a los problemas derivados de la hostilidad de la naturaleza y de la imperfección del mundo, sino de crear vida. Por tanto, si el Prometeo griego es el progenitor de la humanidad con el beneplácito divino, el Prometeo de Mary Shelley propone la creación de una nueva estirpe humana prescindiendo de los dioses, regenerada por procedimientos secretos en un laboratorio. Sin embargo, tratar de alterar ritmos evolutivos para crear un hombre por medios mecánicos tenía sus riesgos.

Me faltaba embalar mis instrumentos de química; para ello, debía entrar en la habitación que había sido el teatro de mi odioso trabajo, y tocar estos utensilios que, de solo verlos, me puse pálido.”5

Como vástago que era de la magia y la ciencia, el monstruo de Frankenstein se nos presenta como exponente final de la denominada Querella de los Monstruos, un debate o moda que se manifestó en las ciencias naturales, el arte o la literatura desde el siglo XVIII.

Este extraño gusto por recrearse en animales y personajes monstruosos con atributos humanos, partía de la necesidad de aportar visiones racionales sobre las rarezas y singularidades que se iban encontrando en la naturaleza; o que eran generadas artificialmente o contra-natura. Todo ello con argumentos cada vez más distanciados de justificaciones mitológicas o religiosas. Básicamente, los monstruos servían para hacerse una pregunta, ¿eran obra de la naturaleza o un aviso de los dioses?

Todo es grandioso y admirable en la naturaleza; y no se ve nada que impida su trabajo al artesano [..] No te pido que te metas en tu taller para dar forma a un hombre de espíritu, un hombre bien hecho, una mujer hermosa: la empresa es dura y está fuera de tu alcance; me contento con que intentes tan solo hacer un jorobado, un loco, un monstruo..”6

Casualidades de la historia, o no, casi al mismo tiempo que nació Mary Shelley, habría aparecido una nueva disciplina, la teratología o ciencia de las monstruosidades orgánicas. Uno de sus precursores fue Étienne Geoffroy Saint-Hilaire [1772-1844], quien desarrolló sus teorías a partir de las investigaciones que hizo en Egipto, en paralelo a la invasión napoleónica; por eso la piel de la criatura de la novela es descrita como la de una momia. Según Saint-Hilaire, los monstruos no solo eran necesarios, sino la mejor forma de estudiarnos a nosotros mismos.

En paralelo a lo anterior, si Prometeo representa a la especie humana, Frankenstein nos hablaría de nuestra evolución como especie cuando aun no se habían establecido las bases teóricas del evolucionismo. Por ello, se cita en el prólogo a Erasmus Darwin, abuelo paterno del famoso Darwin, quien siguiendo la idea de que no existían barreras entre las especies, experimentaba con la electricidad y la creación de vida artificial.

A pesar del interés mostrado en la novela por los estudios sobre genealogía evolutiva, no se cita al padre del evolucionismo Jean Baptiste Lamarck; cosa extraña, ya que su libro Filosofía zoológica, 1809, circuló ampliamente por Inglaterra. En cualquier caso, algunas de las ideas de Lamarck sí pueden rastrearse en Frankenstein; por ejemplo, que todos los seres tenían un origen común, enlazándose entre ellos formando una larga cadena, o aquella idea de la influencia del medio en la evolución de las seres vivos.

Las obras de hombres geniales (la de los filósofos modernos), aunque erróneas, siempre terminan convirtiéndose en beneficiosas para la especie humana..”7

Tomando a Frankenstein como distopía teratológica, en la que confluyen los últimos descubrimientos en ciencias naturales y las primeras ideas socialistas, procederemos a una adecuada clasificación del singular monstruo de Frankenstein dentro de la galería de híbridos antropoides –hombre máquina, hombre vegetal, hombre mineral..-; entendidos estos, como arquetipos antropomorfos que tendía a asimilar las pasiones humanas a las de otros seres vivos, o no tanto.

La criatura de Frankesntein sería pues, catalogable como una variante artificial del hombre animal. Esto nos lleva a pensar que, si Prometeo había creado a los humanos a partir de trozos de diferentes animales, después de escoger la cualidad dominante en cada especie, Víctor Frankenstein recogió las partes más armoniosas de cada humano, queriendo componer en su criatura las mejores cualidades de toda la especie.

La naturaleza contiene los fondos para todas sus variaciones posibles; pero solo el azar o el arte los pone en juego. Así es que aquellos cuya industria se dirige a satisfacer el gusto de los curiosos son, por así decirlo, creadores de nuevas especies..”8

Hermano hombre, hermano lobo, hermano sol!. Ya que nos movemos en el plano entre naturaleza y sociedad, más concretamente en el ámbito de la zoología social, podríamos hacer un paralelismo entre el monstruo de Mary Shelley, y aquellos especímenes extinguidos que aparecían de tanto en tanto en las excavaciones geológicas de la época.

Como representación del mito de la metamorfosis, la criatura de Frankenstein sería pues, un humano mutante que, por prematuro en la línea de la evolución, no prosperó. Más allá de sus deficiencias o características más o menos monstruosas, o de que aparentemente no prosperara, anunciaba y preparaba el terreno para su eclosión definitiva en un momento evolutivo posterior, cuando las condiciones fueran más favorables. El biólogo Oswald Heer las llamaría especies proféticas.

Los individuos en quienes la potencia cerebral es suficientemente intensa para vencer la herencia y el miedo [..] forman la falange de los precursores, los cuales, nueve de cada diez, son los perseguidos. Aparecen como esos seres que la paleontología ha llamado especies proféticas..”9

Tras pesar, medir y clasificar a nuestra criatura dentro del universo de los monstruos, podemos decir, que la quimera de Frankenstein estaría encuadrada dentro del orden híbrido de los animales políticos –Prolem Sine Matre Creatam-, y habría sido el primer individuo de una nueva especie, aparecida por mutación social y ambiental inducida.

Los tiempos estaban cambiando, y para siempre. Si para Voltaire, los sabios insobornables y temidos por los poderosos eran los primogénitos de Prometeo, la autora noveló en clave científica y utópica la vida del que fue el primer eugenista contemporáneo. En este sentido, el Dr. Frankenstein, sería el responsable de haber creado en su taller al primer rebelde contemporáneo, un prenauta de la revolución apretando el paso biológico en una nueva reformulación de Prometeo; un fantasma del futuro que amenazaba con colonizar el planeta como si se tratara de una plaga universal. 

Todos los seres vivientes son monstruos los unos para los otros. El hombre es monstruo comparado con el primate ancestral. La amiba es monstruosa en relación a la materia, la cual es monstruo en relación a la nada..”10

Como hemos señalado antes, se trataría específicamente de una variante artificial de animal político, lo que nos conduce a otro de los fenómenos sociales de la época, ya que el hombre autómata estaba mutando en el obrero máquina.

Por un lado tendríamos al ingeniero Jacques de Vaucanson [1709-1782], que siguiendo escrupulosamente los principios de la anatomía y la fisiología, fue el creador de los primeros robots, etimológicamente trabajador individual; y luego el inventor del primer telar completamente mecanizado que abría camino a la era industrial. Y por otro está Mary Shelley, quien partiendo de los últimos descubrimientos en física y zoología, se dedicó a diseñar -sin trucos de por medio- al primer humanidad consciente nacido de la Ilustración y animado por la razón y la libertad, un ser quimérico que reunía la unidad del individuo contemporáneo y la multitud de sus manifestaciones colectivas; es decir, al primer proletario moderno.

Una Constitución escrita, tal y como la que rige hoy día a los franceses, es un autómata, que solo posee la apariencia de algo vivo. El hombre, por sus propios medios, es a lo sumo un Vaucanson; para ser Prometeo, hace falta subir al cielo..”11

Este nuevo mensajero de la humanidad, cuyo objetivo no era otro que salvar a la especie de su auto-liquidación, en nada se parece a la imagen que el cine ha ofrecido de la criatura de Mary Shelley, torpe, patoso y sin destrezas físicas.

Por contra, la autora concibió inicialmente a la criatura proto-típica de Frankenstein como un revolucionario de complexión, es decir, todo fuerza y cerebro, con una voz bronca y de una estatura superior a lo normal. En el mismo sentido, también le atribuye otros súper-poderes que podemos asociar con el frenesí revolucionario; como la fuerza física, la agilidad, la velocidad, o la capacidad de soportar bajas temperaturas. Además, puede pasar mucho tiempo sin comer, y no le gusta ni la carne y ni el alcohol.

..Yo no era de la misma naturaleza que el hombre [..] Mirando a mi creador, no veía ni escuchaba nada que se me pareciera. En estos momentos, me preguntaba si yo era un monstruo, una deformidad que todo el mundo rehuía y repudiaba” 12

Frankenstein entendido como individuo colectivo, sería aquel que nunca muere según la frase de Auguste Compte, o para ajustarnos mejor al final que nos plantea la novela, el que siempre vuelve como sucede con la revolución.

Un humanoide monstruosamente bello al que la autora le atribuye rasgos propios del humano del Porvenir, un ser que habría alcanzado un estado de desarrollo mental más completo en todos los aspectos. Es decir, no aspiraba solamente a cumplir con el ideal griego de hombres bellos, sabios y fuertes, sino que busca además que sea naturalmente bueno y con un irrefrenable deseo de libertad, porque la vida sin libertad no es digna de ser vivida.

Si Diderot se imaginó al hombre del futuro como una calabaza con patas, por aquello de que viviríamos del aire y solo necesitaríamos pensar y movernos; de forma similar, el monstruo de Frankenstein aparecería dotado de mayor inteligencia y capacidad de razonamiento gracias a las aplicaciones de la electricidad, pero a su vez cada vez más solo y asilado de sus semejantes como en la más real de las distopías contemporáneas.

..Se acercó: su figura transmitía un dolor amargo, mezcla de desdén y de perversidad, y llevaba al mismo tiempo la huella de una fealdad demasiado horrible, para ser soportable a los ojos de los hombres.”13

Tras apuntar los datos taxonómicos de la criatura, debemos certificar que Frankenstein tuvo una de sus fuentes de inspiración en el escritor francés Félix Nogaret [1740-1831], concretamente en su libro Le Miroir des événements actuels, ou La belle au plus offrant. Histoire à deux visages. Se trataba de una novela erótico-política que tuvo dos ediciones, 1790 y 1795, y donde aparecía un inventor llamado Frankenstein, que tenía una imperiosa necesidad de encontrar una mujer. Para ello creaba un autómata, símbolo de una Francia regenerada donde triunfaba la ciencia sobre la superstición, el cual, se encargaba de seducir a una joven tocando su flauta con el objetivo de que se uniera al nuevo Prometeo para instaurar una sociedad secularizada, enfocada al progreso humano.

Chaque homme trouve sur la terre

Quelque attribut d’ambition

Qui décèle son caractère.

Chaque homme prise sa chimère;

Et meurt dans son illusion”14

Si esta obra es curiosa por su evidente conexión con Frankenstein, no lo es menos la trayectoria de Nogaret, al que intentaron relegar al olvido por haber difundido en sus libros una visión libertina del amor. Sin embargo, sus gustos eran bastante más amplios, caracterizando sus escritos por un tono cínico y vanguardista muy aplaudido entre otros por Voltaire, Restif de la Bretonne, con los que intimó. Nogaret no solo era un escritor de éxito a finales del siglo XVIII, que se manejaba con elegancia entre los clásicos griegos, sino que además fue iniciador de diversas sociedades científicas, y sobre todo un gran divulgador. En un pequeño laboratorio que tenía en su casa de Versalles, junto a su colección de pájaros disecados y extraños minerales, Nogaret llevaba a cabo sus investigaciones en el campo de la química o de la electricidad, y recibía la visita de eminencias de la época como Buffon o Benjamin Franklin.

..¿Qué pasa si meto en escena a un físico en lugar de un naturalista? -Te equivocarías, harás que tu personaje tenga que andar a cuestas con los instrumentos, sería una especie de máquina de laboratorio, con aires de charlatán. Mejor sería que dejaras al físico meditar profundamente en su gabinete, y que aprenda en crudo las lecciones necesarias para el hombre condenado por sistema a vivir encerrado en un recinto estrecho..”15

Su condición de burgués ilustrado cambiaría después de 1789. Nogaret no dudó en adscribirse al jacobinismo más intransigente, asumiendo cargos municipales y por encima de todo, convirtiéndose en uno de los poetas de la revolución, aclamado por sus cantos patrióticos –Le Proces de l’Age d’Or, l’Ode a la Nation, 1792-. Más interesante si cabe, es que desde la primavera de 1793 debió caer en desgracia, ya que se apartó de sus actividades políticas de forma súbita, pasando a colaborar en el ministerio de Instrucción Pública, cercano por tanto a algunos de los amigos de Mary Wollstonecraft. En concreto, interesa su trabajo hasta 1795 como bibliotecario del depósito del Arsenal de París, donde se concentraron además el grueso de las incautaciones de papel impreso que se realizaron, un fondo documental que la madre de la autora pudo haber consultado para su investigación sobre la historia francesa.

Creadores de los derechos humanos, a vosotros os lo debo. Filósofos plebeyos, fuisteis los primeros en levantar la frente majestuosa, durante demasiado tiempo curvada hacia el suelo, como la frente servil de los animales [..] Mejor dicho, animasteis con un fuego divino los mármoles insensibles. Entre estos hombres nuevos, aun veo algunos inmóviles; que dudan de sus facultades; que temen dar un paso; que se asustan cuando hablaban de libertad: si bien todos conocemos su forma de moverse, la experiencia endurece a los más tímidos; los resortes se han activado y el prodigio tiene lugar..” 16

No sabemos si la autora tuvo conocimiento del autómata sensible de Nogaret en alguna de sus visitas a París, a través de los documentos de su madre, o rebuscando en la librería de su padre, pero una cosa está clara: la revolución es el marco histórico y político en el que se desarrolla la novela de Mary Shelley.

A los que consideren que sufrimos los primeros síntomas de la enfermedad del ergotismo, como le sucedía a Marat, debemos recordar que estas ideas cargadas de milenarismo flotaban en la atmósfera de la época. Especialmente tras la erupción del volcán Tambora en Indonesia en 1815, cuando los atardeceres enrojecidos, o las nevadas de color sangre desataron una ola de fanatismo por Europa; y poetas rebeldes como Percy Shelley asociaban este tipo de fenómenos naturales extremos con la revolución social.

A mighty Power, which is as darkness, / Is rising out of Earth, and from the sky / Is showered like night, and from within the air / Bursts, like eclipse which has been gathered up / Into the pores of sunlight: the bright visions, / Wherein the singing spirits rode and shone, / Gleam like pale meteors through a watery night..” 16BIS

Más que una anécdota, estas circunstancias debemos elevarlas al nivel de categoría al menos en los círculos en los que se movía la familia Godwin, y por ello la criatura de Frankenstein aprendió sociología con Les Ruines de Palmira, ou méditations sur les révolutions des empires, de Volney, donde se proponía nada menos que la fusión de todas las religiones.

Así, como Prometeo encadenado que espera a Epimeteo libertador, encontramos al científico y teólogo fundador del unitarismo, Joseph Priestley, quien después de comparar las profecías bíblicas y sucesos históricos recientes, había llegado a la conclusión de que la llegada de la revolución francesa era el anuncio de la Segunda venida de Cristo. Incluso le concretaba poco después a un amigo, en una carta, que tendría lugar en unos 20 años. En esta misma línea, podríamos citar la obra The Rights of Men de Thomas Paine; o incluso a Coleridge y Southey, quienes comenzarían a escribir juntos en 1796 un poema que se inspiraba en la figura prometéica de Juana de Arco, que regresaba en clave revolucionaria para conducir a la humanidad a un mundo mejor.

La revolución no había durado más de cinco años. Estos cinco años son para Francia cinco siglos. Quizás jamas sobre la tierra, en ninguna época, salvo la era de la encarnación de la idea cristiana, ningún país produjo en tan corto espacio de tiempo una semejante erupción de ideas, de hombres, de naturalezas, de caracteres, de talentos, de crímenes, de virtudes..”17.

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Y si la revolución francesa está considerado el origen directo de la política contemporánea, el momento clave en que el modelo democrático se impuso a las tiranías monárquicas, se debió a Prometeos como Mary Wollstonecraft, inductiva, profética y volcánica, en estrecha colaboración con Epimeteos como William Godwin, deductivo, tranquilo y de reflexiones lentas.

Como ya nos hemos ocupado en otro lugar de la Ciudadana Frankenstein, hablaremos del abuelo de la criatura; ex-clérigo unitarista que si bien no destacó en su vida por haber arriesgado el pellejo, como sí hizo su compañera, debemos atribuirle una relevancia equivalente en el plano filosófico. No por nada, está considerado uno de los precursores del socialismo libertario, y eso sin salir de casa por así decirlo, ya que no consta que nunca viajara fuera de Inglaterra. Su mayor mérito, haber demostrado por primera vez la viabilidad de una sociedad sin estado, fundada en la cooperación espontánea y no en la coacción o la violencia, proponiendo un sistema de gobierno radicalmente nuevo, basado en la justicia social, tal y como lo expuso en su libro Investigación acerca de la Justicia Política, 1793.

Los estados políticos son cuerpos monstruosos que se devoran ellos mismos, y que parecidos a las entrañas de Prometeo en el Cáucaso, renaciendo a medida que son devoradas..18

Si la trilogía de Esquilo divulgaba doctrinas esotéricas, hasta entonces transmitidas sólo a los iniciados y custodiadas celosamente en el seno de colegios sacerdotales; lo que hizo Godwin fue difundir, de una forma sistemática y accesible, los principios fundamentales de la ciencia política moderna basada en la razón y la libertad. La apuesta era radicalmente nueva, ya que suponía llevar hasta las últimas consecuencias teóricas los postulados de la revolución francesa.

Este libro, sueño utópico de progreso humano y de justicia, ha sido equiparado a los grandes tratados de la Grecia clásica por su influencia. Sin embargo, no tuvo apenas eco fuera de Inglaterra y más allá de los círculos intelectuales. Sus ideas, como gérmenes de esperanza en busca de huésped, quedarían desactivadas durante varias décadas por los acontecimientos que ensombrecieron el continente europeo. Todo ello hasta que uno de los fundadores del socialismo, Jean Jacques Proudhon, comenzara a hablar de las mismas cosas en la década de 1840, según él, sin haber leído a Godwin.

Si pudiera probarse que una sana institución política es, entre todas, el instrumento más poderoso para promover el bien general, o, por otra parte, que un gobierno erróneo y corrompido es el más formidable adversario del mejoramiento de la especie, se concluirá de ahí que la política fue el primero y más importante motivo de la investigación humana..”19

No entraremos en controversias sobre la paternidad de la idea, puesto que lo interesante es resaltar que Prometeo, símbolo de la especie humana, se emanciparía por medio de su esfuerzo y de su trabajo, frente a lo que sucedía con los dioses autoritarios, que concedían arbitrariamente la salvación como una gracia.

Si el Prometeo clásico robó en su momento el fuego, que por cierto siempre fue de propiedad exclusiva de las divinidades, y lo repartió entre los humanos -con la colaboración de Epimeteo-, para crear así las artes y los oficios, es decir, el reparto de las cargas del trabajo como explicó Platón. Lo que Proudhon propuso, era la necesidad de abolir la propiedad del fuego en nuestra era, es decir la propiedad privada. Con esta afirmación, el más moderado de los anarquistas atacaba directamente al totem del capitalismo. Su objetivo era ponerlo al servicio de la colectividad, nueva encarnación moderna de Prometeo.

Dios imbécil, tu reinado ha concluido: busca entre las bestias otras víctimas. Sé que no soy ni podré jamás llegar a ser santo; ¿y cómo lo habrías de ser tú si te pareces a mí? Padre Eterno, Júpiter o Jehová, hemos aprendido a conocerte: tú eres, tú has sido, tú serás siempre el rival de Adán, el tirano de Prometeo…”20

Partiendo de la idea de la sociedad como artificio revolucionario, Proudhon oponía a los fenómenos puramente individuales la fuerza de la colectividad, y para hacer comprensibles las necesidades económicas de los grupos humanos, llamó Prometeo a su idea de la sociedad-persona, es decir, la sociedad como ser único. En un tono entre mecanicista y misticista, llegó a considerar el trabajo como el origen de todos los bienes de la sociedad, y por tanto, la única esperanza para regenerar la especie. Para Proudhon, la promesa del progreso surgía de la organización del trabajo, rito y base fundamental de la vida moderna, donde la función reemplazaría a la clase social, organizando no solo la producción, sino la distribución de las relaciones entre humanos. Incluso llegó a hablar de una segunda creación en el seno de la creación humana

L’autorité, c’est la paresse. La liberté, c’est le travail [..]L’intelligence de l’homme c’est son instinct, et cet instinct lui dit sans cesse: Travaille; mets la main comme le front à l’oeuvre; produis et découvre: les productions et les découvertes, c’est la liberté. Celui qui ne travaille pas ne jouit pas. Le travail, c’est la vie. La paresse, c’est la mort. Meurs ou travaille!..21

Partiendo de que Frankenstein es una inversión iconoclasta y algo perversa del mito de la creación, creación infausta, pero creación al fin y al cabo, la prometéica criatura de Frankenstein supone un desafío al orden natural y divino existente, proponiendo un nuevo orden desacralizado basado en el hombre, donde la sociedad es el sujeto principal de la historia.

Si el sociobiológo Edward O. Wilson, ha sugerido que el mito clásico de Prometeo es la manifestación de una memoria arcaica proveniente de la fase en la que el Homo Habilis adoptó por primera vez la herramienta, comenzando el viaje evolutivo de animal a humano; es decir, el responsable de que comenzáramos a caminar erguidos. El Prometeo de Mary Shelley también nos presenta por medio de su criatura monstruosa una regeneracíón de la condición humana en toda regla; estaríamos por tanto, ante el primer hijo de la revolución, ante una fábula futurista sobre el primer día de la Segunda Creación. Frankenstein, reencarnación del Prometeo portador del fuego de la civilización, se nos presenta pues, como presagio de la era del socialismo, nueva era que inauguraba el reino de la libertad sobre la necesidad.

La humanidad está hace muchos años en un período trabajoso, como todos los periodos revolucionarios. Sólo a la luz de la ciencia se le puede abrir otra época más afortunada, y urge que, cual otro Prometeo, se empeñen las nuevas generaciones en arrebatar esta luz del fondo de los cielos. Pesa sobre ellas este deber sagrado..”22

Podríamos decir, que si el Prometeo clásico robó el fuego de los dioses para entregarlo a los hombres y poder crear con él todas las artes y las ciencias que posibilitaron el desarrollo de la civilización, el moderno Prometo se ve obligado a regresar de nuevo y tratar de reparar los desastres generados en su primera visita. Estos errores responderían a ciertos aspectos negativos de su personalidad, que pese a su audacia y sus buenas intenciones como benefactor de la humanidad que era, tenía también, todo hay que decirlo, un toque bipolar, paternalista y tramposillo.

De alguna manera, estos detalles demasiado humanos de Prometo habrían sido transmitidos a los humanos en forma de buena disposición para el uso del fuego y para adquirir la técnica con que desarrollar las artes o los oficios, pero sin una base moral y política sólida. Podría hablarse de ciertos efectos secundarios, trasmitidos a lo largo de las generaciones en forma de deseos de bienes materiales exacerbados, provocando que una parte de ellos decidiera apropiarse de los medios de producción de la mayoría, esclavizando a sus iguales con el yugo del trabajo. Y lógicamente, que para defenderse de los previsibles ataques, se hubieran creado monstruos como el estado, los reyes o los ejércitos.

Esos humanos a los que había dado una misma existencia y modelado con la misma arcilla se habían enzarzado en querellas durante su ausencia, con tanta fuerza que se golpeaban y mutilaban los unos a los otros [..] Que ven mis ojos, dijo Prometeo enfurecido. Creía haber hecho seres humanos, y no esclavos y amos..23

Llegados al final de este análisis del Frankenstein de Mary Shelley, convendríamos en dar la razón al historiador del movimiento obrero Georges Sorel, quien sostenía que los mitos religiosos tenían cierta correspondencia con los mitos revolucionarios, ya que ambas eran manifestaciones culturales que ocupaban el mismo espacio en el imaginario colectivo.

Así mismo, se ha de reconocer que no hemos aportado mucho al conocimiento ni de la novela, ni puede que del viejo Prometeo; pero sí abrimos una puerta a futuras investigaciones. Si el hombre está emparentado con el mono, el socialista vendría de la familia del monstruo.  

Mientras el reloj de la historia seguía fuera de hora y aprovechando el vacío de poder, había aparecido un extraño ser al que no todos se atrevieron a mirar a la cara. Su fama le precedía. Se trataba del genio de la revolución, retador y fiero, que se asomaba desde la entrañas de la humanidad junto a su vástago más temido, un monstruo con cara de ángel que al que poco después llamaron socialismo, y al que algunos creyeron capaz de zamparse a la humanidad entera de un solo bocado. Sus palabras no eran de este mundo.

Suprimid la administración, ahogad al monstruo, derribad al minotauro, demoled la fortaleza, ¿qué queda? Las doctrinas ¡nada más! ¡Las doctrinas individuales que no tienen medio alguno para imponerse! Doctrinas aisladas, tímidas, confusas que veréis correr, sofocadas, para encontrar protección y garantía en el seno de la gran doctrina humana: la equidad..”24.

Para no extendernos en ello, pondremos un ejemplo concreto del paso del mito al logos de la revolución; y nos centraremos en la península ibérica, tierra de Sísifos, Tántalos y Prometeos.

Monstruo del hambre-El Pancaro x Andalucia_La Campana de Gracia 31-03-1894El monstruo del socialismo, auténtico bú de la burguesía y los sectores reaccionarios, no se hizo esperar. La primera vez que se oyó hablar de él fue en la década de 1840, justo cuando empezaba a circular la palabra socialismo, aunque aun de manera vaga e imprecisa. Al mismo tiempo, se estaban fraguando en la clandestinidad las primeras sociedades obreras y comenzaban a ser declaradas las primeras huelgas de orden laboral.

No tardaría en salir de su antro el Pancaro, definido como monstruo de los motines de subsistencias provocados por el aumento en el precio de los bienes de primera necesidad -sobre todo el Pan-. Autentico precursor simbólico del socialismo ibérico, los primeros avistamientos del bicho fueron en Andalucía, y el saber popular decía que venía de América y que su grado de destrucción se equiparaba al del cólera, la guerra o la usura. No iban desencaminados, ya que el incremento del precio del pan fue el desencadenante habitual de revoluciones, entre ellas la francesa de 1789; de hecho, a lo largo de todo el siglo XIX, el hambre o el despotismo se convirtieron en las principales causas de la conflictividad.

Olvidemos un momento el formidable monstruo, causa de todas las revueltas y desdichas y al que un poeta español llamaba Pancaro en tiempos en que todavía no se conocían más Huelgas que las de Burgos..”25

Si Diderot decía que la más alta misión del artista era la creación de monstruos, la del historiador sería recuperarlos y catalogarlos.

Partiendo de esta premisa, Frankenstein sería un relato fantástico sobre un humano regenerado desde la razón y la ciencia, pero que se rige por la lecciones de cosas extraídas de la revolución francesa. En tanto que distopía teratológica, la criatura de Frankenstein sería el producto mismo de la colectividad, el reflejo quimérico de la modernidad naciente, el anti-paradigma de la cultura capitalista.

El moderno Prometeo de Mary Shelley, en su versión original de 1818, nos hablaba de los orígenes y el destino de la humanidad, en definitiva, del cambio social por imperativo biológico y de la esperanza de la revolución. Pero lejos de ofrecernos una determinada visión sobre el papel de las insurrecciones populares, era un grito de desesperación que reclamaba un futuro colectivo, la revolución personal que había de precederla.

Jamás la revolución había sido más completa que aquella qui había tenido lugar en mis sentimientos después de la tarde de la aparición del Demonio…”26

Frankenstein, esfinge misteriosa que se pierde en la oscuridad y la distancia, nos plantea un final abierto, un enigma sobre nuestra supervivencia como especie.

El monstruo de la revolución, tan bárbaro como bondadoso, ¿acabará por traernos la edad de oro de la humanidad o el fin del mundo tal cual lo conocemos?.

NOTAS:

  • 1TYLER: Frankenstein. A cultural History. Norton, New York, 2007, p. 98. Sin duda, lo que más ayudo al éxito de la novela fueron sus adaptaciones teatrales, no solo en Inglaterra, sino también en Francia. En todos los casos, y no fueron pocas, se reforzaba aquella visión conservadora y maligna del personaje central que ha sido la más habitual luego en el cine. Incluso se popularizó entre los ingleses una expresión; ..Ser perseguido o arrastrado por su propio Frankenstein.

  • 2BALDWIN, Eduard (seud. William Godwin): The Pantheon, or Ancient History of the Gods of Greece and Rome. London, 1806, p. 97. A Eschilo, como a Mary Shelley, tampoco le fue muy bien que digamos tras escribir su famosa trilogía sobre Prometeo. Cuentan que tras augurarle los oráculos que, por impío, se le caería la casa encima y tendría una muerte trágica, se fue a vivir al raso, pero no se salvó, ya que le mató la mismísima águila de Zeus, dejando caer una tortuga sobre su calva.

  • 3AMBROSIO de Milán: Las Dominicales del Librepensamiento 20-01-1892. En esta línea, Godwin combinaba en sus teorías políticas la moral cristiana con principios de la escuela estoica, pero tras su muerte en 1836 Mary Shelley no quiso publicar Genius of Christianity Unveiled, una serie de ensayos donde su padre trataba asuntos religiosos, y que no vería la luz hasta 1873. Allí, Godwin se oponía a todo tipo de doctrinas totalitarias, especialmente las que imponían el servilismo; enmarcado en un esfuerzo de renovación del catolicismo propio de aquella época que se encuentran también en Saint Simon, Lammenais, Víctor Hugo, etc.., ..“Los cristianos son capaces de todos los sacrificios. Se imaginan que son inmortales, y desprecian la muerte; y como su primer legislador les hizo creer que son todos hermanos, desdeñan los bienes de la tierra y los reparten entre si”, Luciano de Samosata: Sobre la muerte de Peregrino.

  • 4MARECHAL: Dictionnaire des athées anciens et modernes. Bruselas, 1833, p. 232. La influencia de Godwin alcanzó de lleno a Percy Shelley, capaz de unir en su Prometeo Liberado los ideales de fraternidad revolucionaria y la evocación panteísta de Cristo. Aunque Shelley se definiera como ateo, su ateísmo era lógico, espiritual en la onda de Voltaire, quien los consideraba unos impostores, comparables a los creyentes más fanáticos, ..“Basta de creer que la religión pueda ser útil al hombre. Tengamos buenas leyes, y podremos prescindir de la religión. Pero se necesita una para el pueblo, dicen; lo divierte, lo contiene. ¡En buena hora! Dadnos pues, en ese caso, la que conviene a los hombres libres. Devolvednos los dioses del paganismo”, Sade: Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos. Filosofía en el Tocador. Librodot, 2002, p.71.

  • 5SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Imp. Corréard, París, 1821, p. 74. Estos métodos experimentales nos remiten primero al Golem de la tradición judía, o al Homúnculus del alquimista Paracelso; y de todo ello publicaría William Godwin un libro en 1834, The lives of the Necromancers. Además, la propia Mary contaba en su novela, The Mortal inmortal, 1833, la vida de un alumno de Cornelius Agripa, que alcanzaba a negar la muerte tras beber un elixir alquímico.

  • 6La BRUYERE: Les Caracteres ou les Moeurs de ce siècle. 1688, pp. 483-484. Del gabinete a las calles parisinas, después de la revolución fue imponiéndose una moda arquitectónica que incluía gárgolas monstruosas como ornamento en iglesias o edificios públicos. El ejemplo más bizarro serían las ferias populares, donde jorobados, enanos, tullidos y todo tipo de caprichos de la naturaleza eran exhibidos ante el público. En España, incluso aparecieron los compra-niños, individuos que compraban niños e incluso bebés para producir un monstruo de feria, deformando sus extremidades durante el crecimiento. También, Brunet: l’Appel du monstruoeux, pensées et poétiques du desordre en France au XVIII siecle. París, 2008, pp. 32-34.

  • 7KREMPE, Profesor de Filosofía Natural en la Universidad de Ingolstad, Shelley: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 1. Ob. Cit, p. 106. Inspirados en las teorías de Keppler o del pre-darwinista Buffon sobre la influencia del medio en los organismos, Diderot y Maupertuis habían desarrollado una teoría del universo diseñada para restaurar los valores del ser humano. Su propósito era que, a partir de bases teóricas evolucionistas, el mundo material se constituyera como un ser vivo organizado, estableciendo un orden natural que partía desde las moléculas, y entendía el universo como un Todo, ..“Aquí yace D. D.: Que fue Dios, que fue animal prototipo, que fue perro, que fue gato, que fue árbol, que fue hombre, que fue mujer, que fue filósofo, que no es ya, y que será todo lo que fue”, Diderot: Epitafio. También, Lecercle: Frankenstein. Mythe et philosophie. París, PUF, 1988, p. 20.

  • 8MAUPERTUIS: Vénus physique, suivi de la Lettre sur le progrès des sciences. 1980, p. 134. Julien Offray de La Mettrie [1709 -1751] fue un médico y filósofo pre-evolucionista que dejó obras como El Hombre Planta y el Hombre Máquina, 1747. En ésta, venía a sostener que el humano era una máquina en manos del nuevo Prometeo, o dicho con sus palabras, un autómata de alta complejidad, …“Es, de hecho, solo una maquina del estado, que imprime el nombre del rey a las decisiones del gobierno, el cual, para evitar riesgos, no tienen más valor, a menos que sean refrendados por el príncipe real…”, Carta de Mary Wollstonecraft, en Letters written in Sweden, Norway, and Denmark. Oxford University press, 2009, p. 103.

  • 9MALATO, Carlos: La eterna lucha, El Porvenir del Obrero 19-11-1901. Cuando aun no se habían descubierto los dinosaurios, en 1785 apareció en Argentina el Megaterio, gran bestia en griego, nombre popularizado por el naturalista Georges Cuvier desde 1796, que gracias a su principio de correlación anatómica fue capaz de reconstruir su esqueleto. Este mismo año, Thomas Jefferson describía en Filadelfia unos huesos similares, Megalonix, conocido como el Ohio Animal, aunque él afirmaba que no estaba extinguido. Casualmente, Cuvier llegó a París en la primavera de 1795, y un año después sería profesor de historia natural en la Escuela del Panteón. Además, su libro más famoso, exponente del debate en torno a la evolución, El Reino Animal, apareció en 1817. También, Malato: Las clases sociales desde el punto de vista zoológico. Barcelona, 1906, p. 43.

  • 10 ROSTAND, Jean. De hecho, en biología se suele utilizar la expresión Efecto Frankenstein, para aludir a los desequilibrios ecológicos derivados de la introducción de nuevas especies -invasoras- en entornos naturales.

  • 11MAISTRE, Joseph Marie: Considérations sur la France. 1797, p. 111. Vaucason, considerado por Voltaire y La Mettrie como el nuevo Prometeo, está comprobado que hizo algunas trampas con sus anímales autómatas para hacerlos más reales. La mirada anatómica de Frankenstein, nos remitiría al fisiólogo Louis Auzoux, también nacido en 1797 como Mary Shelley, quien comenzó en 1816 sus investigaciones en la academia de medicina de París, patentando en 1831 el primer maniquí anatómico.

  • 12SHELLEY: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Ob. Cit, pp. 108-109. Esto nos recuerda que Robespierre era muy frugal, alimentándose casi exclusivamente a base de naranjas, y por supuesto no tomaba alcohol; y que durante los años del poder jacobino, y hasta muchos años después, la carne era casi inexistente en París, como escaseaban también los cereales, las legumbres, los huevos, la mantequilla y hasta lo necesario para la calefacción.

  • 13SHELLEY: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Ob. Cit, p. 35. La autora no atribuyó rasgos físicos concretos a su criatura, más allá del grabado que incluye la edición de 1831, y descripciones como las anteriores, que nos remiten al pastor protestante y fundador de la fisonomía moderna, el suizo Johann Lavater [1741-1801], quien solía advertir que ..no se podía embellecer al hombre sin mejorarle. Personaje controvertido por explicar las pasiones humanas a través de los rostros, en el círculo de los padres de la autora sus ideas sí eran muy apreciadas; en especial Mary Wollstonecraft, quien participó en la traducción de alguna de sus obras. Además, días después de nacer su hija Mary, fue sometida a un examen fisionómico por uno de los seguidores de Lavater. También, VVAA: Psychology and Philosophy. Inquiries into the Soul from Late Scholasticism to Contemporary Thought. Springer Science, New York, 2009, p. 159 y ss.

  • 14NOGARET: La Terre est un animal, ouvrage suivi d’une Epître à M. de Buffon, sur les trois règnes. París, 1805. La atracción por los autómatas que simulaban seres vivos venía de antes, pero la revolución francesa los popularizó como espectáculo, dejando de ser un producto solo para ricos y adquiriendo una nueva significación política, por ejemplo equiparando autómatas a esclavos o autócratas, ..“Para ser un mecánico mediano, preciso es tener alguna habilidad, mas para ser Rey, no se necesita más que la figura de un animal semejante al hombre, una especie de autómata con aliento”, Paine: The Rights of Men. También, Douthwaite: The Frankenstein of 1790 and other lost chapters from revolutionary France, Annales historiques de la révolution française, 376, 2014, 224-225.

  • 15NOGARET: Podalire et Dirphé, ou La couronne tient la jarretière. T. 1. París, 1800, p. 23. Entre 1792 y 1795 dirigió una fábrica de nitrato de potasio en Arnouville, el sitio adecuado para desarrollar sus experimentos. Posteriormente, fue adscrito al departamento del Interior, por el ministro Benezech, y haría carrera de alto funcionario en los años siguientes. También, Revue de l’histoire de Versailles et de Seine-et-Oise. Versailles, 1904, pp. 2-21, 131-151.

  • 16NOGARET: Harange a la Liberté, Versalles, 1 de marzo de 1790. Probablemente Nogaret supo del Frankenstein de Mary Shelley, cuanto menos de su traducción al francés en 1821, y más aun de su exitosa adaptación a los escenarios galos en 1826; porque el propio Nogaret había sido censor de teatros durante el tiempo de Napoleón, porque la pieza se estrenó con el título de Le Monstre et le Magicien, y porque el personaje del Dr. Frankenstein tenía otro nombre. Además, sorprende la coincidencia entre la edición retocada de 1831, y la muerte de Nogaret ese mismo año.

  • 16BISSHELLEY: Prometheus Unbound. Acto IV. Londres, 1820, p. 237. Según Max Nettlau, algunos de los primeros propagandistas sociales como fue Thomas Spence [1750-1814], imitaban el método de los predicadores de iglesias no oficiales, que recorrían el territorio inglés vendiendo sus propios escritos en forma de folletos o periódicos, y arengando al pueblo en espacios improvisados. Así se dirigía a los que le juzgaron en 1801, usando unas palabras que nos recuerdan a la criatura de Frankenstein, ..“Lo juro, la filantropía que me inspira jamás ha brillado con el mismo grado de ardor en ningún profeta, en ningún apóstol, en ningún filósofo. He hablado, porque la verdad tenía en mi corazón un peso insoportable; he publicado, porque no habría podido vivir ni morir en paz callándola..”, Spence: Les communistes anglais et français, Revue britannique. París, Tomo XV, 1848, p. 13. También, La Protesta 29-06-1925.
  • 17LAMARTINE: El Diluvio 27-03-1932. Volney veía el mito mesiánico de Jesús como un remake del culto al Sol, como Osiris, Hércules, Baco, etc..; personajes asociados con los elementos luz, fuego, volcán o sol; muy presentes en la iconografía revolucionaria, ..“En un último análisis, todos los nombres de la divinidad proceden de algún objeto material que le sirve de asiento [..] Y si, como es de verdad, los nombres son los signos representativos de las ideas, la genealogía de unos se emparenta con la de los otros, y un buen diccionario etimológico sería la más perfecta historia del entendimiento humano”, Volney: L’Amie du Peuple 03-09-1868. Ver, Garrett: Joseph Priestley, the Millennium, and the French Revolution. Journal of the History of Ideas, nº 34, 1973, p. 62. También, Coleridge: The Collected Works of Samuel Taylor Coleridge: Poetical Works I Vol I.I. Princeton University Press, 2001, p. 280.

  • 18MARECHAL: Correctif à la Révolution. París, 1793, p. 155. Comparado con el Contrato Social de Rousseau e inspirado por las teorías de la transformación revolucionaria pacífica de Sylvain Marechal, el libro de Godwin centró su análisis de forma mayoritaria en el pequeño propietario, el campesino y el artesano, dado el escaso desarrollo industrial a finales del siglo XVIII, ..“Es la emancipación intelectual, política y social, que implica la emancipación moral, y, sobre esa base, el libre desenvolvimiento de la humanidad adulta y regenerada. Godwin y Proudhon fueron, por tanto, los primeros en mostrar ese camino”, Nettlau: La anarquía a través de los tiempos. Capítulo 4. 

  • 19GODWIN: Investigación acerca de la Justicia Política y su influencia en la moral y la felicidad. Capítulo 1. La trayectoria de Godwin se truncó en este punto. Aunque cediera a las numerosas críticas, modificando algunas partes significativas de la obra en una segunda edición, 1796, nunca volvería a escribir nada tan audaz. Relegado al olvido, sus ideas serían recuperadas desde 1860, coincidiendo con la muerte de Proudhon y la fundación de la AIT, ..“El pensamiento de Diderot y de Maréchal, por ejemplo, fue interrumpido como por un cataclismo geológico hasta mediados del siglo XIX, cuando reapareció con Proudhon, y hasta el último tercio de ese siglo, cuando fue reanimado por Eliseo Reclus”, William Godwin. De la impostura política. FAL, Madrid, 1993, p. 17. También, Woodcock: Anarchism. A history of libertarian ideas and movements. Penguin, Hardmondsworth, 1963, p. 84.

  • 20PROUDHON: Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria. Biblioteca Juncar, 1975, p. 226. Proudhon fue atacado duramente por Marx, diciendo que su Prometeo era más judío que griego, y que sus ideas estaban impregnadas de logomaquia bíblica, de la idea de un paraíso en la tierra, ..”Y es que era preciso algo más que valor para vencer al monstruo; estaba escrito que no había de morir hasta que un proletario, armado de una varita mágica, saliera a combatirlo y aniquilarlo..”, Proudhon: Que es la propiedad. Ob. Cit, pp. 133. En la imagen, Marx reviviendo a Lázaro Proletario, lo cual alude a Les Lazaréennes, Fables et Poésies Sociales, 1851, de Joseph Déjacque [1821-1864], precursor del socialismo que tampoco era muy amigo de Proudhon, y que fue el primero que se definió como libertario, escribiendo la primera utopía anarquista, L’Humanisphere.

  • 21 DEJACQUE: L’Humanisphère, utopie anarchiste, Le Libertaire 07-04-1859. Proudhon y casi todos los primeros socialistas, recuperarían aquella visión positiva e incluso redentora del trabajo, que era una herencia de la revolución francesa; en cierto punto equiparable a la que tenían los primeros cristianos, o los calvinistas; es decir, contraría a la interpretación tormentosa y esclavista propia de romanos o griegos, y que había sido una constante en los últimos siglos, ..“Fiesta del Trabajo: El trabajo es la suerte y el honor de los mortales, el guardián de las virtudes, y el autor de la prosperidad pública..”, Pensées républicaines pour tous les jours de l’année; à l’usage des enfants. París, 1793, p. 108. También, Marechal, Sylvain: Le Livre de tous les âges. París, 1779.

  • 22PI i MARGALL: La reacción y la revolución. Ed. La Revista Blanca, Barcelona, s.f., p. 427. Algunos han señalado que uno de los fundamentos del llamado secreto masónico, consistiría en la transmutación del hombre-animal en hombre-dios. En este punto, volvemos a Nogaret, que además de masón y benefactor de los pobres, fue teofilántropo -como Mary Wollstonecraft-; entendida como reacción deista no dogmática frente al fanatismo religioso, pero también ante el anticlericalismo. Entre la naturaleza y la religión, creían en la inmortalidad del alma, y difundían el llamado culto a la humanidad; proceso de perfeccionamiento moral regido por la fraternidad y la solidaridad que tomó forma en las Fiestas de la Razón y del Ser Supremo. Ver, Vannoni: Masoneria, fascismo e Chiesa Cattolica. Laterza, Bari, 1980, p. 11.

  • 23 MARECHAL: Apologues modernes, a l’usage du Dauphin, premieres lecons du fils ainé d’un roi. Bruselas, 1788, pp. 5-6. Prometeo se emparenta con Foroneo, quien se supone enseñó a los humanos a valerse del fuego tras robarlo Prometeo. Considerado el padre de los mortales, Foroneo consiguió reunir en una ciudad a los humanos, hasta entonces salvajes y errantes, y se autoproclamó rey de Argos, dictando las primeras leyes e iniciando el culto a la divinidad. Por otro lado, el primer invento de Prometeo fue el yugo, que sirvió tanto para esclavizar a animales, como a humanos. Esta ambivalencia de los objetos asociados a Prometeo, se aprecia en su famoso anillo de hierro, o en aquel trozo de madera que le sirvió para guardar el fuego del Olimpo. Se trataba del tallo de la férula, planta muy extendida y utilizada para diferentes usos benéficos en la antigüedad; pero también como cetro de autoridades -báculo pastoral-, e incluso dio nombre a la tabla con la que los maestros castigaban a los alumnos.

  • 24BELLEGARRIGUE: Au fait, au fait! Interprelation de l’idée democratique. Toulouse, 1848, en LRB 01-01-1925. Marx siempre se mostró interesado en abatir las monstruosidades del capitalismo que según dijo, surgían del mar social como un monstruo que chorreaba sangre; incluso se dice que le gustaba contar fabulas de terror a sus hijos. Evocando lo monstruoso para señalar las causas del desorden social o caricaturizar las instituciones corrompidas, criticaba las leyes del mercado hablando de las furias del interés privado que transforman la sociedad en un desierto poblado de bestias, ..“Es un morenazo de Treves, un monstruo blando -markhaft-. Anda sin saltar, y si salta lo hace sobre los talones; se excita hasta el colmo del furor, y como si quisiera hacerse con el cielo y traerlo a la tierra, extiende las manos. Tiene el puño cerrado y rabia sin tregua como si diez mil diablos le tiraran de los pelos..”, Engels: Sobre Karl Marx, aprox. 1841-42, La Revista Blanca 15-03-1935. También, McNally: Monsters of the Market. Zombies, Vampires and Global Capitalism. Leiden, 2011.

  • 25La LUCHA 16-05-1901. De paternidad incierta como todos los monstruos, Frankenstein incluido, parece que el Pancaro tomó forma a partir de la imaginación de Fray Gerundio, periodista que utilizaba la sátira como arma política y artificio para salvar la censura; en unos años, en los que por descontado estaba prohibido referirse a las causas que originaban las huelgas -se hablaba de ocurrencias-; y comenzaban a circular expresiones como reuniones monstruo, proclamas monstruo..;.. “Tiene pelo como los cuadrúpedos; cola, y muy larga; la risa del conejo; rechina y enseña los dientes; hay que sujetarle como al perro de presa, y no hay bando ni ley que lo mande, cuando está haciendo mas daño que la langosta…”, Zea: El Páncaro: Obras en verso y prosa. Madrid, 1858, p. 539.

  • 26SHELLEY: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Ob. Cit, p.76. De manera inversa, en 1826 Mary Shelley publicaría The Last Man, una historia futurista que trascurre a finales del siglo XXI, donde narraba la vida del último hombre vivo tras el aniquilamiento de la humanidad a raíz de una epidemia, que cobra especial actualidad en estos días.

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