Con la rigurosidad del taxidermista, Frankenstein rinde tributo a la Ilustración, el periodo de la historia en que se daría forma al primer socialismo contemporáneo. A medio camino entre la religión, la política y la ciencia, el moderno Prometeo se nos presenta como una profecía sobre el primer día de la segunda creación, monstruosa, pero creación de cabo a rabo.


PROMETEOS MODERNOS

Frankenstein es el engendro literario que más ha dado que hablar en las últimas generaciones. Si sigue vigente con todo lo que se ha escrito sobre esta novela en los últimos 200 años, es por su originalidad, basada en gran medida en su propuesta ultramoderna del mito de Prometeo, cuyo significado, como veremos, no se reduce a un mensaje genérico o un adorno del título.

Como todo lo que se sale del tiesto, el relato no fue bien recibido salvo excepciones. La mayoría de los críticos lo obviaron, cuando no tacharon de inmoral o extravagante. Sin embargo, al público le entusiasmó esta revisión de la vieja tragedia griega y no tardaría en ser traducida al francés, 1821, apareciendo una segunda edición en 1823.

El éxito sobrevenido era la primera buena noticia en mucho tiempo. Por una vez, Mary Shelley [MS] ganaba dinero con su trabajo, y se aliviaban los problemas económicos. La ocasión lo merecía. Lanzaría una tercera edición en 1831 modificando el prólogo donde ofrecía datos inéditos sobre el origen de la obra, y de paso retocó algunos pasajes. La decisión resultó fatal, hasta el punto que existen al menos dos Frankenstein, uno el de 1818 y otro el de 1831.

A partir de la revisión de la novela de 1831, un nuevo lenguaje transforma a la criatura en un monstruo, desesperado y sediento de sangre, más que desvalido y confuso. Representando al monstruo como un demonio y a Frankenstein consciente de sus actos y arrepentido, la autora unificaba el mensaje moral de la novela”1

Con los cambios introducidos, la autora no soló desvirtuó el mensaje original, reduciendo su obra a una pieza del género de terror donde la criatura es ahora un monstruo inhumano y vengativo; sino que reforzó la visión de Víctor Frankenstein como víctima y culpable de todos sus males, eso sí, debidamente castigado por jugar a ser aprendiz de brujo; ya que como dijo MS en el prólogo de 1831 ..espantosas que deben ser las consecuencias de cualquier tentativa de imitar el asombroso mecanismo del creador del mundo.

Imposible escapar a los designios divinos. Los dioses autoritarios, y más aun los que creían en ellos, salían victoriosos. O por decirlo de otra forma, más que un drama de consuelo y esperanza inspirado en la versión de Eschilo, que es tal y como fue concebida en un principio; tras la resignificación de 1831 se había convertido en un relato de terror o, mejor dicho, de desaliento. Como si quisiera así volver a la versión de Hesiodo, quien culpaba a Prometeo de provocar el fin de la Edad de Oro de la humanidad.

La fábula del hombre de Prometeo, y Pandora, la primera mujer, tenía la intención de transmitir un mensaje alegórico. […] no podían admitir de ninguna manera seguir siendo la criatura de Júpiter; daba a entender que Júpiter era, desde siempre, su enemigo”2

Para averiguar las razones por las que la autora travistió a su Prometeo, que ya no parecía tan moderno, debemos remontarnos algunos siglos atrás. Convertido en un personaje incómodo para las autoridades católicas, su uso en entornos religiosos había sido terminantemente prohibido durante el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI. La razón de esta medida, se debía a que Prometeo siempre fue considerado uno de los primeros ateos, puesto que el mito negaba que un dios hubiera creado al ser humano. Por descontado, también pesaron en esta decisión los resbaladizos paralelismos entre Prometeo y algunos homólogos bíblicos; comenzando con el mismísimo Jesús, compitiendo ambos por ser el primer redentor, compartiendo tremendo suplicio y un delirante amor por la humanidad.

El caso es que las correspondencias entre ambos personajes provienen de algunas versiones tardías del mito de Prometeo, que sostenían que éste había creado a los humanos moldeándolos con arcilla; aunque el título de primer alfarero se lo disputaba con su hermano Epimeteo, según Leoncio. La comparación dio de si, ya fuera por las correspondencias entre Eva-Adán y Pandora-Epimeteo, o las supuestas influencias del suplicio de Prometeo en el evangelio de San Juan. Tal fue su popularidad entre los primeros sabios del cristianismo, que se ha hablado de un Prometeo cristiano, solidario y enemigo de todas las tiranías, cuyas rastro podemos encontrar en San Ambrosio, siempre dispuesto a encabezar la revuelta de los esclavos al grito de omnia sum communia.

..La tierra fue dada en común a todos los hombres, nadie puede llamarse propietario de lo que sobre, después de satisfechas sus necesidades. Lo sacó del fondo común y solo por la violencia puede conservarlo..”3

Prometeo no fue el único mito ex-purgado, relegado a la segunda división de las mitologías, ya que aquel concilio censuró a su vez todo tipo de simbología pagana. Se trataba de un movimiento defensivo para frenar los cambios que avanzaba el Renacimiento; en el se volvía a recuperar a los clásicos, o personalidades como Maquiavelo se atrevían a exigir el sometimiento de la religión a la política.

El problema era que Prometeo y el resto de divinidades paganas con las que se emparenta, se prestaban a analogías políticas que, afirmando la personalidad humana, ponían en cuestión la autoridad eclesiástica o civil. Y por ello no debían mezclarse con los dioses oficiales ni en los libros, ni menos en las paredes de recintos sagrados.

Todo cambió con la llegada de la Ilustración, que lejos de significar un aumento del ateísmo y del anticlericalismo, se enmarcó en un esfuerzo de renovación religiosa, especialmente dirigido al catolicismo, o como dijo Voltaire, en una revolución de las conciencias.

Los cristianos son capaces de todos los sacrificios. Se imaginan que son inmortales, y desprecian la muerte; y como su primer legislador les hizo creer que son todos hermanos, desdeñan los bienes de la tierra y los reparten entre si”4

En esta corriente renovadora del status quo de las divinidades humanas, encontramos al propio padre de la autora, William Godwin, quien inspirado en el abate de Saint-Pierre [1658-1743], escribió en sus últimos años, Genius of Christianity Unveiled, donde combinaba la moral cristiana con los principios de la escuela estoica, oponiéndose a todo tipo de doctrinas que impusieran el servilismo.

En esta obra, Godwin venía a decir que un ser humano era más importante que cualquier piedra, por más sagrada que ésta fuera, y que toda obra de arte era una forma de autoridad. Estas palabras valientes para su tiempo, le provocarían a MS cierta incomodidad, ya que tras la muerte de su padre en 1836, decidió no publicar estos ensayos, que no verían la luz hasta 1873.

No decimos que los temores de MS no estuvieran justificados, pero el mensaje no era nuevo, repitiendo en síntesis libertaria lo mismo que leemos en casi todas las leyendas populares. La rebelión es la vida, la sumisión la muerte. Es decir, la idea fuerza de que la lucha entre los de abajo y los de arriba era parte esencial de la naturaleza humana, y que la perfectibilidad de la especie siempre comenzaba por el más débil, eso sí, con la ayuda de los audaces, como Prometeo.

PROMETEO: Uno de los primeros Ateos. Negaba la creación del mundo y de los hombres por un Dios. El sol, en sus ojos, es uno de los principales agentes de la Naturaleza fecundada por ella misma..”5

Pero volvamos al mensaje original de la novela, que en ningún caso se circunscribe exclusivamente al género del terror. Ante todo, hemos de considerar que la leyenda de Prometeo pertenece al patrimonio de la humanidad, y es uno de los mitos más misteriosos por su hondo significado. El viejo Prometeo simboliza ni más ni menos que al creador de la humanidad, es decir, la representación de las fuerzas primigenias que modelaron nuestra especie.

El Prometeo clásico, entre otras hazañas que se le atribuyen, robó el fuego del Olimpo símbolo de la inteligencia creativa, en principio más por amor al género humano, que por odio a sus superiores. Quería beneficiar a la especie humana permitiendo que se orientaran de modo consciente en la senda de la evolución, pasando de ser el más perfecto de los animales, a transformarse en un dios en potencia, dotado de razón y de cultura.

Un hermoso siglo se está gestando; y tu serás uno de los adornos más raros; usarás tus grandes talentos para aplastar el fanatismo, que siempre ha querido hacernos creer que era religión; liberarás a la sociedad de los monstruos que la han oprimido durante tanto tiempo, jactándose de liderarla ..”6

Por tanto, uno de los ejes de la novela giraría en torno al tema de la hybris de Frankesntein, es decir, la rebeldía contra la autoridad, una rebeldía dirigida a subvertir el orden natural y social.

Como el Prometeo de siempre, Frankenstein expone la idea prometéica del ser humano que trata de modificar la naturaleza y a si mismo sirviéndose de todas sus energías y de todos los recursos disponibles, en un esfuerzo no solo de dar solución a los problemas derivados de la hostilidad del medio y de la imperfección del mundo, sino de crear vida.

Si el Prometeo griego es el progenitor de la humanidad con el beneplácito divino, el Prometeo de MS propone la creación de una nueva estirpe humana prescindiendo de la intervención de los dioses; es decir, regenerada por procedimientos secretos en un laboratorio emulando al alquimista Paracelso. Sin embargo, tratar de alterar los ritmos evolutivos por medios artificiales cuanto menos tenía efectos secundarios.

Me faltaba embalar mis instrumentos de química; para ello, debía entrar en la habitación que había sido el teatro de mi odioso trabajo, y tocar estos utensilios que, de solo verlos, me puse pálido.”7

Centrados pues en la primera versión de la novela, 1818, y partiendo de la re-lectura de la versión del griego Eschilo, que fue la que consultaron la autora y su compañero en aquel verano de 1816, encontramos una doble actualización del mito de Prometeo.

El Dr. Frankenstein, arquetipo del Prometeo creador por su inagotable deseo de saber y de poder, mecanicista y algo maquiavélico, se bate en combate épico con su desdoblamiento mítico, el Prometeo portador del Fuego, que simbolizaría los esfuerzos para liberarse de todas las opresiones, y al héroe rebelde que con su sacrificio favorecía a todos menos a él mismo.

Por lo que se puede intuir, el irredento Prometeo no era un modelo a imitar en la época en que se publicó Frankenstein, y con el tiempo, MS consideró demasiado radical su mensaje; tanto como para que renegara de la mitad de la novela y sugiriera en el prólogo de 1831, que no era tanto una historia de atrevimiento prometeico, sino más bien sobre la irresponsabilidad del creador y el abandono de su criatura. Como diría el poeta Shelley, tanto la belleza como el horror son divinos.

Parece evidente que la novela se asociaba con demasiada facilidad en el imaginario de la época con el corpus filosófico de la Ilustración. Su actualización del mito de Prometeo, por así decirlo, inquietaba en aquella Europa que sobrevino a la revolución y las guerras napoleónicas, donde el fanatismo religioso más reaccionario campaba a sus anchas.

QUERELLAS de MONSTRUOS

Como vástago de la magia y la ciencia, el monstruo de Frankenstein se nos presenta como exponente final de la denominada Querella de los Monstruos, un debate abierto en las ciencias naturales, el arte o la literatura desde el siglo XVIII.

Este gusto por recrearse en animales y seres monstruosos con atributos humanos, partía de la necesidad de aportar visiones racionales sobre las rarezas y singularidades que se iban encontrando en la naturaleza; o que eran generadas artificialmente. En este debate se usaban argumentos alejados de justificaciones mitológicas o religiosas y, básicamente, el tema de los monstruos servía para hacerse una pregunta, ¿eran obra de la naturaleza o un aviso de los dioses?

Todo es grandioso y admirable en la naturaleza; y no se ve nada que impida su trabajo al artesano [..] No te pido que te metas en tu taller para dar forma a un hombre de espíritu, un hombre bien hecho, una mujer hermosa: la empresa es dura y está fuera de tu alcance; me contento con que intentes tan solo hacer un jorobado, un loco, un monstruo..”9

MS nació y se educó en medio de esta batalla dialéctica entre el viejo y el nuevo mundo. Proliferaban las ferias populares donde se exhibía todo tipo de caprichos de la naturaleza humana como jorobados, enanos, tullidos, etc… Mientras que en los gabinetes científicos, surgía también una nueva disciplina, la teratología o ciencia de las monstruosidades orgánicas.

Uno de sus precursores fue Étienne Geoffroy Saint-Hilaire [1772-1844], quien desarrolló sus teorías a partir de las investigaciones que hizo en Egipto, en paralelo a la invasión napoleónica; y por eso la piel amarillenta de la criatura de Frankenstein es descrita como la de una momia. Según Saint-Hilaire, los monstruos no solo eran necesarios, sino la mejor forma de estudiarnos a nosotros mismos.

En paralelo a lo anterior, si Prometeo representa a la especie humana, Frankenstein nos hablaría de nuestra evolución como especie cuando aun no se habían establecido las bases teóricas del evolucionismo. Por ello, se cita en el prólogo a Erasmus Darwin, abuelo paterno del famoso Darwin, quien siguiendo la idea de que no existían barreras entre las especies, experimentaba con la electricidad y la creación de vida artificial.

A pesar del interés mostrado en la novela por los estudios sobre genealogía evolutiva, no se cita al padre del evolucionismo Jean Baptiste Lamarck; cosa extraña, ya que su libro Filosofía zoológica, 1809, circuló ampliamente por Inglaterra. En cualquier caso, algunas de las ideas de Lamarck sí pueden rastrearse en Frankenstein; por ejemplo, que todos los seres tenían un origen común, enlazándose entre ellos formando una larga cadena, o aquella idea de la influencia del medio en la evolución de las seres vivos. En cualquier caso, parecen evidentes las alusiones a las teorías de Keppler o los estudios del pre-darwinista Buffon sobre la influencia del medio en los organismos.

Aquí yace D. D.: Que fue Dios, que fue animal prototipo, que fue perro, que fue gato, que fue árbol, que fue hombre, que fue mujer, que fue filósofo, que no es ya, y que será todo lo que fue..”10

Tomando a Frankenstein como distopía teratológica, en la que confluyen los últimos descubrimientos en ciencias naturales y las primeras ideas socialistas, procederemos a una adecuada clasificación del singular monstruo de Frankenstein dentro de la galería de híbridos antropoides –hombre máquina, hombre vegetal, hombre mineral..-; entendidos estos, como arquetipos antropomorfos que tendía a asimilar las pasiones humanas a las de otros seres vivos.

La criatura de Frankesntein puede ser catalogada como una variante artificial del hombre animal. Esto nos lleva a pensar que, si Prometeo había creado a los humanos a partir de trozos de diferentes animales, después de escoger la cualidad dominante en cada especie, Víctor Frankenstein recogió las partes más armoniosas de cada humano, queriendo componer en su criatura las mejores cualidades de toda la especie.

La naturaleza contiene los fondos para todas sus variaciones posibles; pero solo el azar o el arte los pone en juego. Así es que aquellos cuya industria se dirige a satisfacer el gusto de los curiosos son, por así decirlo, creadores de nuevas especies..”11

Ya que nos movemos en el plano entre naturaleza y sociedad, más concretamente en el ámbito de la zoología social, podríamos hacer un paralelismo evolutivo entre el monstruo de MS, y aquellos especímenes extinguidos que aparecían de tanto en tanto en las excavaciones geológicas de la época.

Como representación del mito de la metamorfosis, el monstruo de Frankenstein sería pues, un humano mutante que, por prematuro en la línea de la evolución, no prosperó. Más allá de sus deficiencias o características más o menos monstruosas, o de que aparentemente no prosperara, anunciaba y preparaba el terreno para su eclosión definitiva en un momento evolutivo posterior, cuando las condiciones fueran más favorables. El biólogo Oswald Heer las llamaría especies proféticas.

Los individuos en quienes la potencia cerebral es suficientemente intensa para vencer la herencia y el miedo [..] forman la falange de los precursores, los cuales, nueve de cada diez, son los perseguidos. Aparecen como esos seres que la paleontología ha llamado especies proféticas..”12

Tras pesar, medir y clasificar a nuestra criatura dentro del universo de los monstruos, podemos decir, que la quimera de Frankenstein estaría encuadrada dentro del orden híbrido de los animales políticos –Prolem Sine Matre Creatam-, y habría sido el primer individuo de una nueva especie, aparecida por mutación social y ambiental inducida.

Los tiempos estaban cambiando, y para siempre. Si para Voltaire, los sabios insobornables y temidos por los poderosos eran los primogénitos de Prometeo, la autora noveló en clave científica y utópica la vida del que fue el primer eugenista contemporáneo. En este sentido, el Dr. Frankenstein, sería el responsable de haber creado en su taller al primer rebelde contemporáneo, un prenauta de la revolución apretando el paso biológico en una nueva reformulación de Prometeo; un fantasma del futuro que amenazaba con colonizar el planeta como si se tratara de una plaga universal.

..de la tumba de la monarquía asesinada en Francia ha emergido un espectro abrumador, enorme, deforme, con el aspecto mas terrorífico que jamás pueda imaginarse, sometiendo toda resistencia humana. Directo hacia su autodestrucción, confiado ante el peligro, desprovisto de remordimientos, despreciando todos los consensos mayoritarios y el sentido común, ese fantasma horrible se impone a todos aquellos que niegan su tremenda existencia..”13

Como se desprende de las afirmaciones de Edmund Burke, se trataría específicamente de una variante artificial de animal político, lo que nos conduce a otro de los fenómenos sociales de aquella época, ya que el hombre autómata estaba mutando en el obrero máquina.

Por un lado tendríamos al ingeniero Jacques de Vaucanson [1709-1782], considerado por Voltaire y La Mettrie como el nuevo Prometeo, quien siguió escrupulosamente los principios de la anatomía y la fisiología, para construir los primeros robots, etimológicamente trabajador individual; y luego ser también el inventor del primer telar completamente mecanizado que abría camino a la era industrial. Y por otro está MS, quien partiendo de los últimos descubrimientos en física y zoología, se dedicó a diseñar -sin trucos de por medio- al primer humanoide consciente nacido de la Ilustración y animado por la razón y la libertad, un ser quimérico que reunía la unidad del individuo contemporáneo y la multitud de sus manifestaciones colectivas; es decir, al primer proletario moderno.

Una Constitución escrita, tal y como la que rige hoy día a los franceses, es un autómata, que solo posee la apariencia de algo vivo. El hombre, por sus propios medios, es a lo sumo un Vaucanson; para ser Prometeo, hace falta subir al cielo..”14

Este nuevo mensajero de la humanidad, cuyo objetivo declarado no era otro que salvar a la especie de su auto-liquidación, en nada se parece a la imagen que el cine ha ofrecido de la criatura de MS, torpe, patoso y sin destrezas físicas.

Por contra, la autora concibió inicialmente a la criatura proto-típica de Frankenstein como un revolucionario de complexión, es decir, todo fuerza y cerebro, con una voz bronca y de una estatura superior a lo normal. En el mismo sentido, también le atribuye otros súper-poderes que podemos asociar con el frenesí revolucionario; como la fuerza física, la agilidad, la velocidad, o la capacidad de soportar bajas temperaturas. Además, da la sensación que puede vivir del aire, ya que puede pasar mucho tiempo sin comer, y no le gustan ni la carne y ni el alcohol.

Yo no era de la misma naturaleza que el hombre [..] Mirando a mi alrededor, no veía ni escuchaba nada que se me pareciera. En estos momentos, me preguntaba si yo era un monstruo, una deformidad que todo el mundo rehuía y repudiaba”15

Frankenstein entendido como individuo colectivo, sería aquel que nunca muere según la frase de Auguste Compte, o para ajustarnos mejor al final que nos plantea la novela, el que siempre vuelve como sucede con la revolución. Podría decirse, que el moderno Prometeo de Frankenstein, como la genialidad para Buffon, siempre se hacía esperar.

Reaparece ante nosotros, por tanto, un humanoide monstruosamente bello al que la autora atribuye rasgos propios del humano del Porvenir; es decir, un ser que habría alcanzado un estado de desarrollo físico y mental más completo. Su criatura no aspiraba únicamente a cumplir con el ideal griego de hombre bello, sabio y fuerte, sino que buscó además que fuera naturalmente bueno y con un irrefrenable deseo de libertad; porque la vida sin libertad nunca es digna de ser vivida.

Si Denis Diderot [1713-1784], autor del proyecto editorial más grande y monstruoso conocido hasta esa fecha, Enciclopedia, se imaginó al hombre del futuro como una calabaza con patas, por aquello de que viviríamos del aire y solo necesitaríamos pensar y movernos; de forma similar, el monstruo de Frankenstein aparecería dotado de mayor inteligencia y capacidad de razonamiento gracias a las aplicaciones de la electricidad, pero a su vez cada vez más solo y asilado de sus semejantes como en la más real de las pesadillas.

No por nada el monstruo no tiene rostro definido, es decir, la autora no atribuyó rasgos a su criatura en la versión de 1818, lo que nos remiten a una de las frases más conocidas del pastor protestante suizo Johann Lavater [1741-1801], uno de los fundadores de la fisonomía moderna, y muy admirado por Mary Wollstonecraft. Solía advertir que ..no se podía embellecer al hombre sin mejorarle.

“..Él se acercó; su rostro expresaba un dolor amargo, mezcla de desprecio y perversidad, y al mismo tiempo llevaba la impronta de una fealdad demasiado horrible para ser soportable a los ojos de los hombres ..”16

Tras apuntar los datos taxonómicos de la criatura, debemos concretar que Frankenstein tuvo una de sus fuentes de inspiración directa en el escritor francés Félix Nogaret [1740-1831], concretamente en su libro Le Miroir des événements actuels, ou La belle au plus offrant. Histoire à deux visages. Se trataba de una novela erótico-política que tuvo dos ediciones, 1790 y 1795, y donde aparecía un inventor llamado Frankenstein, que tenía una imperiosa necesidad de encontrar una mujer.

Lo reseñable es que el tal Frankenstein creaba un autómata, símbolo de una Francia regenerada donde triunfaba la ciencia sobre la superstición, el cual, se encargaba de seducir a una joven tocando su flauta con el objetivo de que se uniera al nuevo Prometeo para instaurar juntos una sociedad secularizada, enfocada al progreso humano.

Chaque homme trouve sur la terre

Quelque attribut d’ambition

Qui décèle son caractère.

Chaque homme prise sa chimère;

Et meurt dans son illusion”17

Sus conexiones con Frankenstein no terminan aquí, ya que si rebuscamos en la biografía de Nogaret, advertimos que acabó relegado al ostracismo con el tiempo, entre otras cosas por haberse atrevido a difundir en sus libros una visión demasiado libertina del amor. Sin embargo, sus gustos eran bastante más amplios, caracterizando sus escritos por un tono cínico y vanguardista muy aplaudido entre otros por Voltaire, Restif de la Bretonne, con los que intimó. Nogaret no solo era un escritor de éxito a finales del siglo XVIII, que se manejaba con elegancia entre los clásicos griegos, sino que además fue iniciador de diversas sociedades científicas, y sobre todo un gran divulgador. En un pequeño laboratorio que tenía en su casa de Versalles, junto a su colección de pájaros disecados y extraños minerales, Nogaret llevaba a cabo sus investigaciones en el campo de la química o de la electricidad, y recibía la visita de eminencias de la época como Buffon o Benjamin Franklin.

..¿Qué pasa si meto en escena a un físico en lugar de un naturalista? -Te equivocarías, harás que tu personaje tenga que andar a cuestas con los instrumentos, sería una especie de máquina de laboratorio, con aires de charlatán. Mejor sería que dejaras al físico meditar profundamente en su gabinete, y que aprenda en crudo las lecciones necesarias para el hombre condenado por sistema a vivir encerrado en un recinto estrecho..”18

Su condición de burgués ilustrado cambiaría después de 1789. Nogaret no dudó en adscribirse al jacobinismo más intransigente, asumiendo cargos municipales y por encima de todo, convirtiéndose en uno de los poetas de la revolución, aclamado por sus cantos patrióticos –Le Proces de l’Age d’Or, l’Ode a la Nation, 1792-. Más interesante si cabe, es que desde la primavera de 1793 debió caer en desgracia, ya que se apartó de sus actividades políticas de forma súbita, pasando a colaborar en el ministerio de Instrucción Pública, cercano por tanto a algunos de los amigos de Mary Wollstonecraft. En concreto, interesa su trabajo hasta 1795 como bibliotecario del depósito del Arsenal de París, donde se concentraron además el grueso de las incautaciones de papel impreso que se realizaron, un fondo documental que la madre de la autora pudo haber consultado para su investigación sobre la historia francesa.

Creadores de los derechos humanos, a vosotros os lo debo. Filósofos plebeyos, fuisteis los primeros en levantar la frente majestuosa, durante demasiado tiempo curvada hacia el suelo, como la frente servil de los animales [..] Mejor dicho, animasteis con un fuego divino los mármoles insensibles. Entre estos hombres nuevos, aun veo algunos inmóviles; que dudan de sus facultades; que temen dar un paso; que se asustan cuando hablaban de libertad: si bien todos conocemos su forma de moverse, la experiencia endurece a los más tímidos; los resortes se han activado y el prodigio tiene lugar..” 19

La trayectoria de Nogaret resulta interesante también porque habría sido censor de teatros entre 1795 y 1807, y por tanto, debió oír hablar de Frankenstein tras su traducción al francés en 1821; y cuanto menos de su exitosa adaptación a los escenarios en 1826, que recordemos fue estrenada en Francia con el título de Le Monstre et le Magicien, y cambiando el nombre al Dr. Frankenstein.

EPIMETEO LIBERTADOR

Cada vez resulta más evidente que la revolución es el marco histórico y político en el que se enmarca la novela de MS. Como Parménides después de aquella siesta, que borró todas sus ideas y le impedía recordar los pensamientos del día anterior, hay momentos críticos en que los grupos humanos se encuentran desorientados frente a una situación traumática y desconocida hasta la fecha, donde no valen los argumentos del día anterior y hay que renombrar todas las cosas.

Éste suele ser el caldo de cultivo social perfecto para la propagación de la escatología milenarista, más aun tras producirse en 1815 la erupción del volcán Tambora en Indonesia, lo que alteró gravemente el clima y las cosechas, generando atardeceres enrojecidos o nevadas de color sangre.

Mientras estos sucesos desataban una ola de fanatismo, Percy Shelley asociaban este tipo de fenómenos naturales extremos con la revolución, y en un afán panteísta, imaginaba el mundo como un inmenso conjunto de energías vitales en el que nada permanecía inerte, en el que todo, absolutamente todo, era germen de placer o dolor.

A mighty Power, which is as darkness,

Is rising out of Earth, and from the sky

Is showered like night, and from within the air

Bursts, like eclipse which has been gathered up

Into the pores of sunlight: the bright visions,

Wherein the singing spirits rode and shone,

Gleam like pale meteors through a watery night..”20

Más que una anécdota, estas circunstancias debemos elevarlas al nivel de categoría al menos en los círculos en los que se movía la familia Godwin, y por ello la criatura de Frankenstein aprendió sociología con Les Ruines de Palmira, ou méditations sur les révolutions des empires, de Volney, donde se proponía nada menos que la fusión de todas las religiones y que le valió ser incluido en la lista de libros prohibidos por la iglesia.

Volney, que escapó por poco a la guillotina durante el periodo Jacobino, había visto en el mito mesiánico de Jesús un mix mitológico del culto al Sol, como Osiris, Hércules, Baco, etc..; todos ellos asociados con los elementos luz, fuego, volcán o sol, recursos habituales en la iconografía revolucionaria.

En un último análisis, todos los nombres de la divinidad proceden de algún objeto material que le sirve de asiento [..] Y si, como es de verdad, los nombres son los signos representativos de las ideas, la genealogía de unos se emparenta con la de los otros, y un buen diccionario etimológico sería la más perfecta historia del entendimiento humano”21

En esta misma postura, como Prometeo encadenado que espera al Epimeteo libertador, encontramos al científico y teólogo fundador del unitarismo, Joseph Priestley, quien después de comparar las profecías bíblicas y sucesos históricos recientes, había llegado a la conclusión de que la llegada de la revolución francesa era el anuncio de la Segunda venida de Cristo. Incluso le concretaba poco después a un amigo, en una carta, que tendría lugar en unos 20 años. En esta misma línea, podríamos citar la obra The Rights of Men de Thomas Paine; o incluso a Coleridge y Southey, quienes comenzarían a escribir juntos en 1796 un poema que se inspiraba en la figura prometéica de Juana de Arco, que regresaba en clave revolucionaria para llevar a la humanidad a un mundo mejor.

Lo juro, la filantropía que me inspira jamás ha brillado con el mismo grado de ardor en ningún profeta, en ningún apóstol, en ningún filósofo. He hablado, porque la verdad tenía en mi corazón un peso insoportable; he publicado, porque no habría podido vivir ni morir en paz callándola..”22.

Todas estas ideas habrían llegado a la autora a través de sus padres. Si las revoluciones americana y francesa están consideradas el origen directo de la política contemporánea, el momento clave en que el modelo democrático se impuso a las tiranías monárquicas, se debió a Prometeos como Mary Wollstonecraft, inductiva, profética y volcánica, en estrecha colaboración con Epimeteos como William Godwin, deductivo, tranquilo y de reflexiones lentas.

Como ya nos hemos ocupado de la Ciudadana Frankenstein, nos detendremos en el abuelo de la criatura, al que se suele presentar transfigurado en la novela como Víctor Frankenstein. Este ex-clérigo unitarista, que si bien no destacó en su vida por haber arriesgado tanto el pellejo como sí hizo su compañera, está considerado uno de los precursores del socialismo libertario. Y eso sin salir de casa, ya que no consta que nunca viajara fuera de Inglaterra. Su mayor mérito, fue, sin duda, el de haber demostrado por primera vez la viabilidad de una sociedad sin estado, fundada en la cooperación espontánea y no en la coacción o la violencia, proponiendo un sistema de gobierno radicalmente nuevo, basado en la justicia social, que expuso en su libro Investigación acerca de la Justicia Política, publicado en 1793.

La evolución humana, aunque esto desagrade a los fanáticos del marxismo y a los apologistas de la fuerza brutal, es así, esencialmente, una evolución filosófica. [..] En lo que concierne especialmente al hombre, la razón, puede decirse, crea la fuerza..”23

Sin caer en la exageración, se podría decir que esta obra de Godwin puede equiparase por su influencia y vigencia a los grandes tratados de la Grecia clásica; ya que si la trilogía de Esquilo divulgaba doctrinas esotéricas, hasta entonces transmitidas sólo a los iniciados y custodiadas celosamente en el seno de colegios sacerdotales; lo que hizo Godwin fue difundir, de una forma sistemática y accesible, los principios fundamentales de la ciencia política moderna basada en la razón y la libertad.

Partiendo de Rousseau, la apuesta de Godwin sonaba radicalmente nueva, ya que suponía llevar hasta las últimas consecuencias la utopía de la razón experimental, basada en la perfectibilidad ilimitada del ser humano. Sin embargo, sus propuestas apenas tuvieron eco fuera de Inglaterra y de los círculos intelectuales.

Particularmente esta obra (Justicia Política) influenció en la clase obrera de la época y animó las actividades de los grupos intelectuales que la leyeron. No fue perseguida porque sus tres tomos estaban valorados a un precio elevado y el estado inglés pensó entonces que era imposible que los trabajadores pudieran adquirirla. Pero los Amigos del Pueblo la pusieron a la disposición general..”23BIS

Godwin recibió descalificativos e insultos de todo tipo, en buena medida por inspirarse claramente en las teorías de la transformación revolucionaria pacífica del francés Sylvain Marechal, considerado el precursor de la idea de la huelga general, quien opinaba que los estados políticos eran ..cuerpos monstruosos que se devoran ellos mismos pero, como las entrañas de Prometeo, renacen a medida que son devorados.

Cediendo a las críticas, Godwin llegó a modificar partes significativas de la Justicia Política en una 2ª edición de 1796. Sin embargo, acabó siendo relegado al ostracismo y ya nunca volvería a escribir nada tan audaz. Se podría decir que sus ideas, como gérmenes de esperanza en busca de huésped, quedaron desactivadas por los acontecimientos que ensombrecieron el continente en el periodo post-revolucionario. Todo ello hasta que Jean Jacques Proudhon, comenzara a hablar de las mismas cosas en la década de 1840, según él, sin haber leído a Godwin.

Si pudiera probarse que una sana institución política es, entre todas, el instrumento más poderoso para promover el bien general, o, por otra parte, que un gobierno erróneo y corrompido es el más formidable adversario del mejoramiento de la especie, se concluirá de ahí que la política fue el primero y más importante motivo de la investigación humana..”24

No entraremos en controversias sobre la paternidad de la idea, puesto que ya Max Nettlau, llamado el Heterodoto del anarquismo, dictaminó que tanto Godwin como luego Proudhon habían coincidido en fomentar el libre desenvolvimiento de la humanidad adulta y regenerada; otorgándole además a Prometeo el papel de dios de la nueva civilización contemporánea. Sin embargo, lo interesante es resaltar que Prometeo, símbolo de la especie humana, se emanciparía por medio de su esfuerzo y de su trabajo, frente a lo que sucedía con los dioses autoritarios, que concedían arbitrariamente la salvación como una gracia.

Si en la versión clásica Prometeo robó el fuego, que por cierto siempre fue de propiedad exclusiva de las divinidades, y lo repartió entre los humanos con la colaboración de Epimeteo, para crear así las artes y los oficios, es decir, el reparto de las cargas del trabajo como explicó Platón. Lo que Proudhon exigía era la necesidad de abolir la propiedad del fuego en nuestra era, es decir la propiedad privada. Recordemos que en esta versión ilustrada del mito que nace en Eschilo, se le atribuía a Prometeo no sólo la creación del fuego sino también la del número.

Con su famosa frase, la propiedad es un robo, el más moderado de los anarquistas atacaba directamente al totem del capitalismo. Su objetivo era ponerlo al servicio de la colectividad, nueva encarnación moderna y subversiva de Prometeo.

Dios imbécil, tu reinado ha concluido: busca entre las bestias otras víctimas. Sé que no soy ni podré jamás llegar a ser santo; ¿y cómo lo habrías de ser tú si te pareces a mí? Padre Eterno, Júpiter o Jehová, hemos aprendido a conocerte: tú eres, tú has sido, tú serás siempre el rival de Adán, el tirano de Prometeo…”25

Partiendo de la idea de la sociedad como artificio revolucionario, Proudhon oponía a los fenómenos puramente individuales la fuerza de la colectividad, y para hacer comprensibles las necesidades económicas de los grupos humanos, llamó Prometeo a su idea de la sociedad-persona, es decir, la sociedad como ser único. En un tono entre mecanicista y misticista, llegó a considerar el trabajo como el origen de todos los bienes de la sociedad, y por tanto, la única esperanza para regenerar la especie.

Heredada de la revolución francesa, Proudhon recuperaba aquella visión positiva e incluso sacralizada del trabajo, que era una herencia de la revolución francesa; en cierto punto equiparable a la que tenían los primeros cristianos; y consideraba que la promesa del progreso surgía de la organización del trabajo, rito y base fundamental de la vida moderna, donde la función reemplazaría a la clase social, organizando no solo la producción, sino la distribución de las relaciones entre humanos. Incluso llegó a hablar de una segunda creación en el seno de la creación humana

La autoridad es la pereza. La libertad es trabajo [..] La inteligencia del hombre es su instinto, y este instinto le dice constantemente: Trabaja; ponte manos a la obra, produce y descubre: las producciones y los descubrimientos son libertad. El que no trabaja no disfruta. El trabajo es vida. La pereza es la muerte. ¡Muere o trabaja!” 26

Partiendo de que Frankenstein es una inversión iconoclasta y algo perversa del mito de la creación, creación infausta, pero creación al fin y al cabo, la prometéica criatura de Frankenstein nos habla de que estaba naciendo algo extraño en el corazón mismo del mundo moderno; más que un aviso, se trataba de un desafío al orden natural y divino existente, por proponer un nuevo orden desacralizado basado en el hombre y la sociedad el sujeto principal de la historia.

Si el sociobiológo Edward O. Wilson, ha sugerido que el mito clásico de Prometeo es la manifestación de una memoria arcaica proveniente de la fase en la que el Homo Habilis adoptó por primera vez la herramienta, comenzando el viaje evolutivo de animal a humano; es decir, el responsable de que comenzáramos a caminar erguidos. El Prometeo de MS también nos presenta por medio de su criatura monstruosa una regeneracíón de la condición humana en toda regla; estaríamos por tanto, ante el primer hijo de la revolución, ante una fábula futurista sobre el primer día de la Segunda Creación.

La humanidad está hace muchos años en un período trabajoso, como todos los periodos revolucionarios. Sólo a la luz de la ciencia se le puede abrir otra época más afortunada, y urge que, cual otro Prometeo, se empeñen las nuevas generaciones en arrebatar esta luz del fondo de los cielos. Pesa sobre ellas este deber sagrado..”27

Si el Prometeo clásico robó el fuego de los dioses para entregarlo a los hombres, y poder crear con él todas las artes y las ciencias que posibilitaron el desarrollo de la civilización, el moderno Prometo se veía obligado a regresar de nuevo y tratar de reparar los desastres generados en su primera visita. Estos errores responderían a ciertos aspectos negativos de su personalidad, que pese a su audacia y sus buenas intenciones como benefactor de la humanidad que era, tenía también un toque bipolar, paternalista y tramposillo. Esta ambivalencia de Prometeo, se aprecia especialmente en aquellos objetos con los que aparece asociado, por ejemplo el primero de sus inventos, el yugo, que sirvió tanto para esclavizar a animales, como a humanos.

En cierta manera, estos detalles demasiado humanos de Prometo habrían sido transmitidos en forma de buena disposición para dominar el fuego y desarrollar ciertas habilidades técnicas, pero sin una base moral y política sólida. Podría hablarse de efectos secundarios indeseados trasmitidos de generación en generación, en forma de deseos exacerbados de bienes materiales, provocando que una parte decidiera apropiarse de los medios de producción de la mayoría, esclavizando a sus iguales con el yugo del trabajo. Y lógicamente, para defender sus privilegios de previsibles ataques, se habrían creado monstruos como el estado, los reyes o los ejércitos.

Esos humanos a los que había dado una misma existencia y modelado con la misma arcilla se habían enzarzado en querellas durante su ausencia, con tanta fuerza que se golpeaban y mutilaban los unos a los otros [..] Que ven mis ojos, dijo Prometeo enfurecido. Creía haber hecho seres humanos, y no esclavos y amos..”28

El diputado radical François Chabot, dijo que ..Jesús había sido el primero de los sans-culottes.

Como siempre pasa, sin un avance significativo en la naturaleza humana, resulta imposible implementar ningún sistema político ideal. Si los últimos logros científicos de la época apuntaban a que los humanos estaban lejos de ser libres, evolutivamente hablando, y más bien seguían sometidos al determinismo y la fatalidad; Frankenstein, como reencarnación del Prometeo portador del fuego de la civilización, se presentaba como presagio de un tiempo nuevo que inauguraría el reino de la libertad sobre la necesidad, la era del socialismo.

REBELDES INMORTALES

Recapitulando, hemos verificado que la materialización del acerbo científico y cultural de la Ilustración a través de las revoluciones americana y francesa, supuso un paso evolutivo hacia delante de la especie humana, algo así como la mayoría de edad del género humano. O al menos así lo veía MS en 1818.

Siguiendo al historiador del movimiento obrero Georges Sorel, también hemos comprobado que los mitos religiosos tienen cierta correspondencia con los mitos políticos y revolucionarios, ya que ambos son construcciones culturales que ocupan el mismo espacio trascendental en el imaginario colectivo. Y como construcción cultural basada en los principios de la ilustración e inspirada en los acontecimientos políticos en Francia, Frankenstein representaría claramente al monstruo de la revolución.

Ahora el gigante se había despertado. La mente, nunca torpe, pero nunca antes estimulada hasta su energía plena, recibía la chispa que encendía un fuego inextinguible. Quien pudiera ahora transmitir los sentimientos de los hombres liberales en el primer estallido de la Revolución francesa [..] ..en 1789 y 1790, era imposible que nadie, que no fuera un cortesano, se sustrajera a la influencia de su radiante influencia”29

Ratificando estas palabras de la autora, se puede establecer una comparación del trasfondo político en ambas versiones de Prometeo; si la de Eschilo se asocia en algunos estudios con el mito fundacional de la democracia griega, podríamos considerar al Frankenstein de MS como una fábula sobre el nacimiento del socialismo contemporáneo. Es decir, si el viejo Prometeo nos habló del destino de la humanidad, el moderno Prometeo de MS avanzaba las luchas, esperanzas y dolores que iban a sacudir el mundo en los siguientes 200 años, cuanto menos.

Partiendo de la alegoría del monstruo polícéfalo de la democracia popular, no por nada los jacobinos y otros sectores igualitaristas de la revolución francesa eran partidarios del sufragio universal, y en algunos casos de la democracia directa, y pasando por el cuerpo social de la filosofía política anglosajona, la criatura de Frankenstein representaría, parafraseando a Maeterlink, el primer humano dotado de un órgano social, es decir, de un cerebro solidario. O lo que es lo mismo, al hombre nuevo colmado de virtudes sociales que difundirían luego los primeros socialistas; aunque aquí bajo un formato artificial, el primer ser animado creado por la razón y la naturaleza para restituir la dignidad perdida de la humanidad.

La criatura monstruosa de la novela representaría pues, a la comunidad humana en su estado natural, es decir, sin malversación política, un Prometeo intuitivo, que se envilece a causa del rechazo social y la frustración. Un moderno Prometeo de tamaño humano, el pueblo trabajador, único responsable de sus actos, un obrero de su propio destino a la manera del Prometeo de Goethe que simboliza al tiempo a Júpiter y a Prometeo, único soberano y única víctima.

Yo mando, todo lo que poseo se extiende dentro del círculo que llena mi actividad. Nada más abajo, ni nada más arriba..”30

A la hora de establecer correspondencias directas entre el monstruo de Frankenstein y el primer socialismo moderno, podríamos concluir que ambos son hijos repudiados del liberalismo, como lo fueron la madre, el padre y el compañero de la autora.

De un lado tenemos a un científico, Víctor Frankenstein, símbolo del Prometeo Intelectual, como máxima representación del culto al progreso y la sabiduría, personificando a todos aquellos sabios que fueron perseguidos por ejercer el pensamiento libre. Todo un genio contradictorio que lleva hasta sus últimas consecuencias la máxima de que el hombre es un producto del hombre mismo, teniendo la audacia de crear un artificio humano capaz de mejorar la especie, dotándola de mayor solidaridad y felicidad. Sin embargo, no comprende, o no quiere comprender la responsabilidad de su obra.

Las obras de hombres geniales (la de los filósofos modernos), aunque erróneas, siempre terminan convirtiéndose en beneficiosas para la especie humana..”31

Así, el Dr. Frankenstein, representante de la burguesía ilustrada y fabricante de una nueva humanidad, perdería el control sobre su creación de la misma manera que las élites liberales trataban de domar, sin éxito, al monstruo de la clase obrera que renuncia a la tutela directa de su antecesor político; al que debemos entender como producto de la burguesía y alegoría del primer proletariado organizado, exigiendo avances democráticos y justicia social.

Ser híbrido, mitad razón, mitad impulso, al que la historia se ha encargado de resaltar sus aspectos más destructivos y perversos, cuando igualmente destaca por su abnegación, su resistencia y sus buenas intenciones. Como el nuevo Prometeo del socialismo, Frankenstein es un monstruo de aspecto terrible, pero de gran corazón. En definitiva, más que el propio Víctor Frankenstein, sería su criatura quien encarnaba en muchos aspectos el ideal de hombre nuevo, perfectible, bondadoso y hasta cándido.

Mi corazón fue moldeado para ser susceptible al amor y la simpatía, y cuando desafortunadamente se tornó en vicio y odio, no fue sin sufrir una verdadera tortura para soportar los efectos de este cambio, hasta un punto que no puedes imaginar…”32

Hermano hombre, hermano lobo, hermano sol!. Solo existe una clase social, la de los hombres libres. A quien viene a liberar esta vez el moderno Prometeo es al esclavo industrial, hombres, mujeres y niños encadenados a la necesidad por las máquinas, convertidos en autómatas sometidos a la violencia y la explotación del hombre por el hombre.

Una criatura horrenda fabricada a partir de trozos de obreros muertos que representaría el cuerpo social, el proletariado contemporáneo hostil por incomprendido y por ser víctima de las fuerzas sociales en su contra, que se mantiene fiel a sus convicciones y aun conociendo lo siniestro de su destino, prefiere sufrir a ceder.

La repentina irrupción de las masas ha convertido a la sociedad en un monstruo incomprensible, una cosa sin nombre..”33

Si el gran Diderot, que vislumbró en su delirio racional las posibilidades evolutivas de las especies, decía que la más alta misión del artista era la creación de monstruos, la del historiador sería recuperarlos y catalogarlos.

Si entre los ingleses se llegó a popularizar en aquella época una expresión basada en la novela de MS, ser perseguido o arrastrado por su propio Frankenstein, podemos explicarlo recuperando algunos imágenes y caricaturas históricas de los últimos 200 años, en las que vemos a Frankenstein convertido en avatar político. Desde un primer análisis gráfico, podríamos interpretar que la imagen del monstruo de MS se usó para simbolizar las deformidades sociales de cada época, y por lo general referido al pueblo; unas veces como denuncia de una autoridad despótica e irracional, y otras como alarma ante cierta problemática social -de naturaleza religiosa, étnica, lingüística, etc…-, la cual siempre amenazaba con volverse ingobernable.

La máscara repugnante ha caído, queda el hombre / sin rey, liberado, generoso, nada más que el hombre / com­pañero sin clase ni tribu ni patria / desembarazado del te­mor, del culto, de la jerarquía. / ¿Sin pasiones? No, pero libre del remordimiento o del castigo..”34

Volviendo a la primera versión de la obra, de la que la autora renegó definitivamente tras la muerte de su amado Shelley, Frankenstein se nos presenta como un relato fantástico sobre un humano regenerado desde la razón y la ciencia, pero que se rige por la lecciones de cosas extraídas de la revolución francesa. En tanto que distopía teratológica, la criatura de Frankenstein sería el producto mismo de la colectividad, el reflejo quimérico de la modernidad naciente, el anti-paradigma de la cultura capitalista.

El moderno Prometeo de MS, en su versión original de 1818, nos hablaba de los orígenes y el destino inmediato de la humanidad, en definitiva, del cambio social por imperativo biológico y de la esperanza perdida de la revolución. Pero lejos de ofrecernos una determinada visión sobre el papel de las insurrecciones populares, era un grito de desesperación en medio de la oscuridad, tras la visión de un mundo nuevo cuando aun no había desaparecido el viejo.

Jamás la revolución había sido más completa que aquella qui tuvo lugar en mis sentimientos después de la tarde de la aparición del Demonio…”35

El loco Frankenstein hecho a si mismo_Autodestrucción_Mad Magazine_década 1960Frankenstein entendido como fábula sobre los orígenes del movimiento obrero, convierte a su verdadero protagonista en un anti-héroe sin nombre que debería ocupar su lugar en el panteón de rebeldes inmortales, junto a Satán, Jesús, Epicteto, Dioniso, Espartaco, Merlín el encantador, Robin Hood, el Judío Errante, Fausto..

La novela no es un solo relato nostálgico sobre el Paraíso Perdido, por mucho que se la dedicara a Milton. Ni menos aun, como quiso hacernos creer su versión de 1831, una especie de vuelta a la edad de oro donde convivieran ordenadamente dioses y humanos. Frankenstein, esfinge misteriosa, se pierde al final de la novela en la oscuridad y la distancia, planteando un final abierto, un enigma sobre nuestra supervivencia como especie.

El monstruo de la revolución, tan bárbaro como bondadoso, ¿acabará por traernos una más alta expresión del orden o el fin del mundo tal cual lo conocemos?. La respuesta depende de uno mismo, ya que como diría Luisa Michel, ..todas llevamos en nuestro corazón un monstruo que sueña.


NOTAS:

  • 1TYLER: Frankenstein. A cultural History. Norton, New York, 2007, p. 98. Sin duda, lo que ayudó al éxito de la novela fueron sus adaptaciones teatrales, no solo en Inglaterra. En todos los casos, y no fueron pocas, se reforzaba aquella visión conservadora y maligna del personaje que luego ha sido la más habitual en el cine.

  • 2BALDWIN, Eduard (seud. William Godwin): The Pantheon, or Ancient History of the Gods of Greece and Rome. London, 1806, p. 97. Partiendo a su vez de la versión de Hesiodo, es decir, Prometeo como generador de todos los males humanos, ya Rousseau había recurrido a la figura del Prometeo encendedor del fuego, para advertir sobre la existencia de límites a la razón y el progreso humano.

  • 3AMBROSIO de Milán: Las Dominicales del Librepensamiento 20-01-1892. Uniendo en su Prometeo Liberado los ideales de fraternidad revolucionaria y la evocación panteísta de Cristo, encontramos a Percy Shelley, que gustaba definirse como filántropo y ateo. También, Sarrazin, Nicolas-Joseph: Le retour du siècle d’or, ou rêve véritable et surprenant, suivi des moyens de rendre infaillible son accomplissement. Thierry, 1816; Meunier: Jesus Christ devant les Conseils de Guerre. Librairie Phlansterienne, 1848.

  • 4LUCIANO de Samosata: Sobre la muerte de Peregrino. Voltaire comparaba los creyentes más fanáticos con los ateos más radicales, a los que consideraba unos impostores, ..“Basta de creer que la religión pueda ser útil al hombre. Tengamos buenas leyes, y podremos prescindir de la religión. Pero se necesita una para el pueblo, dicen; lo divierte, lo contiene. ¡En buena hora! Dadnos pues, en ese caso, la que conviene a los hombres libres. Devolvednos los dioses del paganismo”, Sade: Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos. Filosofía en el Tocador. Librodot, 2002, p.71.

  • 5MARECHAL: Dictionnaire des athées anciens et modernes. Bruselas, 1833, p. 232. Existe un código penal en todas las religiones, que nos remite a un infierno de orden mítico que siempre está lleno de monstruos, representación del lado oscuro del subconsciente colectivo o de la curiosidad humana por su propio destino, creando una completa galería de zoología infernal -animal y vegetal-

  • 6CARTA de Voltaire a M. Deputy, del 27 de marzo de 1768, en Eouvres de Voltaire. Correspondencia, Tomo XV, París, 1833, p. 399. Voltaire estuvo convencido de que un cambio decisivo se iba a producir en la historia de la humanidad, pero no hablaba en términos políticos. Se refería a su idea de la revolución de los espíritus, favorecida por la difusión de los principios de la Ilustración, que produciría un florecimiento en las artes y las ciencias.

  • 7SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Corréard, París, 1821, p. 74. Se nota aquí la influencia de su padre, quien había publicado St. Leon: A Tale of the Sixteenth Century, 1799; o The lives of the Necromancers, 1834. Además, MS escribió The Mortal inmortal, 1833, donde contaba la vida de un alumno de Cornelius Agripa, que negaba la muerte tras beber un elixir. Ver, Sterrenburg: Mary Shelley’s Monster. Politics and psyche in Frankenstein, en VVAA: The endurance of Frankenstein. Essays on Mary Shelley’s novel. University of California, 1979, pp. 143–152.

  • 8SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Ob. Cit, p. 258. La hipótesis de desvelar el principio de la vida y aplicarlo sobre la materia inerte, la reprodujo MS en The Reanimated Man, 1826, donde analizaba las noticias de un inglés del s. XVII que había muerto en una avalancha y devuelto a la vida por ..medios inusuales. También, VVAA: Prométhée socialiste à l’âge romantique, Presses universitaires de Franche-Comté, Besançon, 2016.

  • 9La BRUYERE: Les Caracteres ou les Moeurs de ce siècle. 1688, pp. 483-484. Después de la revolución fue imponiéndose una moda arquitectónica que incluía gárgolas monstruosas como ornamento en iglesias o edificios públicos. También, Brunet: l’Appel du monstruoeux, pensées et poétiques du desordre en France au XVIII siecle. París, 2008, pp. 32-34.

  • 10DIDEROT, Denis: Epitafio. En esta línea, Diderot y Maupertuis habrían desarrollado una teoría del universo diseñada para restaurar los valores del ser humano. A partir de bases teóricas evolucionistas, el mundo material se constituía como un ser vivo organizado, con un orden integral que partía desde las moléculas. También, Lecercle: Frankenstein. Mythe et philosophie. París, PUF, 1988, p. 20.

  • 11MAUPERTUIS: Vénus physique, suivi de la Lettre sur le progrès des sciences. 1980, p. 134. Julien Offray de La Mettrie [1709-1751], médico y filósofo pre-evolucionista, dejó obras como El Hombre Planta y El Hombre Máquina, 1747. En ésta, sostenía que la persona era solo una máquina en manos del nuevo Prometeo, ..un autómata de alta complejidad.

  • 12MALATO, Carlos: La eterna lucha, El Porvenir del Obrero 19-11-1901. En 1785 había aparecido en en Filadelfia unos huesos de una especie desconocida que denominaron, Megalonix, el Ohio Animal, sosteniendo Thomas Jefferson que no estaba extinguido. Por otra parte, en Argentina aparecía ese mismo año el Megaterio, gran bestia en griego, descubierto por el naturalista Georges Cuvier, pionero en el campo de la anatomía. Gracias al principio de correlación anatómica, Cuvier reconstruyó por primera vez el esqueleto de un dinosaurio. Casualmente, habría vuelto a París en 1795, y un año después era profesor de historia natural en la Escuela del Panteón, donde estudiaba James, hermano de Mary Wollstonecraft. Precisamente en 1817, Cuvier publicaría sus teorías en El Reino Animal, punta de lanza del debate en torno a la evolución. También, Malato: Las clases sociales desde el punto de vista zoológico. Barcelona, 1906, p. 43.

  • 13BURKE, Edmund: Letters on the Proposals for Peace with the Regicide Directory of France, Letter I, 1796. Curiosamente, en biología se suele utilizar la expresión Efecto Frankenstein, para aludir a los desequilibrios ecológicos derivados de la introducción de especies -invasoras- en entornos naturales.

  • 14MAISTRE, Joseph Marie: Considérations sur la France. 1797, p. 111. En esta línea anti-ilustrada de la cita, hallamos al español Cándido Mª Trigueros, que escribió en 1782, El mundo sin vicios, panfleto donde narraba la vida de una comunidad religiosa aislada en la que se habían suprimido todos los vicios, pero donde las personas se habían trasformado en autómatas sin alma, solo guiados por el egoísmo que reemplazaba las instituciones tradicionales. También, Merino: La monarquía de los Leones. 1780?.

  • 15SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Ob. Cit, pp. 108-109. Otros revolucionarios como Robespierre se alimentaban con naranjas y tampoco tomaban alcohol. Como no lo hacía Jean Marie Chassaignon [1743-1796], ex-cura pasado al Iluminismo que vivió entre el vagabundismo y el apartamiento místico. Tras un apoyo inicial a la revolución, denunció sin cortapisas la violencia jacobina, que en cierto modo había profetizado en sus textos, a los que llamaba Monstruos. Ver, Chassaignon: Cataractes de l’imagination, déluge de la Scribomanie, vomissement littéraire, hémorrhagie encyclopédique, Monstre des Monstres, par Epiménide l’inspiré dans l’antre de Trophonius au pays des Visions. Ginebra, 1779.

  • 16SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Ob. Cit, p. 35. Lavater fue un personaje controvertido por explicar las pasiones humanas a través de los rostros, pero muy admirado en el círculo de los Godwin. De hecho, Mary Wollstonecraft participó en la traducción de alguna de sus obras y, días después de nacer MS, la sometió a un examen fisionómico por uno de los seguidores de Lavater. Ver, VVAA: Psychology and Philosophy. Inquiries into the Soul from Late Scholasticism to Contemporary Thought. Springer Science, New York, 2009, p. 159 y ss. También, Lavater: L’essay sur la phisiognomie, destiné a faire conaitre l’homme et a le faire aimer. La Haya, 1783-1786.

  • 17NOGARET: La Terre est un animal, ouvrage suivi d’une Epître à M. de Buffon, sur les trois règnes. París, 1805. La atracción por los autómatas que simulaban seres vivos venía de lejos, pero la revolución los popularizó como espectáculo, dejando de ser un producto para ricos y adquiriendo significado político, equiparando autómatas a esclavos, o incluso a autócratas como hizo Condorcet. También, Douthwaite: The Frankenstein of 1790 and other lost chapters from revolutionary France, Annales historiques de la révolution française, 376, 2014, 224-225.

  • 18NOGARET: Podalire et Dirphé, ou La couronne tient la jarretière. T. 1. París, 1800, p. 23. Entre 1792 y 1795 dirigió una fábrica de nitrato de potasio en Arnouville, el sitio adecuado para desarrollar sus experimentos. Posteriormente, fue adscrito al departamento del Interior por el ministro Benezech, y haría carrera de alto funcionario en los años siguientes. También, Revue de l’histoire de Versailles et de Seine-et-Oise. Versailles, 1904, pp. 2-21, 131-151.

  • 19NOGARET: Harange a la Liberté, Versalles, 1 de marzo de 1790. Miembro destacado de la masonería parisina y benefactor de los pobres, con los años fue relegado al ostracismo, viviendo de sus escritos hasta su muerte en 1831. Una de sus últimas obras fue Dernier soupir d’un rimeur de 89 ans, ou Versiculet de Nogaret, sur la métaphysico-néologo-romanticologie, París, 1829, 28 p.

  • 20SHELLEY, Percy: Prometheus Unbound. Acto IV. Londres, 1820. A modo de continuación del Prometeo de Esquilo, en su luminosa versión del mito, el poeta maldito renegaba conscientemente de la reconciliación final con Júpiter presentada por el griego, sino que la visión de Caín llegaba el día después de la muerte de Abel y Prometeo solo podría ser liberado tras la destrucción de Júpiter. Solo entonces se iniciaría una era de primacía del Bien, el Amor y el florecimiento de las Artes.

  • 21VOLNEY: L’Amie du Peuple 03-09-1868. Tras salir de prisión, Volney emigró a los EEUU en 1795, donde fue acogido especialmente bien por Thomas Jefferson, que fue uno de los dos primeros traductores al ingles de su famoso libro, y el otro Joel Barlow, amigo de Mary Wollstonecraft. También, Dupuis, Charles: Abrégé de l’origine de tous les cultes, 1794.

  • 22SPENCE, Thomas: Les communistes anglais et français, Revue britannique. París, Tomo XV, 1848, p. 13. Según Max Nettlau, entre los primeros socialistas, como fue Thomas Spence [1750-1814], se imitaba el método de los predicadores de iglesias no oficiales, que recorrían el territorio inglés vendiendo sus propios escritos en forma de folletos o periódicos, y arengando al pueblo en espacios improvisados. Ver, Garrett: Joseph Priestley, the Millennium, and the French Revolution. Journal of the History of Ideas, nº 34, 1973, p. 62. También, Coleridge: The Collected Works of Samuel Taylor Coleridge: Poetical Works I Vol I.I. Princeton University Press, 2001, p. 280.

  • 23GILLE, Paul: Justicia humanitaria, La Revista Blanca 01-05-1926. Si alguna pega puede ponerse a esta obra es que Godwin centró su análisis en el pequeño propietario, el campesino o el artesano, pero hemos de considerar el escaso nivel de desarrollo industrial a finales del XVIII, y que seguramente se inspiró en la sociedad de los caballos filósofos que describe Jonathan Swift en los viajes de Gulliver.

  • 23BIS ROA: Prisma británico, CNT 03-11-1957. Prometeo, llamado el amigo del hombre, dio nombres a algunas de las primeras sociedades revolucionarias, como fue el caso del grupo Los Amigos del Pueblo, agrupación de enciclopedistas entre los que estaban el propio Godwin, Thomas Hardy, John Horne o Thomas Paine; quienes desarrollarían una importante labor de divulgación entre las clases populares desde 1790.
  • 25PROUDHON, Pierre Joseph: Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria. Biblioteca Juncar, 1975, p. 226. Proudhon fue atacado duramente por Marx, diciendo que su Prometeo era más judío que griego, y que sus ideas estaban impregnadas de logomaquia bíblica, de la idea de un paraíso en la tierra, ..”Y es que era preciso algo más que valor para vencer al monstruo; estaba escrito que no había de morir hasta que un proletario, armado de una varita mágica, saliera a combatirlo y aniquilarlo..”, Proudhon: Que es la propiedad. Investigaciones sobre el principio del derecho y del gobierno. Anarrés, Buenos Aires, 2005, pp. 133.

  • 26DEJACQUE, Joseph: L’Humanisphère, utopie anarchiste, Le Libertaire 07-04-1859. La interpretación tormentosa y esclavista del trabajo, propia de romanos o griegos, y que había sido una constante allí donde predominó el catolicismo, cambió en 1789, ..“Fiesta del Trabajo: El trabajo es la suerte y el honor de los mortales, el guardián de las virtudes, y el autor de la prosperidad pública..”, Pensées républicaines pour tous les jours de l’année; à l’usage des enfants. París, 1793, p. 108. También, Marechal, Sylvain: Le Livre de tous les âges. París, 1779.

  • 27PI i MARGALL, Francisco: La reacción y la revolución. Ed. La Revista Blanca, Barcelona, s.f., p. 427. Mas allá de las connotaciones masónicas de la cita, nos remite también a la teofilántropía que defendieron Nogaret o Mary Wollstonecraft, doctrina deista pero no dogmática surgida frente al fanatismo religioso y el anticlericalismo. Solían creer en la inmortalidad del alma, y difundieron el llamado culto a la humanidad; como proceso de perfeccionamiento moral regido por la fraternidad y la solidaridad.

  • 28MARECHAL, Sylvain: Apologues modernes, a l’usage du Dauphin, premieres lecons du fils ainé d’un roi. Bruselas, 1788, pp. 5-6. Marechal se refiere al papel jugado por Foroneo, quien se supone fue quien enseñó a los humanos a valerse del fuego, tras haberlo robado Prometeo. Considerado el padre de los mortales, Foroneo consiguió reunir en una ciudad a los humanos, hasta entonces salvajes y errantes, y se auto-proclamó rey de Argos, dictando las primeras leyes e iniciando el culto a la divinidad.

  • 29SHELLEY, Mary: Life of William Godwin. 1836, p. 151. Una de las líneas de interpretación clásicas de la tragedia de Esquilo, obra aparecida en una época de fuertes convulsiones políticas en Grecia y de avance en sus instituciones democráticas, ha sido su asociación con la lucha de clases. También, Thompson: Aeschylus and Athens. A study in the social origins of Drama. Lawrence et Wishart, Londres, 1946.

  • 30GOETHE, en Caro: La philosophie de Goethe. Hachette, París, 1866, p. 214. Recordemos que los griegos consideraban el Pueblo -demos-, formado no por todos los habitantes de la ciudad, sino por aquellos ciudadanos que aspiraban a la soberanía de la Polis, ..“El lugar donde se desarrolla lo civil, tanto si es la polis, la ciudad o el vecindario, es la cuna de civilización humana, [..] Para llegar a este concepto de civitas, se presupone que el ser humano es capaz de reunirse, superando a las monadas aisladas”, Bookchin-Liguri: La Utopía es posible. Tupac Ediciones, p. 87. También, Lecourt: Promethee, Faust, Frankenstein. Fondaments imaginaires de l’etique. Synthélabo, 1996, 158 p.

  • 31SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 1. Ob. Cit, p. 106. Mientras que algunos han entendido ésto como un zasca al gran Godwin, relegado al ostracismo, otros han identificado al poeta Shelley con el personaje de Víctor Frankenstein; en parte porque había usado el seudónimo Víctor en algunos de sus primeros escritos.

  • 32SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Ob. Cit, pp. 247-248. Un íntimo amigo de la autora, Leigh Hunt, después de leer la obra, comentó en 1819 que tenía pensado escribir su propia versión del mito, en el que los dioses serían derrotados y su lugar ocupando por el Prometeo entronizado. Ver, VVAA: Shelley and His circle, 1773-1822. Vol 6. New York, 1961, p. 841.

  • 33PROUDHON, Pierre Joseph: Les Confessions d’un révolutionnaire, pour servir à l’histoire de la revolution de fevrier. Paris, 1851, p. 370. Aunque Víctor escoge las partes orgánicamente más perfectas y su apariencia debía ser pues majestuosa, a los ojos de su creador es un monstruo deforme y horrendo, ..que corta el aliento; lo que nos habla de los prejuicios morales de Víctor, más que fealdad estética.

  • 34SHELLEY, Percy: Prometheus Unbound. Acto III. Londres, 1820. Frankenstein tiene mucho de Percy, quien tantas veces evocara la miseria y los sufrimientos del proletariado, y cuya influencia en rebeldes sociales de épocas sucesivas está aquilatada. Azote de la burguesía inglesa, el proscrito Shelley renunció a sus títulos nobiliarios y conoció el exilio por sus escritos, siempre en favor del librepensamiento y contra la autoridad. Ver, VVAA: The reception of P. B. Shelley in Europe. Bloomsbury Academic, London, 2015.

  • 35SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Ob. Cit, p. 76.

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