La revolución francesa es el verdadero elefante en la habitación de la famosa novela de Mary Shelley. No hace falta ahondar mucho para escuchar el latido político de la revolución en Frankenstein. Una corriente sorda y poderosa que, entre otras cosas que iremos contando, enmarca la narración entre 1792 y 1799.


Tanto el subtítulo de Frankenstein, que alude al Titan Prometeo, benefactor de la humanidad, como las dimensiones de la Criatura, nos remiten a la tradición de los Gigantes-humanos, actualizada en clave política a finales del siglo XVII.

A gigantic monster, they said, had arrived the night before, armed with a gun and many pistols; putting to flight the inhabitants of a solitary cottage, through fear of his terrific appearance…”1

Las conexiones de la novela de Mary Shelley [MS] con la época de la revolución resultan evidentes, empezando porque uno de sus objetivos era difundir las ideas fuerza de la ilustración. Si Rousseau decía que el pueblo fuera de control era un monstruoso soberano, en Frankenstein se cuestiona la idea de la bondad intrínseca del individuo y las colectividades frente al despotismo de las instituciones.

Otra de las conexiones directas es que la autora siembra la novela de lugares con significado revolucionario -Ginebra, Ingolstad, Dublin, Londres, París, etc.. Así, cuando el monstruo comete su primer crimen en las afueras de Ginebra, justamente en el mismo lugar donde se erigía un monumento en memoria a Rousseau, la autora nos está recordando que muchos de los aristócratas que se fascinaron entre otros con las ideas del filósofo ginebrino, acabaron devorados por el monstruo de la revolución, que era la más cruda expresión de las ideas de la Ilustración.

Tengo confianza en poder demostrar, que la gente es esencialmente buena, y esa certeza avanzará rápidamente hasta tal grado de perfeccionamiento, cuando las orgullosas distinciones de los tontos sofisticados sean eclipsadas por los deslumbrantes rayos de la filosofía, y el hombre sea considerado como tal -actuando con la dignidad de un ser inteligente-”2.

Guiada pues por el espíritu crítico de su tiempo, que quiso transformar las utopías en palancas de cambio social, MS dotó de tono profético a su primera novela, claramente inspirada en el carácter premonitorio de la revolución francesa.

Para hacerse una composición de lugar, MS leyó por ejemplo en 1817 Les Chevaliers du cygne, ou la cour de Charlemagne de Madame de Genlis. Publicado en un año de tantos cambios como 1795, pero ambientada en la corte de Carlomagno, presentaba un cuadro de conflictos históricos y cambios de era, con numerosas alusiones a los acontecimientos en Francia, que invitan tanto a la reflexión como la sátira.

Fijaremos son embargo nuestra atención en uno de los intelectuales al que se cita en el prólogo, Erasmus Darwin; prototipo de estudioso renacentista, que destacó como inventor, médico o naturalista, llegando a ser venerado en los círculos radicales, entre otros por Percy Shelley. Como era de esperar, también fue muy criticado por libertino y librepensador; y especialmente atacado fue su poemario El Jardín Botánico, 1789, donde se definía el fenómeno de la revolución como El Gigante Dormido.

Desde su atalaya, el viejo Erasmus ya atisbaba el horizonte de transformación que se abría con la Gran Revolución. Atribuyendo dimensiones titánicas al suceso, el abuelo de Charles Darwin se servía de una fisiología humana de talla descomunal para aludir al enorme peso que habían tomado los planteamientos en favor de una nueva praxis política, fundada sobre bases democráticas progresivamente más amplias.

Durante mucho tiempo estuvo el gigante,

dormido sin gloria en las llanuras de Gallia,

inconsciente de sus cadenas.

Alrededor de sus extensos miembros se habían atado mil cuerdas

Por las débiles manos de Confesores y Reyes..”3

El debate estaba abierto. Mientras unos miraban al pasado, a la democracia griega, para restringir el sufragio universal con el argumento de que el Pueblo -demos-, no estaba formado por todos los habitantes de la ciudad, sino solo por aquellos ciudadanos que aspiraban a la soberanía de la Polis, es decir los propietarios. Otros, emulando las nuevas ideas por ejemplo de Rousseau que llamaba monstruo soberano al pueblo, sostenían que las leyes nacían de la ciudadanía, y por tanto, la democracia debía ser universal, directa y no delegada. Incluso los había como Jean-François Varlet, que alentaban la insurrección no solo como un derecho, sino como un deber en los casos en que el gobierno violara sus promesas.

En verdad no se había inventado nada nuevo, ya que el derecho de resistencia a la opresión era antiguo como la humanidad misma, y en ciertos sitios contó con transposición legal. Sin embargo, sólo desde 1793, con la Declaración de los Derechos del Hombre, adquirió dimensión universal.

No es que no hubiera habido revoluciones antes, pero los efectos ahora eran de una magnitud desconocida. Si hasta entonces, los cambios sociales provocados por una revolución se habían circunscrito a un ámbito territorial concreto, y se habían visto limitados en el tiempo, por primera demostraba su capacidad de extenderse por todo el planeta, a una velocidad sorprendente.

Cuando aludimos al gigante de la soberanía popular, nos referimos a que el pueblo había sido investido por aclamación en actor principal de la historia, cuyo poder transformador era inédito en términos históricos. Así se puso de manifiesto durante la toma de la bastilla, o con los alistamientos masivos del ejército napoleónico. En este sentido, se afirma que las victorias militares de Francia a partir de 1793, se sustentaron en un modelo federal, donde las columnas de Sans-Culottes eran alimentadas y equipadas sobre el terreno por las municipalidades y los comités locales.

Un buen resumen de todo ello lo encontramos en Jugement dernier des rois, prophétie en un acte, 1793, donde Sylvain Maréchal imaginó una Europa republicana que, en un último arreón revolucionario, ponía a todos los reyes ante un tribunal sans-culottes, siendo condenados al exilio en una isla en el mismo lugar donde se hundió la Atlántida. Los anuncios de la época, añadían ..esta ficción teatral no tardará en convertirse en un hecho histórico.

..Este cuerpo de ciudadanos al que podemos considerar la Francia constituyente, e incluso la gran masa del pueblo, que antes eran esclavos y enanos, rompen sus grilletes y creciendo en estatura, se presentan de repente con la dignidad y pretensiones de seres humanos. Sí; con los mismos sentimientos; o quizás más fuertes, porque son más naturales..”4.

Fue en este contexto cuando se produjo la presentación en sociedad del Titán de la Revolución, una raza de gigantes con forma humana capaces de devorar el tiempo, la historia, e incluso a sus semejantes.

Un Titán que domina la imaginería política de finales del siglo XVIII y representa el poder regenerador o destructor de la revolución. Siempre portaban, y aun portan, un mensaje con trasfondo satírico; unas veces representando a la comunidad en su estado natural, sin malversación política; y otras tomando cuerpo de una fiera atávica, salvaje y primitiva, resurgiendo desde las profundidades como un aviso a los malos gobernantes.

Como dijo el historiador francés Taine, quien reinaba entonces era el sublevado, el rebelado. Hablamos pues del monstruo polícéfalo de la democracia, que amenazaba con ejercer su libertad, entrando en escena como elefante en cacharrería. Esta especie de homúnculo colectivo, despertando de siglos de servidumbre tras escuchar la voz de los filósofos de su tiempo, se presentaba en sociedad con forma de figura colosal, y temible por estar dotado de un centenar de brazos armados ahora con instrumentos de trabajo.

..Ahora el gigante se había despertado. La mente, aun torpe, pero nunca antes estimulada hasta su energía plena, recibía la chispa que encendía un fuego inextinguible. Quien pudiera ahora transmitir los sentimientos de los hombres liberales en el primer estallido de la Revolución francesa [..] ..en 1789 y 1790, era imposible que nadie, que no fuera un cortesano, se sustrajera a la influencia de su radiante influencia”5.

Como Parménides después de aquella siesta, que borró todas sus ideas y le impedía recordar los pensamientos del día anterior, hay momentos críticos en que los grupos humanos se encuentran desorientados frente a una situación traumática y desconocida hasta la fecha, en la que ya no valen los argumentos del día anterior y hay que renombrar todas las cosas. Como dijo el poeta Shelley, había que dar forma a ..esas sombras gigantescas que el porvenir proyecta sobre el presente.

En unos años de transformaciones críticas como eran aquellos, muchos decidieron volver la vista atrás en busca de respuestas en la antigüedad clásica, y encontraron al titán Prometeo, o a alguno de sus allegados como Heracles-Hércules. No tardaron en recuperarlos como símbolos de adhesión a la revolución; útiles para contrarrestar los problemas que generaban tanto la guerra contra las monarquías europeas, como las revueltas internas o la cuestión de las subsistencias, que amenazaba con sublevar al pueblo.

Así, por ejemplo, para cubrir el hueco simbólico dejado por la religión católica, el Marqués de Sade propuso como secretario de la Sección des Piques, que las estatuas de las iglesias fueran sustituidas por tallas de buen porte representando las virtudes republicanas.

The republican institutions of our country have produced simpler and happier manners than those which prevail in the great monarchies that surround it. [..] A servant in Geneva does not mean the same thing as a servant in France and England. Justine, thus received in our family, learned the duties of a servant..”6

Hablando de esculturas con mensaje político, recordemos que Frankenstein significa literalmente Piedra de los Francos, pero dándole la vuelta, podríamos traducirlo por los Franceses de Piedra. Esto nos remite a un personaje clave como Jacques-Louis David, llamado el Rafael de los Sans-Culottes, que fue elegido para erigir una serie de esculturas gigantes en el otoño de 1793, instalando los tres primeros colosos de piedra en lugares emblemáticos de la capital parisina. Uno de ellos representó a la Naturaleza, otro a Marianna como alegoría femenina de la Libertad, y por último a Hércules, simbolizando al pueblo.

Ante la buena acogida que tuvieron entre la población, y su versatilidad de uso en diferentes contextos, no tardaron en ser empleadas con fines casi contrapuestos. Ya fuera asociado a la idea del pueblo amotinado contra el poder tiránico; pero también como signo de resistencia patriótica, obediencia y cohesión.

Con este propósito propagandístico, tan elocuente como patético, incluso se situaron esculturas monumentales en la misma frontera de Francia, o fueron empleadas como alegoría de las tropas napoleónicas invadiendo Europa a pasos agigantados. Tan útiles resultaron en términos sociales, que el propio David, tras salvar la cabeza durante el Terror, se convirtió en el pintor de Napoleón Bonaparte.

..Este portentoso meteoro, llamado imperio francés, que apareció como una relámpago; este coloso, que puso un pie en las columnas de Hércules, y otro en el Kremlin de Moscú..”7

No podemos decir que el titanismo fuera un fenómeno nuevo; de hecho se dice que los gigantes-humanos serían los seres más antiguos de la Tierra según diversas tradiciones culturales, asociados al mundo agrario y al tiempo de la cosecha.

Con nombres tan diversos como Titanes o Cíclopes en la mitología griega, Golems en la tradición judía, Ogros, Tártaros, Trolls o incluso Gargantúa, los gigantes son siempre seres de tamaño descomunal, caracterizados por ser algo violentos y, en ocasiones, antropófagos.

En esta clave mitológica, MS leyó en 1816 Pamela; or, Virtue Rewarded, novela epistolar de Samuel Richarson, en la que uno de los personajes toma el nombre de Colbrand, en referencia al gigante danés que se enfrentó con Guy Earl of Warwick.

Varias de las hazañas de Hércules nos recuerdan a Guy, conde de Warwick, y a ciertos héroes de los romances cristianos, y son claramente representativas de una época inculta, en la que uno de los mayores servicios públicos que se podían prestar consistía en la destrucción de bestias salvajes.”8

Por lo que vemos, MS se documentó sobre el tema. Así, interesada en la cultura hindú, leyó en 1814 a Thomas Pennant, The View of Hindoostan, 1798, donde se hablaba de figuras gigantescas, medio humanas y medio bestias, esculpidas de la roca viva de las cuevas. Así mismo, leyó las obras de Buffon o el explorador John Byron, quienes a mediados del XVIII aun defendían la existencia de los Gigantes patagónicos, descritos por primera vez por Magallanes.

MS pudo acudir también al viejo Juvenal, ya que podría decirse que tomó de éste ciertas medidas físicas para construir su Criatura, de proporciones grotescas en ambos casos; así como su carácter antisocial, fruto de la ambivalencia constructiva o destructiva del genio humano, según le diera. Y por qué no decirlo, también coinciden en su intención satírico-política, que si en Juvenal era una crítica contra el gobierno y la sociedad romana, en MS era un alegato en contra del imperialismo británico.

..Quizás lograría superar esto algún que otro joven a quien el Titán modeló las entrañas con arte benigno y con barro de mejor calidad, pero a los demás se les imponen las huellas que deberían evitar sus padres, les arrastra la órbita tantas veces patente de una culpa ya inveterada..”9

Como siempre había pasado, los gigantes irrumpían en el imaginario colectivo siempre en momentos de crisis, ofreciendo un relato simple y alegórico, donde la verdad era lo de menos. Su objetivo no sería otro que cohesionar a una determinada comunidad unas veces, y otras, movilizar y romper con lo establecido.

Ya los monarcas absolutos europeos lo habían utilizado siglos atrás como advertencia del destino de los súbditos que se atrevieran a sublevarse. Así pudo apreciarlo MS en una obra que leyó en 1817 perteneciente a Philip Sydney, Arcadia, 1590, donde se mostraba al pueblo como un multitud desquiciada de incontables cabezas, bufonescas y rabiosas.

También durante la revolución inglesa se infundía miedo en la población representando la revolución como un monstruo de múltiples cabezas. De la misma manera, Thomas Hobbes actualizó el Leviathan para dejar claro la grandeza del monarca absoluto, mientras que definía a Prometeo como un rebelde, cándido y patoso, que se enfrentaba al poder del príncipe. Todo ello nos recuerda a lo que dijo Saint-Just en 1793, ..el arte de gobernar no había producido más que monstruos.

¿Están esos hombres a la altura de su palabra? gritó Skelton. No hay uno entre nosotros que no tenga unos brazos que valen por los de diez. Somos de una raza de gigantes [..] y podríamos derribar los muros de Exeter con nuestros puños..”10

Según Eschilo, Prometeo era un titán que se rebela por negarse a sometimiento alguno. Partiendo de esta visión de un Prometeo rebelado contra el poder de Zeus para entregar a los hombres, junto al fuego, las llaves de su destino, MS diseñó a su Prometeo asociado con la idea de la insurrección política.

Un moderno Prometeo de dimensiones sobre-humanas, único responsable de su presente y su futuro, a la manera del Prometeo de Goethe, mezcla de Júpiter y Prometeo, soberano y víctima en su búsqueda de un porvenir más humano. Recordemos que mientras Prometeo estaba encadenado a la roca del Cáucaso, mencionó en varias ocasiones que conocía el secreto que permitiría a Zeus permanecer en el trono para siempre, y por lo tanto también para destronarlo. Prometeo habría anunciado la caída de Júpiter precipitado del trono del cielo por un gigante indomable…

No faltan ejemplos aplicados de esta filosofía de la rebeldía. Un precursor del socialismo como Thomas Spence, poco antes de morir en 1814 habría lanzado un periódico, The Giant Killer, cuyo título aludía a una serie de cuentos de terror publicados a comienzos del siglo XVIII. Un periódico donde colaboraría PS en 1815.

En este sentido, MS debió de conocer la novela utópica Mammuth, or Human Nature displayed on a grand scale, in a Tour with the Tinkers into the Central Parts of Africa, escrita en 1789 por otro pionero del socialismo como William Thompson, amigo de los Godwin. En esta obra se presentaba la revolución como un experimento político desarrollado en una colonia africana -Mammuthia- donde todo era de un tamaño monstruoso; en lo que era una sátira sobre la supuesta superioridad de los europeos.

Titan! Tu crimen divino fue ser amable,

Hacer con tus preceptos menor

La suma de la miseria humana,

Y fortalecer al hombre con su propia conciencia”11

Si Prometeo es el hijo encadenado por su padre, o según Esquilo, el hijo querido de un padre odioso, el enfrentamiento épico entre la criatura y su creador en la novela de MS, nos conducen a la idea de la inversión del reparto tradicional entre el bien y el mal. Hablamos de la gigantomaquia, la guerra entre Titanes y Dioses desarrollada antes de la aparición de los primeros hombres, que se repite con rasgos similares en culturas diversas.

Este conflicto se interpretaría en la novela en términos sociales, es decir, combates en los aparecen y desaparecen pueblos y sociedades, e incluso el establecimiento de una nueva civilización a costa de la anterior. No bastaba con que humanos y dioses se sometieran a las mismas leyes, o que se ignoraran mutuamente, era preciso declararse la guerra a muerte. Así, la imagen del monstruo, cargando con el cadáver de Víctor, perdiéndose en los hielos del Ártico, representaría pues, el fin de todos los privilegios por razón de nacimiento.

Sin embargo, si en Frankenstein los dos protagonistas comparten el espíritu iconoclasta de Prometeo, podríamos concretar hablando de un verdadero Duelo de Titanes entre Víctor y su Criatura. Como el hijo y el padre que con el tiempo acaban pareciéndose demasiado, los protagonistas se intercambian así los papeles de vencedor y vencido; y la muerte de Víctor tan solo anticipa el suicidio de la Criatura, que elige su propio destino para no convertirse en un tirano.

También en su Prometheus Unbound, Percy Shelley renegaba de la reconciliación final con Júpiter presentada por Eschillo, y Prometeo solo podría ser liberado tras la destrucción de Júpiter. Solo puede quedar uno.

La fábula del hombre de Prometeo, y Pandora, la primera mujer, tenía la intención de transmitir un mensaje alegórico. […] no podían admitir de ninguna manera seguir siendo la criatura de Júpiter; daba a entender que Júpiter era, desde siempre, su enemigo”12

Volviendo su mirada al pasado, MS fue capaz de comprender que su criatura debía tener proporciones hercúleas para conectarla así con aquella tradición político-satírica en que los gigantes representaban a los pueblos des/tutelados. Una mirada que le retrotraería cuanto menos a la versión del griego Eschilo, donde el coloso Prometeo, llamado el Titán filántropo, nunca se muestra equidistante entre humanos y dioses, y elige a los humanos porque comparte mucho con ellos. De hecho, el padre de Prometeo, el titán Japeto, esta considerado también como el progenitor de los humanos.

Hablamos por tanto del titanismo político contemporáneo como utopía fundacional, que tomaba connotaciones revolucionarias o conservadoras según el contexto que le dio sentido, ambivalente como por otro lado es característico en el personaje mítico de Prometeo. La novela se englobaría, pues, dentro del llamado titanismo transgresor del primer romanticismo, como encarnación del ideal de rebeldía contra todo anacronismo, y emblema de progreso racional.

..Danton sabía cómo ahuyentar a sus oponentes con la audacia y el estruendo de su voz, las muecas de su rostro, el brillo de sus ojos y, en momentos supremos, cómo petrificar a los enemigos de la nación con miedo y horror mediante el puro terror de su semblante. Él mismo decía que su rostro era una cabeza de jabalí y que su cabeza, clavada como la de Medusa al escudo de la Revolución, haría temblar a los tiranos en la batalla y, con su sola presencia, haría retroceder a los reyes de Europa. El pueblo, al que nada asusta, amaba a este monstruo a su imagen y semejanza, a este ser colosal en quien todas sus furias y aspiraciones se volvían elocuencia”13

El uso simbólico de los gigantes-humanos como instrumento político, se aprecia con claridad durante los debates políticos sobre la ampliación del derecho a voto, debates de plena actualidad mientras MS escribía su novela. La polémica suscitada en torno al sufragio universal se tergiversaba en los medios conservadores anticipando el regreso del Titán, cual icono de la insurrección popular, perverso y orgulloso; como un monstruo de intenciones impredecibles.

Impredecibles para la mayoría, pero no para de la imaginación desbordante de P. B. Shelley, quien se sirvió de la figura del titán Prometeo para desarrollar sucesivos ejercicios artísticos de liberación frente a los entes tiránicos. En esta línea, en 1820 escribió Swellfoot the Tyrant, poema político-revolucionario donde se caricaturizaba a la Libertad, como una figura femenina de tamaño sobrenatural, pero que es solo una pantomima de si misma. La razón era que unos poderosos hechiceros la dirigen en la sombra manipulando a las masas a seguir caminos de sangre. Pero la gente, representada en la obra por cerdos, finalmente se dan cuenta. Como dijo Louis Sebastien Mercier ante la estatua demolida de Louis XV, ..¡Sí, todo estaba hueco, el poder y la estatua!.

El tirano, que, saltándose toda contención, ejecuta la ley eterna que todo lo aplasta, no es ni la mitad de detestable que el reptil que se arrastra al amparo de los principios que viola. Tal ha sido el resultado del cerco de París, y los efectos de la humanidad herida sofocando los sentidos; las elegantes estructuras, que sirvieron como puertas de esta gran prisión, ya no asemejan magníficos pórticos..”14

Como diversos estudios han mostrado, la novela de MS realiza una revisión crítica de los símbolos y mensajes heredados de los debates de la década de 1790 y comienzos del siglo XIX. Frankenstein alude a la creación de un mito político surgido de un momento decisivo en la historia como fue la insurrección francesa de 1789. Se trata como hemos visto del temible Titán de la Revolución, que cesaba en sus gemidos en el fuego del Tártaro, y emergía del inframundo para ponerse del lado de los humanos. Su semblante desafiante y grotesco, provocaba que muchos huyeran despavoridos.

Mobile vulgus. La revolución, para unos un verdadero prodigio humano y la dinamo de la historia, para otros, tan solo un monstruo insaciable y sanguinario que violenta el orden de las cosas. La imagen reaccionaria del pueblo sublevado como un gigante devastador, fue alentada en los primeros momentos de la revolución por autores como Edmund Burke, y suscitaron duras respuestas entre otras de su propia madre. Como haría luego su hija en Frankenstein, invertía la carga simbólica de la prueba, convirtiendo al monstruoso Titán, no solo en un ser vengativo y aterrador, sino también inteligente y sensible.

..de la tumba de la monarquía asesinada en Francia ha emergido un espectro abrumador, enorme, deforme, con el aspecto mas terrorífico que jamás pueda imaginarse, sometiendo toda resistencia humana. Directo hacia su autodestrucción, confiado ante el peligro, desprovisto de remordimientos, despreciando todos los consensos mayoritarios y el sentido común, ese fantasma horrible se impone a aquellos que niegan su tremenda existencia..”15

A hombros del gigante Prometeo, Frankenstein traza las líneas maestras de un relato mítico capaz de provocar sentimientos atávicos y trascendencia intelectual a partes iguales. A través de la figura del Titán, MS ahonda en tautología política a través de la metáfora de la regeneración del cuerpo en la sociedad europea de principios del siglo XIX. Una magnitud y desproporción que nos remiten al hercúleo esfuerzo que se desarrolló en los años de la revolución, para construir todo un cuerpo legislativo que reemplazara al antiguo régimen.

Frankenstein se erige en moderno Prometeo que además del poder regenerador del fuego, ahora trae consigo nuevos regalos como son el de expresarse de forma colectiva y vinculante, el de la mejorar las condiciones de salubridad en las ciudades, de la construcción de obra civil dirigida a articular de forma igualitaria el territorio, y a la mejora del nivel educativo entre las clases populares.

Como el Titán, la Criatura de Frankenstein tiene la propiedad de ser físicamente y, a la vez socialmente amenazador, empoderado para reclamar sus derechos. Un Frankenstein hiperrealista que nos sitúa ante la disyuntiva de rendirse ante el mecanismo de la opresión, o la drástica ruptura en forma de cataclismo, que implicaba transformaciones drásticas y violentas. El colosal engendro de Frankenstein nos da las claves del nuevo pacto social que inaugura la revolución francesa, rito de paso hacia una nueva era con vocación transformadora y rupturista con el pasado…

El Prometeo de la revolución no se acobardará ante tal empresa, e intentará también robar y asignar al Estado una parte de la luz celestial, desafiando con valentía su ira y sus tormentos…”16

Para que su su primera novela no la leyeran solo los amantes del terror gótico, MS sabía que había que huir argumentos secos, áridos y abstractos, tan propios del discurso ilustrado del siglo XVIII, y apelar directamente a la imaginación popular. MS se convirtió en una de las pioneras de un nuevo género literario que mezclaba la crítica social, la mitología y la especulación científica.

El éxito fue inmediato, y el mensaje político de la novela no tardó en pasar al imaginario colectivo. Prueba de ello es una expresión inglesa popularizada a partir de la novela, ser perseguido o arrastrado por su propio Frankenstein, que nos remite a diversas imágenes y caricaturas históricas de los últimos 200 años, en las que el monstruo de Frankenstein aparece como avatar político.

En un primer análisis, podríamos interpretar que se utiliza la imagen del monstruo de MS como la caricatura deformada la insurrección popular, propensa al impulso destructivo y al rechazo de la autoridad de un hombre o un grupo social sobre otro. Como vemos, con frecuencia se vio en Frankenstein el símbolo de los terrores de orden social y político. Y por lo general se usaba en referencia al pueblo, unas veces como denuncia de una autoridad despótica e irracional, y otras como alarma ante cierta problemática de naturaleza religiosa, étnica, lingüística, etc.., la cual amenazaba con volverse ingobernable, o simplemente como representación de los miedos de aquellos que temen o se resisten al cambio. Como ejemplo, hemos escogido la siguientes frases que se escribieron con motivo de erigirse la estatua de Washington ante el Capitolio en 1841.

La figura es colosal y monstruosa, y se parece más a la creación del monstruo Frankenstein [..] que a cualquier cosa que pueda imaginar..”17

Allí donde hay mitos, hay política. La revolución, hija adoptiva del racionalismo ilustrado, se había transformado en un gigante que amenazaba con matar a su padre, por aplastamiento.

Una Criatura que, como buen Sans-Culottes, defendía sin fisuras la abolición de la servidumbre en todas sus formas; mostrando la dimensión más elemental de la revolución, que reclamaba el derecho a la existencia y la abolición del régimen de castas, bases de la utopía igualitaria. Un discurso que nos remite al Conde de Volney, cuya obra Las Ruinas de los Imperios, sería también lectura de cabecera para la Criatura, percatándose así del lugar subordinado que ocupaba en el mundo.

..mientras exista el despotismo y la superstición, las convulsiones que se producen con la regeneración del hombre, siempre superarán a los vicios que los han engendrado, para devorar a sus padres.”18

En su discurso nivelador, la Criatura no solo alude a la abolición del derecho feudal, donde la vida y la muerte dependía del amo de turno; sino a la pérdida de legitimidad de toda autoridad que se valiera de la opresión, y al derecho de resistencia frente a los malos gobernantes.

Frankenstein, como Prometeo, no canta a un solo pueblo, sino a todo el género humano. En cierta manera la novela evoca a Jacques Hébert, ya que la Criatura sabe que la revolución se hace para ser felices. Y lo que primero se cuestionaría el Prometeo de MS son los motivos que impiden al ser humano moderno ser libre y feliz.



NOTAS:

  • 1SHELLEY, Mary: Frankenstein o el moderno Prometeo. Londres, 1818, Tomo III, p. 147. Entre los ensayos que abordan el Frankenstein más político, Sterrenburg: Mary Shelley’s Monster. Politics and psyche in Frankenstein, en The endurance of Frankenstein. Essays on Mary Shelley’s novel. Univ. California, 1979, pp. 143–171. También, Frankenstein: les lumières et la révolution comme monstre. Annales historiques de la révolution française, n°292, 1993, pp. 203-211. También, Tanabe: (R)Evolutionary Images in Mary Shelley’s Frankenstein; en Annotated Frankenstein. Belknap, London, 2012, p. 353 y ss.
  • 2WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view of the origin and progress of the French Revolution and the effect it has produced in Europe. Londres, 1794, p. 72.
  • 3DARWIN, Erasmus: Economy of Vegetation. The Botanic Garden. Londres, 1825, p. 35. También, Aldiss: The Origins of the Species in Mary Shelley, en VVAA: Billion Year Spree. The True History of Science Fiction. Garden City, New York, 1973.
  • 4WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 81. También, Hunt: Politics, Culture, and Class in the French Revolution. Berkeley, University of California Press, 1984, Cap. 3.
  • 5SHELLEY, Mary: Life of William Godwin. London, 1836, p. 151.
  • 6SHELLEY, Mary: Frankenstein. Ob. Cit, Tomo I, p. 118.
  • 7DIARIO de Menorca 22-01-1814.
  • 8BALDWIN, Eduard (seud. William Godwin): The Pantheon, or Ancient History of the Gods of Greece and Rome. London, 1806, p 283.
  • 9JUVENAL: Sátiras. Trad Manuel Balasch. Madrid, Ed Gredos, 1991, XIV, 35-39, pp. 415.
  • 10SHELLEY, Mary: The fortunes of Perkin Warbeck, a romance. v.3. Londres, 1830, p. 76. También, Macnally: Monstruos del mercado. Zombis, vampiros y capitalismo global. Levanta Fuego, 2022, p. 122 y ss.
  • 11BYRON, George: Prometheus. También, Lecourt: Promethee, Faust, Frankenstein. Fondaments imaginaires de l’etique. Synthélabo, 1996.
  • 12BALDWIN, Eduard: The Pantheon. Ob. Cit, p. 97.
  • 13PILON, Edmon: La seconde Madame Danton, Historia: magazine illustré 1910-08-05. También, Černý: Essai sur le Titanisme dans la poésie romantique occidentale entre 1815 et 1840. Editions Orbis, 1935.
  • 14WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 475.
  • 15BURKE, Edmund: Letters on the Proposals for Peace with the Regicide Directory of France, Letter I, 1796.
  • 16PROJET d’adresse de l’Assemblée nationale au peuple français, sur la constitution civile du clergé, Séance du 14 janvier 1791.
  • 17ALEXANDRIA Gazette 10-11-1841.
  • 18WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 259.

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