El mar es un personaje más de Frankenstein, al que no se le ha prestado la atención que merece. Su presencia en el vientre mismo de la novela nos remite a la madre de la autora, Mary Wollstonecraft, quien surcó el encrespado mar de la revolución gobernando un barco corsario, mientras soñaba fundar una República Marina al otro lado del océano.


HOJA de RUTA

Evidentemente, en un momento histórico en que los trenes y los ingenios aeronáuticos aun eran una utopía, el transporte por vía marítima era el único medio para salvar grandes distancias. Pero esta no es la única razón por la que el mar tiene tanta presencia en la primera novela de Mary Shelley [MS], enmarcando algunos de sus pasajes más significativos.

Nuestra hipótesis de partida es que Frankenstein vendría a ser un relato de viajes que se basa en buena parte en las experiencias de Mary Wollstonecraft [MW] durante su estancia en Francia, unas vivencias turbulentas, polifónicas y hasta majestuosas que dejaron su estela en la famosa novela de su hija. Tal es así, que si acercas lo suficiente, comprobarás que huele a mar.

..Pasaron varias horas y yo permanecí cerca de mi ventana mirando el mar; estaba casi inmóvil, porque los vientos estaban callados y toda la naturaleza reposaba bajo el ojo de la luna tranquila. Solo unos pocos barcos de pesca salpicaban el agua, y de vez en cuando la suave brisa traía el sonido de voces, mientras los pescadores se llamaban unos a otros.”1

Nuestra tarea a bordo, será pues, tratar de recuperar algunas coordenadas del paso de MW por Francia, y para empezar, señalaremos que su carta de navegación de un lado a otro del Canal de la Mancha, se ajustó en cierto punto a la de Charles Maurice de Talleyrand; a quien por cierto, MW dedicó su primera gran obra The Rights of Woman.

Personaje de calado en la política francesa, Talleyrand habría sido enviado en misión diplomática a Inglaterra a comienzos de 1792, colaborando estrechamente con ella en temas editoriales durante unos meses. De nuevo volvería a Londres en el otoño de 1792, esta vez como refugiado político, debido a su implicación en la fuga frustrada de la familia real francesa -más o menos cuando MW llegó a París-. Finalmente, fue expulsado de Inglaterra en marzo de 1794, lo que coincidiría con la marcha de MW a Havre. En ese punto, Talleyrand pondría rumbo a los EEUU, donde permaneció hasta septiembre de 1796. Allí sería acogido por Aaron Burr, quien años más tarde daba cuenta de estos viajes de ida y vuelta a los Godwin, a los que giraba visitas siempre que recalaba en Londres.

Llegamos a Le Havre el 8 de mayo y partimos inmediatamente hacia París, donde mi padre permaneció durante varias semanas por algunos asuntos..”2.

Anotada la importancia de los viajes por mar para ampliar la biografía de MW, la coordenada que marcará nuestra hoja de ruta, será la de su hermano menor, James [1768-¿1806?], cuya llegada a Francia casi coincidiría con la salida precipitada de su hermana en la primavera de 1795.

Marinero desertor de la armada británica, dijo venir a París para estudiar idiomas, pero según la documentación oficial, James adquirió de inmediato cierta relevancia política, en su caso escorándose hacia el bando contra-revolucionario. Hasta pudo haber ocupado un cargo en el Comité de Seguridad Pública durante la insurrección monárquica de septiembre de 1795, figurando entre los que fueron detenidos de forma preventiva.

Aprovechando las rutas abiertas por su hermana, estos hechos le forzaron a fijar residencia lejos de París, ¿Havre?; pero pudo regresar a la capital a mediados del 1796 gracias a los abales de algunos amigos de MW como Thomas Paine, François Lanthenas, Julien Duhamel o Hurford Stone.

De nuevo volvemos a saber de James a mediados de septiembre de 1798, cuando se ordenó su salida del país en un plazo de 15 días bajo la pena de detención y procesamiento. La razón era que había sido denunciado como espía.

Considerando que se negó a abandonar el país y fue encarcelado en la prisión del Temple, de donde salió indemne y finalmente fue expulsado a finales de año; una de dos, o las pruebas contra él eran endebles, o fueron las amistades que MW -al menos Stone intercedió ante Talleyrand- quienes le evitaron mayores complicaciones.

Es, quizás, la norma de la vanidad, enamorarse de las ideas, en la medida en que desconocen su origen [..] El esplendor eclipsa su juicio, el hombre se apresura por el entusiasmo y la autosuficiencia, como un barco en el mar, sin lastre ni timón, que espera un soplo de viento: y [..] si una tempestad llega a estallar, en ese estado, será tragado por los torbellinos de confusión, en medio de los cuales su presunción lo llevará a pique; como el barco, que no estaba preparado para contener la violencia de un huracán, es devorado por la ola furiosa”3

En el caso de confirmarse que James fue un espía al servicio del gobierno inglés, por su condición de teniente de navío y por las fechas en que se produjo la denuncia contra él, uno de sus objetivos debía ser conseguir información sensible sobre la incautación de barcos en aguas del Canal, cada vez más intensa desde que Francia e Inglaterra se hubieran declarado la guerra en 1793.

Así lo sugeriría la identidad de los que denunciaron del hermano de MW, ambos ciudadanos estadounidenses. Uno de ellos fue el pintor e ingeniero Robert Fulton [1765–1815], quien después de una primera visita en 1793, había vuelto a París recientemente para presentar su prototipo de submarino al gobierno francés, apoyado por Joel Barlow.

No menos interesante es el perfil del otro denunciante, Nathan Haley [1766-1841], experimentado marino y armador naval que procedía de una familia de navegantes, aventureros y comerciantes de Stonington, Connecticut. Y será en éste último en quien nos detengamos, ya que sus actividades en Francia nos conducen al tema de los marinos extranjeros que se pusieron a las órdenes del gobierno francés, para participar en actos de piratería en el Canal de La Mancha.

LOS ÚLTIMOS PIRATAS

El capitán Nathan Haley, según informaba la prensa de la época, habría llegado a Francia en enero de 1794, tras haber sido apresado su barco por navíos de guerra franceses. Sin embargo, la cosa no era lo que parecía, ya que durante la guerra de independencia americana, el joven grumete Haley había sido testigo y víctima de las masacres llevadas a cabo por las tropas inglesas en su tierra. Y todo indica que fue su compromiso republicano y anti-británico lo que le hizo pasarse de bando.

Aunque la fecha de su llegada a Francia no queda del todo clara y pudiera tener familia en la zona, su objetivo era fijar su base de operaciones en Dieppe, muy cerca de Havre, para ayudar a paliar los problemas derivados del bloqueo internacional interceptando barcos extranjeros que cruzaban el Canal. Como explicaba él mismo en un periódico de su país, el objetivo era combatir a los saboteadores de la revolución…

Este pánico de las provisiones, comenta un filósofo de los Sans Culottes, es otra influencia malévola, que aprovecha estas oportunidades para destruir la razón y la justicia de las personas y llevarlas a cometer excesos. No tendrá éxito en este pérfido proyecto..”4

Recurriendo al círculo de contactos comunes, es más que probable que Haley llegara a conocer a MW y Gilbert Imlay, ya que frecuentaron los mismos entornos en París o incluso en Londres. En ésta, se cuenta que era muy cercano a la familia Lloyd, lo que nos llevaría al poeta Charles Lloyd [1775-1839], amigo de Charles Lamb, Samuel Taylor Coleridge, Robert Southey o William Wordsworth.

En la misma línea, y dada la vecindad entre Havre y Dieppe, no podemos descartar que colaborara con los Imlay, o incluso ayudara económicamente a la joven pareja en su cambio de residencia. Así lo haría después con un amigo común, Thomas Paine, al que dejó dinero y acogería en su casa cuando las cosas se pusieron feas, 1799 y 1801.

Afirmativo. Nathan Haley se había enriquecido en estos años, y se le suele presentar, con cierta razón, como un oportunista que pescaba en aguas revueltas. Su golpe más sonado lo dio el 17 de febrero de 1797, el mando del cañonero francés L’Entreprenant, tras abordar un buque americano en el Canal que llevaba en sus bodegas una importante carga de divisas británicas.

Aunque pueda ser considerado como uno de los últimos piratas del Canal, junto a otros marinos anglo-americanos como Richard Cowell, Benjamin Lewis o Alexander Black; no es menos cierto que su trayectoria nos muestra también a un personaje solidario y un experimentado capitán de barco que puso su corazón al servicio de la causa republicana.

..Supongo que el maldito partido Tory me cortaría el cuello si estuviera en su poder; en cualquier caso, mientras viva, será mi única misión molestarles, y si la guerra continúa, podrán considerarse afortunados si no reciben otro de mis golpes..”5

Dejando a un lado la biografía del capitán Haley, lo realmente interesante para nosotros es que su implicación en la incautación de barcos en aguas del Canal, pudiera aportar luz sobre los negocios de los Imlay en Havre, o de Joel Barlow en Hamburgo.

Por ejemplo, sabemos que Barlow estaba en Francia desde finales de 1792 para evitar una condena en Inglaterra, y viendo que en la primavera siguiente se complicaban las cosas para los extranjeros, consideró en firme la posibilidad de regresar a los EEUU. Todo cambió al recibir una propuesta irrechazable para marchar a Hamburgo. Aunque desconocemos la naturaleza de aquella oferta, nos lo podemos imaginar fácilmente, ya que luego tendría de gestionar forma oficial en Argel estos mismos asuntos de piratería, donde ejerció como cónsul entre mediados de 1795 y 1797.

..El comercio y los negocios a comisión con Francia desde la guerra, ha sido muy lucrativo, pero me temo que ha enriquecido a los comerciantes a expensas de los demás habitantes, elevando el precio de las bienes de primera necesidad..”6

Llegados a este punto, deberíamos replantearnos la naturaleza de las peripecias en que se vieron implicados MW y Gilbert Imlay durante su estancia en Havre, relacionadas con las acciones de desbloqueo marítimo y en la importación de productos desde los EEUU.

Así, en junio de 1795 nos encontramos a MW gobernando un imponente navío de tres mástiles por las gruesas aguas del mar del Norte. Su misión era tratar de solucionar el tortuoso conflicto diplomático sobrevenido tras la desaparición del barco fletado por Gilbert Imlay. Para salvar el bloqueo marítimo inglés, el barco había zarpado desde Havre bajo pabellón noruego, y oficialmente solo llevaba lastre; sin embargo, sus bodegas iban cargadas en verdad con 36 bandejas de plata con el escudo de los borbones grabadas en ellas, y 32 lingotes de plata por valor de 3.500 libras. Nadie más que ella podía capitanear aquella misión, ya que la propia MW había sido la responsable de supervisar el embarque de la carga en el puerto de Havre.

El viaje que emprendió MW, para intentar recuperar la carga de aquel barco fantasma no tuvo el éxito esperado, a pesar del empeño que puso en recorrer en su trayecto, aquellos mismos puntos por los que se supone había pasado el barco en su ruta a Gotemburgo; y estableciendo en cada puerto contactos políticos y jurídicos de alto nivel para tratar de desmentir los testimonios del capitán del barco, que todo indica que les había traicionado.

Finalmente, señalar que en la última escala de su viaje, MW recaló en Altona a finales de septiembre, ciudad fronteriza muy cercana a Hamburgo donde entonces residían los Barlow que, sin duda, estaban en el ajo.

Aun así, no nos desesperemos. Dejemos que se confirme el primer desembarco, y en el transcurso del verano podamos, tal vez, celebrar nuestra buena suerte, sin olvidar la buena gestión, juntos. Ha habido algún problema con el envío de las mercancías, que el Sr. Imlay sin duda explicará detalladamente, pero la demora no es de mucha importancia, ya que espero escuchar que el Sr. B. está interesado plenamente..”7

Desgraciadamente, en este punto quedamos al pairo, es decir incapaces de seguir navegando tras las estela plateada de MW, en gran medida porque Gilbert le instó a suprimir todo lo que había en su correspondencia sobre sus negocios conjuntos, cuando se decidió a publicar sus cartas desde Escandinavia, que se publicarían en 1796 con el nombre de Letters written during a short residence in Sweden, Norway and Denmark.

Por más que fracasara aquel viaje recorriendo las costas escandinavas, y resulte imposible concretar su papel en los asuntos comerciales en los que andaban metidos, nos interesa remarcar que detectamos reminiscencias de las Utopías Piratas, en especial respecto a las relaciones que estableciera la pareja en París y Havre, integrando una especie de comunidad cosmopolita e igualitaria compuesta de aventureros, idealistas y mercenarios de todos los países, que al grito de Libertalia! luchaban por el bien común, al tiempo que satisfacían sus necesidades más inconfesables.

Por no hablar de aquella unión civil a la que accedió MW en circunstancias adversas; la cual, pudiera haberse tratado de una especie de matrimonio corsario, de carácter igualitario y guiado simplemente por los sentimientos y el compromiso de reunir el dinero suficiente para fundar en alguna isla perdida en el océano, su comunidad flotante de seres libres.

Then the pirates of Parga that dwell by the waves,

And teach the pale Franks what it is to be slaves,

Shall leave on the beach the long galley and oar,

And track to his covert the captive on shore..”8.

Si tratamos de extrapolar estas ideas a Frankenstein, advertimos que incluye al personaje de la madre de Safie, una cristiana que había sido raptada en su juventud por los piratas turcos, y que a la postre es la única mujer fuerte de toda la novela.

Sin embargo, debemos puntualizar que las actividades comerciales de los Imlay en Havre, no encajarían del todo con aquellas repúblicas negras de piratas que proliferaron en los siglos XVI y XVII, donde no existía una forma definida de gobierno, o se abolía el dinero.

La razón principal, es que la actividad de los corsarios de finales del s. XVIII se diferenciaba bastante de los piratas al uso, ya que ahora su actividad se ejercía bajo la bandera de un estado. Consecuentemente, los botines eran -en principio- propiedad del gobierno que otorgaba la patente de corso. En este sentido, sabemos que el filibustero Haley reclutaba sus tripulaciones entre los marineros anglo-americanos que caían prisioneros tras ser atrapados sus barcos en aguas del Canal.

Art. VIII. La asociación tendrá una bandera que será portada por los barcos y embarcaciones de todas las naciones que componen esta asociación [..] La bandera debe ser un banderín en lo alto del mástil, compuesto de los mismos colores que componen el arco iris, y dispuestos en el mismo orden en que aparecen en ese fenómeno..”9

HIJOS del MAR

Teniendo en cuenta el marco histórico de la novela, en Frankenstein casi mejor hablaríamos de una República Marina al estilo de la ideada por otro disidente cercano a MW, Thomas Spence [1750-1814]; quien a su vez era miembro de la London Corresponding Society, y un gran divulgador de las ideas de Thomas Paine.

Spence, considerado uno de los precursores del colectivismo agrario, debemos imaginárnoslo como una mezcla entre Joaquín Costa y los Monty Pithon. Siendo aun joven, allá por 1775, comenzó a escribir sobre una comunidad utópica muy particular, a la que bautizaría en 1794 con el nombre de Spensonia.

Entre los rasgos más sobresalientes de la república de Spensonia cabe señalar que los hombres y las mujeres eran iguales en todo momento, que se fomentaba el pacifismo, el conocimiento científico y la libertad de pensamiento; dándose refugio a los exiliados políticos azotados por la tiranía. Exactamente lo mismo que hacen los Lacey acogiendo a Safie, cuyo padre estaba perseguido por motivos políticos no especificados.

El nerviosismo del público, de hecho, se parecía a un mar agitado; que, habiendo sido puesto en movimiento por un furioso tornado, se hincha gradualmente, hasta que todo el elemento, ola rodando sobre ola, exhibe una conmoción ilimitada. Todos los ojos estaban ahora abiertos, todos vieron la explosión que se acercaba; cuyos murmullos huecos habían inspirado un terror confuso durante algún tiempo atrás..”10

Considerado por el historiador Max Nettlau como uno de los primeros socialistas modernos, Spence se construyó una pequeña biblioteca que transportaba en un burrito, vendiendo allí por donde pasaba sus textos sobre Spensonia. En ellos describía un territorio imaginario situado en alguna isla del océano que incluso llegó a tener alfabeto fonético y moneda propia; unas curiosas piezas de cobre acuñadas con mensajes satíricos y símbolos revolucionarios, que repartía entre la multitud en sus interminables tours de propaganda.

Otro dato relevante es que en Spensonia tampoco disponía de ejército, y si el conflicto armado estallaba, todos los ciudadanos se convertían en soldados. Pero quizás lo más llamativo era que su administración política obedecía tan solo a una cierta jerarquía natural impuesta por las llamadas leyes del mar, que elegía a sus jefes por sufragio universal y admitía la resistencia, la huelga o el amotinamiento en caso de que el capitán actuara despóticamente –maitre apres dieu-.

..las sociedades fronterizas en las Américas fueron probablemente más parecidas a los barcos pirata de lo que se nos ha hecho imaginar. No debieron estar tan densamente habitados como los barcos pirata o en una necesidad de cooperación constante, pero fueron espacios de improvisación intercultural en gran medida fuera del control de los estados..”11

Tratando de avistar estas ideas desde la novela-barco que es Frankenstein, nos daremos cuenta que el mar es el verdadero timón de la narración. Todo comienza y termina sobre el agua, en los límites del mundo conocido; y algunos de los pasajes más decisivos se desenvuelven sobre las olas.

Además, MS deposita en el extraño personaje del capitán Robert Walton, la misión de contarnos lo sucedido; y éste lo hace durante un viaje hacia el norte en el que su barco queda varado en el hielo y está a punto de sufrir un motín a bordo.

Pese a ello, como solía suceder cuando los marineros decidían tomar el gobierno de la nave, el comportamiento de la tripulación de Walton se desarrolló en todo momento de forma consensuada y las peticiones se hicieron por cauces democráticos. Y eso que, aquellos tripulantes posiblemente provenían de una Crimping House -Casa de Olas- donde se encerraba a los marineros como castigo, para luego ser embarcados a la fuerza en expediciones como aquella.

Me hizo recordar cuántas veces los mismos accidentes han ocurrido a otros navegantes que se han atrevido con este mar, y, a mi pesar, me llenó de buenos augurios. Incluso los marineros sienten el poder de su elocuencia: cuando habla, ya no se desesperan; despierta sus energías y, mientras escuchan su voz, creen que estas vastas montañas de hielo son toperas que se desvanecerán ante las determinación de la voluntad humana. Estos sentimientos son transitorios; la larga espera de cada día los llena de miedo, y casi temo un motín causado por esta desesperación..”12

Sin perder de vista la novela, observamos que MS incluyó referencias directas al periodo de los grandes descubrimientos del siglo XVIII, y más concretamente a los viajes de exploración del capitán James Cook, que fue quien popularizó las imágenes de los paisajes helados del Antártico.

Según todos los indicios, la figura histórica que se ocultaría detrás del capitán Walton pudo ser James Lind [1736-1812], científico y explorador escocés muy admirado por Percy Shelley -fue profesor suyo en el Eton College-, quien habría sido designado como astrónomo oficial en el 2º viaje de Cook, 1772, pero que acabó siendo sustituido en el último momento.

Sin embargo, nadie se ha parado a vincular todo esto con su propia madre, lo que resulta extraño ya que MW conoció en Francia a varios miembros de la expedición ártica de Cook. Uno de los tripulantes de aquella expedición había sido el naturalista alemán Georg Forster [1754-1794], al que MW conoció en París y que precisamente fue uno de los que había sustituido al citado Lind en el viaje de 1772. Además, como hemos dicho, MW pudo haber colaborado en Havre con Nathan Haley, quien había acompañado a Cook en uno de sus viajes de exploración, aunque no hayamos podido concretar cual.

El capitán Halley, uno de los compañeros del famoso navegante Cook, acaba de morir. Todavía en servicio, a la edad de casi cien años, a diario daba un paseo de dos leguas, y solía decir alegremente en francés: Le Siècle Marche..”13

Ampliando la relación entre Frankenstein, la literatura de viajes y MW, compartimos junto a Elisabeth Bohls, que uno de los objetivos comunes de este tipo de lecturas es señalar lacras sociales como la corrupción, la intolerancia religiosa o la subordinación femenina. Todos estos temas no solo son transversales en la novela de MS, sino que resultan ser un legado de su madre, quien además de ser una gran viajera, o de conocer en persona a uno de los iniciadores de la literatura de viajes como el citado Forster, dejó escrito, blanco sobre negro, cual era su idea de los viajes en aquella novela de 1796, donde relató su paso por los países ribereños del mar del Norte.

Además de compartir la visión rousseaniana clásica que veía el viaje a otras latitudes como una experiencia educativa, MW iba un poco más allá al admitir que implicaba así mismo un proceso de auto-aprendizaje, perfecto para cuestionarse prejuicios adquiridos y ensanchar los límites del conocimiento mediante la observación y la comparación con todo lo conocido.

Acabo de recibir una de tus desagradables notas; ya que los negocios te ocupan tanto que no tienes tiempo, o suficiente control sobre tus pensamientos, para escribir cartas. Cuidado! Parece que te adentras en un remolino de proyectos y esquemas, que te están conduciendo a un golfo, que, si no llega a absorber tu felicidad, de seguro que destruirá la mía”14

Otro punto de enlace lo situamos en el propio Walton, a quien se suele presentar como el alter-ego de Víctor Frankenstein, pero que casi establece más paralelismos con Gilbert Imlay; en tanto que ambos eran marinos y exploradores, y porque el sueño de Walton se fue al garete igual que el del yanqui.

Conscientes del desprecio al estilo digger que mostró por MW hacia todo tipo de actividades comerciales y que tantas veces recriminó a su compañero, es muy probable que Walton, cegado por la ambición como Imlay y con un pasado criminal como el marinero de Coleridge, navegara hacía el Ártico no solo en busca del famoso Paso del Noroeste, sino que se ocupara en tareas más inconfesables. Hablamos de realizar embargos marítimos con patente de corso, abrir rutas para el comercio de esclavos o cartografiar territorios inexplorados que reportaran pingües beneficios al imperio de turno, y a uno mismo.

Por citar una de las obras de Coleridge que MS leyó en 1817, el espíritu materialista que impregnaba aquel momento histórico incluía una especie de utopía comercial que precede y acompaña al desarrollo del primer capitalismo.

Somos […] una nación ocupada, emprendedora y comercial. Los hábitos propios de este carácter deben, si no se da un contrapeso, conducirnos inevitablemente, bajo las ideas engañosas de utilidad, conocimiento práctico, etc., a mirar todas las cosas a través de su posición en el mercado, y a estimar el Valor de todas las actividades y logros solo por su valor comercial..”15

DISTOPÍA MARINA

Sin desviarnos de nuestra ruta, advertimos que el cementerio de barcos hundidos que visitó a la autora para trazar el horizonte de su primera novela, deberíamos buscarlo en The Rime of the Ancient Mariner -1798- de Samuel Taylor Coleridge. Y así quiso dejarlo claro ella misma en la revisión que hizo de su novela en 1831, que incluyó una referencia explícita a esta obra.

Lo que MS no contó es que Coleridge había querido evocar al escocés James Thomson [1700-1748], inspirado a su vez en las notas de Maupertuis tomadas durante una expedición al Polo Norte. De la misma manera, para su componer su escenografía ártica, Coleridge se habría basado en los viajes del alemán August von Kotzebue. Y curiosamente, sabemos que pese a sus diferencias, Kotzebue apreciaba años después la obra poética de Percy Shelley, declarándose admiración mutua.

¿Ves esos bosques? Pues se extienden ciento once verstas hacia las orillas del Mar Helado. Aún no ha sido pisado por el pie de hombre; por lo que están habitados únicamente por bestias salvajes…”16

Mirándose en el espejo de fortuna, o de muerte, que era el mar helado, Walton admitía en uno de los pasajes de Frankenstein, que la vida de un hombre no valía casi nada en comparación con ..el poder que supone alcanzar y transmitir soluciones a los males de nuestra especie.

A quien se supone que quería colonizar Walton era a los Hiperbóreos, habitantes de un lugar paradisíaco ubicado en algún lugar imaginario cerca del Polo Norte, donde siempre brillaba el sol y sus moradores llegaban a vivir hasta mil años, libres del trabajo penoso, de la enfermedad o la guerra. Tal es así, que Walton llegó a describir al monstruo de Frankenstein como el habitante salvaje de una isla inexplorada, en clara alusión a esta utopía marina.

En estas frases del capitán Walton, MS no hacia otra cosa que recoger una vieja leyenda marinera que conocieron desde siempre los viajeros más intrépidos como el geógrafo Eliseo Reclús; que también se sintió atraído por esta especie de Edad de Oro perdida de la humanidad, y nos habló de ellos describiendo las casas tipo falansterio en las que vivían, bañándose juntos y casi siempre desnudos.

Pero lejos de la exaltación bucólica a la que se presta el mito, lo que nos interesa señalar es que a los hiperbóreos se les describía como un pueblo de costumbres primitivas, es decir, no contaminadas; pero a su vez aislados y recelosos de los visitantes. Esto, trasladado al contexto de las exploraciones de principios del siglo XIX, efectuadas a costa de las ambiciones de los estados-imperio, nos evocarían relatos xenófobos sobre islas desconocidas y pueblos supuestamente no contactados a los que era necesario civilizar, con todo lo que ello implicaba.

La distopía náutica que encierra Frankenstein, no solo se aprecia en la descripción de paisajes glaciales inhóspitos, o de azarosas travesías marítimas, sino mejor a través del trasfondo colonialista que casi siempre tenían las exploraciones de los tiempos del primer capitalismo. Un exhaustivo trabajo de mapeo de recursos y explotación ultramarina que cuanto menos acababa alterando el ecosistema y el modo de vida en el que vivían los pueblos nativos. Así podemos leerlo por ejemplo en la obra del citado Forster, quien sostenía que la degeneración entre los pueblos llamados salvajes se producía por razones externas, es decir ambientales, y no por causas endémicas.

..Inspirado por este viento precursor, siento que mis ideas son cada vez más ardientes y vivas. Intento en vano convencerme de que el polo solo es un sitio helado y desolado, pero siempre se presenta en mi imaginación como una tierra llena de belleza y placer. Allí, Marguerite, el sol siempre es visible; su gran disco casi bordea el horizonte y difunde un brillo perpetuo.”17

Si en el plano temporal la novela de MS es bastante explícita, lo mismo pasa en las composiciones de lugar, ya que se detalla en sus páginas toda una geografía de la revolución, definida como terra incógnita.

En un momento de la historia en que aun quedaban muchos puntos vacíos en el mapa, a los que solo se podía llegar por mar y que se suponían habitados por extraños seres, aquellos primeros revolucionarios de finales del XVIII también abrían paso, y podrían ser vistos como exploradores de territorios políticos desconocidos.

Podría decirse que la novela no solo muestra un interés por el paisaje, el cual adquiere un papel preponderante y casi cobra vida propia, sino por recorrer casi de forma ritual diversos escenarios con trasfondo histórico. En esta línea, a los hiperbóreos se les llamó los hijos del viento del norte, y la expresión Naciones o Regiones Hiperbóreas se utilizó en aquellos años para referirse a ingleses y alemanes, los invasores del norte, enemigos de la revolución francesa. Eso sin contar, con que la desaparición del monstruo en el Ártico al final de la novela, se interpreta como una referencia a la caída de Napoleón frente al frio siberiano.

Estoy rodeado de montañas de hielo que no muestran ninguna salida, y amenazan en cada momento de engullir mi barco”18

Llegados al final de nuestro viaje, podría decirse que el mar abierto es el libro donde se lee el misterioso mensaje de la novela de MS. Un mensaje escrito en el agua, que nos habla de las fuerzas primigenias de la naturaleza que empequeñecen al ser humano, del riesgo que se asume al elegir la libertad y alejarse de la civilización, con sus convenciones y rutinas. Pero sobre todo, de la idea del viaje como ejercicio de introspección y búsqueda de la felicidad..

Estas ideas se trasladaron automáticamente a las primeras adaptaciones teatrales de la obra, ya que tanto en la versión inglesa de 1823, Presumption; or, the Fate of Frankenstein, como en la francesa, estrenada en 1826 con el título de Le Monstre et le Magicien, el actor que encarnó al monstruo fue Thomas Potter Cooke [1786–1864], quien había estado enrolado en la marina inglesa, participando en diferentes batallas contra corsarios franceses hasta 1802.

Ni que decir tiene, que su interpretación en la que salía pintado de verde o azul, con su pelo largo y alborotado como el de una Gorgona, encandiló a MS y al público. De hecho Cooke llegaría a participar en unas 130 representaciones del personaje hasta 1830.

Me refugié en la más perfecta soledad. Pasé días enteros en el lago solo en un pequeño bote, mirando las nubes y escuchando el sonido de las olas, silencioso y apático. Pero el aire fresco y el sol brillante rara vez dejaban de devolverme algún grado de compostura..”19

Evidentemente, ni toda la pasión heredada por el mar de MS, ni todas las referencias marítimas de su primera novela pueden atribuirse en exclusiva a su madre.

No cabe duda, por ejemplo, que también debieron influir las estancias de la joven autora en la ciudad escocesa de Dundee entre 1812 y 1814, que era un importante puerto ballenero del Mar del Norte, que MS describió como ..el nicho de la libertad. Según confesó ella misma en su introducción a la edición de 1831 de Frankenstein, aquel fue el lugar donde empezó a escribir sus primeras cuartillas y, lo que es más importante, donde las criaturas que poblaban su imaginación echaron a volar por primera vez.

Evidente tuvieron su peso también todas aquellas lecturas que antecedieron o acompañaron a la redacción de Frankenstein; que en buena parte incluían aventuras de marinos y piratas. Comenzando por Los Viajes de Gulliver, 1726, o Cándido, 1759; y pasando por Rokeby de Walter Scott, 1813.

Tal fue la inmersión de la autora en el tema, que incluso empezó a usar el seudónimo Marina, justamente cuando escribía la primera versión de esta obra. Y por ello, Frankenstein canta al mar en un sentido más histórico, que lírico, como un director de escena que marca el destino de sus personajes.

Sin embargo, parece evidente que este espíritu líquido que recorre la novela es el mismo que transpira buena parte de la poesía de Percy Shelley, que de hecho murió en el verano de 1822 en extrañas circunstancias, tras naufragar su embarcación; siendo incinerado y enterrado en una playa del Mediterráneo.

Si ésto le sucedió al editor del primer Frankenstein, 1818, otro tanto puede decirse del responsable de la versión francesa en 1821, Alexandre Corréard [1788-1857], que había sido uno de los supervivientes del naufragio del Medusa en 1816. Este barco zarpó de Francia con la misión de encontrar un lugar en la costa de Senegal para fundar una colonia militar francesa, pero una mala decisión del capitán de la expedición provocó un naufragio del que solo sobrevivieron 10 de las 150 personas que viajaban a bordo de esta nave. Corread fue uno de ellos, aunque nunca lo consideró una suerte, sino una maldición…

Corréard sonrió amargamente: Mil veces gracias, articuló, estás actuando como un buen camarada, pero tus halagos son innecesarios. Después de lo que pasó, soy un hombre acabado, un muerto viviente, un objeto de horror, un réprobo, un caníbal…”20

Otro porcentaje de la hidrofilia de Frankenstein, y no menor, se debe atribuir a George Byron, que describió como nadie de su generación la imagen del mar, con aquella figura protagonista del marinero y del pirata, como símbolos de soledad y libertad.

Capitán de barcos de papel, Byron se servía de estos anti-héroes para plantear la posibilidad de escapar de las constricciones morales o políticas propias de aquella sociedad burguesa y mercantilista. Así lo hizo, por ejemplo, en Childe Harold’s Pilgrimage, uno de cuyos Cantos redactaba Byron en el verano de 1816, cuando recibió la visita de los Shelley.

Es muy probable que en alguna de sus largas conversaciones en villa Diodati, Byron les confesara a los Shelley que su visión del mar estaba realmente inspirada en su abuelo, el capitán John Byron, al que nunca había conocido. Les contaría a su vez, que el joven John había embarcado como guarda-marina con solo 17 años para dar su primera vuelta al mundo en una expedición comandada por Anson, 1748, y que entonces sufrió su primer naufragio. Afortunadamente, fue uno de los pocos supervivientes y hasta alcanzó cierta notoriedad tras relatar sus aventuras para lograr sobrevivir.

Posteriormente, ya como capitán de la marina, el viejo Byron cartografió las costas americanas para crear asentamientos, y llegó a buscar una isla mítica cerca de la Patagonia que había sido descrita décadas atrás por un pirata inglés -Isla Pepys-, completando la circunnavegación en solo dos años, 1766.

Over the glad waters of the drak blue sea

Our thoughts as boundless, and our souls as free,

Far as the beeze can bear, the bills foam,

Survey our empire, and behold our home!

These are our realms, no limits to their sway”21

Como se ha intentado demostrar en este texto, el mar resulta una de las claves de interpretación de Frankenstein, en tanto que el relato se estructura sin anclajes a un lugar determinado, y donde la noción de territorio tiene más que ver con la idea del movimiento permanente, de dirección e incluso de imaginación, que con fronteras o límites.

En el espíritu de Frankenstein se esconde una república marítima, cosmopolita y abierta regida por la Hidrarquía donde, como dijo Pompeyo, navegar era más necesario que vivir. Allí se mezclaban lo iniciático y lo épico de la aventura marinera, el idealismo nacido de la fraternidad y la igualdad, el fulgor de la violencia y la más cálida bondad.

En el contexto del nacimiento del proletariado atlántico, allí confluyen libertos, lobos de mar, prostitutas de barco, comerciantes sin escrúpulos, y por supuesto renegadas o rebeldes como MW. Todas tienen una cosa en común, huir del dominio de cualquier imperio y fundar una especie de república flotante -o ambulante- en alguna de las florecientes ciudades ..más allá del mar.

..En civilizaciones sin barcos, los sueños se secan, el espionaje ocupa el lugar de la aventura, y la policía sustituye a los piratas”22

Entre la tempestad y el puerto, las actividades políticas de MW en Francia aun pueden deparar sorpresas. Por lo pronto, dan para abrir dos vías de navegación inexploradas hasta el momento. Una de ellas nos llevaría a analizar la relación del corsario yanqui Nathan Haley y otros marinos extranjeros, con los motines que se dieron en la flota inglesa en 1797. Mientras que la otra nos conduce a valorar su implicación de todos ellos, incluida MW, en las frustradas expediciones del ejército francés en las costas de Irlanda, 1796-98.

Sin embargo, creemos más ajustado a nuestras posibilidades, comenzar por establecer en un artículo final, ciertos vínculos entre MW y el primer republicanismo irlandés, que también nos hablan del trasfondo utópico de Frankenstein.



  • 1SHELLEY, Mary: Frankenstein, or, The modern Prometheus. Tomo 3. Londres, 1818, p. 44. Las alusiones marinas se concentran en el tercer volumen; aunque el mar ya tuvo presencia en un relato de viajes de 1817, ..“De repente una tormenta eléctrica golpeó la vela y las olas se precipitaron sobre el barco; hasta los marineros pensaban que nuestra situación era peligrosa; ahora el viento había cambiado y navegábamos por delante de un viento que arreciaba en violentas ráfagas”, History of A Six Weeks Tour through a part of France, Switzerland, Germany, and Holland, with Letters descriptive of a Sail round the Lake of Geneva, and of the Glaciers of Chamouni. Londres, 1817, p.3.
  • 2SHELLEY, Mary: Frankenstein, or, The modern Prometheus. Tomo 3. Ob. Cit,, pp. 128-129. Mientras escribía su primera novela, MS leyó a Adelaide Filleul, Eugénie et Mathilde, ou les mémoires de la famille du Comte de Reve, escritora que había estado unida a Talleyrand entre 1782 y 1792, e incluso habrían tenido un hijo juntos. MW pudo conocerla en Londres en esas fechas, o en Hamburgo en 1795.
  • 3WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view of the origin and progress of the French Revolution and the effect it has produced in Europe. Londres, 1794, pp. 369-370. Algunos sugieren que James pudo volver a Francia, de donde fue expulsado otra vez en 1804, falleciendo en 1806. También, Aberdam: Un frère de Mary Wollstonecraft en France?. Annales historiques de la Révolution française, 344, 2006, 199-206.
  • 4CARTA del Capitán Haley, París 2 de marzo de 1794, en Gazette of the United States 20-05-1794. El pirata Haley puede recordarnos a otros personajes históricos convertidos en símbolo del villano filántropo, como sucedía con el protagonista de una de las novelas que MS leyó en 1815, The History of Rinaldo Rinaldini, the Robber Captain, 1798. En ella, Christian August Vulpius recuperaba la biografía del italiano Angelo Duca [1734-1784], Angiolillo, uno de los primeros representantes del bandidaje social según Eric Hobsbawm.
  • 5CARTA de Nathan Haley a Isaac Clafon, Dieppe 30 de abril de 1797, en Cobbet: Porcupine’s works. 1801, Vol. 7, p. 63-64. Haley fijó residencia en Francia, pero mantuvo correspondencia con políticos de su país como Jefferson, Madison o Aaron Burr, que fue acogido por Haley tras exiliarse. Acabó su vida como cónsul en Nantes. Ver, Gallois: Les corsaires français sous la République et l’Empire. Tomo II. Imprim. de Julien, Le Mans, 1847. También, Gazette of the United States 23-04, 13-10-1794.
  • 6WOLLSTONECRAFT, Mary: Letters written during a short residence in Sweden, Norway and Denmark. Londres, 1796, p. 19. Al menos entre 1792 y 1793, Barlow hizo negocios en París con el escocés William Maclure [1763-1840], que se dedicaba en Francia a importar productos desde los EEUU, los cuales entraban por el puerto de Havre. Maclure volvería a los EEUU en 1795, y regresaría a Francia en 1802 como presidente del Comité de estadounidenses afectados por incautaciones de barcos durante la revolución.
  • 7CARTA de MW a Ruth Barlow, Havre 27 de abril de 1794. Por suerte, quedó olvidada una carta de MW fechada en septiembre de 1795 que fue descubierta hace años en Dinamarca, donde ella se dirigía al primer ministro y solicitaba su mediación. También, Nyström: Mary Wollstonecraft’s Scandinavian Journey, Acts of the Royal Society of Arts and Letters of Gothenburg, Humaniora 17, 1980.
  • 8BYRON: Childe Harold’s Pilgrimage, segundo Canto. MW debió conocer la obra de Wilhem Heinse [1746-1803], precedente del socialismo alemán que encabezó el movimiento Sturm und Drang. En sus textos describía sociedades primitivas sin propiedad privada, con referencias a utopías corsarias. Ver, Heinse: Ardinghello et les îles de la félicité, histoire italienne du seizième siècle. París, 1799, p. 313.
  • 9PAINE, Thomas: Maritime Compact; or, an Association of Nations for the Protection of the Rights and Commerce of Nations that May be Neutral in Time of War. 1801, p. 18. Gracias a la ayuda financiera de Haley, y el apoyo diplomático de Barlow, Paine pudo publicar en 1801 este curioso ensayo en el que proponía la creación de una Sociedad de Naciones, dispuesta a declarar el boicot a los países en guerra que impidieran el tráfico marítimo.
  • 10WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 155. Spence se vio perseguido en la década de 1790 por su actividad política y editorial siempre enfocada a las clases populares. Usaba un lenguaje lleno de alusiones bíblicas, y quizás por ello muchos lo tildaron de lunático. Sin embargo, Percy Shelley sí fue partidario de sus ideas, y colaboraría en 1815 en el Theological Inquirer, periódico ligado a los seguidores de Spence; y además, sacaría en 1818 un folleto sobre la reforma del sistema electoral en la línea de las ideas de Spence.
  • 11GRAEBER, David: Nunca ha existido Occidente ó la democracia emerge de los espacios intermedios; en VVAA: Anarquismo y antropología. La Malatesta, 2008, p. 89. Sus seguidores, los Spenceans Philantropist, se mostraban muy activos desde 1816 en torno al reparto de tierras, radicalizando sus posiciones y pasando a la clandestinidad en 1817 por la legislación represiva aprobada contra ellos. Serían desarticulados en 1819, y asesinados la mayoría de sus dirigentes en mayo de 1820.
  • 12SHELLEY, Mary: Frankenstein, or, The modern Prometheus. Tomo 3. Ob. Cit, p. 165. Charles Wollstonecraft se incorporó al ejército yanqui en 1798, alcanzando el grado de mayor tras intervenir en diferentes operaciones, entre ellas patrullar la frontera marítima con las posesiones españolas, interviniendo en actos de sabotaje y filibusterismo. También, Rediker: Entre el deber y el motín. Lucha de clases en mar abierto. Levanta Fuego, Madrid, 2019.
  • 13MILLE et une anecdotes comiques. París, 1854, p. 182. Lind fue un estrecho colaborador del naturalista y explorador ártico galés Thomas Pennant [1726-1798], una de cuyas obras leyó MS en 1814, Outlines of the Globe. También, Forster, George: Voyage philosophique et pittoresque en Angleterre et en France, fait en 1790.
  • 14CARTA de MW a Gilbert Imlay, París 9 de enero de 1795. En una de las obras que MS leyó en 1817, The Adventures of Roderick Random, 1748, el protagonista también perdía a su madre solo unos días después de nacer. Se trataba de una novela de Tobias Smollett, que incluía además sus vivencias como marinero en la Royal Navy y que suele leerse como una alegoría del primer capitalismo.
  • 15COLERIDGE: Blessed are ye that Sow beside all Waters! A Lay Sermon, addressed to the Higher and Middle Classes, on the Existing Distresses and Discontents. Gale and Fenner, Londres, 1817, p. 73. En The emigrants, se alude a los efectos indeseables del espíritu comercial; lo cual, sería una prueba de que la autoría corresponde a MW, como se apunta. Sin embargo, habría que diferenciarlo del espíritu de innovación industrial, que estaba muy extendido entre los radicales, y el cual MW sí compartía. Ver, Imlay, Gilbert: The emigrants, or the history of an expatriated family, being a delineation of English manners, drawn from real characters, written in America. Vol 3. Dublin, 1794, p. 139.
  • 16KOTZEBUE, August von: The most remarkable year in the life of Kotzebue, containing his exile into Siberia. Volumen I. Londres, 1802, p. 14. Así, tras conocerse en 1814, Percy y MS leyeron este libro. Así mismo, no podemos descartar que Kotzebue y MW coincidieran alguna vez en París, donde ambos residieron entre 1793 y 1795. Ver, The Collected Works of Samuel Taylor Coleridge: Poetical Works I Vol I.I. Princeton University Press, 2001, p. 280.
  • 17SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 1. Ob. Cit, pp. 12-13. Esta teoría, la leyó MS en la obra, Travels in China, Containing Descriptions, Observations, And Comparison, Made And Collected in the Course of a Short Residence at the Imperial Palace of Yuen-Min-Yuen, 1804, escrito por el explorador y diplomático John Barrow, que fue uno de los que más dinero y vidas humanas derrochó en aquel empeño de encontrar el Paso del Noroeste.
  • 18SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Ob. Cit, p. 222. MS leyó en 1815 a Eugène Labaum, Relation circonstanciée de la campagne de Russie, de 1814, novela que fue traducida a varios idiomas y donde el capitán Labaum narraba de forma crítica el infierno helado que atravesaron los supervivientes de la campaña napoleónica en su retirada, donde también murió Joel Barlow, en diciembre de 1812. También, Randel: The political geography horror in Mary Shelley’s Frankenstein, en Mary Shelley’s Frankenstein. Harold Bloom, New York, 2007, pp. 185 y ss.
  • 19SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Ob. Cit, p. 7. MS leyó en 1817 varias novelas de ex-marineros de la Royal Navy con visión crítica como Tobias Smollett, The Adventures of Roderick Random, 1748; o a John Davis, Travels Of Four Years And a Half in the United States Of America, 1803. Davis se había pasado años junto a los mejores navegantes de su tiempo, visitando las Indias orientales, luchando contra los corsarios franceses en el Canal y sufriendo un peligroso naufragio. Abandonó en 1798 y marchó a los EEUU, regresando en 1802.
  • 20SEUHL, Antonin: Le revenants de La Meduse, Le Journal 02-10-1934. Uno de los mejores amigos de Percy, Edward John Trelawny sirvió en la marina entre los doce y los diecinueve años, y era conocido luego por hacerse llamar capitán –aunque no lo era– y por inventar historias de escaramuzas en el mar con los piratas.
  • 21BYRON, George: The Corsair, a Tale. Londres, 1814, p. 1. En 1815, MS había tenido las primeras noticias sobre abuelo de Byron leyendo a Richard Walter, A Voyage round the World in the years MDCCXL, I, II, III, IV, by George Anson.
  • 22FOUCAULT: Of Other Spaces. Utopias and Heterotopias. Diacritics, Primavera 1986, pp 22-27. Curiosamente, MS en el futuro terminará siendo una pésima viajera, padeciendo serios mareos en sus viajes marítimos.También, Linebaugh y Rediker: La Hidra de la revolución. Marineros, esclavosy campesinos en la historia oculta del Atlántico. Crítica, Barcelona, 2005.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s

Aquest lloc utilitza Akismet per reduir els comentaris brossa. Apreneu com es processen les dades dels comentaris.