Lejos del papel de víctima, o de testigo de excepción, al que la historia suele relegar a las mujeres rebeldes, Mary Wollstonecraft desplegó una intensa actividad política en Francia. Más que perder la cabeza por Imlay, como suele repetirse, más bien estuvo a punto de perderla en la guillotina, como tantos colegas suyos.


La ausencia de información precisa sobre Mary Wollstonecraft [MW] durante los más de dos años que pasó en Francia, ha provocado cierta distorsión en la interpretación de su propia biografía, y por extensión de la novela de su hija. En este último caso, han derivado mayoritariamente hacía temáticas más psicológicas como la influencia que pudo tener el fallecimiento de su madre justo después del parto, o la perdida de un hijo recién nacido mientras Mary Shelley [MS] escribía la novela.

Aunque estas circunstancias fueran determinantes, todo indica que se han sobrevalorado y alejan el foco de las peripecias políticas de MW por tierras galas, que como veremos son decisivas para una adecuada comprensión de la novela.

Lo primero que sorprende al reconstruir la trayectoria de MW, es que la falta de detalles sobre su paso por Francia induce a pensar que es algo intencionado, como si se hubiera querido borrar todo rastro; por lo que comenzaremos por vincularla con un personaje que, como ella, se convirtió a su pesar en protagonista de los acontecimientos.

Nos referimos al abogado y escritor Louis Michel Musquinet de Lapagne [1745-1794], en quien reparamos tras advertir que publicó en 1790 un folleto en el que denunciaba a la nueva autoridad revolucionaria por permitir la prolongación de su encierro, Réclamations du moderne Prométhée à tous les districts. Lo que al principio solo era una coincidencia con el subtítulo de Frankenstein, fue cobrando importancia a la luz de su biografía.

..No concibo hablar sobre todos estos desastres sangrientos sin que mi corazón se desgarre totalmente; el pueblo es soberano, tienes razón; pero distingamos al pueblo delirante, al pueblo sublevado, del pueblo tranquilo y pacífico..”1

Vaya por delante que Musquinet había pasado 22 años de su vida encerrado en las prisiones parisinas, supuestamente por haber asesinado a un aristócrata en 1766. Según dijo él mismo, debía haber sido puesto en libertad en 1783 tras haberle conmutado su condena el rey, pero continuó preso injustamente por la intervención en su contra de su propio padre, que logró que lo declararan enfermo mental.

Musquinet de Lapagne, que alteró su apellido para diferenciarse de sus hermanos, aprovechó el tiempo para estudiar derecho y escribir durante sus largos años de cautiverio, y tras la sacudida de 1789 -aun encarcelado- publicaría varios ensayos que alcanzaron cierta resonancia. Entre ellos, estaba una obra novedosa en su género, Bicêtre réformé: Établissement d’une maison de discipline, 1789, que avanzaba alguna de las ideas de Jeremy Bentham [1748-1832].

Una de los aspectos más relevantes de este libro, y de la personalidad de su autor, es que encajarían con el tratamiento de la salud mental que se hace en la novela de MS. Por ejemplo a través de Víctor, Robert Walton o de la misma criatura, cuyo aislamiento existencial solo es comparable al retrato que había hecho MW de la protagonista de Maria, of the Wrongs of Woman, tras ser confinada en un sanatorio por su propio marido. Otro elemento de conexión significativo, es que esta obra de Musquinet de Lapagne iba dedicada al representante de la Asamblea Nacional Boniface de Castellane, gran amigo de Charles-Maurice de Talleyrand, con quien MW colaboraría en Londres.

Desde el vientre de la ballena, (Musquinet) clama a la Asamblea nacional que ordene al monstruo que lo vomite en la costa, y pide al señor Manuel, por qué no ha entonado aun el cántico de Jonás”2

La publicación de esta obra fue bien recibida en su tiempo, pero lejos de favorecer su liberación, le generó represalias de los directores de la prisión, quienes lograron prolongar su encierro e incluso trataron de asesinarle.

Otro dato interesante es que, en todos estos años, Musquinet de Lapagne conoció entre rejas a buena parte de los agitadores políticos y, dado que era un admirador de Marat, pudo también haber trabado amistad con otro cautivo ilustre de Bicetre. Nos referimos al Marqués de Sade [1740-1814], autor del Justine, 1791, obra que guarda ciertos paralelismos con Frankenstein. Se dice que fue William Polidori, quien llevó a Villa Diodati un ejemplar del Justine de 1791, pero más allá de la presencia del personaje secundario de Justine Moritz, el propio Víctor en su egocentrismo, tendría mucho de Sade; eso sin contar que ambas obras se leen como correctivo paródico a los vicios del terror.

¡Afortunado del interés que su visión ha inspirado todas las almas, si pudiera hacerle olvidar los crímenes de todos los monstruos que lo habían atormentado tan cruelmente durante veintidós años!..”3

Musquinet de Lapagne fue excarcelado por fin el 18 de marzo de 1791, siendo recibido como un mártir en los círculos parisinos, y no tardó en sumarse al Club de los Cordeliers, estableciendo a su vez buenas relaciones con el ala más radical del jacobinismo. Así, tras su liberación se le sitúa en París, rue de Chartres, y junto a su hermano Marin Emmanuel Musquinet de Saint-Felix [1744-1811], integrados en el círculo de amigos de Charlotte Robespierre.

Poco más podemos decir sobre sus actividades tras ser liberado, tan solo que participó en los asaltos a las cárceles de París de septiembre de 1792, que tan bien conocía; y que a continuación fue enviado en misión oficial a Verdun para investigar el asesinato de cuatro desertores prusianos, siendo declarados culpables algunos voluntarios parisinos allí movilizados.

El jefe de los carniceros, que dirigió a la gente a Bicêtre, era un parricida de Angers, llamado Musquinet de la Pagne; había estado encerrado durante años en las celdas subterráneas de esa prisión. El conserje, que lo conocía, quiso proteger con su cuerpo a los prisioneros, y fue la primera víctima de este monstruo…”4

Su nombre reaparecería en los periódicos en diciembre de 1792, tras ser elegido alcalde de Ingouville, pequeña ciudad cerca del puerto de Havre, donde llevaba viviendo desde julio.

Ocupado inicialmente como fundidor, Musquinet de Lapagne había sido bien acogido entre la población y no tardó en asumir el cargo de portavoz de la Sociedad Popular local, creada a iniciativa suya y formada por obreros del puerto o artesanos pobres. Como era de esperar, Musquinet comenzó a ser mirado con recelo por los sectores burgueses locales, ya que desde que tomó posesión del cargo de alcalde se había mostrado como un estricto defensor de las nuevas leyes republicanas, adoptando medidas cada vez más radicales. Por ejemplo, cuando mandó cumplir la orden de detención de los ingleses y extranjeros.

..El movimiento que se manifiesta en Havre tiene una causa secundaria: es el arresto del ciudadano Musquinet de la Pagne, alcalde de Ingouville. Una cosa que debe haberme sorprendido es que su arresto tuvo lugar el mismo día de mi llegada. También me ocuparé […] de calmar una agitación que me parece deberse al apego que sus conciudadanos parecen tener por él.”5

Musquinet de Lapagne ganó fama de agitador anarquista en pocos meses, en gran parte por tomar medidas como que los entierros fueran siempre civiles o las campanas de algunas iglesias fueran convertidas en cañones. Musquinet no solo tuvo la osadía de enfrentarse a los aristócratas emboscados de aquel departamento, a los que acusaba de ser los responsables de la escasez de alimentos y bienes de primera necesidad, sino que tachó de contra-revolucionarios a los delegados de la Asamblea Nacional -Legendre y Delacroix- llegados desde París para tratar de acabar con el prestigio popular de Musquinet de Lapagne.

Convertido en un personaje demasiado molesto para todo el mundo, desde el verano de 1793 se fue urdiendo un complot en su contra y comenzaría a perder influencia entre la población de Havre. Los principales argumentos para lograr denigrarlo, fueron las acusaciones personales que sacaban a relucir su pasado; aunque la gota que colmó el vaso fue el conflicto generado por los acaparadores de harina y otros bienes de primera necesidad. Finalmente, ni siquiera le respaldaban los socios de la Sociedad Popular que ahora tomaba el nombre de Los Amigos del Pueblo.

Cometiendo un error fatal, a finales de septiembre Musquinet de Lapagne trató de buscar protección en París entre sus camaradas sans-culottes y herberistas, pero estos también le dieron la espalda, o nada podían hacer ya por él; siendo detenido por orden superior en un club jacobino de la capital a mediados de octubre. Lapagne sería ejecutado el 16 de marzo de ese mismo año.

..buscando hacerse un hueco entre los campeones del patriotismo que pululaban en esta comuna; denunció, ad hoc y ab hac, a todo tipo de individuos; quiso armar a los ciudadanos de Havre-Marat unos contra el otros, y para lograr su triunfo, se introdujo en la sociedad de los jacobinos; pero allí se encontró con la roca tarpeya..”6

Hasta aquí, lo que sabemos de este anti-héroe, arquetipo y chivo expiatorio de la revolución, cuya biografia hemos creido pertinente recomponer porque establece paralelismos con la novela de MS. Entre lo que más nos llamó la atención, sin duda estaba el hecho que la historia de Musquinet de Lapagne sirvió de ejemplo de la triste suerte que corrieron muchos Prometeos de la revolución. Eso sin contar con que la leyenda del monstruoso Lapagne se había gestado en Ingouville, que casi es lo mismo que Ingolstadt, el lugar donde la autora sitúa la fabricación del monstruo de Frankenstein.

Ahondando en el tema, tenemos en convencimiento de que MW pudo haber conocido la historia de Musquinet de una forma más directa de lo que podríamos imaginar, no solo porque su ejecución fuera puesta como ejemplo de la crueldad del sistema judicial jacobino, e incluso se convirtiera en personaje de una opera cómica que retrataba los excesos de la época.

No pierdas tiempo, hermano, no hay ni parientes, ni hermanos, ni amigos, ni padres, ni hijos que mantener, hay que hacer que la salud pública pase por delante de todo..”7

Sucede que otros miembros de la familia Musquinet también alcanzarían notoriedad en estos años, ya que por ejemplo su hermano Emmanuel, actor residente en París y revolucionario de primera hora, había estado en La Vendée como ayudante de Ronsin, capitán de la Armada Revolucionaria de París, y pasó varias veces por prisión entre 1790 y 1794, salvando la vida por los pelos.

Por otro lado estaba su hermana Marie Luise que sería la madre del general Lecrerc, casado a su vez con una hermana de Napoleón Bonaparte. Mientras que su hermano mayor Jean-Charles, llamado Musquinet de Beaupré, hizo carrera en el ejército y comandaría la expedición de Santo Domingo, 1801-02, en el marco de la guerra de emancipación de los negros haitianos. Posteriormente acabó siendo nombrado barón por Napoleón en 1809, el mismo año en que sera comandante de la plaza de Ingolstad. Murió congelado en el invierno de 1813, durante la campaña en Rusia.

A pesar de que no ha podido establecerse el lugar y la fecha del encuentro entre Musquinet de Lapagne y MW, como veremos las pruebas circunstanciales son, cuanto menos, sugerentes.

..que uno llamado Musquinet-Delapagne había expuesto su vida para salvar la de Marie, cuya cabeza pedía la gente a gritos.”8

Atendiendo a la cronología, sabemos que MW dejó su residencia en la casa de los Christie en los alrededores de París en enero de 1794, para vivir una larga temporada en la ciudad de Havre. Allí le esperaba su compañero Gilbert Imlay [1754-1828] que había marchado pocos meses antes por asuntos comerciales.

El momento elegido para mudarse a Havre no tenía nada de casual, ni vino forzado por el próximo nacimiento de su hija. Debemos atribuirlo principalmente a la tensión social en aumento, y en concreto a la complicada situación que atravesaban los ciudadanos extranjeros en París a los largo de los últimos meses, especialmente los británicos por el conflicto anglo-francés en ciernes. MW era una de esas ciudadanas extranjeras a las que Marat llamaba agentes de la facción inglesa, y no tardaron en dictarse medidas legales que alcanzaron a muchos de sus amigos y conocidos, que decidieron salir del país o acabaron en prisión. Uno sobre el que recayeron sospechas de espionaje fue John Hurford Stone y su compañera Helene Marie Williams, protegidos de Barère de Vieuzac; aunque también alcanzó a otros amigos de MW como Gilbert Imlay o Thomas Christie.

De hecho, Stone parece haber sido no solo el centro, sino también el principal responsable de la red de espías británicos en París bajo la Primera República, luego bajo el Consulado, junto con su compañera Williams y sus amigos James A. Smith y Woolstonecraft…”9

Buscando regularizar su situación, MW habría atendido a algún tipo de enlace civil en agosto de 1793 y convirtiéndose en ciudadana americana a ojos de la ley francesa. Desde entonces pasó a llamarse Mary Imlay. Pero ni el momento para cambiar de nombre y luego de domicilio era casual, ni debido a motivos estrictamente sentimentales como se insiste.

Su destino era la ciudad de Havre, donde Mary y Gilbert Imlay residirían entre enero y septiembre de 1794, pero resulta que eligieron precisamente establecerse en el distrito de Montivillier, uno de los enclaves jacobinos de la villa y donde meses atrás Musquinet había tenido mayor apoyo electoral.

Las coincidencias no quedan ahí, ya que si Gilbert había dejado París en dirección a Havre justo en septiembre de 1793, en principio por asuntos comerciales relacionados con la importación de alimentos; esto coincide también en el tiempo con la decisión fatal de Musquinet de Lapagne de marchar a París. Esta sincronización se repite el 11 de marzo, solo unos días antes de la ejecución de Lapagne, momento en el que Gilbert haría un súbito viaje a París, regresando pocos días después.

Aunque los datos indican que Musquinet de Lapagne y los Imlay pudieran haberse conocido antes, en especial con MW que solía relacionarse con muchos periodistas y escritores con actividad política, el punto de conexión más solido entre ellos serían las visitas que -casi seguro- ésta hizo en la cárcel a su amigo Thomas Paine, diputado de la Convención nacional por el departamente de Pas de Calais, quien había sido detenido a finales de diciembre de 1793 básicamente por ser ciudadano inglés, aunque también era americano.

Paine estuvo encerrado en la prisión de Luxemburgo, la misma en la que estaba Lapagne desde hacía unas semanas, y que sería visitada por MW para apoyar a algunos presos políticos afines como su amiga Helene Marie Williams -encarcelada desde octubre- o el filántropo sueco-alemán Richard Gustav von Schlabrendorf [1750-1824], encarcelado desde junio de 1793 tras mostrar su oposición al Terror. Además, el propio Musquinet de Lapagne compartió celda con Étienne Clavière, ex-ministro girondino buen amigo de Brissot, quien se suicidó en prisión un día antes de que lo llevaran a la guillotina, 8 de diciembre.

Habíamos tomado la resolución de no ir a Londres, atravesando el país hasta Portsmouth; y desde allí, embarcarnos hacia Havre. La razón de optar por este plan, era que deseaba volver a ver aquellos lugares donde había disfrutado de algunos momentos de tranquilidad con mi querido Clerval..”10

Volviendo a Musquinet de Lapagne, víctima del antiguo régimen como lo fue luego de la revolución, advertimos que el instructor del procedimiento que recabaría las supuestas pruebas contra él, fue el diputado de la convención Jean-Baptiste Michel Saladin [1752-1820?], que por aquella época era un fogoso acusador enviado por el Comité de Salud Pública a Havre, pero que luego se convertiría en el primer inquisidor contra-revolucionario.

Entre los datos reseñables de su biografía, consta que este abogado de Amiens había sido uno de los legisladores más activos de la Asamblea constituyente, mostrándose virulento contra los curas o los grandes propietarios huidos del país, votando con ambiguedades la muerte del rey y abogando por la entrada en guerra.

Si bien Saladin se posicionó junto a los girondinos desde finales de 1792, lo que le acerca al círculo de MW en París, incluso llegó a ser encarcelado por protestar por las detenciones masivas de junio de 1793, tras salir de prisión en diciembre de 1794, mostraría su verdadera cara convirtiéndose en el principal acusador contra-revolucionario.

De hecho, Saladin no solo protagonizó el primer gran juicio contra la Revolución, sino que sus argumentos serían la base argumental sobre la que se construiría el discurso histórico contra los monstruos de la revolución.

..Hace falta consolidar este giro, debemos evitar para siempre aquellos días desastrosos cuyo recuerdo aún es tan angustioso, debemos desarraigar la tiranía, derribarla en cada uno de los que participaron en ella; advertir con un gran ejemplo a todos aquellos que pudieran concebir aun el deseo o que lo alimentan en su pensamiento..”11

Tras recuperar algunos detalles de las biografías de aquellos monstruos de la revolución que tan cerca estuvieron de MW, podríamos empezar a descartar que su paso por Havre fuera un amoroso retiro campestre para dar a luz a su primera hija; y menos una aventura sobrevenida a la sombra de su compañero, que ejercía como diplomático.

Más allá de su tóxica relación con Gilbert Imlay que suele ser el aspecto más citado, preferimos fijar la atención en otro aspecto que consideramos importante, ya que si aparentó haberse casado con el explorador yanqui fue para no presentar su cuello en la plaza de la revolución.

Y no fue la única vez. Otro momento en que MW tuvo que sortear el poder destructor de la guillotina fue en la primavera de 1795, fecha de su precipitada salida del país, ya que solo sabemos que se produjo tras la sublevación de las sans-culottes parisinas del 1 de abril de 1795, y antes de una segunda tentativa que se dio el 20-21 de mayo.

Que su madre se hubiera librado por los pelos de ser guillotinada, debía tener presencia en Frankenstein. Comenzando por el hecho que al monstruo se le llama Vampiro, primero como alusión a la novela de su amigo Polidori, escrita también en 1816, pero a su vez en referencia a los jacobinos, con el tigre Robespierre a la cabeza, tildados de ser bebedores de sangre humana o de canibales.

El propio Marqués de Sade, que detestaba a Robespierre, había escrito sobre ello con su magistral estilo. Curiosamente, había sido recluido junto a su editor -Girouard- tras publicar en 1793 Aline et Valcour, donde incluía una descripción fantástica del reino de Butua, régimen totalitario y antropófago enfrentado al de Tamoé, paraíso fraternal e igualitario en una isla del Pacífico dirigido por el rey-filósofo Zamé.

Sade se salvó por los pelos y debió tomarse como una broma del destino que Robespierre fuese rasurado el mismo día en que él salió de la cárcel, 10 Termidor, 1794; pero viendo que su editor sí fue decapitado, modificó el texto en sucesivas ediciones.

La única excusa que se puede poner para la ferocidad de los parisinos es por tanto simple de observar, que no tenían ninguna confianza en las leyes, a las que consideraban siempre como meras telarañas para atrapar moscas pequeñas […] Cuando la justicia, o la ley, es tan parcial, llegará el día de cobro junto al cielo rojo de la venganza, para confundir al inocente con el culpable. La turba actuaba de forma bárbara imitando la crueldad del tigre… “12

Ya que la cosa va de anécdotas bizarras, avanzamos que en Frankesnteín, las referencias a la guillotina se centrarían en su asociación con la figura mítica de Prometeo.

Dado lo mucho que se ha escrito sobre Nuestra Señora de la Santa Guillotina, casi es un personaje histórico que no necesita presentación. Sin embargo, cabe incidir en el asunto, recordando que miniaturas de la guillotina se vendían en los primeros años de la revolución como objeto de lujo o juguete infantil. Unos rasgos de identidad que pueden adivinarse también en los diversos nombres con que fue bautizada civilmente, los cuales curiosamente, nos permiten atribuirle un trasfondo mítico relacionado con Prometeo.

..ya os veo alineados en la misma carreta, llegar y presentar vuestra cabeza con gracia en la claraboya revolucionaria, ¡cuánto me alegraría veros en la báscula! Eso va también para vosotros, jueces y acomodados destituidos, que os haceis pasar por radicales, para camuflar vuestro secreto carácter aristocrático..”13

Efectivamente, Madame Guillotin estaba llamada a marcar el curso de los acontecimientos, y desde que tronchó la testa de Luis Capeto en enero de 1793, ya no dejaría de funcionar. Hasta se podría decir que cobró vida propia, ya que rodaron miles de cabezas, muchas de ellas de la aristocracia o del clero. Pero como todo hijo que intenta matar al padre por opresor, incluso estuvo a punto de matar a su creador, Joseph-Ignace Guillotin, detenido por contra-revolucionario. No contenta con ello, el espectáculo debía continuar y la Dama del Carrusel acabó llevándose por delante a muchos de los que habían sido sus defensores como Danton, Desmoulins, Hebert, Saint Just, Robespierre, el propio Musquinet y tantos otros.

Otro de los rasgos de Prometeo que aportaba significante mítico a la guillotina, conocida entre otros apelativos más o menos satíricos como la Sala nº 101, la Mecánica, el Tobogán o el Despiezador –l’abbattoir-, fue la exaltación simbólica del suplicio. Si Prometeo fue representado en la historia del arte sufriendo los tormentos propios de cada época, algo parecido sucedió en la Francia revolucionaria. Por ejemplo, en aquellos años se decía que los condenados se encaminaban hacia la Abadía del Monte del Arrepentimiento, Monte a Regret, y en su camino al cadalso iban acompañados por las Furias de la Guillotina.

Las furias eran un grupo de mujeres del pueblo, muchas de ellas calceteras, que presidían el acto de la ejecución increpando al reo, encarnando el papel del vengativo buitre de Prometeo; como hieródulas de la diosa razón que casi hacían de la guillotina un culto popular. Algunas usaban pendientes representando una guillotina o adornaban sus cuellos con una cinta roja. Entre otros nombres, fueron llamadas Agitatrices, Damas de la Haya, Jacobinas

..Continuamente veo a mi alrededor una multitud de animales infames, que me abruman con un tormento continuo, cuyo horror a menudo me arranca llantos y gemidos.”14

Si el propio Prometeo era quien prendía las antorchas de las furias en esta versión subversiva del mito, podemos confirmar que se usaron otros nombres para la guillotina que aludían al suplicio prometéico como jouer a la main chaud, en referencia al gesto corporal contraído que se efectuaba al iniciarse un tipo de juego de bolos muy popular en aquella época; además, después de la ejecución los cadáveres eran llevados al cementerio de los Atormentados, des Supplicies.

Finalizando nuestro repaso histórico en torno a Prometeo y al ingenio de la Guillotina, cuya hoja metálica brillaba como un sol en medio de la plaza de la Revolución, debemos recordar que también se usaban modismos populares como pedir hora en el tragaluz, o cortar la palabra, que alude a la supresión del rasgo más característico de la inteligencia humana.

El antiguo régimen moría ahogado por oleadas de fango, sangre y carcajadas a partes iguales. Así lo indicaría finalmente el giro estornudar dentro del saco de la república, que se refería a la mueca que les quedaba a los trancheteados; pero que a su vez nos remitiría al papel atribuido al estornudo en la fábula de Prometeo, quién animó a su hombre de barro poniéndole bajo la nariz un frasquito con un rayo de sol que le hizo estornudar y de inmediato cobrar vida, saludándolo con un ..que te aproveche.

Debemos considerar que el estornudo y su saludo automático, divinizado en la mayoría de las culturas con formas emparentadas, siempre había sido visto como signo de buen o mal augurio. Pero sucedió que a partir de la Ilustración y sobre todo con la revolución francesa, el estornudo se despojó de reminiscencias autoritarias, recobrando su aspecto vitalista e irreverente. Así, fue sustituido el Jesús o el Dios te guarde, por un A vous Souhaits, o Toute ce que vostre coeur desire.

Acabas de refundar la nación por tu Constitución, y, nuevo Prometeo, has robado, una especie de fuego celeste que la anima y le da nueva vida. Conservarlo en este estado de vigor y salud; cortar, cortar sin piedad todo lo que, incluso en la distancia, amenaza con socavarlo.. “15

Para concluir debemos reseñar que Frankenstein, cual siniestra mueca de la historia, incorporó en sus páginas el debate que circulaba desde finales del siglo XVIII en torno a la posibilidad de que una cabeza separada de su cuerpo siguiera sintiendo dolor durante un tiempo. Cuestiones éstas que derivaban en el análisis de los límites y la unidad de la conciencia humana.

De esta manera, convencido de la posibilidad de la vida después de la muerte, vemos a Víctor recorriendo los cementerios en busca de trozos de cadáveres recién ajusticiados, para componer con ellos su criatura con conciencia multiple. En este personaje central de la novela, algunos han visto reflejado al científico Giovanni Aldini, sobrino del celebérrimo Galvani y apóstol de las múltiples aplicaciones de la electricidad a la vida moderna, quien andaba por Francia durante los años de la revolución experimentando con los cuerpos recién guillotinados para comprobar si seguían percibiendo la realidad tras la decapitación.

..¡Podemos fechar el comienzo de esas carnicerías, que han traído a ese amado país tantas calamidades espantosas, en el momento en que se enseñó al pueblo a vengarse con sangre!” 16

Volviendo a la revolucionaria de primera hora MW, podemos concluir que ha sido la falta de datos sobre su recorrido en Francia, lo que nos ha dejado una imagen de ella que no se corresponde con la realidad; que entre otras cosas nos impide detectar su presencia en Frankenstein.

Por ejemplo, claramente fue MW quien trasmitió a su hija, en especial a través de su obra An Historical and Moral View of the Origin and Progress of the French Revolution, la idea que si los rebeldes políticos se convertían en monstruos, era por la influencia directa que habían ejercido sobre ellos instituciones malsanas y despóticas, como fue el caso del desgraciado Musquinet de Lapagne.

..mientras exista el despotismo y la superstición, las convulsiones, que ocasionan la regeneración del hombre, siempre superarán los vicios que los han engendrado, para devorar a sus padres.”17

Como hemos explicado aquí, MW no solo se opuso en firme contra la violencia revolucionaria, o se solidarizó con los presos políticos, sino que estuvieron a punto de subirla a la guillotina. Lejos de quedar circunscrita al rol de víctima propicia de Gilbert Imlay o al papel terciario al que la historia suele relegar a las mujeres rebeldes, en el próximo apartado se seguirán desvelando aspectos poco -o nada- conocidos de las actividades de MW durante los años decisivos de la gran revolución, y la marca de agua que todo ello dejó en Frankenstein.

NOTAS:

  • 1CARTA de Musquinet de Lapagne a Dusaulchov, director del Republicain, en Le Contre-Poison 08-02-1791. Nacido en una familia burguesa de comerciantes de Pontoise, en algunas biografías aparece como fallecido en 1766, la fecha de su ingreso en prisión. También, Lemarchand: Jacobinisme et violence révolutionnaire au Havre de 1791 à septembre 1793. Cahier des Annales de Normandie n°30, 2000.
  • 2DESMOULINS, Camille: Révolutions de France et de Brabant. Garnery, París, 1789-1791, p.283. En Bicêtre réformé, Musquinet de Lapagne relataba los tormentos sufridos y abogaba por la transformación del régimen penitenciario o la reducción de penas a través del trabajo; mientras que Bentham incluiría también el aspecto de la arquitectura racionalista de control social. Ver, Bentham: Panoptique, mémoire sur un nouveau principe pour construire des maisons d’inspection et nommément des maisons de force, 1791.
  • 3MUSQUINET de Lapagne: Prodige de vertu: innocence reconnue après vingt-deux ans passés enchaîné. Paris, 1791, pp. 10-11. Cuentan que los miembros del Comité de Salud Pública, leían el Justine de Sade en la pausas que se hacían entre sesión y sesión, donde decidían a quien se guillotinaba y a quién no.
  • 4Le MONDE illustré 03-06-1871. Parece que fue ayudado en prisión por Marie Noel y Louis Thomas, un matrimonio dedicado a la venta ambulante que tenía a sus hijos allí encerrados. Así mismo, por mediación de un policia de nombre Manuel, y de un cura que era diputado en la Constituyente, además de antiguo compañero de colegio, que el caso fue revisado y pudo ser excarcelado finalmente. También, Lemarchand: Jacobinisme et violence révolutionnaire au Havre de 1791 à septembre 1793. Cahier des Annales de Normandie n°30, 2000.
  • 5CARTA de Saladin al Comité de Salud Pública, Havre, 26 de abril de 1793; en Aulard: Recueil des actes du Comité de Salut Public. París, 1889, Tomo III, p. 477. Este diputado, del que hablaremos más adelante, había sido enviado a Havre tras producirse los primeros incidentes por el incremento del precio de los cereales, y donde el propio Musquinet de Lapagne había llegado a denunciar por calumniadores a dos comisarios de la Convención -Lidon, Lefebvre-.
  • 6GAZETTE révolutionnaire et débats des Jacobins 29-03-1794. La historia de Musquinet de Lapagne pudo llegar a odios de MS a través de la familia Baxter en Dundee, donde residió en diferentes periodos entre 1812 y 1814, quienes eran unos friquis de la revolución francesa, especialmente una de las hijas, Isabella, que fue quien más intimó con MS. También, Martin: Histoire de Leure & d’Ingouville: Les origines du Havre. Imp. Durand, París, 1883, pp. 105-132.
  • 7CARTA de Musquinet de Lapagne a Musquinet de Saint-Felix, 14 de febrero de 1794. No menos interesante es el ultrarevolucionario Musquinet de Saint-Félix, quien tras la ejecución de su hermano no tardó en renunciar a sus cargos en Angers y ahondar en la conspiración. Logró huir en marzo de 1795, tras ser relacionado con Fouquier-Tinville, pero acabó detenido en mayo del año siguiente como cómplice de Babeuf. Tras ser excarcelado en 1799 se desvaneció, y tan solo se sabe que al final de su vida vivía en París como rentista y que había amasado una fortuna desarrollando proyectos de ingeniería civl, puentes colgantes.
  • 8ADRESSE de Conseil General du Departamet de la Seine Inferieure, a la Convention Nationale, del 26-06-1793. En una de las ocasiones en las que MW se acercó a París tras la detención de Paine, se encontró de pronto caminando sobre la sangre que corría por la calle tras las ejecuciones. En un arrebato recriminó la actitud de la gente, pero alguien que pasaba por allí le recomendó por seguridad alejarse del lugar. Ver, VVAA: Charlotte Robespierre et ses amis, dans les Annales historiques de la Révolution française, 1961, pp. 327-348, 469-492.
  • 9BLANC: La Corruption sous la Terreur [1792-1794]. Robert Laffont, París, 1992, p. 240. Los problemas comenzaron sobre todo tras el juicio y ejecución de Luis XVI, por ejemplo Thomas Paine, que se había declarado partidario de no ejecutarlo y que se exiliara en los EEUU. Por su parte Musquinet de Lapagne, recién nombrado alcalde de Ingouville, estaba al tanto de un plan montado para su huida en barco. También Talleyrand estaba en el ajo, marchando a Londres en septiembre de 1792. Ver, Dreyfus: La Roghefoucauld-Liancourt, Lieutenant Général de Normandie et le Projet de Départ du Roi, en La Révolution Française. Revue d’histoire moderne et contemporaine, 14-07-1903, p. 112.
  • 10SHELLEY, Mary: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 3. Imp. Corréard, París, 1821, pp. 123-124. Estos gestos de solidaridad de MW debieron extenderse a Havre, donde había un grupo de extranjeros encarcelados desde mediados de 1793 en cumplimiento de las disposiciones legales, curiosamente por orden de Musquinet de Lapagne. Ver, Tise: The American Counterrevolution: A Retreat from Liberty, 1783-1800. Stackpole Books, 1998, p. 158.
  • 11SALADIN, Jean Baptiste Michel: Rapport au nom de la Commission des vingt-un, créée par décret du 7 nivôse an III, pour l’examen de la conduite des représentants du peuple Billaud-Varennes, Collot d’Herbois et Barère, membres de l’ancien Comité de salut public, et Vadier, membre de l’ancien Comité de sûreté générale, fait le 12 ventôse, Paris, Rondonneau et Baudouin, 1795, p. 6. Saladín no tardaría en liarse abiertamente con los realistas e incluido entre los deportados de junio de 1797, aunque logró ponerse a salvo. Cuanto menos entonces estaba a sueldo de Inglaterra. Rehabilitado por Napoleón en 1799 y protegido de Thibaudeau, permaneció alejado de la política pero volvió a ejercer la abogacia en el Tribunal de casación, comprándose en 1804 un castillo en la ribera del Sena, Conflans, donde vivió con su esposa Henriette Thuiller y un hermano cura, Gerard. La fecha de su muerte sería 1820, momento en que la vivienda pasó a su viuda.
  • 12WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view of the origin and progress of the French Revolution and the effect it has produced in Europe. Londres, 1794, 520. Uno de los mandamases de Butua, hubiera sido el oscuro Beltrán Barère de Vieuzac, conocido de MW en París y que se ganó el apelativo del Anacreonte de la guillotina por sus atribuciones en el Comité de Salud Pública o su retorcida retórica, ..Transigid hoy, que ellos os asesinarán mañana.. No, no, solamente los muertos no vuelven jamas.
  • 13BARNABÈ Tisset: Compte rendu aux Sans-Culottes de la République française, par très-haute, très-puissante et très-expéditive dame Guillotine. Tomo 1. París, 1793, p. 6. Uno de los panegeristas más delirantes de la guillotina fue François Barnabé Tisset [1759-1814], impresor con inclinaciones literarias que fue nombrado agente de policía en 1792, actuando primero a la sombra de Fouché como acusador público del tribunal revolucionario, entre otros de Mme Roland, y desde 1798 como responsable máximo de la censura editorial.
  • 14SHELLEY: Frankenstein, ou le Prométhée moderne. Tomo 2. Ob. Cit, p. 210.Con la reacción de Termidor las furias fueron objeto de persecución, pasando a ser llamadas devotas de Robespierre o Tricoteuses, ..“Extraño que un pueblo hubiera criado a tales monstruos! Sin embargo, debemos recordar que el sexo, llamado débil, comete los actos de barbarie más flagrantes cuando se irrita..”, Wollstonecraft: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 258. Ver, Citoyennes, boutefeux et furies de guillotine, in VVAA: De la violence et des femmes, Paris, Albin Michel, 1997, pp. 33-49. También, Shea: Prometheus the modern matricide. Justice and the Furies en Mary Shelley’s Frankenstein. English language notes, September 2001.
  • 16WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, pp. 56-57. Siguiendo la inspiración prometeica, las investigaciones de Aldini se centraron en adelante en diseñar protecciones contra-incendios, mejorar la iluminación con gas en faros o teatros, o en el uso de las olas como fuerza motriz -molinos-.
  • 17WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 259. El periodo del Terror secretó una imaginería fantasmal, alimentada por historias infernales que se ensañaron con Robespierre, representante máximo de la denigración histórica de la revolución. Esta atmósfera dantesca fue generando una moda que gustaba de la literatura ambientada en espacios lúgubres, desérticos, ruinosos o terroríficos; y por ejemplo en París, llegaron a popularizarse la gárgolas monstruosas en los edificios. Ver, Jules Michelet, Histoire du XIXe siècle. París, 1872, p. 79.


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