Cuando escribió Frankenstein, Mary Shelley sabía que la historia relega a las mujeres al papel de víctima propicia, o testigo de excepción, pero que éste no fue el caso de su madre, Mary Wollstonecraft, que desplegó una intensa actividad política en Francia. Más que perder la cabeza por Imlay, como suele repetirse, estuvo a punto de perderla en la guillotina.


LECCIONES de COSAS

El día que cumplió 11 años, William Godwin andaba algo preocupado por la educación de su hija Mary, que se hacía mayor y comenzaba a hacer preguntas incómodas.

Algo desbordado con la situación, decidió llevarla a la Abadía de Westminster, donde trató de hacerle entender que un ser humano era siempre más valioso que cualquier piedra, por muy sagrada que ésta fuera. En vista del escaso resultado de sus palabras, decidió acceder a la petición de la pequeña Mary y visitar juntos la exposición de figuras de cera instalada en la Capilla de Abbot Islip, espectáculo que llegaba a Londres tras haber rodado por toda Inglaterra con su extraña troupe de cadáveres, que parecían revivir tras pasar por las manos de Mme Tussaud.

A pesa de que Godwin era reticente a las aglomeraciones, no le pareció del todo mal la idea por su indudable trasfondo histórico, ya que se reproducían con fidelidad los bustos en cera de dirigentes y pensadores políticos como Voltaire, Talleyrand, Marat, Bonaparte, etc. Pero sin duda, lo que más atención suscitaba entre el numeroso público que visita el Salón, es que disponía de un espacio anexo decorado como una prisión, al que llamaban Cámara de los Horrores, donde se mostraban con rigor anatómico las cabezas de cera de algunos guillotinados ilustres durante la revolución francesa -Robespierre, Brissot, Danton…-, extraídas a partir de máscaras mortuorias que, según ella misma sostenía, habría conseguido furtivamente después de su ejecución.

Fue por orden [de David] que Madame Tussaud tomó una máscara mortuoria del rostro de Marat, como también de Charlotte Corday, después de su muerte, a partir de la cual David hizo una espléndida imagen de la escena del asesinato del monstruo, y escribió en ella: David à Marat, a quien le unía una extraordinaria amistad.”1

Más allá del contenido sensacionalista de aquella exposición, que mostraba en el lado más macabro de la revolución recreándose en escenas de torturas y sufrimientos, Mary Shelley [MS] no mostró signo de rechazo alguno. Para alguien que vivía a unos 100 metros del patíbulo de Old Sidney en Londres, y podía oír desde su casa los gritos de la multitud en los días de ejecución, lo realmente impactante no fue ver cuerpos diseccionados, ponerse a los pies de una guillotina a tamaño real, o contemplar su momia egipcia.

Lo que de verdad dejó tocada a MS, fue descubrir ciertos detalles de la biografía de Marie Tussaud [1761–1850]. Como que hubiera vivido en París en los mismos años en que estuvo allí su madre; o que fuera de origen alemán, con lo cual, se supone que habría frecuentado los mismos círculos sociales que ella. Eso sin contar con que Mary Wollstonecraft [MW] hubiera hecho una visita al famoso Salón Curtius del Bulevard del Temple en París, donde entonces se ocupaba como aprendiza la joven escultora humana.

Resulta verosímil pensar que fue a partir de entonces cuando la autora de Frankenstein empezó a hacerse preguntas sobre la revolución francesa y sobre el papel que había jugado en todo ello su madre, y que Godwin no tuvo más remedio que contarle lo que sabía de todo ello.

Después de escuchar su sentencia, ella (Madame Roland) dijo a los bribones del Tribunal Revolucionario: Me juzgáis digna de compartir la suerte de los grandes hombres que habéis asesinado. ¡Trataré de llevar al patíbulo el coraje que ellos demostraron!..”2

Posiblemente, Godwin le contó a su hija que Mme Tussaud acabó encarcelada y condenada a muerte por contra-revolucionaria, pero se salvo de ser guillotina gracias a la intervención del pintor David; y que a su madre también estuvo a punto de detenerla en varias ocasiones y, dadas las circunstancias, llevada al cadalso.

Para ponerla en situación le comentaría que su madre fue una de aquellas a las que Marat llamaba agentes de la facción inglesa, y su situación se habría vuelto muy insegura después de dictarse medidas legales contra los extranjeros, que obviamente afectaron a muchos de sus amigos y conocidos, que o bien decidieron salir del país o acabaron en prisión.

Entre los que recayeron sospechas fundadas de espionaje estaban John Hurford Stone y su compañera Helene Marie Williams, que se salvaron al quedar bajo la protección del oscuro Barère de Vieuzac; aunque las sospechas también alcanzaron a otros como Gilbert Imlay, Thomas Christie o la propia MW.

De hecho, Stone parece haber sido no solo el centro, sino también el principal responsable de la red de espías británicos en París bajo la Primera República, luego bajo el Consulado, junto con su compañera Williams y sus amigos James A. Smith y Woolstonecraft…”3

Para regularizar su situación en Francia, MW accedió a casarse civilmente con el seudo-diplomático yanqui Gilbert Imlay en el verano de 1793. Con ello no solo se convirtió en ciudadana americana a los ojos de las leyes republicanas, sino que incluso cambió su nombre por el de Mary Imlay. Toda una tapadera legal para evitarse problemas graves.

Pero si hubo un momento en Francia en que su vida corrió serio peligro fue tras la detención de Thomas Paine en diciembre de ese año, cuando paseaba por París y se encontró de pronto caminando sobre la sangre que corría por la calle tras las ejecuciones. En un arrebato recriminó abiertamente la actitud de la gente, pero se salvó gracias a que alguien que pasaba por allí la protegió y le recomendó alejarse del lugar por su seguridad.

..que uno llamado Musquinet-Delapagne había expuesto su vida para salvar la de Marie, cuya cabeza pedía la gente a gritos.”4

Como comprobaremos a continuación, esta visita al salón de Mme Tussaud, lejos de ser una mera anécdota en la biografía de MS, supuso una electrizante lección de historia que a la postre fue decisiva para gestar a Frankenstein.

Desoyendo la advertencia de la autora, en el prólogo de 1818, de que era preciso descontextualizar el relato para no herir susceptibilidades, parece evidente que Frankenstein nos invita a poner rumbo a la revolución francesa para desvelar algunos de los secretos que aun guarda esta novela política.

Desgraciadamente, la falta de información de primera mano que nos ayude reconstruir la trayectoria de MW en Francia, nos obligan a recurrir a personajes secundarios que, como ella, se convirtieron muy a su pesar en protagonistas de los acontecimientos.

ENEMIGOS PÚBLICOS

Uno de aquellos enemigos públicos de la revolución, que perfectamente pudo formar parte de la Cámara de los Horrores de Mme Tussaud, fue el escritor Louis Michel Musquinet de Lapagne [1745-1794], en quien reparamos tras advertir que publicó en 179o un folleto en el que denunciaba a las nuevas autoridades por permitir la prolongación de su encierro, titulado Réclamations du Moderne Prométhée à tous les districts.

..No concibo hablar sobre todos estos desastres sangrientos sin que mi corazón se desgarre totalmente; el pueblo es soberano, tienes razón; pero distingamos al pueblo delirante, al pueblo sublevado, del pueblo tranquilo y pacífico..”5

Musquinet utilizaba el sugerente seudónimo de Moderno Prometeo ya que llevaba más de 20 años encerrado en las prisiones parisinas, supuestamente por haber asesinado a un aristócrata en 1766. Según él, todo era falso y además debía haber sido puesto en libertad en 1783 por haberle conmutado su condena el rey, pero seguía preso injustamente por la intervención de su padre, que logró que lo declararan enfermo mental.

Durante su cautiverio Musquinet de Lapagne, aprovechó el tiempo para estudiar derecho y escribir en la prensa, llegando a publicar varios ensayos que alcanzaron alguna resonancia. Entre ellos, estaba una obra novedosa en su género, Bicêtre réformé: Établissement d’une maison de discipline, publicada en 1789.

Una de las cosas más llamativas de este libro es el tratamiento que se hace de la salud mental, lo que nos lleva a MW y de ahí hasta Frankenstein. Por ejemplo, las conexiones se establecen a través de Víctor, Robert Walton o de la misma criatura, cuyo aislamiento existencial solo es comparable al retrato que había hecho su madre de la protagonista de Maria, of the Wrongs of Woman, que acababa confinada en un sanatorio por su propio marido.

Desde el vientre de la ballena, (Musquinet) clama a la Asamblea nacional que ordene al monstruo que lo vomite en la costa, y pide al señor Manuel, por qué no ha entonado aun el cántico de Jonás”6

Este libro de Musquinet fue bien recibido en los círculos republicanos, pero lejos de acelerar su liberación, le generó represalias de los administradores de la prisión, que lograron prolongar su encierro e incluso trataron de envenenarlo.

Hablando de regímenes carcelarios, resultan interesantes los paralelismos entre Musquinet y el reformador inglés Jeremy Bentham [1748-1832]. Si en Bicêtre réformé, Musquinet relataba los tormentos sufridos y abogaba por la transformación del régimen penitenciario o la reducción de penas por el trabajo; Bentham no solo recogería estas ideas, sino que iba más allá incluyendo el tema de la arquitectura de control social, es decir, su famoso Panóptico.

No se nos escapa tampoco que Bentham estableció a su vez ciertos vínculos intelectuales con MW. Pese a que diferían en su visión sobre los derechos naturales de todos los ciudadanos, Bentham manifestó posiciones en favor de la igualdad jurídica y civil entre hombres y mujeres, avanzándose algunos años a la propia MW. Así mismo, pese a sus diferencias de puntos de vista respecto a los acontecimientos políticos en Francia, ambos veían en ello un excelente banco de pruebas para experimentar con conceptos políticos novedosos.

..Desde que en Francia, los cuellos de mujeres se consideran aptos para la guillotina; igual que los hombres, y en Inglaterra, gracias a la sabiduría de la ley, las mujeres montan guardia..”7

De hecho, Bentham fue uno de aquellos extranjeros a quien les fue concedida la nacionalidad francesa en septiembre de 1792, como sucedió también con varios amigos de MW. Así mismo, debemos considerar que Bentham viajó a Francia en diferentes momentos a lo largo de esa década, presentando varios proyectos legislativos a la Asamblea francesa; y por si faltaba algo fraguó una buena amistad con el girondino Brissot, como la propia abuela de Frankenstein.

A propósito de Bentham, si indagamos en Frankenstein, advertiremos un trasfondo utilitarista muy cercano al del reformador inglés, para quien recordemos, el derecho debía ser siempre la criatura de la ley. La conexión se establece sobre todo a través de Godwin, que de hecho trabajó en la fusión del utilitarismo con la idea democrática; y se concreta en la novela en el personaje de Víctor, que en cierta manera es una parodia de las ideas de ambos, y quien además siente la vigilancia permanente de su criatura, aunque no pueda verla.

¡Y bien! ¿Me ves? No, que vergüenza cómica.

Es necesario por tanto mostrarme a tus ojos completamente desnudo.

Existo tanto más cuanto menos me conocen;

y sin embargo existo para ser conocido:

Siempre aparezco, pero pongo todo mi cuidado para nunca ser visto..”8

Volviendo a Musquinet, sabemos que fue excarcelado por fin el 18 de marzo de 1791, siendo recibido como un mártir en los círculos parisinos. No tardó en sumarse al Club de los Cordeliers, manteniendo buenas relaciones con el ala más radical del jacobinismo, y junto a su hermano Marin Emmanuel Musquinet de Saint-Felix [1744-1811], se integró en el círculo de amigos de Charlotte Robespierre.

Poco más podemos decir sobre sus actividades en estos primeros meses, tan solo que participó activamente en los asaltos a las cárceles de París, septiembre de 1792, que tan bien conocía. A continuación, y quizás para quitárselo de en medio, sería enviado a Verdun en misión oficial para investigar el asesinato de cuatro desertores prusianos; investigación que concluyó siendo declarados culpables algunos voluntarios parisinos allí movilizados.

El jefe de los carniceros, que dirigió a la gente a Bicêtre, era un parricida de Angers, llamado Musquinet de la Pagne; había estado encerrado durante años en las celdas subterráneas de esa prisión. El conserje, que lo conocía, quiso proteger con su cuerpo a los prisioneros, y fue la primera víctima de este monstruo…”9

Tras ganarse la fama de revolucionario implacable, su nombre reaparecería en diciembre de ese mismo año, tras ser elegido alcalde de Ingouville, pequeña ciudad cerca del puerto de Havre, donde llevaba viviendo desde julio.

Ocupado como fundidor, Musquinet había sido bien acogido entre la población y no tardó en asumir el cargo de portavoz de la Sociedad Popular, creada a iniciativa suya y formada por obreros del puerto o artesanos pobres. Como era de esperar, Musquinet comenzó a ser mirado con recelo por los burgueses locales, ya que como alcalde se había mostrado estricto a la hora de aplicar las nuevas leyes republicanas, adoptando medidas cada vez más radicales. Por ejemplo, cuando mandó cumplir la orden de detención de todos los ingleses y extranjeros residentes en la ciudad.

..El movimiento que se manifiesta en Havre tiene una causa secundaria: es el arresto del ciudadano Musquinet de la Pagne, alcalde de Ingouville. Una cosa que debe haberme sorprendido es que su arresto tuvo lugar el mismo día de mi llegada. También me ocuparé […] de calmar una agitación que me parece deberse al apego que sus conciudadanos parecen tener por él.”10

Musquinet siguió firme con su labor regeneradora, disponiendo que los entierros fueran civiles o que las campanas de las iglesias fueran convertidas en cañones. Podría decirse que pecó de osado, ya que no solo se enfrentó a los aristócratas emboscados, a los que acusaba de ser responsables de la escasez de bienes de primera necesidad, sino que tachó de contra-revolucionarios a los delegados de la Asamblea Nacional -Legendre y Delacroix- llegados desde París para tratar de acabar con el respaldo popular de Musquinet.

Convertido en un personaje demasiado molesto, desde el verano de 1793 se fue urdiendo un complot y comenzaría a perder influencia entre la población de Havre. Los principales argumentos en su contra, fueron las acusaciones personales que sacaban a relucir su pasado carcelario; aunque la gota que colmaría el vaso fue su empeño en desenmascarar a los acaparadores de harina. Finalmente, ni siquiera le respaldaban los socios de la Sociedad Popular que ahora tomaba el nombre de Los Amigos del Pueblo.

Presionado por todos los flancos, Musquinet cometió un error fatal, y a finales de septiembre trató de buscar protección en París entre sus camaradas sans-culottes y herberistas. Pero estos también le dieron la espalda, o nada podían hacer ya por él. Fue detenido por orden superior en un club jacobino de la capital a mediados de octubre, y sería ejecutado el 16 de marzo de 1794.

..buscando hacerse un hueco entre los campeones del patriotismo que pululaban en esta comuna; denunció, ad hoc y ab hac, a todo tipo de individuos; quiso armar a los ciudadanos de Havre-Marat unos contra el otros, y para lograr su triunfo, se introdujo en la sociedad de los jacobinos; pero allí se encontró con la roca tarpeya..”11

MONSTRUOS de la REVOLUCIÓN

Hasta aquí, lo que sabemos de este anti-héroe, arquetipo y chivo expiatorio de la revolución, cuya biografía hemos creído pertinente recomponer, en primer lugar, por servir de ejemplo de la suerte que corrieron muchos Prometeos de la revolución, convertidos en monstruos históricos.

De hecho, Musquinet de Lapagne, víctima del antiguo régimen como lo fue después de la revolución, tuvo como instructor de su procesamiento al diputado Jean-Baptiste Michel Saladin [1752-1820?], abogado de Amiens que por aquella época era un fogoso acusador enviado a Havre por el Comité de Salud Pública, pero que luego se convertiría en el primer inquisidor contra-revolucionario.

Si bien Saladin se mostró muy radical en los primeros meses de la revolución, posicionándose junto a los girondinos desde finales de 1792 e incluso fue encarcelado por protestar contra las detenciones masivas de junio de 1793, lo que le aproxima al círculo de MW en París; tras salir de prisión en diciembre de 1794, mostraría su verdadera cara.

Saladin no solo protagonizó el primer gran juicio contra los dirigentes políticos que gobernaron en el periodo llamado del Terror, sino que sus argumentos serían la base sobre la que se construiría el discurso histórico contra la revolución.

..Hace falta consolidar este giro, debemos evitar para siempre aquellos días desastrosos cuyo recuerdo aún es tan angustioso, debemos desarraigar la tiranía, derribarla en cada uno de los que participaron en ella; advertir con un gran ejemplo a todos aquellos que pudieran concebir aun el deseo o que lo alimentan en su pensamiento..”12

Otro con quien se cruzó Musquinet en las cárceles parisinas fue el Marqués de Sade [1740-1814]. Como él, Sade detestaba a Robespierre pero admiraba a Marat, y habría escrito sobre los excesos revolucionarios con su magistral estilo. Así lo plasmó en Justine, 1791, obra que por cierto William Polidori se llevó en 1816 a Villa Diodati y que inspiró a MS el personaje secundario de Justine Moritz.

Decía Sade que el hombre deforme siempre encuentra espejos que le hacen ser bello; y quizás por ello, los miembros del Comité de Salud Pública, leían el Justine en la pausas que se hacían entre sesión y sesión, donde decidían a quien se guillotinaba y a quién no.

Recogiendo estas ideas, MS definió al monstruo en varias ocasiones como un Vampiro, en referencia a los jacobinos, tildados de bebedores de sangre humana; pero suponemos también influida por su amigo Polidori, que por entonces comenzaba escribir su novela del mismo título.

Es más que probable que MS supiera que Sade acabó recluido junto a su editor -Girouard- tras publicar en 1793 Aline et Valcour, donde incluía una descripción fantástica del reino de Butua, régimen totalitario y antropófago enfrentado al de Tamoé, paraíso fraternal e igualitario en una isla del Pacífico dirigido por el rey-filósofo Zamé. Sade se salvó de ser guillotinado y debió tomarse como una broma del destino, el que Robespierre fuese rasurado el mismo día en que él salió de la cárcel; pero viendo que su editor sí fue decapitado, modificó el texto en sucesivas ediciones.

..¡Podemos fechar el comienzo de esas carnicerías, que han traído a ese amado país tantas calamidades espantosas, en el momento en que se enseñó al pueblo a vengarse con sangre!”13

Ahondando en el asunto Musquinet, tenemos el convencimiento de que MW pudo haberlo conocido de una forma más directa de lo que podríamos imaginar.

Aunque no ha podido fijarse el lugar y la fecha del encuentro entre Musquinet de Lapagne y MW, los indicios y pruebas son, como veremos, sugerentes.

Atendiendo al cronograma de MW en Francia, sabemos que dejó su residencia en la casa de los Christie en los alrededores de París en enero de 1794, para pasar una larga temporada en la ciudad de Havre. Allí le esperaba su compañero Gilbert Imlay [1754-1828] que había marchado pocos meses antes por asuntos comerciales.

El momento elegido para mudarse a Havre no tenía nada de casual, ni vino forzado por el próximo nacimiento de su hija Fanny. En todo caso, podríamos atribuirlo a la tensión social en aumento, y en concreto a la complicada situación que atravesaban los ciudadanos extranjeros en París, en especial los británicos por el conflicto anglo-francés en ciernes.

Pero ni el momento para cambiar de nombre y luego de domicilio era casual, ni debido a motivos sentimentales como se insiste.

Su destino era la ciudad portuaria de Havre, donde Mary y Gilbert Imlay se establecieron entre enero y septiembre de 1794, y eligieron establecerse en el distrito de Montivillier, uno de los enclaves jacobinos de la villa y donde meses atrás Musquinet había tenido el mayor apoyo electoral.

Las coincidencias no quedan ahí. Si volvemos al cambio de residencia de los Imlay, si Gilbert había dejado París en dirección a Havre justo en septiembre de 1793, ésto coincide en el tiempo con la decisión fatal de Musquinet de marchar a París. Esta sincronización se repite el 11 de marzo, solo unos días antes de la ejecución de Lapagne, momento en el que Gilbert haría un súbito viaje a París, regresando pocos días después.

Aunque Musquinet y los Imlay pudieran haberse conocido antes, en especial a MW que solía relacionarse con muchos periodistas y escritores, el punto de conexión más sólido serían las visitas que ésta hizo en la cárcel a su amigo Thomas Paine, diputado de la Convención nacional, quien había sido detenido a finales de diciembre de 1793.

El caso es que Paine estuvo encerrado en la prisión de Luxemburgo, la misma en la que estaba Musquinet desde hacía unas semanas, y que sería visitada por MW para apoyar a algunos presos políticos como su amiga Helene Marie Williams -encarcelada desde octubre- o el filántropo sueco-alemán Richard Gustav von Schlabrendorf [1750-1824], encarcelado desde junio de 1793 tras mostrar su oposición al Terror. Además, Musquinet compartió celda con Étienne Clavière, ex-ministro girondino y gran amigo de Brissot, quien acabó suicidándose en prisión el 8 de diciembre, solo un día antes de que lo llevaran al cadalso.

Habíamos tomado la resolución de no ir a Londres, atravesando el país hasta Portsmouth; y desde allí, embarcarnos hacia Havre. La razón de optar por este plan, era que deseaba volver a ver aquellos lugares donde había disfrutado de algunos momentos de tranquilidad con mi querido Clerval..”14

Dado lo cerca que estuvieron el monstruoso Musquinet y MW, podríamos empezar a descartar su paso por Havre como un amoroso retiro campestre para dar a luz a su primera hija; y menos una aventura sobrevenida a la sombra de su compañero, que ejercía como diplomático.

A la vista de que MS repasó una y otra vez los libros de su madre en aquellos meses en que escribía su primera novela, fue plenamente consciente de que personajes como Musquinet, inspiraron a MW su retórica de la monstruosidad y aquella idea de que si los rebeldes políticos se convertían en monstruos, era por la influencia directa que habían ejercido en ellos instituciones malsanas y despóticas.

Además, MS pudo haber conocido directamente la historia del desgraciado Musquinet, cuyo caso fue puesto como ejemplo de la crueldad del sistema judicial jacobino en ciertos libros. Por ejemplo en uno de los libros que leyó en 1814, tras regresar de su primer viaje a París.

Se trataba de una obra de Louis-Marie Prudhomme, Dictionnaire des individus envoyés a la mort judiciairement, 1796, donde viene reseñado el caso de Musquinet de Lapagne; quien recordemos llegó ser elegido alcalde de Ingouville, ciudad francesa que vendría a ser la homónima de la germana Ingolstadt, el lugar donde la autora de Frankenstein sitúa la fabricación del monstruo.

No pierdas tiempo, hermano, no hay ni parientes, ni hermanos, ni amigos, ni padres, ni hijos que mantener, hay que hacer que la salud pública pase por delante de todo..”15

FURIAS de la GUILLOTINA

Decíamos al principio que MW se salvó más de una vez de presentar su pescuezo en la plaza de la revolución.

Otro momento en que MW tuvo que sortear el poder destructor de la guillotina fue en la primavera de 1795, fecha de su precipitada salida del país, ya que solo sabemos que se produjo tras la sublevación en París de los sans-culottes el 1 de abril de 1795, y antes de una segunda tentativa que se dio el 20-21 de mayo, protagonizada en este caso por las Furias de la Guillotina y las mujeres sans-culottes

Después de estos levantamientos populares, surgidos en contra de la escasez de productos básicos y reclamando que fuera restaurada la Constitución de 1793, el movimiento de los Sans-culottes se daría por desaparecido, siendo clausuradas todas las sociedades populares y clubs políticos, e imponiéndose de forma definitiva la reacción thermidoriana.

“Desearía por un momento no haber oído hablar nunca de las crueldades que se han puesto en práctica aquí, y al siguiente envidiar a las madres que han sido asesinadas con sus hijos..”16

Más allá del papel desconocido que jugó MW en estos levantamientos, el hecho de que su madre tuviera que salir de Francia para no ser guillotinada, debía tener su correspondencia en Frankenstein, más allá de la firme oposición de MS a la pena de muerte.

Si bien Frankenstein reproduce en sus páginas todo un discurso de la fragmentación y desmembración de cuerpos e identidades que analizaremos más adelante, lo que nos interesa destacar ahora es que estamos ante un auténtico tratado sobre la criminalidad, que a su vez incluye ciertas alusiones a la guillotina que resultan significativas para entender la obra.

Si Frankenstein, como Prometeo, nos habla de la violencia y la redención humana, podemos analizar las reapariciones históricas de Prometeo asociado a uno de los ingenios que más vidas se llevó por delante durante la Revolución Francesa.

Dado lo mucho que se ha escrito sobre Nuestra Señora de la Santa Guillotina, es un personaje histórico que casi no necesita presentación.

..ya os veo alineados en la misma carreta, llegar y presentar vuestra cabeza con gracia en la claraboya revolucionaria, ¡cuánto me alegraría veros en la báscula! Eso va también para vosotros, jueces y acomodados destituidos, que os hacéis pasar por radicales, para camuflar vuestro secreto carácter aristocrático..”17

Efectivamente, Madame Guillotin estaba llamada a marcar el curso de los acontecimientos, y desde que tronchó la testa de Luis Capeto en enero de 1793, ya no dejaría de funcionar. Rodarían miles de cabezas, muchas de ellas de la aristocracia o del clero.

Hasta se podría decir que cobró vida propia. No contenta con decapitar a miembros de la nobleza y el clero, el espectáculo debía continuar y la Dama del Carrusel acabó también con muchos de los que habían sido sus defensores, Musquinet incluido; y estuvo de culminar su tarea con quien había sido su creador, Joseph-Ignace Guillotin, detenido y condenado a muerte por contra-revolucionario.

La única excusa que se puede poner para la ferocidad de los parisinos es por tanto simple de observar, que no tenían ninguna confianza en las leyes, a las que consideraban siempre como meras telarañas para atrapar moscas pequeñas […] Cuando la justicia, o la ley, es tan parcial, llegará el día de cobro junto al cielo rojo de la venganza, para confundir al inocente con el culpable. La turba actuaba de forma bárbara imitando la crueldad del tigre… “18

Uno de los aspectos menos estudiados sobre la guillotina, nos remite a los diversos nombres con que fue bautizada civilmente, los cuales, nos permiten atribuirle un trasfondo simbólico asociado a Prometeo.

Si Prometeo fue representado en la historia del arte sufriendo los tormentos propios de cada época, no sería menos en la Francia revolucionaria. Por ello, la guillotina recibió entre otros apelativos más o menos macabros el de Sala nº 101, aunque también la llamaron la Mecánica, el Tobogán o el Despiezador –l’abbattoir-, que como vemos resultan todas ellas una exaltación alegórica, no exenta de sarcasmo, del suplicio del héroe griego. Además, se decía en aquellos años que los condenados se encaminaban hacia la Abadía del Monte del Arrepentimiento, Monte a Regret. De la misma manera, después de la ejecución los cadáveres se llevaban al cementerio de los Atormentados, -des Supplicies-.

Otro de los significantes prometéicos presentes en las ejecuciones públicas serían las Furias de la Guillotina, un grupo de mujeres del pueblo, muchas de ellas calceteras, que acompañaban a los condenados en su camino al cadalso de la plaza de la Revolución. Se las llamó también Agitatrices, Damas de la Haya, Jacobinas… y eran fácilmente reconocibles por adornar sus cuellos con una cinta roja o usar pendientes con forma de guillotina siguiendo la moda del momento. Y su función era la de presidir el acto increpando permanentemente al reo, encarnando así el papel del vengativo buitre de Prometeo; una especie de hieródulas de la diosa razón, que hacían de la guillotina casi un culto popular.

Extraño que un pueblo hubiera criado a tales monstruos! Sin embargo, debemos recordar que el sexo, llamado débil, comete los actos de barbarie más flagrantes cuando se cabrea..”19

Si el propio Prometeo era quien prendía las antorchas de las Furias republicanas en esta versión invertida del mito, podemos añadir otros nombres usados para referirse a la guillotina y que aludían al suplicio prometéico. Como jouer a la main chaud, en referencia al gesto corporal -genuflexión- que se adoptaba al practicar un juego de bolos muy popular en aquella época.

Establecidos los puentes históricos entre Prometeo y el ingenio maldito de la Guillotina, cuya hoja metálica brillaba como un sol en medio de la plaza de la revolución, debemos recordar que así mismo se usaban modismos como pedir hora en el tragaluz, o cortar la palabra, que alude a la supresión del rasgo más característico de la inteligencia humana.

Cual siniestra mueca de la historia, el antiguo régimen moría ahogado por oleadas de fango, sangre y carcajadas a partes iguales. Así lo indicaría finalmente el interesante giro popular estornudar dentro del saco, que se refería de forma grotesca a la mueca que les quedaba a los ejecutados; pero que a su vez nos remitiría al papel atribuido al estornudo en la fábula de Prometeo.

Así, en alguna de las viejas versiones del mito, Prometeo despertó a su hombre de barro poniéndole bajo la nariz un frasquito con un rayo de sol, el cual le hizo estornudar y cobrar vida, saludándolo irónicamente con un ..que te aproveche.

Finalmente, debemos considerar que el estornudo y su saludo automático, divinizado en la mayoría de las culturas con formas emparentadas, siempre fue visto como signo de buen o mal augurio. Pero ésto cambió de forma definitiva a partir de la Ilustración y sobre todo de la revolución francesa, cuando se impuso por ley la forma relacional igualitaria del Tuteo, y de rebote, el estornudo se despojó de reminiscencias autoritarias, recobrando su aspecto vitalista e irreverente. Por ello, también sería sustituido el Jesús o el Dios te guarde, por A vous Souhaits, o Toute ce que vostre coeur desire.

Acabas de refundar la nación por tu Constitución, y, nuevo Prometeo, has robado, una especie de fuego celeste que la anima y le da nueva vida. Conservarlo en este estado de vigor y salud; cortar, cortar sin piedad todo lo que, incluso en la distancia, amenaza con socavarlo.. “20

Esta inversión distópica de las ejecuciones públicas, entendidas como representación del teatro de poder de clase, tendría su reflejo literario en Frankenstein, donde el perseguido se convierte en perseguidor, y la víctima en verdugo.

Ahora las víctimas no eran ya radicales y miserables sometidos a anatomías públicas a los que además se diseccionaba y se comerciaba con su cadáver con fines supuestamente científicos; sino que ahora los afectados eran dirigentes políticos, aristócratas y miembros del clero.

FRANKENSTEIN RESURREXIT

Como en algún caso lo han definido, Frankenstein vendría a ser una historia sobre profanadores de tumbas, robos de cuerpos, disecciones anatómicas y extraños experimentos post-mortem; el marco ideal para plantear que la vida se mueve en unos márgenes inciertos.

Por ejemplo, uno de los objetivos de la autora fue incorporar en sus páginas el debate que circulaba desde finales del siglo XVIII, en torno a la posibilidad de que un cuerpo recién guillotinado siguiera sintiendo dolor durante un tiempo determinado.

De esta manera, en el personaje de Víctor Frankenstein, algunos han visto reflejado al científico Giovanni Aldini, sobrino del celebérrimo Galvani y apóstol de las aplicaciones de la electricidad, que en los años de la revolución se dedicó a experimentar in situ con los cuerpos recién guillotinados, para tratar de comprobar si percibían realidad tras la decapitación. Para ello les ponía unos cables en la cabeza o en el ano, y los conectaba a una enorme batería de zinc que al accionarse asemejaba el efecto de un rayo.

Convencido de la posibilidad de retornar a la vida un cuerpo ya inerte, Víctor Frankenstein como el sobrino de Galvini, recorría los cementerios en busca de trozos de cadáveres de pobres y recién guillotinados, para componer a partir de ellos su criatura con conciencia múltiple. Aunque no podemos descartar que lo hiciera con el objeto de celebrar una de aquellas messes rouges de la revolución, que fue el nombre dado en algún caso al ceremonial de las ejecuciones, pero que también se asocia a rituales nigrománticos que incluían prácticas violentas o profanaciones de tumbas.

Continuamente veo a mi alrededor una multitud de animales infames, que me abruman con un tormento continuo, cuyo horror a menudo me arranca llantos y gemidos.”21

Dedicado, como Víctor mismo dijo, a ..hurgar entre las inmundicias de las humedades impías de la tumba, no sería de extrañar que hubiera contado para sus macabros planes con la ayuda de algún grupo de resurreccionistas de los que operaban con total impunidad en aquellos años.

Evidentemente, MS debía conocer su actividad, ya que estaban de actualidad y uno de sus campos de operaciones preferido era el cementerio de San Pancracio, que ella tanto visitaba para ir a la tumba de su madre. Se trataba de auténticas bandas organizadas de ladrones de cadáveres, nacidas en base a la demanda creciente de cuerpos para disecciones médicas y anatomías públicas, que se desarrollaron sobre todo a partir del siglo XVIII. El negocio estaba entonces en su cenit, hasta el punto que se vendían restos humanos al peso y por pieza; eso sí, siempre de cadáveres de desahuciados o convictos legalmente asesinados.

Según mi deseo de mantener un conexión duradera con los fallecidos, es imposible que no me guíen mis sentidos hasta los últimos restos de mi amigo y, al no encontrarlo por ninguna parte sobre la superficie de la tierra, no sienta apego por tener un lugar donde su cuerpo esté enterrado. Debe estar hecho de un material impenetrable, el corazón de aquel que no conceda cierta sacralidad a la tumba de alguien a quien haya amado”22

MS vino a reconocer estas influencias en el prólogo del Frankenstein aparecido en 1831, cuando ya la idea de que ..para examinar las causas de la vida, debía recurrirse primero a la muerte, se había convertido en paradigma de toda una época.

El propio Bentham, propenso a criticar a excesos de la Revolución e inventor en 1817 de la palabra distopía –cacotopía-, desafió sin embargo las convenciones del momento que solo veían bien donar para fines científicos los cuerpos de pobres y criminales, y mandó disecar el suyo tras su muerte en 1832 para que fuera expuesto en el University College de Londres, donde aun sigue cual reliquia macabra, rodeado de estrictas medidas de seguridad para que los estudiantes no vuelvan robar su cabeza (sic).

Más allá de la inquietante coincidencia entre Musquinet y Bentham, precursores del sistema carcelario moderno, que acabaron ambos con la cabeza separada del cuerpo; Frankenstein nos habla no tanto del deseo de inmortalidad, o de aquello de que ..solo puede quedar uno; como de la capacidad de alargar la vida por medios artificiales, más allá del momento en que se supone que se produce la muerte.

Precisamente, las primeras investigaciones y experimentos sobre ello se iniciaron a finales del siglo XVIII y vienen a ser uno de los leif motiv de la novela de MS.

De hecho, haciéndose preguntas sobre los límites de la conciencia humana, Mary y Percy también creyeron que el cerebro obedecía a estímulos electro-magnéticos, asistiendo juntos a experimentos de Galvanismo, donde se pretendía demostrar que la electricidad era la energía básica, capaz de devolver a la vida a cuerpos inanimados.

Y vaya que lo consiguió. Visionaria como pocas, ahí tenemos a su Frankenstein, cuya monstruosa prole sigue haciendo de las suyas, volviendo bajo diversas formas y mutando continuamente de identidad física y social desde hace más de 200 años.

Para finalizar este primer apartado sobre la Ciudadana Frankenstein, retomamos a la revolucionaria de primera hora MW, habiendo comprobado que ha sido la falta de datos sobre su recorrido en tierras francesas, lo que nos ha dejado una imagen de ella que no se corresponde con la realidad; y que nos impide detectar su influencia en Frankenstein.

Como hemos explicado aquí, MW no solo se opuso en firme a la violencia revolucionaria, o se solidarizó con los presos políticos, sino que estuvieron a punto de decapitarla en la guillotina. Lejos de quedar circunscrita al rol de víctima propicia de Gilbert Imlay o al papel secundario al que la historia relega a las mujeres rebeldes, en el próximo apartado se seguirán desvelando aspectos poco conocidos de las actividades de MW durante los años de la gran revolución, y la marca de agua que todo ello dejó en Frankenstein.


  • 1TUSSAUD: Madame Tussaud’s Memoirs and Reminiscences of France. Londres, 1838, p.278. En 1794, el escultor Philippe Curtius murió, dejando a su sobrina Marie toda su colección de bustos de cera y dos salones de exhibición en París. Se casó al año siguiente con el ingeniero civil, Francois Tussard, adquiriendo al apellido pero el matrimonio no fue bien, y dejó a su marido en 1802 para irse a Inglaterra.
  • 2LOUVET, Jean-Baptiste: Quelques notices pour l’histoire et le récit de mes perils depuis le 31 Mai 1793. Paris, 1795, p. 231. Tras su primer viaje a Francia en 1814, MS leyó diversas obras escritas por testigos de los acontecimientos, cercanos al círculo girondino, el cual frecuentó su madre en París. Por ejemplo la citada en esta nota, o la del escocés John Moore, A journal during a residence in France. From the beginning of august, to the middle of december, 1792. Londres, 1793.
  • 3BLANC: La Corruption sous la Terreur [1792-1794]. Robert Laffont, París, 1992, p. 240. Los problemas arreciaron tras la ejecución de Luis XVI, por ejemplo para Thomas Paine, que se había declarado partidario de no ejecutarlo y que se exiliaría en los EEUU. También Talleyrand estaba al tanto, marchando a Londres en septiembre de 1792. Ver, Dreyfus: La Roghefoucauld-Liancourt, Lieutenant Général de Normandie et le Projet de Départ du Roi, en La Révolution Française. Revue d’histoire moderne et contemporaine, 14-07-1903, p. 112.
  • 4ADRESSE de Conseil General du Departamet de la Seine Inferieure, a la Convention Nationale, del 26-06-1793. MS pudo hacerse una idea de las consecuencias de la guerra en Francia, en el verano de 1814, durante su visita a Echemines, que había sufrido el embate de las guerras napoleónicas. Ver, Mary Wollstonecraft Shelley: History of A Six Weeks Tour through a part of France, Switzerland, Germany, and Holland, with Letters descriptive of a Sail round the Lake of Geneva, and of the Glaciers of Chamouni. London: T. Hookham, Jr., and C. and J. Ollier, 1817, pp. 22-23.
  • 5CARTA de Musquinet de Lapagne a Dusaulchov, director del Republicain, en Le Contre-Poison 08-02-1791. Nacido en una familia de comerciantes de Pontoise, a veces figura como fallecido en 1766, fecha de su ingreso en prisión. También, Lemarchand: Jacobinisme et violence révolutionnaire au Havre de 1791 à septembre 1793. Cahier des Annales de Normandie n°30, 2000.
  • 6DESMOULINS, Camille: Révolutions de France et de Brabant. Garnery, París, 1789-1791, p.283. Musquinet pudo coincidir en prisión con el Marqués de Sade, quien durante su reclusión en psiquiátrico de Charenton, llegó a montar una obra teatral con los pacientes. También, Musquinet de Lapagne: Prodige de vertu, innocence reconnue après vingt-deux ans passés enchaîné. Paris, 1791.
  • 7BENTHAM: Anarchical Fallacies, an Examination of the Declarations of Rights issued during the French Revolution, en The works of Jeremy Bentham. New York, 1962, v.2. p. 529. Esa famosa obra de Musquinet iba dedicada al representante de la Asamblea Nacional Boniface de Castellane, gran amigo de Talleyrand, con quien MW colaboraría en Londres. También, Bentham: Panoptique, mémoire sur un nouveau principe pour construire des maisons d’inspection et nommément des maisons de force, 1791.
  • 8MUSQUINET Delapagne, Enigme, en Journal de París, 20-05-1783. Se ha llegado a especular con que MS fue enviada lejos de casa cuando era una adolescente por su estado de salud mental: esto es, como una forma de castigo. Ver, Sampson: In Search of Mary Shelley: The Girl Who Wrote Frankenstein.
  • 9Le MONDE illustré 03-06-1871. Musquinet fue ayudado por Marie Noel y Louis Thomas, matrimonio dedicado a la venta ambulante que tenía a sus hijos allí. Finalmente, el caso pudo ser revisado y fue excarcelado gracias a la mediación de un policía de nombre Manuel, y de un compañero de seminario que entonces era diputado de la Constituyente. También, Lemarchand: Jacobinisme et violence révolutionnaire au Havre de 1791 à septembre 1793. Cahier Annales de Normandie n°30, 2000.
  • 10CARTA de Saladin al Comité de Salud Pública, Havre, 26 de abril de 1793; en Aulard: Recueil des actes du Comité de Salut Public. París, 1889, Tomo III, p. 477. Este diputado, del que hablaremos luego, fue enviado a Havre tras producirse los primeros incidentes por el incremento del precio de los cereales, y después de que Musquinet había denunciado por calumnias a dos emisarios de la Convención -Lidon, Lefebvre-.
  • 11GAZETTE révolutionnaire et débats des Jacobins 29-03-1794. Las noticias sobre Musquinet de Lapagne pudieron llegar a oídos de MS en Dundee, donde residió en diferentes periodos entre 1812 y 1814 alojada en casa de los Baxter, quienes literalmente eran unos friquis de la revolución; en especial una de las hijas, Isabella, que fue quien más intimó con MS. Ver, Martin: Histoire de Leure & d’Ingouville: Les origines du Havre. Imp. Durand, París, 1883, pp. 105-132.
  • 12SALADIN, Jean Baptiste Michel: Rapport au nom de la Commission des vingt-un, créée par décret du 7 nivôse an III, pour l’examen de la conduite des représentants du peuple Billaud-Varennes, Collot d’Herbois et Barère, membres de l’ancien Comité de salut public, et Vadier, membre de l’ancien Comité de sûreté générale, fait le 12 ventôse, Paris, Rondonneau et Baudouin, 1795, p. 6. Saladin se lió con los realistas, siendo incluido entre los deportados de junio de 1797, aunque logró salvarse. Cuanto menos espiaba ya en favor de Inglaterra. Rehabilitado por Napoleón y protegido de Thibaudeau, pasó al Tribunal de casación, comprándose en 1804 un castillo en Conflans, donde vivió con su esposa Henriette Thuiller y su hermano Gerard. Murió en 1820.
  • 13WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view of the origin and progress of the French Revolution and the effect it has produced in Europe. Londres, 1794, pp. 56-57. Uno de los mandamases de Butua, habría sido el oscuro Beltrán Barère de Vieuzac, conocido de MW en París y que se ganó el apelativo del Anacreonte de la Guillotina por sus cargos en el Comité de Salud Pública y su retórica necrófila, ..Transigid hoy, que ellos os asesinarán mañana.. No, no, solamente los muertos no vuelven jamas.
  • 14SHELLEY, Mary: Frankenstein, or, The modern Prometheus. Tomo 3. Londres, 1818, pp. 123-124. Estos gestos de solidaridad de MW debieron extenderse a Havre, donde había un grupo de extranjeros encarcelados desde mediados de 1793 en cumplimiento de las disposiciones legales, precisamente por orden de Musquinet. Ver, Tise: The American Counterrevolution: A Retreat from Liberty, 1783-1800. Stackpole Books, 1998, p. 158.
  • 15CARTA de Musquinet de Lapagne a Musquinet de Saint-Felix, 14 de febrero de 1794. MS también pudo llegar a Musquinet a través de sus hermanos; uno fue Emmanuel, revolucionario de primera hora que salvó la vida por poco pero acabó forrándose construyendo puentes. Otro, Jean Charles, quien hizo carrera en el ejército y acabó nombrado barón por Napoleón; pero acabó muriendo en 1813, durante la campaña en Rusia. Nos quedaría Marie Luise, madre del general Lecrerc, a su vez casado con una hermana de Napoleón.
  • 16CARTA de Mary Wollstonecraft a Gilbert Imlay, 10 de Febrero de 1795, en Collected Letters of Mary Wollstonecraft. Cornell U. Press, 1979, p. 279. Durante su viaje a Francia en 1814, MS leyó Biographical Memoirs of the French Revolution, escrita por el conservador inglés John Adolphus en 1799 y con un marcado tono anti-jacobino.
  • 17BARNABÈ Tisset: Compte rendu aux Sans-Culottes de la République française, par très-haute, très-puissante et très-expéditive dame Guillotine. Tomo 1. París, 1793, p. 6. Entre las lecturas de MS en 1816 encontramos a Basil Montagu [1770-1851], buen amigo de sus padres y abogado defensor de los radicales ingleses, quien había publicado en 1809 Opinions of different authors upon the punishment of Death.
  • 18WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 520. Insistiendo en el debate sobre la pena de muerte, MS leyó en 1817 a John Milton, The Tenure of Kings and Magistrates, 1649; una especie de tratado sobre regicidios donde se establecían las bases políticas que justificaban la muerte de Carlos I.
  • 19WOLLSTONECRAFT: An historical and moral view. Ob. Cit, p. 258. Con la reacción de Termidor, las Furias fueron objeto de persecución, llamándolas de forma despectiva devotas de Robespierre o Tricoteuses. Ver, Citoyennes, boutefeux et furies de guillotine, in VVAA: De la violence et des femmes, Paris, Albin Michel, 1997, pp. 33-49. También, Shea: Prometheus the modern matricide. Justice and the Furies en Mary Shelley’s Frankenstein. English language notes, September 2001.
  • 21SHELLEY: Frankenstein, or, The modern Prometheus. Tomo 2. Ob. Cit, p. 210. El inglés Edmund Burke, en plena psicosis anti-revolucionaria, soñaba cada noche con anatomistas revolucionarios, legisladores sacrílegos y profanadores de tumbas que propagaban por el mundo una filosofía caníbal, publicando ensayos como Cartas a un noble caballero, 1796. Ver, McNally: Monstruos del Mercado. Zombis, vampiros y capitalismo global. Levanta Fuego, 2022. También, Hitchcock: Frankenstein, a cultural History. W. N. Norton, New York, 2007, pp. 33-34.
  • 22GODWIN: Essay on Sepulchres. Londres, 1809, pp. 16-18. En este ensayo, Godwin hacía una defensa laica de la trascendencia de los lugares de enterramiento; un tema que estaba de total actualidad en Inglaterra. Por ejemplo, en 1818 se lanzó al mercado el primer ataúd metálico cuyo objetivo era impedir el robo de cadáveres. También, Marshall: Frankenstein and the 1832 Anatomy Act, en Gothick Origins and Innovations. Ed. Allan Lloyd Smith and Victor Sage, Amsterdam; 1994, pp. 57-64.


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