Tratando de subsanar el sesgo interpretativo del relato de Mary Shelley, surgido de la falta de datos sobre la trayectoria de su madre en la Francia revolucionaria, recurriremos a un personaje secundario que, muy cerca de ella, se convirtió muy a su pesar en protagonista de los acontecimientos.
Uno de los puntos fuertes de Frankenstein es su capacidad para proyectar el choque de voluntades entre los personajes principales, como una representación en miniatura de conflictos de mayor amplitud en el orden social e histórico. Un conflicto que, como veremos, nos remiten una y otra vez a la Revolución Francesa.
Una revolución que fue novedosa en muchos aspectos, por ejemplo en poner en marcha un programa de análisis de la criminalidad, que se convierte en verdadera disciplina de estudio. O como dijo Foucault …el criminal, ese es el enemigo social.
Uno de aquellos enemigos sociales de la revolución en el que hemos reparado, es el escritor Louis Michel Musquinet de Lapagne [1745-1794], quien publicó en 179o un folleto en el que denunciaba a las nuevas autoridades por permitir la prolongación de su encierro, titulado Réclamations du Moderne Prométhée à tous les districts.
“..No concibo hablar sobre todos estos desastres sangrientos sin que mi corazón se desgarre totalmente; el pueblo es soberano, tienes razón; pero distingamos al pueblo delirante, al pueblo sublevado, del pueblo tranquilo y pacífico..”1
Musquinet utilizaba el seudónimo de Moderno Prometeo ya que llevaba más de 20 años padeciendo las prisiones parisinas, supuestamente por haber asesinado a un aristócrata en 1766. Según él, todo era falso salvo alguna cosa, y además debía haber sido puesto en libertad en 1783 por haberle conmutado la pena el mismo Luis XVI. Al parecer, seguía preso por la intervención de su padre, que logró que lo declararan enfermo mental.
Durante aquel largo cautiverio, Musquinet de Lapagne aprovechó el tiempo para estudiar derecho y escribir en la prensa, llegando a publicar varios ensayos que alcanzaron alguna resonancia. Entre ellos, estaba una obra novedosa en su género, Bicêtre réformé: Établissement d’une maison de discipline, publicada en 1789. Bien recibida por el público, iba dedicada al representante de la Asamblea Nacional Boniface de Castellane, gran amigo de Talleyrand, con quien MW colaboraría en Londres.
Una de las cosas llamativas de este libro es el tratamiento que se hace de la salud mental, lo que nos recuerda que Musquinet pudo coincidir en prisión con el Marqués de Sade, quien durante su reclusión en psiquiátrico de Charenton, llegó a montar una obra teatral con los pacientes.
Algo que nos conduce a MW y a la propia MS, de quien se ha llegado a especular que fue enviada a Escocia cuando era una adolescente por su precaria salud mental; esto es, como una forma de castigo. En Frankenstein, constatamos que estas conexiones se establecen a través de Víctor, Robert Walton o de la misma criatura, cuyo aislamiento existencial solo es comparable al retrato que había hecho su madre de la protagonista de Maria, of the Wrongs of Woman, que acababa confinada en un sanatorio por decisión de su propio marido.
“Desde el vientre de la ballena, (Musquinet) clama a la Asamblea nacional que ordene al monstruo que lo vomite en la costa, y pide al señor Manuel, por qué no ha entonado aun el cántico de Jonás”2
Hablando de regímenes carcelarios, podríamos establecer ciertos paralelismos entre Musquinet y el reformador inglés Jeremy Bentham [1748-1832]. Si en Bicêtre réformé, Musquinet relataba los tormentos sufridos y abogaba por la transformación del régimen penitenciario o la reducción de penas por el trabajo; Bentham no solo recogería estas ideas, sino que iba más allá incluyendo el tema de la arquitectura de control social, es decir, su famoso Panóptico.
Más allá de las coincidencias entre Musquinet y Bentham, como precursores del sistema carcelario moderno; no se nos escapa tampoco que Bentham tuvo a su vez ciertos vínculos intelectuales con MW.
Pese a su visión divergente sobre los derechos naturales de los ciudadanos, Bentham manifestó posiciones en favor de la igualdad jurídica y civil entre hombres y mujeres, avanzándose algunos años a la propia MW. Así mismo, a pesar de sus diferentes puntos de vista respecto a los acontecimientos políticos en Francia, ambos veían en ello un excelente banco de pruebas para experimentar con ideas políticas nuevas.
“..Desde que en Francia, los cuellos de mujeres se consideran aptos para la guillotina; igual que los hombres, y en Inglaterra, gracias a la sabiduría de la ley, las mujeres montan guardia..”3
De hecho, Bentham fue uno de aquellos extranjeros a quien les fue concedida la nacionalidad francesa en septiembre de 1792, como sucedió también con varios amigos de MW. Así mismo, debemos considerar que Bentham viajó a Francia en diferentes momentos a lo largo de esa década, presentando varios proyectos legislativos a la Asamblea francesa; y por si faltaba algo fraguó una buena amistad con el girondino Brissot, como la propia MW.
A propósito de Bentham, si indagamos en Frankenstein, advertimos un trasfondo utilitarista muy cercano al del reformador inglés, para quien recordemos, el derecho debía ser siempre la criatura de la ley. La conexión se establece sobre todo a través de Godwin, que se interesó por estos mismos temas; y por ejemplo criticó duramente a John Howard tras conocer su propuesta para reformar las prisiones que incluían confinamientos y trabajos forzados. También atacó por inútil y degradante, que se hiciera trabajar a los presos durante cinco horas al día moviendo en círculo una carretilla.
Si Godwin desarrolló una intensa labor para fusionar el utilitarismo de Bentham con la idea democrática, ésto tiene su reflejo en la novela a través del personaje de Víctor, que en cierta manera es una parodia de las ideas de ambos, y quien además siente la vigilancia permanente de su criatura, aunque no pueda verla.
“¡Y bien! ¿Me ves? No, que vergüenza cómica. Es necesario por tanto mostrarme a tus ojos completamente desnudo. Existo tanto más cuanto menos me conocen; y sin embargo existo para ser conocido: Siempre aparezco, pero pongo todo mi cuidado para nunca ser visto..”4
Volviendo a Musquinet, sabemos que su libro fue bien recibido en los círculos republicanos, pero lejos de acelerar su liberación, le granjeó duras represalias de los administradores de la prisión, que lograron prolongar su encierro e incluso trataron de envenenarlo. Sería excarcelado por fin el 18 de marzo de 1791, siendo recibido como un mártir resucitado en los círculos políticos parisinos.
Tratando de recuperar el tiempo perdido, no tardó en sumarse al Club de los Cordeliers, donde concertó unas buenas relaciones con el ala más radical del jacobinismo. Junto a su hermano Marin Emmanuel Musquinet de Saint-Felix [1744-1811], se integró en el círculo de amigos de Charlotte Robespierre.
Poco más sabemos de sus actividades en estos primeros meses, más allá de que en julio de 1791 fuere nombrado secretario de la Sociedad Vivre Libre ou mourir, que se proclamaban defensores de la Constitución y que admitía a socios de ambos sexos.

Luego participó activamente en los asaltos a las cárceles de París, septiembre de 1792, que tan bien conocía. A continuación, quizás para quitárselo de en medio, sería enviado en misión oficial a Verdun, para investigar el asesinato de cuatro desertores prusianos. Investigación que concluyó siendo declarados culpables algunos voluntarios parisinos allí movilizados.
“El jefe de los carniceros, que dirigió a la gente a Bicêtre, era un parricida de Angers, llamado Musquinet de la Pagne; había estado encerrado durante años en las celdas subterráneas de esa prisión. El conserje, que lo conocía, quiso proteger con su cuerpo a los prisioneros, y fue la primera víctima de este monstruo…”5
Convertido en una especie de Cerbero implacable, o perro negro escapado de la prisión de Bicêtre para otros, su nombre reaparecería en diciembre de ese mismo año, tras ser elegido alcalde de Ingouville, pequeña ciudad junto al puerto de Havre, donde estaba viviendo desde julio.
Ocupado como fundidor, Musquinet había sido bien acogido entre la población y no tardó en asumir el cargo de portavoz de la Sociedad Popular, creada a iniciativa suya y formada por obreros del puerto o artesanos pobres. Como era de esperar, Musquinet comenzó a ser mirado con recelo por los burgueses locales, ya que como alcalde se había mostrado estricto a la hora de aplicar las nuevas leyes republicanas, adoptando medidas cada vez más radicales. Por ejemplo, mandó cumplir la orden de detención de todos los ingleses y extranjeros residentes en la ciudad.
Musquinet se mantuvo firme con su labor regeneradora, disponiendo que los entierros fueran civiles o que las campanas de las iglesias fueran convertidas en cañones. Podría decirse que pecó de osado, ya que no solo se enfrentó a los aristócratas emboscados, a los que acusaba de ser responsables de la escasez de bienes de primera necesidad, sino que alentó manifestaciones de protesta por el incremento de los precios de los cereales, que derivaron en algunos incidentes.
Incluso se atrevió a denunciar por calumnias y tachó de contra-revolucionarios a dos emisarios de la Asamblea Nacional -Lidon, Lefebvre-, llegados desde París a principios de año para tratar de acabar con.
“..El movimiento que se manifiesta en Havre tiene una causa secundaria: es el arresto del ciudadano Musquinet de la Pagne, alcalde de Ingouville. Una cosa que debe haberme sorprendido es que su arresto tuvo lugar el mismo día de mi llegada. También me ocuparé […] de calmar una agitación que me parece deberse al apego que sus conciudadanos parecen tener por él.”6
Erigido en un personaje demasiado molesto, el respaldo popular a Musquinet se fue resquebrajando, y desde el verano de 1793 se fue urdiendo un complot en su contra. Los principales argumentos en su contra, fueron las acusaciones personales que sacaban a relucir su pasado carcelario; aunque la gota que colmó el vaso fue su empeño en desenmascarar a los acaparadores de harina. Finalmente, ni siquiera le respaldaban los socios de la Sociedad Popular que ahora tomaba el nombre de Los Amigos del Pueblo.
Señalado desde todos los flancos, Musquinet cometió un error fatal, y a finales de septiembre trató de buscar protección en París, entre sus camaradas sans-culottes y herberistas. Pero estos también le dieron la espalda, o mejor dicho, nada podían hacer ya por él. Fue detenido por orden superior en un club jacobino de la capital a mediados de octubre, y sería ejecutado el 16 de marzo de 1794.
“..buscando hacerse un hueco entre los campeones del patriotismo que pululaban en esta comuna; denunció, ad hoc y ab hac, a todo tipo de individuos; quiso armar a los ciudadanos de Havre-Marat unos contra el otros, y para lograr su triunfo, se introdujo en la sociedad de los jacobinos; pero allí se encontró con la roca tarpeya..”7
Hasta aquí, lo que sabemos de este anti-héroe, arquetipo y chivo expiatorio de la revolución, cuya biografía hemos querido recomponer, en primer lugar, por servir de ejemplo de la suerte que corrieron muchos Prometeos de la revolución, convertidos en enemigos públicos y monstruos sociales.
También nos sirve para comprobar aquella antigua verdad, de que en monstruosidades, los humanos superamos de lejos a las bestias. Algo que se hizo más evidente si cabe durante la Gran Revolución, apareciendo raros especímenes propios del contexto social.
Hablando de monstruos que devoran a sus hijos, ahí tenemos a Musquinet de Lapagne, víctima del antiguo régimen como lo fue después de la revolución.
Pero también podríamos referirnos al que fue el instructor de su procesamiento, el diputado convencional Jean-Baptiste Michel Saladin [1752-¿1820?], abogado de Amiens que por aquella época era un fogoso acusador enviado a Havre por el Comité de Salud Pública, y que luego se convertiría en el primer inquisidor contra-revolucionario.
Como tantos otros, Saladin se mostró muy radical en los primeros meses de la revolución, posicionándose junto a los girondinos desde finales de 1792 e incluso fue encarcelado por protestar contra las detenciones masivas de estos en junio de 1793, lo que le aproxima al círculo de MW en París.
Sin embargo, tras salir de prisión en diciembre de 1794, mostraría su verdadera cara. Saladin no solo protagonizó el primer gran juicio contra los dirigentes políticos que gobernaron en el periodo llamado del Terror, calificados de bebedores de sangre humana, sino que sus argumentos serían la base sobre la que se construiría el discurso histórico contra la revolución.

Sin embargo, aun quedaba un último giro personal, y Saladin acabó liado con los realistas, siendo incluido entre los deportados de junio de 1797, aunque logró salvarse. Cuanto menos espiaba ya en favor de Inglaterra.
Dotados de habilidades camaleónicas, fue rehabilitado por Napoleón y, protegido de Thibaudeau, pasó al Tribunal de casación, comprándose en 1804 un castillo en Conflans, donde vivió con su esposa Henriette Thuiller y su hermano Gerard. Murió en 1820.
“..Hace falta consolidar este giro, debemos evitar para siempre aquellos días desastrosos cuyo recuerdo aún es tan angustioso, debemos desarraigar la tiranía, derribarla en cada uno de los que participaron en ella; advertir con un gran ejemplo a todos aquellos que pudieran concebir aun el deseo o que lo alimentan en su pensamiento..”8
Al hilo de lo anterior, el Frankenstein de MS incluía una crítica a la violencia judicial de la revolución francesa, que se plasmó por ejemplo a través de la criminalización y la persecución que sufre el monstruo; o por medio de algún otro personaje secundario como Justine Moritz, acusada falsamente de un crimen. Su responsable último es Víctor, que calla y permite que sea guillotinada injustamente.
Interesante en este sentido, es el vínculo de Frankenstein con la leyenda del Golem, más allá de los paralelismos en su creación. Este personaje benefactor de la cultura judía habría sido creado para defender a los judíos de los Libelos de Sangre inventados por los cristianos, acusándolos de robar niños y practicar extraños ceremoniales con ellos. Tras salvar a la comunidad judía, encontrando a los niños perdidos, se quedó a vivir entre sus amigos yiddish, pero acabó él mismo siendo acusado y perseguido por diversos asesinatos.
En cualquier caso, el trasfondo revolucionario de la novela resulta innegable, ya que MS definió al monstruo como un Vampiro, en clara referencia a los jacobinos. Y según el folclore europeo, la primera víctima del Vampiro siempre era alguien de la familia o un allegado. Una idea que habría desarrollado William Polidori, que comenzó escribir un relato homónimo en aquel verano de 1816.
A su vez, recogiendo la evidencia de que las mujeres fueron uno de los objetivos específicos del Terror, MS recurrió también al personaje de Elizabeth, la compañera de Víctor, que en la versión original de 1818 lanza un discurso radical contra la justicia retributiva, poco antes de la ejecución de Justine. Un discurso con muchos paralelismos con el que reproduce la Criatura
“..Consideré los relatos de vicio e injusticia, que leí en libros o escuché de otros, como los cuentos legendarios o de demonios imaginarios; por lo menos parecían remotos y más propios de la imaginación que de la razón; pero ahora la miseria está entre nosotros, y los hombres se me asemejan a monstruos sedientos de la sangre de los demás..”9
Hablando de los horrores de la justicia humana, damos por sentado que el Marqués de Sade fue uno de los temas de conversación preferidos en Villa Diodati, ya que el propio Polidori trajo un libro suyo que criticaba abiertamente los excesos revolucionarios. Se trataba de Justine ou les Malheurs de la vertu, y alguno de los allí reunidos debió señalar que esta obra publicada en 1791, la leían incluso los miembros del Comité de Salud Pública en las pausas que se hacían entre sesión y sesión, donde decidían a quien se guillotinaba y a quién no.
Si Sade decía que ..el hombre deforme siempre hallaba espejos que le hacían ser bello; alguien debió recordar que éste detestaba hasta la nausea al mojigato de Robespierre, lo que en aquellos tiempos bastaba para ganarse una estancia en prisión. Y no solo eso, se salvó de ser guillotinado por los pelos, ya que habría sido encarcelado en 1793 junto a su editor -Girouard- tras publicar Aline et Valcour.


Su delito había sido atreverse a incluir una descripción fantástica del reino de Butua, régimen totalitario y antropófago enfrentado al de Tamoé, paraíso fraternal e igualitario en una isla del Pacífico dirigido por el rey-filósofo Zamé.
Uno de los más fieles representante de los mandamases de Butua, perfectamente podría haber sido el oscuro Beltrán Barère de Vieuzac, conocido de MW en París y que se ganó el apelativo del Anacreonte de la Guillotina por sus cargos en el Comité de Salud Pública y su retórica necrófila, ..Transigid hoy, que ellos os asesinarán mañana.. No, no, solamente los muertos no vuelven jamas.
Casi como una broma del destino, el viento de la historia cambió, y Robespierre fue rasurado el mismo día en que Sade salió de la cárcel. Eso sí, viendo que su editor sí acabó decapitado, modificó el texto en sucesivas ediciones para que fuera menos lesivo.
“..¡Podemos fechar el comienzo de esas carnicerías, que han traído a ese amado país tantas calamidades espantosas, en el momento en que se enseñó al pueblo a vengarse con sangre!”10
Ahondando en el asunto Musquinet, tenemos el convencimiento de que MW pudo haberlo conocido en persona. Y aunque no ha podido fijarse el lugar y la fecha de su encuentro, los indicios y pruebas son, como veremos, sugerentes.
Atendiendo al cronograma de MW en Francia, sabemos que dejó su residencia en la casa de los Christie en los alrededores de París en enero de 1794, para pasar una larga temporada en la ciudad de Havre. Allí le esperaba Imlay, que había marchado pocos meses antes por asuntos comerciales.
El momento elegido para mudarse a Havre no tenía nada de casual, ni vino forzado por el próximo nacimiento de su hija Fanny. En todo caso, podríamos atribuirlo a la tensión social en aumento, y en concreto a la complicada situación que atravesaban los ciudadanos extranjeros en París, en especial los británicos por el conflicto anglo-francés en ciernes.
Pero ni el momento para cambiar de nombre y luego de domicilio era casual, ni debido a motivos sentimentales como se insiste.
Su destino era la ciudad portuaria de Havre, donde Mary y Gilbert Imlay se establecieron entre enero y septiembre de 1794, y eligieron domiciliarse en el distrito de Montivillier, uno de los enclaves jacobinos de la villa y donde meses atrás Musquinet había tenido el mayor apoyo electoral.
Las coincidencias no quedan ahí. Si volvemos al cambio de residencia de los Imlay, si Gilbert había dejado París en dirección a Havre justo en septiembre de 1793, ésto coincide en el tiempo con la decisión fatal de Musquinet de marchar a París. Esta sincronización se repite el 11 de marzo, solo unos días antes de la ejecución de Lapagne, momento en el que Gilbert haría un súbito viaje a París, regresando pocos días después.
“Habíamos tomado la resolución de no ir a Londres, atravesando el país hasta Portsmouth; y desde allí, embarcarnos hacia Havre. La razón de optar por este plan, era que deseaba volver a ver aquellos lugares donde había disfrutado de algunos momentos de tranquilidad con mi querido Clerval..”11
Aunque Musquinet y los Imlay pudieran haberse conocido antes, en especial a MW que solía relacionarse con muchos periodistas y escritores, el punto de conexión más sólido serían las visitas que ésta hizo en la cárcel a su amigo Thomas Paine, diputado de la Convención nacional, quien había sido detenido a finales de diciembre de 1793. Unos gestos de solidaridad de MW, que debieron extenderse a Havre, donde había un grupo de extranjeros encarcelados desde mediados de 1793 en cumplimiento de las disposiciones legales, ejecutadas por orden de Musquinet.
El caso es que Paine estuvo encerrado en la prisión de Luxemburgo, la misma en la que estaba Musquinet desde hacía unas semanas, y que sería visitada por MW para apoyar a algunos presos políticos como su amiga Helene Marie Williams -encarcelada desde octubre- o el filántropo sueco-alemán Richard Gustav von Schlabrendorf [1750-1824], encarcelado desde junio de 1793 tras mostrar su oposición al Terror. Además, Musquinet compartió celda con Étienne Clavière, ex-ministro girondino y gran amigo de Brissot, quien acabó suicidándose en prisión el 8 de diciembre, solo un día antes de que lo llevaran al cadalso.
“..que uno llamado Musquinet-Delapagne había expuesto su vida para salvar la de Marie, cuya cabeza pedía la gente a gritos.”12

Dado lo cerca que estuvieron el monstruoso Musquinet y MW, podríamos empezar a descartar su paso por Havre como un amoroso retiro campestre para dar a luz a su primera hija; y menos una aventura sobrevenida a la sombra de su compañero, que ejercía como diplomático.
A la vista de que MS repasó una y otra vez los libros de su madre en aquellos meses en que escribía su primera novela, fue plenamente consciente de que personajes como Musquinet, inspiraron a MW su retórica de la monstruosidad y aquella idea de que si los rebeldes políticos se convertían en monstruos, era por la influencia directa que habían ejercido en ellos instituciones malsanas y despóticas.
“Era una lección que debía repetirse a toda la humanidad, y así llevarnos de vuelta a casa la convicción de hasta dónde podría llegar un gobierno depravado y absoluto, en aras de retener su poder. En resumen, se trata de una deducción de la experiencia, que enseñará a la posteridad que la vida, y todo lo que es querido para el hombre, solo puede asegurarse mediante la preservación de la libertad..”13
Las noticias sobre Musquinet de Lapagne pudieron llegar a oídos de MS en Dundee, donde residió en diferentes periodos entre 1812 y 1814 alojada en casa de los Baxter, quienes literalmente eran unos friquis de la revolución; en especial una de las hijas, Isabella, que fue quien más intimó con MS.
Además, MS pudo haber conocido la historia del desgraciado Musquinet, cuyo caso fue puesto como ejemplo de la crueldad del sistema judicial jacobino en ciertos libros.
Por ejemplo en uno de los libros que leyó en 1814, tras regresar de su primer viaje a París. Se trataba de una obra de Louis-Marie Prudhomme, Dictionnaire des individus envoyés a la mort judiciairement, 1796, donde viene reseñado el caso de Musquinet; quien recordemos llegó ser elegido alcalde de Ingouville, ciudad francesa que vendría a ser homónima de la germana Ingolstadt, el lugar donde MS sitúa la aparición del monstruo.
“La mayoría siempre ha sido manejada por unos pocos; y unos cuantos monstruos, que apenas han mostrado ningún rasgo de excelencia humana, han tiranizado a miles de sus semejantes (fellows-creatures). ¿Por qué hombres dotados de cualidades virtuosas se someterían a tal degradación?”14
Hablando de Ingolstad, coincide que uno de los hermanos de nuestro Musquinet, Jean-Charles Musquinet de Beaupré, el cual pasó toda su vida en el ejército, fue comandante de la plaza de Ingolstad en 1809. Antes había sido uno de los comandantes de la expedición de Santo Domingo, 1801-02, y acabaría sus días en el invierno de 1813, durante la campaña de Rusia.
No menos paradigmática es la trayectoria del citado Emmanuel, su hermano pequeño, que primero fue un revolucionario enragé, y salvó la vida por poco. Pero que luego se adaptó sin muchos problemas al régimen napoleónico y acabó enriqueciéndose con la construcción de puentes y otras obras de ingeniería civil.
Por si faltaba algo nos queda su hermana Marie Luise, que sería la madre del funesto General Lecrerc. Como vemos, toda una familia de criminales sociales.
“No pierdas tiempo, hermano, no hay ni parientes, ni hermanos, ni amigos, ni padres, ni hijos que mantener, hay que hacer que la salud pública pase por delante de todo..”15

MS recogió el mensaje en su primera novela, donde nos habla de que los monstruos no solo viven en nuestra imaginación, sino también en el plano ético y social.
Para concluir volvemos a Bentham, que curiosamente acabó como Musquinet, con la cabeza separada del cuerpo.
Propenso a criticar a excesos de la Revolución, quiso desafiar las convenciones del momento que solo veían bien donar para fines científicos los cuerpos de pobres y criminales, y mandó disecar el suyo tras su muerte en 1832. La idea era que fuera expuesto en el University College de Londres, donde aun sigue cual reliquia macabra, rodeado de estrictas medidas de seguridad para que los estudiantes no vuelvan robar su cabeza (sic).
NOTAS:
- 1CARTA de Musquinet de Lapagne a Dusaulchov, director del Republicain, en Le Contre-Poison 08-02-1791. Nacido en una familia de comerciantes de Pontoise, a veces figura como fallecido en 1766, fecha de su ingreso en prisión. También, Lemarchand: Jacobinisme et violence révolutionnaire au Havre de 1791 à septembre 1793. Cahier des Annales de Normandie n°30, 2000.
- 2DESMOULINS, Camille: Révolutions de France et de Brabant. Garnery, París, 1789-1791, p.283. Ver, Musquinet de Lapagne: Prodige de vertu, innocence reconnue après vingt-deux ans passés enchaîné. Paris, 1791. También, Sampson: In Search of Mary Shelley: The Girl Who Wrote Frankenstein.
- 3BENTHAM: Anarchical Fallacies, an Examination of the Declarations of Rights issued during the French Revolution, en The works of Jeremy Bentham. New York, 1962, v.2. p. 529. También, Bentham: Panoptique, mémoire sur un nouveau principe pour construire des maisons d’inspection et nommément des maisons de force, 1791.
- 4MUSQUINET Delapagne, Enigme, en Journal de París, 20-05-1783. También, W. Godwin, Enquiry concerning Political Justice, Londres, 1793, pp. 676, 679
- 5Le MONDE illustré 03-06-1871. Musquinet fue ayudado por Marie Noel y Louis Thomas, matrimonio dedicado a la venta ambulante que tenía a sus hijos allí. Finalmente, el caso pudo ser revisado y fue excarcelado gracias a la mediación de un policía de nombre Manuel, y de un compañero de seminario que entonces era diputado de la Constituyente. También, Lemarchand: Jacobinisme et violence révolutionnaire au Havre de 1791 à septembre 1793. Cahier Annales de Normandie n°30, 2000.
- 6CARTA de Saladin al Comité de Salud Pública, Havre, 26 de abril de 1793; en Aulard: Recueil des actes du Comité de Salut Public. París, 1889, Tomo III, p. 477. El diputado Saladin, del que hablaremos luego, había sido enviado a Havre tras producirse los primeros incidentes por el incremento del precio de los cereales.
- 7GAZETTE révolutionnaire et débats des Jacobins 29-03-1794. También, Martin: Histoire de Leure & d’Ingouville: Les origines du Havre. Imp. Durand, París, 1883, pp. 105-132.
- 8SALADIN, Jean Baptiste Michel: Rapport au nom de la Commission des vingt-un, créée par décret du 7 nivôse an III, pour l’examen de la conduite des représentants du peuple Billaud-Varennes, Collot d’Herbois et Barère, membres de l’ancien Comité de salut public, et Vadier, membre de l’ancien Comité de sûreté générale, fait le 12 ventôse, Paris, Rondonneau et Baudouin, 1795, p. 6.
- 9SHELLEY, Mary: Frankenstein. Ob. Cit, Tomo II, p. 8.
- 10WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view of the origin and progress of the French Revolution and the effect it has produced in Europe. Londres, 1794, pp. 56-57.
- 11SHELLEY, Mary: Frankenstein. Ob. Cit, Tomo III, p. 91. La ciudad de Havre aparece en alguna otra de las novelas de MS, como Lodore, simbolizando un punto y aparte en la trayectoria vital de los personajes.
- 12ADRESSE de Conseil General du Departamet de la Seine Inferieure, a la Convention Nationale, del 26-06-1793.
- 13WOLLSTONECRAFT, Mary: An historical and moral view.. Ob. Cit, p. 249.
- 14WOLLSTONECRAFT: Mary Wollstonecraft’s A Vindication of the Rights of Woman. Pearson Longman, 2007, p. 56.También, Tise: The American Counterrevolution: A Retreat from Liberty, 1783-1800. Stackpole Books, 1998, p. 158.
- 15CARTA de Musquinet de Lapagne a Musquinet de Saint-Felix, 14 de febrero de 1794.






